RSS indiana

Domingo, 21 de Junio de 2009

Un juego de rol indiano

Las conversaciones de terracitas a la fresca de la noche, esta semana volvieron un día y otro sobre los juegos de rol. Era una pieza apenas nombrada en el itinerario de los aprendices indianos, pero conversando, conversando, fue apareciendo como un referente común en muchos de nosotros.

Creo que fue Sonia la primera en proponer recuperar la tradición. El sábado, tras el vermú nos fuimos a Generación X a ver que novedades había habido en estos, muchos, años.

El resultado fue bastante frustrante: dragoncitos, magos, hechiceros, orcos y bichos cursis de todo tipo campaban a sus anchas. Los viejos juegos con puntillo historicista (como Aquelarre) o gótico (Vampiro, la mascarada) habían desaparecido.

- ¿Y por qué no hacemos un juego inspirado en la literatura neoveneciana, usando ideas de Islas en la red, de La era del diamante, Jennifer Gobierno y otras novelas que nos gustan?

Compramos tres dados de 10 caras. Y hoy acabé el armazón del juego. Tiene todavía mucho trabajo por hacer, pero también se irá haciendo conforme juguemos. A fin de cuentas, está en la red, abierto a quién quiera tomarlo y mejorarlo, empezando por nosotros mismos. La primera ficha de un personaje ya añade por si sola bastante contexto y es más que probable que las próximas añadan aún más.

Por cierto, el juego se llama Mundo filé, disfrútenlo ;-)

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Lunes, 18 de Mayo de 2009

Por qué De las naciones a las redes

Este martes a las 19:30 presentamos De las naciones a las redes en el Centro de Innovación de BBVA en Madrid (Plaza de Santa Bárbara 2, Metro Alonso Martínez). Presentan Juan Urrutia y Josu Jon Imaz. Por los autores estaremos Arnau Fuentes y yo. Luego tapeo indiano: vino-spime, jamoncito ibérico del bueno y mejor conversa.

De las naciones a las redesHay muchas razones por las que leer De las naciones a las redes. En primer lugar porque es un libro divertido, con una parte muy curiosa y algún hallazgo histórico interesante (como que el esperanto se creó como alternativa al hebreo moderno que hoy se habla en Israel y que nacía por aquel entonces).

En segundo lugar porque representa algo así como el testamento del ciberpunk español y no en vano es una obra colectiva. El ciberpunk español fue no sólo uno de los primeros movimientos vinculados a la Sociedad Red en el mundo, sino que seguramente es el que haya dejado un legado teórico más profundo, interesante y actual. Si te gustó y te aportó El poder de las redes, no puedes dejar de leer De las naciones a las redes.

Hay que decir que no es un libro ni sobre ni contra el nacionalismo. Es un libro que se pregunta qué viene después y si lo que suceda a la época de los grandes imaginarios nacionales debe algo o no a los que en su momento se resistieron a aceptarlo.

Finalmente es un libro que se queda a las puertas de algo especialmente grande e interesante: el neovenecianismo y los neovenecianistas. Un mundo entero por explorar e investigar en todas sus dimensiones, desde la diplomacia corporativa a la filé.

La filé no es ni más ni menos que la fusión de comunidades virtuales y metabolismo económico, planteando un nuevo horizonte a la democracia económica que tiene que ver no sólo con las relaciones laborales y profesionales, sino con la identidad y la forma de organización social en una sociedad del conocimiento. Tanto un tema como otro merecen sus propios trabajos y libros. Más en un momento donde el sistema de organización empresarial, el sistema mismo de incentivos y la lógica identitaria que une uno con otro han hecho aguas y puesto a la sociedad entera en mitad de una tremenda crisis económica y pronto social que es antes que nada una crisis de alternativas.

De las naciones a las redes es pues la linde que cierra el pensamiento sobre una etapa histórica y abre el de otra nueva. La reflexión sobre la Sociedad Red de los 90 y esta década fue optimista y tuvo en el mito de la enredadera su propio mito de la razón al estilo de los ilustrados a caballo de los siglos XVIII y XIX.

Sin embargo, como ellos, hemos visto y vivido cosas que por si justificarían el paso de un libertarismo naif, como el del primer liberalismo decimonónico, a una suerte de nuevo romanticismo. Y si el principal legado de aquella transición fue la reordenación del mundo en naciones que sirvieron de base a la transformación de la economía agraria a la industrial, el de hoy tiene que dar alternativas. Alternativas no sólo al mundo que heredamos de entonces, sino sobre todo a las otras alternativas que no han nacido fundadas en valores de libertad y cohesión. Alternativas que son, a día de hoy, más poderosas que el neovenecianismo, económicamente más potentes que la filé e históricamente tan legítimas como el neovenecianismo: las grandes redes vinculadas al crimen que se hacen con estados e instituciones en descomposición, de México a Guinea Bissau pasando por Brasil, las enredaderas yihadistas que resisten vigorosas de Sudán a Pakistan, los nuevos piratas que vuelven a poblar los mares de Somalia a Malacca…

Si el ciclo épico de la nación se basó en la elaboración del mito de un destino colectivo desde la lírica del territorio, la gran tarea de nuestra generación será construir las herramientas e instituciones que permitan a las personas construir su identidad y cabalgar su propio destino en un mundo de fronteras difusas y verdades en conflicto.

Si De las naciones a las redes es recordado en el futuro lo será por haber sido el primer intento consciente de empezar ese viaje.

