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Viernes, 10 de Abril de 2009

Filés: Crecer en red

Mondragón es un caso de éxito intercooperativo atípico. Basta con hacer una cata informal en cualquier federación de cooperativas de trabajo asociado para darnos cuenta de que no es el sector industrial el medio donde es más previsible la emergencia de la intercooperación.

Por el contrario, son las industrias socio-culturales (integración e intervención social, actividades culturales y de tiempo libre, formación y educación, etc.) y más recientemente el mundo vinculado al software libre, donde es más frecuente que surjan redes de cooperativas o estas lleguen a acuerdos estables entre si. Son, al fin, actividades ideológicas, con una fuerte tradición de reflexión teórica sobre su propio significado que a su vez suele enmarcarse en cosmovisiones sociales y políticas más amplias.

No deja de ser significativo que a diez años de la aparición en la ley española de la figura jurídica del grupo cooperativo, pensada para facilitar la intercooperación de una manera sencilla y flexible, este tipo de asociación haya ofrecido tan pocos resultados que ni siquiera aparezca en los informes institucionales sobre el tema1.

Donde existe comunidad, donde hay una cierta identidad común previa, la intercooperación se hace factible. O dicho de otro modo, si queremos explicar por qué no surgen comunidades de PYMEs y cooperativas en las grandes ciudades tenemos que mirar hacia cómo se socializa en ellas.

La causa última de que Mondragón sea una anomalía estaría entonces en la escasa coherencia y el pequeño tamaño de las comunidades reales en un mundo urbano cada vez menos articulado sobre espacios de socialización pública presencial. Mondragón, con su vida comarcal y vecinal, simplemente no es replicable en Madrid, Buenos Aires, Sao Paulo o Porto porque en estas ciudades el espacio físico no forma un entorno de interacción que genere identidad y conocimiento diferenciado. No es casualidad que haya más intercooperación en entornos rurales, sean agrarios o industriales, que en las grandes ciudades.

Pero volvamos una vez más, al mundo de las redes conversacionales distribuidas. La socialización en Internet toma la forma de un gran mar de flores2 cumunitarias. La misma blogsfera es un océano de identidades y conversaciones en continuo mestizaje y cambio de entre las cuales, la gran digestión social destila cada cierto tiempo grupos estables con contextos propios y conocimientos particulares.

Estas comunidades conversacionales que cristalizan, son, a partir de cierto momento de su desarrollo, protagonistas de lo que llamamos sionismo digital3: empiezan a precipitarse hacia la realidad, a generar un conocimiento mutuo entre sus miembros que las hace más importantes identitariamente para ellos que los imaginarios tradicionales de las comunidades imaginadas a las cuales se supone pertenecen (nación, clase, comunidad de fieles…), como si se tratara de una comunidad real (cuadrilla de amigos, familia, cofradía…).

De entre estas redes conversacionales, identitarias y densas, algunas empiezan a generar un metabolismo económico propio y con él un demos diferenciado -tal vez varios- que hacen suyo el objetivo de alimentar la autonomía de la comunidad misma. Son aquellas que llamamos neovenecianistas. Nacidas de la blogsfera, son herederas de la ética hacker del trabajo4 y se mueven en el mundo conceptual, tendente a la democracia económica, de la primera parte de este libro.

A diferencia del cooperativismo tradicional, al no nacer de comunidades reales basadas en la cercanía, su ligazón con lo local no es generadora de identidad. En la fundación de Exploradores Electrónicos, por ejemplo, hay residentes en dos países y tres comunidades autónomas que parten con dos empresas fundadas a cientos de kilómetros una de otra.

En la comunidad conversacional surgida del Encuentro sobre Democracia Económica que citábamos antes, se estableció y continua hoy un debate virtual entre una treintena de personas que parten de pequeños demos-empresa cuyas sedes están repartidas entre cinco comunidades autónomas españolas diferentes, eso sin desdeñar que en el grupo también participa el líder de una pequeña empresa de Concepción, en Chile.

Aún es pronto para saber si esta conversación en concreto servirá para formar una red de intercooperación, pero parece claro que se orienta conscientemente según un patrón que ya está inculturado: el establecimiento de comunidades conversacionales en las que la experimentación, el juego, la teorización y las oportunidades comerciales se mezclan en una única idea de comunidad que es ajena a fronteras territoriales y que incluso valora ese tipo de diversidad como parte de lo que la red aporta a cada cual.

A través de este tipo de experiencias podemos entrever el escenario de las filés del futuro: comunidades identitarias con un metabolismo económico propio, basadas en un sistema democrático interno y envueltas por una red de otras comunidades similares en metaidentidades conversacionales que son a la vez, espacios de comercio, innovación y generación de conocimiento.

Nuevas venecias tejiendo nuevas hansas. Nuevos mapas para un mundo relacional ajeno a los territorios. Si al viejo mundo del telégrafo y la nación correspondía el microcosmos de la empresa jerárquica, la filé, una forma de democracia económica, emerge con naturalidad de este mundo de redes distribuidas e Internet.

Su superioridad surge precisamente de no necesitar ser la forma hegemónica de ningún mercado tanto como de ese saber cómo no crecer que reclamaba Julen Iturbe. Lógica de la abundancia: con que sea bueno para nosotros, basta, aseguraba en la lista de correo de la red de empresas por la democracia económica uno de sus miembros.

El futuro no es de nadie, pero seguramente tenga un espacio para las redes de democracias económicas, para los magmas comunitarios, más cómodo, más en sintonía con el entorno social, histórico y tecnológico que el de las grandes corporaciones.


