Diversidad

De Contextos

La Diversidad en una red social es la medida del campo de alternativas en el que un nodo de una red puede determinar su propio comportamiento sin afectar a otros nodos o verse afectado involuntariamete por ellos.

Tabla de contenidos

Diversidad y topología

Cuanto más distribuida sea una red social, mayor es el, obviamente el grado de diversidad asumible por una red. La sostenibilidad o robustez de una red y su grado de diversidad potencial son pues medidas equivalentes.

Diversidad y organización social

Diversidad, plurarquía y abundancia

Siendo la posibilidad de plurarquía una consecuencia directa del carácter distribuido de una red, su grado de diversidad potencial permite medir las posibilidades reales de plurarquía bajo condiciones de abundancia, esto es, en qué rango de decisiones pueden los nodos hacer lo que quieran sin mermar posibilidades de acción de los otros.

Significado social práctico

Intuitivamente entendemos que la aceptación de un mayor grado de diversidad supone una mayor libertad efectiva para el individuo, es mayor el campo de alternativas que se le abre a la hora de crear y ordenar su vida. La diversidad, o al menos la consecución social del grado de diversidad que le permitiría ser aceptado, aparece para el individuo como un fin en si mismo, como un sinónimo de libertad real.

Sin embargo, fuera de las condiciones económicas particulares bajo las que opera la lógica de la abundancia, la diversidad tiene un coste, en la medida en que tolerarla supone aceptar que recursos sociales valiosos sean destinados a objetivos que no son los determinantes en el sistema en un momento dado.

Y si una sociedad, una cultura, acepta un determinado grado de diversidad es porque ese grado, ese nivel de coste, es compatible con sus fines. El fin de toda cultura en realidad no es otro que maximizar la supervivencia del medio social para un entorno históricamente definido. La cultura entiende la diversidad como una herramienta.

Diversidad, innovación y propiedad intelectual

Todos los sistemas económicos buscan mantener de forma más o menos automática un cierto equilibrio entre una cosa y otra, entre innovación y desarrollo de lo existente. Lo hacen orientando a los innovadores hacia sus propios fines (la supervivencia del sistema). Por ejemplo, en nuestro sistema económico el sistema de patentes y derechos de autor asegura -mediante un monopolio temporal de la explotación de las creaciones- un premio automático para aquellas obras que conocen el éxito, que son valoradas por la comunidad mediante el propio mercado ya existente. La finalidad es doble: por un lado se incentiva así a los innovadores, pero no a todos, sino sólo a aquellos cuyos resultados son explotables, útiles dentro del marco aceptable socialmente en un momento dado.

Ese premio selectivo (no a la innovación, sino a aquella que tiene sentido para la comunidad) tiene a su vez un coste: la extensión de la innovación, su repercusión social, se retrasa artificialmente. La mal llamada propiedad intelectual supone un pacto implícito: La comunidad acepta el coste del retraso a cambio de que la innovación dominante sea la que se produce dentro del sistema de valores imperante.

Sin embargo, en la última década se ha [demostrado] tanto teórica como empiricamente:

Plurarquismo y devolucionismo

Este cambio histórico es el que hace que el plurarquismo y el movimiento por la devolución estén ligados, pues la propiedad intelectual aparece como un freno artificial a la diversidad y por tanto a la generación de espacios sociales de plurarquía

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