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Miércoles, 13 de Mayo de 2009

Artes, redes y filés

Durante la documentación histórica de las formas de la filé, tanto para De las naciones a las redes como sobre todo para el próximo libro sobre las filés, encontramos en medio de la revolución comercial de los siglos XI a XIII una serie de instituciones y fenómenos especialmente interesantes:

  • En el mundo musulmán y en las redes de comerciantes magrebíes de los siglos X y XI encontramos las bases de la enredadera comercial en instituciones basadas en la confianza mutua y la búsqueda de equilibrios entre comerciantes distantes, como el cheque o la hawala.
  • En las repúblicas marítimas italianas (Venecia, Génova y Amalfi) aparecen las primeras instituciones basadas en el ciclo comercial y la ordenación transnacional de negocios, organizaciones mercantiles y biografías, como el passagium.
  • Mientras, los gremios o Artes, renacen y maduran en toda Europa, desarrollando un sistema de aprendizaje y decantación interna basada en la gestión del conocimiento especializado como base de una identidad más compleja. La fides, la confianza sustentanda en una identidad común, es decir, la fraternidad entre compañeros y maestros, determinará un espacio social dentro del cual los maestros llegarán a conformar un demos.
  • Una evolución similar en su ordenación interna tendrán las firmas familiares genovesas y venecianas. El estado, casi sin territorio, pero sustentando en el comercio, será prácticamente una coalición de compañías y redes mercantiles organizadas para su gestión común.
  • Donde de alguna manera todo esto viene a concentrarse de un modo más claro y cercano, en términos metafóricos pero también estructurales, a la filé actual es en los grandes Artes florentinos: gremios como la Calimala, que protagonizan el desarrollo del comercio transnacional, que son permeados por este y que amplían continuamente su rango de actividades hasta constituir una verdadera potencia financiera. Pero que juntos toman el gobierno de la ciudad, estableciendo un sistema inspirado en el veneciano y que traslada, dentro de las fronteras de la identidad gremial, el principio de indiferencia a la ordenación institucional de los asuntos políticos.

Así que cuando hablamos del modelo de las Artes o tomamos el nombre, lo que estamos es amalgamandolo todo en un mito sobre las formas originales de la filé. Este mito vendría a afirmar:

  1. Una organización interna que recupera del mundo gremial la decantación de la comunidad en dos ámbitos, uno amplio de fraternidad con una identidad de valores y otro, dentro de este de igualdad, el demos, basado en el principio de indiferencia que comparte la propiedad y la gestión de lo común.
  2. Lo que define a un Arte es esa comunidad y sobre todo ese demos, no lo que hace que a diferencia de los gremios no comerciales (como los centroeuropeos o británicos), se ampliará continuamente. Aunque la identidad y la cultura interna generen un cómo se hace común.
  3. Producir y comerciar no son dos actividades separadas en este mundo, sino parte de una lógica común de desarrollo en la que se produce para la red comercial según ofrece oportunidades y se comercia para capitalizar nuevas áreas de producción.
  4. El territorio y su lógica de gestión es sustituido por la gestión común entre nodos de las necesidades de la transnacionalización y sus instituciones, como el passagium, la constitución de redes ultramarinas basadas en la confianza (la enredadera comercial), o la financiación de exploraciones y nuevos negocios.

Desde luego, como todo mito, el relato tiene elementos emocionales que sustentan una simbología.

El orgulloso águila de la Calimala transportando un fardo de telas en un claro reto a las águilas reales y guerreras de la heráldica medieval, e incluso sustituyendo a la Cruz cristiana en la cima de la Iglesia de San Miniato, nos habla de una actitud ligada a todo lo anterior donde las viejas formas y relaciones de poder son puestas continuamente en cuestión.

El Bucintoro veneciano que celebraba en un ritual claramente mercader y paganizante, las bodas de la ciudad con el mar nos retrata aún hoy una ritualidad política que pone en el centro el valor de la red, el comercio y la comunicación supeditándolas a la comunidad de mercaderes.

Questi xe monsignor el Doxe, se ve piaxe

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Domingo, 26 de Abril de 2009

Por qué la filé

Es lunes y me levanto pronto. Enciendo el ordenador y voy a poner el café. Tengo el thunderbird entre los programas que ejecuta automaticamente al ponerse en marcha. Cuando vuelva de la cocina ya tendré el correo y los grupos de noticias descargados y limpios de spam.

Vuelvo con el café y entro en asamblea, el grupo de noticias principal. Sólo los socios de alguna de las cooperativas de Exploradores Electrónicos pueden entrar. Se trata efectivamente, de una asamblea electrónica permanente. Hoy el primer tema no es vibrante precisamente: nuevas normas contables en la web del ministerio. El siguiente hilo es el reparto de tareas de todos los lunes. Nat, la gobernadora de mi nodo, madruga obviamente más que yo. En el hilo más largo, llevo sin entrar desde el viernes, se están discutiendo ya precios de viñedos dentro del plan de negocios de una posible bodega cooperativa de vino natural que estamos elaborando. Mejor lo dejo para luego.

Salto de grupo. En el grupo de REDE (Red de Empresas por la Democracia Económica) parece que está cuajando la idea de un prototipo a medias entre una empresa extremeña y otra valenciana para presentarse juntos a un cliente corporativo grande que nos ofrecimos a presentarles. Les pongo un mensaje de ánimo.

Nuevo salto. En comunidad se están discutiendo los límites de facebook. En realidad a ninguno nos gusta, pero siempre hay una tensión entre la posible utilidad para difundir y el análisis general sobre lo que significa. Me surgen ideas para un post. Creo que antes de salir me dará tiempo a escribir algo. Lo esbozo en mi respuesta al hilo. Copio, pego y lo cuento mejor en mi blog.

Cuando acabo el café está frío y ya llego tarde. En jabber me ha saltado un mensaje del llavero de Nat avisándome de que la oficina ya está abierta. Paso por la casa de Arnau y Meri y les toco por si están ya listos para bajar. Meri tiene hoy trabajo fuera y Arnau está todavía en la ducha. De camino a la oficina aún llamo a dos compañeros más. O todos se quedaron dormidos o voy a ser el último en llegar.

Los lunes son el mejor día en la oficina. Todos leen los posts atrasados de los blogs y el grupo de noticias y las conversaciones en la cocina son las más interesantes. Parece que mi post gustó aunque tampoco nadie saca los pompones. Normal. Durante la mañana trabajo en el último proyecto con Nat y comento los posts del itinerario formativo con la última aprendiza.

A mediodía María se conecta a la mensajería instantánea desde Montevideo. Tenemos una sala colectiva para estas cosas en nuestro servidor. El chat tiene un sintetizador de voz, así que los que siguen trabajando en sus cosas pueden escuchar las noticias del otro lado con la voz metálica de un robot. Le llamamos Marvin, como el androide paranoide de La Guía del autoestopista galáctico. María nos cuenta que la Casa de Indias ya está practicamente lista. Fer y Leti se conectan desde Buenos Aires y anuncian que irán el jueves a echar una mano y pasar con ella el fin de semana.

Es un día normal. Una empresa simplemente no necesita tanta parafernalia de cargos y responsabilidades para funcionar. Ni siquiera requiere tantas asambleas formales como en el viejo cooperativismo. Basta con seguir la actividad interna y aportar lo que cada cual crea oportuno en cada debate. Es sencillo, modesto y siempre hay hilos de discusión abiertos donde comentar algo.