1. Por ejemplo el reciente Estudio Diagnóstico sobre la Intercooperación empresarial y fortalecimiento del liderazgo de mujeres en la Economía Social, ejecutado por AMECOOP, correspondiente al Plan Avanza del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio y cofinanciado por el Fondo Social Europeo. Disponible en http://amecoop.es/article102.html

2. http://exploradoreselectronicos.net/e4pedia/Mar_de_flores

3. Véase De las naciones a las redes, op. cit.

4. Véase El poder de las redes, op. cit.

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Viernes, 17 de Octubre de 2008

Aliá

Aliá es una palabra hebrea que significaba originalmente ascenso. Ascenso porque cuando se sacrificaban reses en el templo de Jerusalem el fiel tenía que ascender por la escalinata con la bestia sobre sus hombros. La idea de Aliá se une pues a la de sacrificio y pasa a significar también peregrinación, pues los pastores recorrían largas distancias para que su ganado pudiera ser sacrificado durante las tres grandes fiestas: Pesaj, Shavuot y Sucot.

El sionismo, que siempre supo jugar muy bien con los mitos religiosos y su simbolismo, secularizándolos, recicló la palabra Aliá y la convirtió en sinónimo de emigración a Israel en un momento en el que emigrar a cualquiera de las dos provincias turcas en las que se dividía entonces era realmente heroico:

El movimiento nacional judío “expropió” el concepto y le dio una acepción nueva. Aquí el concepto de Aliá se conecta con el concepto de Hagshamá (realización). La Aliá a Eretz Israel es la realización o concretización del ideal sionista: el establecimiento en Eretz Israel. La Aliá se convierte entonces en el acto esencial de la realización sionista, desde un punto de vista ideológico y práctico.

Me he acordado de esto leyendo a Arnau en el grupo de noticias de e4:

construir e4 no es fácil, requiere renuncias a ciertas cosas y un posicionamiento en público (lo que yo siempre he llamado “sionización”) muy duro. Llámadlo “quema de barcos” o como queráis, pero es necesario

Me ha llamado la atención el paralelismo entre sionización y aliá. Para los sionistas territorialistas, hacer Aliá era un viaje físico, porque su proyecto estaba ligado a un territorio concreto. Pero suponía decir:

no soy europeo, no pertenezco a vuestro mundo porque nunca seremos realmente iguales en él, no quiero quedarme aquí, quiero construir un país nuevo donde no seamos perseguidos, donde pueda vivir como judío y desarrollarme como persona sin pedir disculpas por ello. Y estoy dispuesto a trabajar como una bestia para construirlo.

En el mundo del sionismo digital, el nuestro, donde el territorio no es tan importante o al menos no es decisivo a la identidad, sionizarse, es una quema de barcos, un posicionamiento público, un descubrirse. Pero viene a significar lo mismo. Seguramente hoy sea tan poco presentable en sociedad ser neovenecianista como lo era dejar Europa para fundar un kibutz, con todo lo que significaba, a principios del siglo XX.

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Domingo, 11 de Mayo de 2008

Libertad para separarse

A raiz de un comentario de Carlos Boyle y de un documental de Curtis que recomendaba, pasé este fin de semana repasando a Isaiah Berlin.

Curtis hace una crítica de Dos conceptos de libertad que llega justito justito hasta las puertas de la crítica a la concepción protestante del individuo… pero se queda ahí sin entender demasiado y tras haber liado demasiadas cosas.

Según Curtis la libertad negativa -es decir, la que se vive cuando no te es impuesta coherción ilegal- es la vivida por los individios en el mercado… pero en realidad no basta para organizar la idea de una sociedad democrática o inclusiva, puesto que los individuos, en política no actúan sólo como tales, sino movidos por una cierta idea positiva de libertad, por un objetivo social, un deseo de cambio que daría sentido a la sociedad y fundamento a lo político. Si a la democracia se le trata de despojar de esto, concluye Curtis, el resultado sería el caos iraquí, afgano o el autoritarismo ruso.

Sinceramente creo que el surgimiento de los paraestados y las sociedades de bandas se explica mejor desde la teoría de las sombras del estado que sobre las categorías de Berlin… pero en cualquier caso y volviendo al espíritu del post que abría el debate creo que tanto Curtis como Carlos caen en la trampa protestante: admitir al individuo como sujeto de esas categorías.

En realidad tanto en el mercado como en el espacio público el sujeto es la persona. Persona que a veces (normalmente frente a redes identitarias y casi siempre frente al estado) actúa como individuo, pero que otras (cuando lo identitario es relevante, ya sea en el ágora o en el mercado) actúa en tanto que miembro de una red o grupo.

Así, en general, podemos decir que ni los individuos ni los grupos son los sujetos de lo político, sino las personas actuando según una lógica individual o una lógica de pertenencia. La persona no es el individuo, porque en la persona también define y limita el comportamiento la red, las redes en las que se incluye y que define, redes que olvidamos cuando hablamos de individuo.

Al individualizar a la persona los conceptos berlinianos se hacen estrechos. La libertad negativa de Berlin (hoy remozada y vuelta al debate social a través de Petitt) no es en realidad y solamente un compromiso de que la persona no será obligada -ilegalmente- a realizar algo que no quiera.

Se trata de algo más profundo: la libertad de segregación. No se trata de que el estado o las redes no puedan fijar normas positivas que nos obliguen, por ejemplo, a pagar impuestos, cumplir cuotas, ir a la guerra o asistir a un mínimo de reuniones asociativas o ceremonias religiosas. Se trata de que en cualquier momento podamos hacer efectivo nuestro derecho a abandonar el espacio político cuyas normas no nos resultan aceptables. En pocas palabras, se trata de que seamos libres de borrar nuestra firma al pie del contrato social de tal o cual comunidad política (sea nuestra Iglesia, nuestro partido, nuestra red de amigos o el estado que nos considera sus ciudadanos).