Cuando hay oportunidad de abrir una nueva línea de trabajo los impulsores se hacen responsables y forman otra cooperativa que se unirá al grupo reproduciendo una vez más el sistema y asegurando que el crecimiento de cada nodo no se convertirá en gigantismo.

Cambias de tareas cada cierto tiempo, aprendes cosas nuevas y participas con ganas en lo común, que no dejas de sentir tuyo en cada momento. Cada cierto tiempo toca passagium. Viajas, cambias de aire y de mesa de trabajo, visitas clientes distintos, descubres nuevos lugares. Y, como siempre, vuelves a casa al final del día.

La vida en la filé es sencilla, pero también apasionante. La principal motivación para trabajar es el trabajo mismo. Cuando empieza a fallar, inventas otro nuevo. Es verdad que en poco tiempo y a no ser que tu trabajo te obligue a leer los diarios, empiezas a participar más en la política interna de la filé que a seguir los anecdotarios políticos en que se han convertido las secciones de Nacional en la prensa de todos los países.

¿Por qué la filé? Pues porque ninguna empresa tradicional nos habría dado las oportunidades de aprender que hemos tenido construyendo la nuestra. Pero sobre todo porque no hay marcha atrás. Una vez tu vida se ha reagrupado, una vez trabajo y vida dejan de oponerse, no me cabe pensar una vida diferente. No es que sea idílico: sigue habiendo diferencias, conflictos y enfados. Pero son sobre cosas tuyas en un terreno que es tuyo y en el seno de un grupo de personas a los que consideras realmente tus iguales.

¿Por qué la filé? Porque puedes irte. Porque puedes hacer cosas distintas si no te vas. Porque tú le das forma tanto como cualquier otro. Porque tanto si va bien como si va mal, tu esfuerzo cuenta y marca la diferencia. Porque todo eso junto hace que ofrezca más libertad que ninguna otra forma de organización del trabajo que haya conocido.

Y sobre todo porque como diría cualquier neovenecianista, vale para nosotros. No se impone, ni siquiera se ofrece. Se hace y se construye. En comunidad. Desde la comunidad real, con nombres, caras y gestos concretos de personas que conocemos y con las que nos une fabricar bienestar y abundancia.

La filé es, de todas las materializaciones del nuevo mundo distribuido, la más radical, la más sencilla, la que más debe a todas las demás. Es hija del software libre, de la blogsfera, del ciberactivismo, de las comunidades virtuales, de la globalización de los pequeños. La filé es un modo de vivir que permite a los hackers, a los bricoleurs, a los libertarios, seguir siéndolo y hacerse mayores. Dejar un legado. De conocimiento sí, pero también de mapas, los mapas del nuevo mundo. Los que se trazan no para describir lo inamovible, sino para ser construidos por personas y habitados por sus vidas.

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Viernes, 24 de Abril de 2009

Transnacional no es internacional

Uno de las características más importantes de la filé es su carácter transnacional. La filé no piensa, ni se piensa, desde la nación ni desde el estado.

El nosotros de la filé no lleva adjetivos nacionales. La cohesión nacida de la fraternidad de la comunidad y, aún más dentro de esta, de la igualdad del demos, superan con mucho las divisorias entre comunidades nacionales imaginadas1.

Si algo tiene claro el miembro pleno de una filé es su demos y sus orígenes, que no están en nación alguna, sino en la libre interacción de un grupo de personas concretas, de una comunidad real, en un proceso material de generación de conocimiento. Conocimiento que es más cercano, tangible, práctico e identificador que cualquier imaginario nacional que quiera absorberle.

Si la nación fue aquello que inventamos para entender el origen material de nuestra vida en el mundo intangible y distante de la emergencia de los mercados nacionales y el primer capitalismo, la filé lo explica de nuevo en los términos concretos de la comunidad real, de la gente que conocemos con nombre, apellidos y forma de contacto, siquiera sea virtual. Si la nación nos relegaba a producto de un espíritu nacional, la democracia de la filé nos eleva a protagonistas históricos de una Historia que no es ya una parodia de las teogonías clásicas (naciones deificadas, líderes heroicos) sino una pequeña Biblia de uso doméstico, el relato del origen de una tribu que decidió ser su propio dios lar. De constructos producto de la nación, pasamos a creadores y protagonistas de la filé.

Si la nación representaba el mundo como un rompecabezas de piezas planas, cada cual con su color, la filé lo relata como una serie de alianzas, rutas y trayectos en el tiempo que van dejando el poso de un saber consensuado y abierto.

Los negocios y la estrategia de la filé no se piensan en términos nacionales. Hacerlo no sería sino posicionarse desde la mirada de un cobrador de impuestos cuya contabilidad final se coloca en las cuentas de un estado territorial. La filé se representa como un único metabolismo común en un mundo donde el movimiento de información y conocimiento permite colocar un centro donde sea más eficaz en tiempos mínimos. No se trata de exportar de un lugar a otro, se trata de materializar la producción misma en distintos momentos y lugares, en cada passagium de los que hacen el año neoveneciano. No se trata de consolidar las cuentas de una actividad internacionalizada. Se trata, a efectos impositivos, de descuartizar el funcionamiento de un único metabolismo económico en cuentas tasables por cada estado.

Desde esta mirada, la filé es transnacional incluso aunque su comercio no salga en un periodo dado de las fronteras de un único estado e incluso aunque en ese momento todos los miembros de su demos tengan el mismo pasaporte.

El límite nacional es en todo caso, una coyuntura. No hay genealogías implícitas, no hay un nosotros histórico anterior a la voluntad concreta de la propia adhesión e integración. No hay un imaginario intermedio entre la tribu hiperproductiva -que vive en la fraternidad pluriárquica de la deliberación permanente- y la empatía genérica por lo humano.

La pregunta de dónde soy deja de tener sentido, pues no hay ligazón específica con territorio físico alguno. ¿Soy acaso una patata que brotó del suelo? ¿Pertenece uno a un lugar o en todo caso le pertenecen recuerdos y vivencias de muchos? ¿Somos el producto necesario de una cultura nacional que nos conformó como una excepción ante el resto de los humanos o por el contrario esas particularidades que me unen a otros son objetos culturales de los que cada uno de nosotros se apropia en el curso de una experiencia compartida y en una conversación propia_? ¿Soy menos yo cuando estoy fuera del ámbito de un determinado cobrador de impuestos? ¿Me reincorporo a mi verdadero ser cuando paso el control de un guardafronteras del estado que certificó mi nacimiento?