Por eso las tiranías comienzan siempre poniendo impedimentos a la salida del territorio estatal, controlando pasaportes, impidiendo que la gente lleve a sus hijos consigo, saque su dinero del país cuando viaja o simplemente pueda volver, si cambia de país de residencia.

Por eso asociamos las sectas a la coherción y el chantaje de aquellos que quieren abandonarlas.

Por eso las políticas restrictivas de visados, controles aeroportuarios, etc. refuerzan no sólo las tendencias autoritarias en los países de origen de quienes las sufren en Barajas, sino también las tendencias disciplinarias y antidemocráticas en el cuerpo mismo del estado que las anima.

Por eso la idea de un único cuerpo político mundial, de unos Estados Unidos de la Tierra, es profundamente totalitaria, por democráticos que se pinten. Un mundo bajo una única ley, bajo un único gobierno, sin posibilidad de exilio, refugio o huida es un mundo terrorífico, una golosina para la arbitrariedad estatal que por definición se vería libre de crítica, oposición exterior o juicio independiente.

La primera libertad es la liberad de segregarse, de abandonar la comunidad política a la que llegamos por azares del nacimiento o por elección. Aún cuando no la ejerzamos, aún cuando sigamos perteneciendo a las mismas redes y pagando impuestos al mismo estado toda nuestra vida, esa será la libertad que realmente nos haga más libres, al ser la única garantía del resto de libertades que podamos defender.

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Miércoles, 9 de Enero de 2008

Los mapas de un mundo postnacional

Hoy intentaremos tener a Hector Milla en Asuntos Propios hablando sobre el manifiesto del país llamado a que lanzó la semana pasada.

Mientras, me gustaría seguir con la reflexión que hacíamos ayer sobre los mapas con los que las nuevas venecias se representarán en el espacio, haciendo unos apuntes a vuelapluma.

Milla remarcaba el esfuerzo por dotar a su comunidad/país de un entorno visual propio, seguramente un metaverso. Es previsible que en los próximos años aparezca una verdadera red distribuida, una www de metaversos al estilo Second Life gracias a OpenSim. Es muy posible que muchas comunidades y empresas tengan sus propios metaversos dedicados a reuniones, formación, encuentros virtuales para charla etc. La puesta en red generará archipiélagos virtuales que también representarán la conversación comunitaria.

Pero esos mapas, como hoy los de Second Life, no representarán un relato sustancialmente diferente -ni más rico- que el de los actuales sistemas de agregación.

En ese sentido es interesante observar como se representan las empresas que empiezan a definirse como comunidades transnacionales. Hay por un lado un esfuerzo evidente por representar la conversación interna, por hacer una suerte de mapas conversacionales que podemos ver en BBVA-blogs o de forma más modesta e incipiente en WellsFargo.

Se trata en realidad agregadores de blogs que a partir de nubes de etiquetas comunitarias, buscadores y portales feevy interactivos tratan de representar las distintas sendas conversacionales que articulan el flujo espontáneo y distribuido de información interna. Algo que corre en paralelo a lo que muchos blogueros y sus redes hacen ya.

La cuestión es cómo esas representaciones que tienden a reforzar la comunidad real mostrando una y otra vez las caras y avatares de las personas que hay bajo los nodos se fundirán con la proyección del territorio físico real y los espacios geográficos.

La semilla está en Google Earth y Google Maps. La posibilidad de añadir y linkar contenidos sobre el mapa convencional culmina, a través de los itinerarios, en una nueva forma de relato.

Poco importa ya en estas aplicaciones el debate sobre la relación de tamaños en el mapa de distintos territorios. Lo que importa son los nodos y la información que contienen y aglutinan. Y más novedoso aún, como los itinerarios se leen secuencialmente, el mapa incorpora el tiempo, se lee como un relato literario, tiene un antes y un después, un sentido del que hasta ahora carecía y que le permite pasar a representar la conversación o cuando menos el stock de información que queda de ella.

Este cambio radical del mapa que pasa de pivotar sobre tamaños y territorios a hacerlo sobre vectores y personas se manifiesta dramáticamente en Twittervision, una aplicación que muestra en tiempo real sobre un mapa del mundo los mensajes que escriben los usuarios de twitter, acompañando los mensajes de los avatares de sus redactores.

Las nuevas representaciones cartográficas son ajenas al territorio símplemente porque el sujeto que protagoniza el relato del mapa no es ya el estado, que se define por administrar la comunidad que vive en un territorio nacional, sino una red, que se define sobre sus nodos y los enlaces entre ellos. Una red aunque quisiera no podría utilizar las metáforas modernas de World Mapper, donde la información modifica la superficie de los estados para representar distintas variables de desarrollo.

La red y su identidad, sus textos en red según la definición de Quintana, se transforman en el tiempo, ganan significado. Frente a la inmutabilidad de las fronteras nacionales que pretenden representar la anatomía estable de un territorio dotado de destino histórico, las identidades en red utilizan el mapa para contar su evolución, su crecimiento hacia dentro, su desarrollo orgánico, sus fronteras siempre cambiantes. La suma de todas ellas no tendrá sin embargo significado, pues una no empieza donde otra termina, sino que se solapan y se conectan. No harán al superponerse siquiera, un puzle del mundo como hacen los estados nación, sino un censo de nodos.

El mapa para las identidades postnacionales será el relato hecho desde un damero… y contado por el caballo del ajedrez.

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Domingo, 14 de Octubre de 2007

De Freedonia a Second Life, la imposibilidad del segregacionismo conversacional

Son pocos ya los que recuerdan en la blogsfera la increible aventura de Freedonia (1997-2002), la primera comunidad virtual que estuvo a punto de alcanzar la territorialidad. Era la época en que EEUU y Europa se incorporaban masivamente a Internet, la época de la expansión de la World Wide Web (WWW) y el html. La época de la segunda gran oleada de nuevos internautas, los días de gloria la burbuja puntocom. Internet aparecía como un nuevo territorio donde todo era, o sería, posible. En el confiado mundo post-muro de la era Clinton los visionarios triunfan y un buen titular sobre un artículo ensoñador bastan para configurar un estado de ánimo.

Ya en los días finales de la aventura MetroActive titula: “Wanted: Homeland for 300 Webheads“1. La entradilla sigue

In cyberspace, anyone can stake a claim to nationhood and rule with a scepter and a mouse

Hoy, cuando sólo en NationStates2, el sitio albergado por el escritor postciberpunk australiano Max Barry para promocionar su última novela, existen casi dos millones de estados imaginarios con sus respectivos jugadores, no podemos evitar una sonrisa. Pero en el 2000, sonaba distinto y el país imaginario del joven John Kyle parecía poder tomar materialidad en cualquier momento.

Pero vayamos aún más atras, hasta comienzos de los noventa. En marzo de 1992 John Kyle era un estudiante de 13 años que acababa de entrar en el Instituto en su ciudad natal, Houston (Texas, EEUU). Estaba, según sus propias palabras,

fascinado por el concepto de que uno pudiera tomar su casa y declararla territorio independiente de los Estados Unidos

Es decir, estaba muy influido por la propia tradición confederal texana y sus mitos fundacionales en una época en que, como cuenta Manuel Castells3, no pocos condados de este estado se unían en un movimiento por el no reconocimiento activo del gobierno federal. Kyle y sus amigos crearon entonces Freedonia, sin saber que tenía el mismo nombre de la nación ficticia de los hermanos Marx en Sopa de Ganso (en el doblaje español, Libertonia) como parte de un juego cuyo objetivo era declarar la independencia de las casas de sus padres. Ensayan entonces organizarse como comunidad como si de un juego de rol se tratara. Prueban primero “una especie de oligarquía”, después (1996) una república presidencialista y finalmente (1997) una monarquía parlamentaria (cuyo parlamento nunca llegó a funcionar), cambiando su nombre en 1998 por el de Principado de Freedonia.

En 1997 el juego se traslada a Internet3 coincidiendo con la graduación de Kyle y su ingreso en el Babson College. Se incorporan nuevos ciudadanos activos desde todos los rincones del mundo y la comunidad virtual de Freedonia alcanza los casi 300 miembros. La evolución ideológica de Kyle hacia posiciones en la línea del Partido Libertario y su descubrimiento del entonces ya abandonado Proyecto Atlantis, darán un giro al proyecto. A partir de entonces la comunidad virtual se considerará un esbozo de las estructuras políticas de un futuro estado territorial.

En un primer momento la búsqueda de territorialidad se centra en la recuperación del Proyecto Atlantis. Freedonia entra en contacto con la misma empresa fabricante de estructuras flotantes en la que se basaba aquel proyecto. Los costes y los problemas de reconocimiento derivados de la entonces novedosa legislación internacional sobre islas flotantes, les llevarán a abandonar este camino.

Pronto el proyecto se orientará hacia la consecución de una cesión de soberanía cuando descubran la historia de la Isla Pitcairn, una pequeña colonia en el Pacífico de 5km, tamaño aproximado del Islote de Lobos (Canarias), que Gran Bretaña se había planteado abandonar en los ochenta en favor de Francia por sus costes de mantenimiento e incluso vender a un millonario norteamericano. Los contactos con Gran Bretaña se revelarán pronto difíciles e infructuosos y los freedonianos se reorientarán hacia un nuevo y éxotico destino: la región de Awdal en Somaliland, antigua colonia de la Somalia Británica.

Somaliland es un estado nacido de facto de la descomposición de Somalia en mayo de 1991 y sólo reconocido internacionalmente por Etiopía. En el caos del cuerno de Africa durante los 90, Awdal había a su vez proclamado su independencia de Somaliland en calidad de sultanato independiente, animada por las promesas de inversión de algunos inversores norteamericanos.

A finales de 1999, Kyle llegó hasta Awdal de la mano de dos aventureros del entorno libertario norteamericano (Michael Van Notten y Jim Davidson), que habían fundado una compañía, la Awdal Roads Company4 para convencer a los clanes locales de su proyecto de desarrollo para el nuevo país.

A finales del año 2000 y principios de 2001, Van Notten y Davidson, quien estaba casado con la hija de uno de los personajes más relevantes del clan Samaron, dominante en Awdal, tuvieron una serie de encuentros sobre el terreno con altos representantes del recien nacido sultanato independiente. En medio de la misión aparece un fax malicioso que asegura que el verdadero fin del viaje es la consecución para Freedonia de una amplia franja de la costa local. En los siguientes encuentros con ministros y funcionarios aparecen la desconfianza y la decepción. Los empresarios son amenazados de muerte y expulsados del país. En los días siguientes se produce una algarada al paso de la comitiva del Vicepresidente. Muchos awdalíes han oido la historia y se manifiestan a favor de los supuestos planes de la Awdal Roads Company. La guardia del vicepresidente abre fuego y mueren entre dos y cuatro personas según fuentes locales. En los siguientes días seis personas más serán detenidas a consecuencia de las protestas.

Kyle, impresionado, publica en medio de un aluvión de presiones y bombardeos de trolls, una carta de descargo que es abalada por Davidson y Van Notten. Decepcionado y temeroso de las consecuencias del moviento al que había dado nacimiento, se retira dejando morir a la comunidad virtual que le sostiene. Mantiene hoy tan sólo la página web como una reliquia histórica. Su último mensaje a la comunidad fue enviado el 4 de julio de 2002.