La cotidianidad de la filé torna pueriles todas estas preguntas a las que la nación nos invita una y otra vez. Cuando se vive en un itinerario, cuando tus iguales, aquellos con los que gobiernas el metabolismo común de la fabricación de tu bienestar y con los que compartes la generación del conocimiento que te da sentido, pueden tener o no tu mismo pasaporte, es obvio que el territorio que te define identitariamente es un territorio social concreto, material, describible por sus elementos y su interacción. El nosotros puede concretarse siempre y en todo momento en un listado más o menos amplio de personas. El nosotros de la filé no es, como el nacional, un imaginario nacido de un suelo al modo de un rocío que calara nuestro ser al evaporarse.

Lo internacional es, en ese mundo, tan falso y ajeno como lo nacional. No hablan los orígenes nacionales cuando hablo con un igual de pasaporte distinto, no hay relación entonces entre personas de seres colectivos diferentes, hay interacción entre pares que construye un conocimiento común en una estructura de bienestar compartida. No exporto bien alguno cuando pongo mi conocimiento a trabajar en una ciudad bajo jurisdicción de otro estado y cuando hago las cuentas a fin de trimestre no me importa en qué puerto vendí o compré, sino por cuánto y con qué éxito, en que manera y cantidad eso afecta a los resultados de mi comunidad y su economía. Dentro o fuera de la comunidad, de mi comunidad: ésa es la única divisoria que afecta a mi contabilidad real, no dentro o fuera del estado donde fundamos legalmente tal o cual empresa.

Y no, no hay otra genealogía que la de los mitos que nos permiten compartir un espacio de valores, unos contextos, que nos permiten seguir considerándonos iguales.

Nadie sabe muy bien en qué consiste y a qué obliga -más allá del pago de impuestos- la presunta fraternidad nacional. Los nacionalistas a menudo invocan sentimientos ante paisajes, fenómenos masivos o injusticias históricas. Sujetos y fuerzas imaginarias personalizadas a presión porque, en realidad, para nosotros, carecen de cara y biografía real. El nacionalismo, toda identidad nacional, nos hace hijos de dioses con los que nunca podremos hablar ni interactuar. Sustituye nuestra genealogía biológica por una genealogía mítológica, constriñe nuestra genealogía intelectual en un proceso formativo del que en el mejor de los casos saldremos como mediums del ser nacional, del espíritu de la historia nacional y no como verdaderos sujetos, como protagonistas originales de nuestros aportes.

La fraternidad de la filé, de la comunidad real, la igualdad del demos con el que organizamos la producción material de nuestras necesidades, nos devuelve en cambio a la modestia del taller, al aporte personal, distinto y pequeño del maestro gremial; al aprendizaje permanente del tejedor de contextos, del ordenador de experiencias y saberes.

Y es precisamente por eso que nos devuelve a nuestro verdadero tamaño: el de dioses de un panteón tribal en el que la fraternidad se materializa cada día en complicidad y pequeños objetos, materiales o no, en los que el ser recupera su verdadera naturaleza: hacer. Hacer juntos.


1. Véase, De las naciones a las redes

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Miércoles, 22 de Abril de 2009

Como una enredadera y no como un árbol

El título de este capítulo, fue antes, en 2003, el título de un libro colaborativo en el que los ciberpunks españoles intentamos por primera vez reflexionar sobre aquello que hacía distinto el mundo nacido del desarrollo de Internet y la emergencia de las redes sociales distribuidas.

La metáfora, años después, sigue siendo perfectamente válida para explicar el modo de crecimiento de las filés. Como una enredadera, cada nodo, cada pequeña empresa de la filé es, en si misma, una democracia económica con su comunidad y su demos; cada uno es autónomo y podría reiniciar por si mismo el proceso original que dió lugar a la enredadera-filé en su conjunto. Es decir, cada nodo tiene un horizonte limitado de crecimiento en si mismo pero es una puerta a nuevos brotes. La enredadera, como la yedra, crece reproduciendo nodos y conectando los nuevos a los anteriores.

Preguntarnos por el límite de tamaño de cada nodo es en realidad preguntarnos si existe un tamaño máximo a partir del cual una red social distribuida pierde efectividad.

En 1993 el antropólogo Robin Dunbar, de la Universidad de Londres, publicó el primer boceto de un artículo1 en él avanzaba que

Hay un límite cognitivo en el número de individuos con los que una persona cualquiera puede mantener relaciones estables, este límite está en relación directa con el tamaño relativo del neocortex y a las finales impone un límite al tamaño del grupo

Comparando datos de distintas especies de primates, Dunbar llega a extraer una función relacionando tamaño grupal y volumen cortical. Al usarla para predecir el tamaño máximo de una manada humana, el resultado es 147,8, redondeando, 150, el famoso número de Dunbar que marcaría el límite del tamaño de una comunidad humana perfectamente distribuida y cohesionada.

Dunbar puntualiza que este número representa un límite y que cualquier reducción en el tempo y la intensidad de la interacción, debida por ejemplo a la dispersión geográfica, generará una reducción del número real de miembros activos en la comunidad.

Comparando distintos estudios antropológicos, desde tribus neolíticas a comunidades campesinas de fundamentalistas cristianos, pasando por organizaciones militares de todos los tiempos, encuentra una y otra vez, resultados empíricos que aproximan este número con independencia de la época y el sustrato económico de cada comunidad.

De hecho, una regla informal en la organización de empresas identifica el número de 150 como el límite crítico para la coordinación efectiva de tareas y flujo de información a través de enlaces directos persona a persona: empresas mayores no pueden funcionar de modo efectivo sin subestructuras que definan canales de comunicación y responsabilidad.

A través de una multitud de estudios y ejemplos que Dunbar desarrollará aún después en distintos artículos2, el límite máximo de una comunidad conversacional distribuida en la que la colaboración emerge espontáneamente de la interacción y los flujos de información transmiten de forma eficaz el estado del grupo a cada miembro, manteniendo cohesihonada la comunidad, parece bien establecido en 150.