La historia de Freedonia representa la transición y la continuidad entre el segregacionismo randiano sesentaiochesco y el nuevo mundo de las comunidades transnacionales. La tentación segregacionista aparecerá una y otra vez desde la segunda mitad de los noventa en las redes virtuales. Es la respuesta fácil. Cuando la vida de en la red ocupa el espacio identitario y explica más que la nación quienes somos y con quién conversamos, la tentación inmediata es replicar el modelo nacional, buscar un territorio y construirse un microestado a medida. El segregacionismo siempre estuvo ahí bajo una u otra forma para invitarnos a tomar un islote perdido o construir una ciudad flotante donde dar cabida a la comunidad real y ensayar nuevas formas de organización social. Y el mito del éxito mormón es todavía poderoso.

Pero los grupos del siglo XX no eran ya como los del XIX. Los intentos randianos no serán los de una comunidad presencial, real, al estilo de los mormones. En su forma de sociedad por acciones se parecerán más a las fracasadas sociedades de colonización que a las perseguidas y cohesionadas parroquias religiosas de John Smith donde, a pesar de ser más, se conocían, trabajaban y confiaban personalmente unos en otros generando de paso una base económica y lazos afectivos capaces de sostener los gigantescos esfuerzos y sacrificios que fueron necesarios.

Y si lo pensamos, Sealand, desprovisto de la capa mítica del Criptonomicón y Wired, no va más allá de la aventura de una familia de ocupas británica. Malas compañías incluídas.

Freedonia, la primera comunidad de la era Internet en búsca de territorialidad, es en su inocencia, precursora y frontera. Sus escasos tres centenares de miembros, llegaron a tener una vida política real e intensa. Construyeron una conversación que les explicaba y daba sentido. Compartieron sus días y construyeron una identidad común que les ligaba más entre si que a sus respectivos contextos nacionales. En una palabra, constituyeron una comunidad transnacional. Pero nunca tuvieron una base económica, un mapa, un espacio común entre los flujos de la conversación y su propio sustento.

Es verdad que una comunidad puede sostenerse conversacionalmente y en exclusiva sobre el juego político. En un largo e interesante experimento6 el etólogo holandés Frans de Waal, muestra como una manada de chimpancés donde todos sus miembros gozan de acceso irrestricto a la comida, no sólo mantiene sus estructuras de poder, sino que las vive más inténsamente que nunca. La política no nace en los primates como una consecuencia de la escasez, no es únicamente una lucha organizada por el excedente como pensaba Marx. Está ahí antes y después de la abundancia.

Pero mantener la conversación y el juego social no es sostener una comunidad humana. Nada más allá de la conversación generaba la necesidad ni la posibilidad de un territorio base en Freedonia. No existía ni una persecución que les conminara a hacerlo, ni una actividad económica previa entre los miembros que justificara el establecimiento en lugar alguno. Como tampoco había en los randianos ninguna de las dos cosas. Por éso, freedonianos y randianos buscan un destino con lógica de colono, pensando en que el territorio generará su propia estructura económica. Una economía apenas esbozada bajo principios libertarios sobre la que se habría de asentar una comunidad que ya no se pretende transnacional ni virtual, sino territorial. Error. Por eso fracasa el segregacionismo. Sin economía compartida no hay comunidad humana sostenible en el tiempo. Por eso la infidelidad, la transitoriedad, la temporalidad de las alianzas son, como comenta Juan Urrutia7, la nota común de las identidades conversacionales en la red.

Tras Freedonia las comunidades transnacionales de conversación evolucionarán espectacularmente, tanto en número como en forma. Algunas, como Second Life, incluirán como atractivo una pequeña economía paralela -produciendo escasez artificialmente- y un cierto espacio político. Pero, al menos hasta el momento, no son más que juego y representación, pasatiempo y simulación de un mundo que ya se intuye pero ha de venir de otro lado.

Las nuevas identidades surgirán sólo cuando los espacios conversacionales transnacionales se superpongan a espacios económicos de un ámbito similar y ambos interactúen entre ellos. A distintas escalas, desde las redes de decenas de miles de individualistas neonómadas a las grandes venecias corporativas, esto es precísamente lo que estamos empezando a observar en esta década y lo que prefigura las formas del gran mapa postnacional de mañana.


1. http://www.metroactive.com/papers/cruz/11.22.00/netnations-0047.html
2. http://www.nationstates.net/
3. Manuel Castells, La era de la información, 1994
4. http://www.freedonia.org/
5. http://www.awdaldevelopment.org/
6. Frans de Waal, La política de los chimpances (Alianza Editorial 1993)
7. Juan Urrutia, El capitalismo que viene. Disponible en http://juan.urrutiaelejalde.org/capitalismo

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Jueves, 11 de Octubre de 2007

Clarificando ideas

Enrique Gómez y Arnau Fuentes escribirán también en De las naciones a las redes. Si El poder de las redesfue el balance final de todo ese increible viaje que representó el ciberpunk español, este nuevo libro representa el arranque de un nuevo viaje, hoy tan visionario como podía ser hace 17 años el ciberpunk.

En realidad “De las naciones a las redes” nace de las consecuencias de una ruptura que ya apareció claramente en la crítica a la Wikipedia y a partir de ella a la supervivencia del pensamiento moderno en el mundo de las redes distribuidas. Este libro representará la aplicación de la misma estructura crítica a los estados y las ideologías universal-nacionalistas…

Y como siempre, en el proceso de elaboración y discusión van apareciendo cosas que no estaban ahí en el planteamiento inicial. Voy aprendiendo y van apareciendo ideas fuerza.

La primera es que la nación surgió de una necesidad real… y a pesar de ello el proceso de su universalización llevó casi dos siglos y fue, cuando menos, correoso, encontrando constantes resistencias de todo tipo.