Sin embargo, como vimos anteriormente, cuando nos organizamos como democracias económicas aparece una necesaria división en la comunidad entre los que forman parte de su demos y los que no. El demos, salvo que hablemos de comunidades completamente aisladas, será por definición menor que la comunidad. ¿Existe un límite objetivo, incluso fisiológico como en el tamaño óptimo comunitario?

Chris Allen3 ha sugerido en un conocido post en su blog que bajo el número de Dunbar existe una gama de ordenaciones menores con óptimos y crisis que sería coherente tanto en las comunidades conversacionales como en los grupos laborales y las empresas. Apoyando su argumentación en una base empírica escasa aunque no necesariamente errónea, plantea que hay dos óptimos previos cuando el grupo está formado por entre 5 y 12 miembros y cuando está entre 25 y 80. Allen sin embargo piensa en todo momento, cuando habla de organizaciones empresariales, de grupos en los que la organización funcional es claramente jerárquica y lo hace desde la lógica de la coordinación entre gestores, no en la de una red distribuida.

Sin embargo, algo parece apuntar también en este sentido. La información disponible sobre el funcionamiento de las bandas talibanes y los grupos de Al-Qaeda4 en Iraq y Afganistán, apuntan un tamaño mínimo viable por célula de entre 5 y 12 personas y la existencia de grupos guerrilleros cohesinados sin estructuras de mando desarrolladas entre los 50 y 80 miembros.

Estos datos son coherentes por otro lado con la experiencia corporativa (que plantea un óptimo en las reuniones de coordinación en las 7 personas y de colaboración en grupos de trabajo de entre 25 y 75 personas) y los análisis de psicólogos sociales que por otro lado nos señalan que nuestra red de confianza parece pivotar entre las 70 y 80 personas. Un hecho llamativo también es que los únicos anómalos en las organizaciones militares históricas recogidas por Dunbar son aquellas que mantienen un único mando sobre 80 soldados. También es interesante observar cómo los talleres de los gremios medievales de diversos oficios oscilaban entre 3 y 7 maestros y alrededor de una docena de oficiales-compañeros para talleres entre 60 y 80 personas en su momento de máximo esplendor.

¿Son 80 y 150 los límites máximos del demos y la comunidad respectivamente? No podemos decirlo desde luego con certeza, pero lo que es cierto es que ciertos tamaños de grupales parecen repetirse con cierta consistencia y desde luego, intuitivamente comprendemos que una comunidad humana no puede mantenerse cohesionada sin burocracia a partir de ciertos límites que seguramente estén relacionados con la intensidad de la interacción y el grado de coordinación que precisen para alcanzar ciertos niveles de eficiencia.

Lo importante es comprender que no crecer más allá de ciertos niveles (y el 80/150 parece un nivel máximo sensato) es también un objetivo de eficiencia. La enredadera no es más fuerte si algunas de sus hojas padecen gigantismo, sino si nuevas ramas brotan con fuerza enlazándose con las anteriores.



1. Co-Evolution of neocortex size, group size an language in humans, R.I.M. Dunbar, Human Evolutionary Biology Research Group, Department of Anthropology, University College London, disponible en http://www.bbsonline.org/documents/a/00/00/05/65/bbs00000565-00/bbs.dunbar.html
London WC1E 6BT
2. Véase por ejemplo, Social network size in humans por Hill y Dumbar, en la revista Human Nature Vol. 14, No. 1, pp. 53–72, 2003, disponible en http://www.liv.ac.uk/evolpsyc/Hill_Dunbar_networks.pdf
3. The Dunbar Number as a Limit to Group Sizes en http://www.lifewithalacrity.com/2004/03/the_dunbar_numb.html
4. The optimal size of a terrorist network, en http://globalguerrillas.typepad.com/globalguerrillas/2004/03/what_is_the_opt.html

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Martes, 21 de Abril de 2009

Las formas de la enredadera

Pocos trabajos han sido tan interesantes y han sido tan intensamente debatidos en la última década como los del economista y profesor en Standford Avner Greif1. A través de sus investigaciones, recogidas después en un interesante libro2, Greif rebate la idea de la necesidad de la preexistencia de instituciones internacionales para que el comercio se desarrolle.

La idea tradicional en Teoría del Comercio Internacional nos decía que es precisamente la existencia de un marco legal la que reduce los riesgos de la relación principal-agente haciendo posible que los costes bajen y el intercambio se desarrolle.

Sin embargo Greif, estudiando minuciosamente las fuentes históricas3, adujo valientemente que la revolución comercial de los siglos X al XIII, señalaba justamente lo contrario.

Greif se centra en los comerciantes judeo-magrebíes (es decir del Occidente del Islam) que llegan a la región en el siglo X huyendo de los conflictos y persecuciones políticas de Bagdad, entonces turbulenta capital del califato abbasí. Estos comerciantes abrirían comercios tanto en el Al-Andalus y el Magreb como en las nacientes repúblicas italianas y en general en la orilla cristiana capitalizando buena parte del comercio interregional. Formaban una densa red social en la que unos miembros funcionaban como agentes de otros en decenas de puertos, ferias y mercados europeos.

La idea que remarca Greif es que la identidad compartida por este grupo, originalmente basada en la experiencia del apoyo mutuo y el exilio, desincentivaba la traición incluso si las relaciones comerciales no tenían expectativa de continuidad. Los judeo-magrebíes constituían una comunidad identitaria. Contrataban como agentes preferentemente a otros miembros de la red previamente testados por otros miembros de la red y compartían con fluidez la información, ya que a fin de cuentas, formaban una red distribuida y densa consciente de compartir un metabolismo económico común. Una cultura grupal diferenciada y cada vez más densa contribuía entre ellos a reducir los costes de transaccion y la necesidad de regulaciones extensas y complicadas:

La coalición se sostenía por un conjunto de reglas culturales de comportamiento que hacía superflua la necesidad de contratos detallados y respuestas coordinadas señalizando lo que constituía engaño4

Este funcionamiento interno elevaba los costes para cualquier posible nuevo miembro que quisiera estafar a otro o abusar de su confianza. ¿Quién querría perder la posibilidad de trabajo y negocios con su propia gente, es decir con toda la red y para siempre?