Abandonar las comunidades reales donde sabías la cara y el nombre de todo el mundo para abrazar la nación (una comunidad abstracta donde no conocías a los otros, los imaginabas) fue un proceso costoso y difícil. De hecho en muchos sitios, como España, la identidad familiar, las cofradías, el cantonalismo… siguieron vivos mucho mucho después. Incluso en el nacionalismo vasco original (vizcainista y obsesionado por los apellidos) hay mucho de rebelión contra ese esfuerzo imaginativo que la nación exige.

Las segunda es que las comunidades y redes virtuales identitarias con capacidad de superar a la identidad nacional, tienen una naturaleza distinta. conocemos a sus miembros uno a uno incluso aunque no les hayamos visto. Es en cierta manera una comunidad real o mejor, una comunidad imaginada que se precipita hacia la realidad.

Y a partir de ahí, súbitamente, otras cosas comienzan a conectarse. Es como si estuviésemos en una especie de espiral en la que las formas premodernas aparentemente destruidas por la industrialización, reaparecieran empoderadas por el brutal desarrollo de la productividad alcanzado en estos 200 últimos años. Dicho de otra manera, es como si el capitalismo (que no es lo mismo que economía de mercado) se reperfilara como una etapa transitoria, como una especie de reducción de marcha que empieza a entregar a las formas premodernas de organización social la potencia productiva que sólo él podía desarrollar.

Veamos algunos ejemplos: La industrialización supuso el paso de la producción individual a la colectiva pero también de la artesanalidad al uso intensivo de la tecnología. El tipo de sociedad de producción distribuida que apunta a través del hoy muy precario fabbing, supondría una reindividualización de la producción… pero con un uso intensivo de la tecnología.

En los medios de comunicación, si lo pensamos un poco, también se sigue el mismo molde. Del sistema mediático descentralizado al distribuido emergente a través de la blogsfera lo que media es un reempoderamiento de las personas con herramientas y lógicas hasta hace poco sólo alcanzables mediante grandiosos esfuerzos colectivos (como reunir el capital de un periódico).

¿No hay una cierta simetría con la evolución desde la comunidad material identitaria (familia, cofradía, aldea, parroquia) a la comunidad imaginada sobre el mercado, la lengua y el territorio, es decir, la nación y de esta a las nuevas comunidades materiales, concretas y al mismo tiempo necesariamente imaginadas por no estar basadas en la presencialidad?

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Lunes, 26 de Junio de 2006

Second Life y la invasión de los ciborgs sionistas

La verdad es que no puedo quejarme, antes empiezo a escribir y documentar qué es y qué representa el sionismo digital y antes me llaman de la radio a hablar sobre Second Life, seguramente la mayor comunidad política de ciborgs del mundo.

Sí, lo han oido bien. La gracia de Second Life, hasta el momento el proyecto de Sión Digital de mas éxito, reside jústamente en esas dos características, ser una comunidad de ciborgs y definirse como un espacio político. Como muestra de hasta qué punto se trata de un espacio político -y no sólo económico y de socialización interpersonal- les invito a ver el vídeo de las manifestaciones de anteayer.

La realidad del ciborg y los espacios virtuales

Ayer en la radio la presentadora de A vivir que son dos días me preguntaba si no había peligro de confundir la vida real con la vida en Second Life. Yo le respondí, que la gracia está en que es real. O al menos real en el mismo sentido en que lo es una comunicación “normal” por videoconferencia. Las personas que están al otro lado son reales, existen y nos perciben como nosotros les percibimos a ellas.

La presentadora respondió algo del tipo “pues ya veo que no hay peligro, definitivamente te has vuelto loco” :D

Y es que hay un cierto rechazo instintivo al ciborg, un prejuicio que niega la realidad de las convenciones que nos permiten representar consensuadamente el mundo, cuando pasan de cierto límite. Nadie duda de la realidad de un consejo de administración mantenido mediante videoconferencia porque esa realidad alterada, extendida, que perciben, se presenta como reproducción digital de un entorno analógico.

Pero ¿Qué pasaría si cada consejero pudiese elegir su avatar, si los fondos de salas de reuniones fueran sustituidos por un pequeño teatro en mitad del campo? El resultado sería muy similar al de la última conferencia que pudimos ver en la isla que la Universidad de Harvard tiene en SL.

La invasión y el futuro

Second Life tenía esta mañana 289.191 residentes registrados interactuando como ciborgs. Si mantiene el ritmo actual de crecimiento bien podría llegar al medio millón a finales de este año.

Su diseño social, basado en el principio de generación de escasez, le convierte además en un buen negocio. Latopología del sistema obliga a depender del monopolio de la empresa Linden Labs para poder disponer de espacio en ese metaverso…

No creo sin embargo que el futuro sea vivir en un país virtual con cualquiera. No basta con tener una isla digital propia para invitar a clientes o amigos. Tarde o temprano, cuando la experiencia ciborg se extienda y se convierta en una forma más de comunicación social, no tardará en aparecer un software que utilizando el ordenador o la consola personal nos permita conectarnos y compartir el espacio virtual con quienes queramos. Un software que modifique además la geografía global de nuestro Sión digital consensuado cada vez que aparezca o se vaya de la red alguien de nuestro entorno.

Ese día los ciborgs del futuro próximo descubrirán la plurarquía como su sistema político natural y el metaverso se fracturará en la libertad probabilística.

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Viernes, 23 de Junio de 2006

Individuación vs individualización

Ultimamente, con tanto pesado avalanzándose sobre el servidor y con tanto trabajo en las Indias escribo aún más apresuradamente de lo normal… y claro lío, por lo que se ve, a propios y extraños. La última confirmación ha sido el post de Juan Urrutia, quien se plantea la diferencia entre individualización e individuación en relación con dos conceptos sobre los que he trabajado últimamente.

A Juan las contextopedias le parecen un claro ejemplo del primer proceso, relacionado con la evolución de las redes sociales hacia una estructura distribuida.

Creo yo que lo ha entendido mejor que Rafa Estrella, quien pensaba que al desarrollarse las contextopedias individualmente, como los blogs, no eran un “espacio de conocimiento compartido“. Todo lo contrario. Al multiplicarse esos espacios individuales es como surge un espacio realmente compartido. Como la blogsfera frente a Barrapunto.

Como resultado de un proceso de individualización de la Wiki, no sólo el resultado agregado sigue siendo un espacio de conocimiento compartido, sino que es mayor y más diverso, más rico que si se concentrara en un sólo punto… y sobre todo más libre. En las contextopedias claro que hay espacio para todos porque cada uno lleva el suyo. En la wikipedia siempre habrá cosas que la mayoría considere no relevantes. Aunque sea una mayoría justa.

A Juan en cambio, el sionismo digital le plantea muchas más dudas.

En realidad de lo que estamos hablando es de la diferencia entre individualización e individuación. Mientras la primera es en realidad una forma de socialización entre pares, no mediada por instituciones, castas o capas de ningún tipo, la segunda representa una forma de aislacionismo, de separatismo personal que acaba afirmando, al fin, la imposibilidad de la comunicación con el otro en el más puro relativismo cultural. Mientras la primera surge de la posibilidad de renegar de los intermediarios, la segunda surge de renegar de la vida social.

El sionismo digital: ¿individualización o individuación?

En la definición que daba en mi Contextopedia señalaba tres características del sionismo digital:

  • Rechazar tomar parte en redes cuya topología no sea distribuida. Sin embargo, a diferencia del Ciberpunk, los sionistas digitales no construyen alternativas colectivas distribuidas, construyen su nodo y si se forma red mejor, pero no es el objetivo de su actividad.
  • Transferencia a lo virtual del mayor número dimensiones sociales de la propia vida (trabajo, desarrollo intelectual, creatividad…). Una estrategia para vivir la mayor parte posible del propio tiempo en redes distribuidas disfrutando de la libertad y la forma de socialización que les es propia
  • Intentar restringir la comunicación entre el ámbito social territorial y el virtual, separando ambos bien mediante la búsqueda de territorios de referencia ajenos a los de su comunidad territorial, bien cambiando de ubicación territorial, a menudo en un proyecto colectivo.

En los dos primeros puntos vemos como el sionista digital no es proselitista, no construye un Arca e invita a los otros a ir, pero tampoco construye un refugio personal, no es un anacoreta, no quiere dessocializarse, quedarse solo, individuarse convencido de que no tiene nada que hablar con nadie porque nadie le va a entender…

Pero tal vez sea el tercer punto el más conflictivo o dudoso. ¿Por qué buscar esa impermeabilidad entre lo territorial y lo virtual? Simplemente porque el reino del territorio lo es también de la escasez, mientras que el de lo virtual es el de la relación social libre. Quien quiera individuarse no tiene nada que hacer en la red virtual, una herramienta que sirve exclusivamente para comunicar.

El sentido del sionismo digital es en realidad independizar la vida virtual del mayor número de componentes territoriales posibles. Tal vez un ejemplo baste para iluminarlo.

Yo imagino mi Sión como un sagrado, como un sitio tranquilo fuera de las fronteras del país donde vivo. Un sitio donde llevar los servidores e incluso mudarnos si las leyes se volvieran demasiado absurdas o el ambiente político tan pesado o violento que no permitiera hablar de otras cosas o vivir sintiéndome seguro. Y mientras tanto… entreveo Sión como un hotelito rural en un sitio agradable donde reunir una o dos veces al año a aquellos amigos de los que más he aprendido para hablar tranquilos entre siestas, paseos y lecturas.

¿Qué pasaría si otras personas en mi red se hicieran un Sión así? Pues que habría una red de sagrados redundante. Si tuviera la extensión suficiente incluso permitiría la ilusión de pensar que no me podría afectar gravemente casi ningún evento distinto al cambio climático o a una guerra mundial. Y en ausencia de desastres territorializados tendríamos un calendario vacacional estupendo. Todo lo contrario de la individuación.

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 10:10 am | (0)

Lunes, 19 de Junio de 2006

Por qué soy sionista digital

La vida en el ciberespacio no es precisamente dulce y educada. A fin de cuentas esto sigue siendo la frontera digital, un lejano Oeste que nunca se urbaniza.

Precisamente por eso puedes ser libre aquí. Siempre puedes ir más allá. Construir por tu cuenta algo nuevo, disfrutarlo y encontrarte un día con que otros han seguido un camino similar y tu vida electrónica es mucho más rica.

Un buen día podría por ejemplo conectarme por la mañana y descubrir que mucha gente se ha construido su propia contextopedia. Podría recurrir entonces a las definiciones de un físico para entender por fin la teoría de cuerdas, a mis escritores favoritos para conocer sus distintas definiciones de novela o a un parlamentario para que me explicara claramente el sistema electoral. Y seguramente algunos seguiríais viniendo a ver mis entradas sobre Teoría de redes sociales.

¿Utópico? Si hemos visto nacer la blogsfera desde la nada ¿por qué no una red de contextopedias? Y quien dice contextopedias dice cualquier otra cosa que podamos pasar de descentralizada a distribuida.

Funcionarios y profesionales

Este escisionismo que mediante el impulso de nuevas redes distribuidas, abre nuevas posibilidades a lo colectivo representa una novedad radical con el viejo mundo. Es la lógica de la abundancia frente la de la escasez.