Pero si este sistema desincentiva el comportamiento deshonesto incluso en aquellos casos en los que la relación de agencia es puntual, su punto débil es que:

El volumen del comercio estaba limitado por el tamaño de la coalición [la red], que a su vez estaba determinado por un proceso inmigratorio y no por las necesidades comerciales. Aunque esta deficiencia podría haberse subsanado con un sistema de coordinación, tal sistema no emergió. Incluso, el mecanismo reputación multilateral llevó a los judeo-magrebíes a dejar de lado relaciones eficientes con no judeo-magrebíes en favor de otras más provechosas pero menos eficientes relaciones de agencia entre ellos.

Podemos comparar este sistema con su equivalente al otro lado del Mediterráneo, el que permitió la formación de las grandes redes comerciales y marítimas de Venecia, Génova o Amalfi. Trabajar como agente de una de estas ciudades-red durante el passagium o incluso en lugares más distantes o menores donde no existía una base estable, formaba parte en Venecia de la carrera política y profesional de cualquier joven comerciante prometedor. Desempeñar su labor con honestidad y eficacia multiplicaba sus posibilidades a la hora de unirse posteriormente a una firma comercial, mientras que la denuncia de sus pares y mayores podía acarrearle el fin de sus expectativas cuando no el destierro permanente.

Greif señala que en Génova, al acabar el monopolio público del comercio ultramarino, el sistema entro en crisis, evolucionándose paulatinamente hacia un sistema similar al veneciano. El punto de partida de esta etapa genovesa fue el patronazgo, similar en todo a la hawala, que acabó generando a su vez nuevas redes identitario-comerciales. Son los comienzos de la firma familiar genovesa, basada en la reputación y la confianza uno-a-uno y que, como en el caso veneciano se nutrió además de las redes y el soporte de los agentes de la República.

Estas empresas familiares, que Greif caracteriza por “emplear a agentes cuya esencia es preservar la riqueza bajo la propiedad común“, al enredarse y darse apoyo entre si y con la propia red de la ciudad-estado serán la base de la Edad de Oro de las repúblicas marítimas, las primeras filés.

El triunfo comercial de venecianos y genoveses, se explicaría según Greif, no por una presunta superioridad tecnológica, sino por la mayor potencia organizativa de este tipo de firmas basadas en la propiedad colectiva, la identidad y la gestión democrática. Y es que las firmas familiares a su vez tienden a reforzar la red que une a unas con otras, reforzando la filé -Venecia, Genova o Amalfi- en su conjunto:

Una empresa familiar, cuya esperanza de vida es en principio infinita y cuya quiebra es más improbable que la de un comerciante individual, hace que el salario que hay que pagar a un agente para que se mantenga honesto sea menor. Sin embargo, si la firma familiar se adhiere a una coalición basada en la posibilidad del castigo colectivo [como la de los judeo-magrebíes], el coste del agente no bajará, dado que es independiente de la duración esperada de la relación con ningún comerciante en particular. Por eso el ascenso de la firma familiar en Italia condujo al desarrollo de un mercado de bonos y participaciones entre las empresas familiares que a su vez condujo a una expansión de la inversión comercial.

Es decir, nos encontramos aquí con el origen mismo de la filé que hoy vemos rebrotar, un conjunto de nodos -firmas familiares- apoyándose entre si y conformando una estructura política común -la Serenissima por ejemplo- dedicada a dar soporte a todas ellas y establecer la trayectoria de las carreras individuales desde el aprendizaje y el servicio a la comunidad a la integración en alguno de los nodos o eventualmente la formación de uno nuevo.

Se trata, al fin, de un sistema de crecimiento basado en saber cómo no crecer, en el conocimiento de las redes, el aliento de la exploración y en un sistema de formación de demos cuidadoso y reglado tanto para los individuos como para los nodos. La metáfora neoveneciana es más profunda de lo que parece.



1. Página personal y artículos descargables en formato pdf en: http://www.stanford.edu/~avner/
2. Institutions and the Path to the Modern Economy (Lessons from Medieval Trade), publicado por Cambridge University Press en 2006.
3. En este tema hay una creciente bibliografía en español, como por ejemplo Los Comerciantes Valencianos Del Siglo XV y Sus Libros De Cuentas de Cruselles Gómez, Enrique (Universitat Jaume I. Servei de Comunicació i Publicacions, 2007)
4. Avner “Institutions and International Trade: Lesson from de Commercial Revolution“, American Ecomic Review, Vol 82, nº 2, mayo 1992.

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Viernes, 10 de Abril de 2009

Filés: Crecer en red

Mondragón es un caso de éxito intercooperativo atípico. Basta con hacer una cata informal en cualquier federación de cooperativas de trabajo asociado para darnos cuenta de que no es el sector industrial el medio donde es más previsible la emergencia de la intercooperación.

Por el contrario, son las industrias socio-culturales (integración e intervención social, actividades culturales y de tiempo libre, formación y educación, etc.) y más recientemente el mundo vinculado al software libre, donde es más frecuente que surjan redes de cooperativas o estas lleguen a acuerdos estables entre si. Son, al fin, actividades ideológicas, con una fuerte tradición de reflexión teórica sobre su propio significado que a su vez suele enmarcarse en cosmovisiones sociales y políticas más amplias.

No deja de ser significativo que a diez años de la aparición en la ley española de la figura jurídica del grupo cooperativo, pensada para facilitar la intercooperación de una manera sencilla y flexible, este tipo de asociación haya ofrecido tan pocos resultados que ni siquiera aparezca en los informes institucionales sobre el tema1.

Donde existe comunidad, donde hay una cierta identidad común previa, la intercooperación se hace factible. O dicho de otro modo, si queremos explicar por qué no surgen comunidades de PYMEs y cooperativas en las grandes ciudades tenemos que mirar hacia cómo se socializa en ellas.

La causa última de que Mondragón sea una anomalía estaría entonces en la escasa coherencia y el pequeño tamaño de las comunidades reales en un mundo urbano cada vez menos articulado sobre espacios de socialización pública presencial. Mondragón, con su vida comarcal y vecinal, simplemente no es replicable en Madrid, Buenos Aires, Sao Paulo o Porto porque en estas ciudades el espacio físico no forma un entorno de interacción que genere identidad y conocimiento diferenciado. No es casualidad que haya más intercooperación en entornos rurales, sean agrarios o industriales, que en las grandes ciudades.

Pero volvamos una vez más, al mundo de las redes conversacionales distribuidas. La socialización en Internet toma la forma de un gran mar de flores2 cumunitarias. La misma blogsfera es un océano de identidades y conversaciones en continuo mestizaje y cambio de entre las cuales, la gran digestión social destila cada cierto tiempo grupos estables con contextos propios y conocimientos particulares.