Y no es que en el viejo mundo de las estructuras descentralizadas todo y todos fueran mezquinos y lamentables. Al contrario es un mundo verdaderamente épico para quien lo vive desde una lógica profesional, esto es profesando la convicción de que su trabajo cumple una misión social. Entre las personas que admiro en mi entorno virtual hay no pocos de ellos: JJ Merelo y Rafael Estrella, ambos profesores y profesionales en el sentido anterior serían dos estupendos ejemplos de hasta qué punto el viejo mundo produce y requiere también grandes personas, héroes cotidianos…

…pero eso no niega la posibilidad que todo sistema descentralizado -empezando por el viejo y entrañable sistema de Correos- abre a la arbitrariedad de quien ocupa un nodo intermedio entre la información y los comunes. No es nada nuevo

Volvía a casa y pensaba que Correos, el socialismo y las redes descentralizadas en general agonizan por esa marea de pequeñas o grandes arbitrariedades que permiten a los nodos y que al final -como pasó con el servicio militar- la sociedad acaba por no perdonarles. Igual que la mili desapareció porque nadie quería ser víctima de las arbitrariedades del cabo o sargento de turno, hoy por cada carta enviada por el sistema postal público se envían casi 10 emails. Todo un síntoma: el correo electrónico funciona sobre una red distribuida. Una red que a que a diferencia de Correos es robusta por si misma: en principio no hay cartero o central que pueda ponerte un filtro…

Y es que la mera posibilidad estructural de la arbitrariedad abre un proceso de selección adversa. Llegar a ser nodo centralizador tendrá más interés para los que quieran ejercer la arbitrariedad que para los profesionales. Los más interesados en ser concejales de urbanismo serán los que quieran ligarse a la especulación, los más interesados en ser funcionarios serán los que menos dispuestos estarán a entregarse a su trabajo y piensen que pueden vaguear o dar mal servicio al público, protegidos por la seguridad del contrato.

La historia de la salud democrática del estado y de la salud moral de las empresas ha sido hasta ahora una batalla épica entre el ejército de las sombras de los que veían ventajas personales en el poder de filtro y la guerrilla moral de los que luchaban porque los nodos centralizadores sirvieran a los comunes aún a costa de un extra de dedicación y trabajo.

Y eso se proyecta en todo aquello del mundo online que replica estas estructuras descentralizadas: en el origen de los tiempos virtuales el viejo USENET, luego el Open Directory Project (ODP)… ahora menéame o la Wikipedia .

Sionistas en un mundo de abundancia

Pero no nos engañemos, en el mundo virtual, a diferencia de en el mundo físico, la estructura descentralizada no es la menos mala de las posibles. El salto a lo distribuido está siempre ahí como posibilidad. Por eso la crítica a la gestión acaba tan rápidamente en crítica a la estructura de este tipo de sitios. Y los influidos por el ciberpunk español no somos los únicos en darnos cuenta. Jaron Lanier daba el salto muy rápidamente en un reciente artículo que me recordó mucho a los de Enrique Gómez o a los míos.

En el viejo mundo Arquíloco era un anacoreta. En el mundo virtual es un explorador.
En el viejo mundo Arquíloco era un traidor a la causa común al no querer combatir. En en mundo de las redes distribuidas, sirve al común rechazando luchar por la polis, separándose del demos y construyendo para si.

Arquíloco, en el viejo mundo, prefería huir a morir en el combate… pero a cambio de la vida tenía que asumir el riesgo de ver cuanto había construido arrasado, defendido por otros que además, nunca le perdonarían la defección. La duda moral estaba entre asumir la soledad del que no entra en combate por lo colectivo y luchar junto con los profesionales de los que hablábamos antes, en el seno de una identidad preestablecida y con la que nunca se podría encajar completamente.

Hoy Arquíloco es el héroe, porque al tirar el escudo puede marchar hacia una frontera infinita en la que configurar un nuevo mundo. Y como hemos visto no tiene porque sufrir la soledad, puede vivir en la fraternidad de las redes distribuidas. Arquíloco puede ser un sionista digital.

¿Qué es ser “sionista digital”?

El sionismo digital es una etiqueta con la que intentar capturar un espíritu presente sin duda en nuestros días y nuestro mundo. Es difícil describir todas sus formas posibles pero yo lo caracterizaría en una serie de actitudes

La más llamativa es que el sionista digital rechaza las estructuras centralizadas y descentralizadas. Sin embargo, a diferencia del ciberpunk tal como lo entendiamos hasta ahora, no emprende la construcción colectiva de un entorno distribuido, sólo hace su parte: si se suman otros, mejor, si no, ya le basta con ella. No crea una nueva urbanización y la promociona, movilizando a la gente para instalarse. Construye su bungalow sin importarle si serán muchos los que le seguirán o no. Es decir, el sionista digital es un ciberpunk no proselitista.

Además, busca no sólo que la totalidad de su vida virtual se desarrolle en un entorno distribuido, fraterno y de libre elección, esto es, donde comparta identidad (contextos) y a lo mejor hasta proyectos. Busca que el entorno virtual ocupe una parte protagonista de su vida intelectual e incluso profesional. Sigue obviamente una estrategia para disfrutar en el mayor número de dimensiones vitales de esa nueva libertad que le permite la red, trasladando a la red cuanto puede.

El sionista digital es resumiendo, aquel que se separa de las redes cuyas arquitecturas permiten la arbitrariedad, aquellas regidas por el principio de escasez más o menos artificialmente.

Sin embargo, hay un punto irreductible de escasez. Somos un cuerpo, no un espíritu o un fantasma digital de una conciencia. Ocupamos espacio y asociado a todo lo que lo rija (ciudad, estado, comunidad) imperará el problema de escasez.

La estrategia del sionismo digital frente a este problema es intentar contingentar y limitar la permeabilidad de un mundo respecto a otro… esa y no otra es el origen, creo yo de tanto afán inútil por hacerse con un estado o fundar uno nuevo… pero eso es otra historia y merece ser investigada más y explicada con más tranquilidad buscando, de paso, alternativas accesibles.

Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 12:53 pm | (0)

Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just

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