Estas comunidades conversacionales que cristalizan, son, a partir de cierto momento de su desarrollo, protagonistas de lo que llamamos sionismo digital3: empiezan a precipitarse hacia la realidad, a generar un conocimiento mutuo entre sus miembros que las hace más importantes identitariamente para ellos que los imaginarios tradicionales de las comunidades imaginadas a las cuales se supone pertenecen (nación, clase, comunidad de fieles…), como si se tratara de una comunidad real (cuadrilla de amigos, familia, cofradía…).

De entre estas redes conversacionales, identitarias y densas, algunas empiezan a generar un metabolismo económico propio y con él un demos diferenciado -tal vez varios- que hacen suyo el objetivo de alimentar la autonomía de la comunidad misma. Son aquellas que llamamos neovenecianistas. Nacidas de la blogsfera, son herederas de la ética hacker del trabajo4 y se mueven en el mundo conceptual, tendente a la democracia económica, de la primera parte de este libro.

A diferencia del cooperativismo tradicional, al no nacer de comunidades reales basadas en la cercanía, su ligazón con lo local no es generadora de identidad. En la fundación de Exploradores Electrónicos, por ejemplo, hay residentes en dos países y tres comunidades autónomas que parten con dos empresas fundadas a cientos de kilómetros una de otra.

En la comunidad conversacional surgida del Encuentro sobre Democracia Económica que citábamos antes, se estableció y continua hoy un debate virtual entre una treintena de personas que parten de pequeños demos-empresa cuyas sedes están repartidas entre cinco comunidades autónomas españolas diferentes, eso sin desdeñar que en el grupo también participa el líder de una pequeña empresa de Concepción, en Chile.

Aún es pronto para saber si esta conversación en concreto servirá para formar una red de intercooperación, pero parece claro que se orienta conscientemente según un patrón que ya está inculturado: el establecimiento de comunidades conversacionales en las que la experimentación, el juego, la teorización y las oportunidades comerciales se mezclan en una única idea de comunidad que es ajena a fronteras territoriales y que incluso valora ese tipo de diversidad como parte de lo que la red aporta a cada cual.

A través de este tipo de experiencias podemos entrever el escenario de las filés del futuro: comunidades identitarias con un metabolismo económico propio, basadas en un sistema democrático interno y envueltas por una red de otras comunidades similares en metaidentidades conversacionales que son a la vez, espacios de comercio, innovación y generación de conocimiento.

Nuevas venecias tejiendo nuevas hansas. Nuevos mapas para un mundo relacional ajeno a los territorios. Si al viejo mundo del telégrafo y la nación correspondía el microcosmos de la empresa jerárquica, la filé, una forma de democracia económica, emerge con naturalidad de este mundo de redes distribuidas e Internet.

Su superioridad surge precisamente de no necesitar ser la forma hegemónica de ningún mercado tanto como de ese saber cómo no crecer que reclamaba Julen Iturbe. Lógica de la abundancia: con que sea bueno para nosotros, basta, aseguraba en la lista de correo de la red de empresas por la democracia económica uno de sus miembros.

El futuro no es de nadie, pero seguramente tenga un espacio para las redes de democracias económicas, para los magmas comunitarios, más cómodo, más en sintonía con el entorno social, histórico y tecnológico que el de las grandes corporaciones.


1. Por ejemplo el reciente Estudio Diagnóstico sobre la Intercooperación empresarial y fortalecimiento del liderazgo de mujeres en la Economía Social, ejecutado por AMECOOP, correspondiente al Plan Avanza del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio y cofinanciado por el Fondo Social Europeo. Disponible en http://amecoop.es/article102.html

2. http://exploradoreselectronicos.net/e4pedia/Mar_de_flores

3. Véase De las naciones a las redes, op. cit.

4. Véase El poder de las redes, op. cit.

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Viernes, 3 de Abril de 2009

Empresas con comunidad, comunidad con empresas

Una empresa es una gran máquina social. No fueron diseñadas ni organizadas para adaptarse, sino para ejecutar eficazmente un programa. Un programa que nos convertía en banco o en consultora, en suministradora eléctrica u organizadora de sorteos.

En el límite el modelo de las franquicias: el conocimiento es externo, se licencia y cuanto queda a las personas es cumplir su papel tal cual es descrito en los manuales, instrucciones y protocolos enviados desde la central. Empresa-hardware, conocimiento-software, personas-energía.

Como en las buenas máquinas de la edad mecánica, los valores, la estética corporativa y los propios edificios reclamaban solidez. Su agilidad se medía en tiempos de proceso y su eficiencia en la capacidad para focalizar, para centrase y especializarse. Y así como era en el conjunto, era para cada uno de sus trabajadores.

El mundo de las empresas de la vieja era mecánica era un mundo ordenado, con ámbitos bien definidos para cada uno y para la empresa en si. Las empresas eran, recordémoslo, nacionales.

Y cuando se internacionalizaron intentaron mantener la lógica tradicional. Pero la lógica tradicional era aditiva. El beneficio directo de la expansión era hacer lo mismo en más sitios. Si había un factor de crecimiento del valor generado era el derivado de aportar mejores técnicas de gestión sobre una máquina más y beneficiarse de un contexto de crecimiento tal vez mayor.

Pero los auténticos beneficios no podían estar ahí. Sobre todo cuando, al consolidarse organizativamente, los niveles de excelencia se igualaban entre las distintas filiales. Los beneficios se intuían en el mestizaje, en el injerto de experiencias en contextos nuevos. Pero las máquinas no tienen economías de red de conocimiento.

La reingeniería, la reorganización de procesos, que antes se vendía a las empresas como solución a las necesidades de adaptación, pasó a orientarse a la formación de comunidades de conocimiento interno, a la apropiación por la organización del conocimiento que vivía en sus propios rincones, lo cual, en teoría, debería nutrirse y alentar el paso de la internacionalización a la transnacionalización que ya hacía emerger las primeras formas neovenecianas1.

Pero cuando una tendencia se convierte eslogan, las palabras empiezan a nominar deseos y por lo general a maquillar más que describir. A partir de 2005 todo eran comunidades. Cualquiera con una base de datos, un listado de socios o una nómina de trabajadores decía tener una.

Empezamos a oir continuamente la queja mi comunidad no participa. Nadie parece darse cuente de que se trata de un oximoron. Si no hay interacción, simplemente es porque no hay comunidad… eso si, la máquina dió su propia solución burocrática, tan inutil como pomposa: la figura del Community Manager2.

  • El conjunto de usuarios de un servicio no forma una comunidad. Para que un grupo de personas formen una comunidad tiene que existir una identidad común, una definición clara de quien forma el demos y un conocimiento mutuo entre ellos (tienen que formar una red distribuida). Luego la comunidad podrá crecer, pero lo que es claro es que las comunidades humanas no se forman alrededor de servicios y aún menos alrededor de webs.
  • Las comunidades usan los servicios, no se definen por ellos. Del mismo modo que no hay una comunidad de usuarios de la seguridad social o del transporte público, no hay una comunidad de usuarios de feevy, flickr, blogger ni de nada que podamos crear, siquiera sea pensando en un perfil muy determinado.
  • Participar no es lo mismo que interactuar. La interactividad entre sus miembros puede ser una medida de la potencia de una comunidad o de lo adecuado de un servicio para una red concreta, pero no tiene nada que ver con participar. Se interactúa con los otros, se participa de las ofertas del anfitrión. Interactuar tiene lógica distribuida, participar tiene lógica centralizada. Al interactuar somos dueños, al participar somos seguidores. La cultura de la participación no tiene nada que ver con el modo de vida de la interacción. La obsesión por las votaciones no sólo puede suponer generación artificial de escasez, lo que queda lejos de la lógica comunitaria.
  • Votar sirve para resolver conflictos… y para nada más. Los mecanismos de votación son la esencia de lo participativo: participas de lo de otros, no lo haces tuyo, no interactúas con otros, no se genera una experiencia vital común que fortalezca los lazos con otros. Si votar es nuestra forma de relacionarnos con los otros, esos otros nunca tendrán cara y nombre propio para nosotros. Votar aliena de la relación humana interpersonal: no genera ni fortalece a la comunidad, al contrario, la representa frente a la persona como algo abstracto y ajeno.No olvidemos que en una comunidad lo esencial no es el mecanismo de resolución de conflictos (las eventuales votaciones), sino la definición del demos. No somos iguales porque participemos en la misma asamblea, sino que participamos de la misma asamblea porque nos reconocemos previamente como iguales.
  • Las plataformas triunfan o fracasan en relación a una comunidad, no en abstracto. Si tengo una comunidad como Exploradores, una pequeña red de iguales que se conocen e interactúan todos los días, discutiendo, cambiando mensajes y enlaces entre si y abro un servicio como marcaprensa para facilitarles lo que ya hacen, lo más probable es que triunfe. ¿Pero qué quiere decir triunfo en este contexto? Simplemente que les sea útil para interactuar entre ellos. La expectativa no es tener muchos usuarios, encuadrar gente, crear cercos poniendo un sello de ganadería… el objetivo es servir al desarrollo de una interacción que ya existía previamente. Si nuestro sitio de enlaces de repente gana muchos usuarios nuevos, gente que lo prueba y lo usa para si o para compartir con su red, pero no convence o no es usado por los miembros de Exploradores… el servicio habrá fracasado.
  • La gente no existe. Las cosas no se hacen para la gente, no existe un demos que sea la gente. Si abrimos un espacio para la gente o invitamos a votar o decidir un tema a la gente estaremos en realidad invitando a cualquier grupo o red previamente organizada a presentar sus intereses o sus miradas como las del conjunto social, cuando no a reventar los límites de una comunidad realmente existente. Es la trampa habitual del la generación de escasez. No definir el demos es la forma más típica de presentar como comunitario y democrático lo que en realidad es todo lo contrario. ¿Ejemplos? Abrir a la gente en general las votaciones sobre el futuro Monopoly o sobre el representante a enviar a Eurovisión produce resultados paradójicos porque lo que estamos es precisamente reventando los límites del demos de los jugadores de monopoly o los fans de Eurovisión.
  • Una comunidad no es un tema de interés. Ofrecer servicios o contenidos para un determinado perfil de intereses no genera una comunidad. Todo lo más atrae a una -o con suerte- varias comunidades ya existentes… aunque seguramente no las integre.
  • Las comunidades no nacen artificialmente simplemente porque se nos ocurrió hacerles una plataforma. Si queremos crear una comunidad no nos pongamos a crear servicios porque no funcionará. Los servicios sirven a una comunidad, no la generan. Crear una comunidad es construir una identidad. Tiene que ver con valores y experiencias compartidas. Algo que se desarrolla y crece con la interacción. Es entonces cuando los servicios son útiles, pero no antes. ¿Quieres crear una comunidad? Vuelve al off-line o encuentra una causa puntual tan potente que tras hacer una campaña virtual sus protagonistas se sientan emocional e intelectualmente tan ligados entre si como para querer seguir haciendo cosas juntos todos los días.
  • En La Residencia, un clásico de terror firmado por Narciso Ibañez Serrador en 1969, un asesino en serie descuartiza a sus víctimas buscando construir, con lo mejor de cada una, a la mujer que añora. Piensa que una vez estén juntas todas las piezas, el sanguinoliento rompecabezas tomará vida por si mismo. Hoy la película podría entenderse como una metáfora de muchas iniciativas corporativas.

    Igual que el asesino de Ibañez Serrador, ya no estamos ante una máquina social, sino ante un ser vivo social. Un grupo de personas conforma una red cuando hay flujos entre ellas. Si los flujos no existen, no hay red.

    Introducir la vida, la espontaneidad de la vida, en una máquina no es ni mucho menos evidente, no basta con juntar gente, no es suficiente con dotarse de herramientas tecnológicas. Para poder crear vida social, para alumbrar una comunidad, hace falta una ingeniería más compleja. Un bioquímico, no un forense.

    Por eso, aunque pueda ser catártico enfurruñarse y decir barbaridades para que las coreen los hooligans, no resulta lógico ni inteligente rechazar la innovación, en especial la innovación organizativa, sólo porque en nuestros intentos la hayamos hecho mal una y otra vez y no aportara nada salvo pérdidas. La innovación no va de grandes marcas y mensajes vacíos. Va de saber replantearse la organización en su contexto histórico, escucharla y respetarla como a un ser vivo… Para innovar no hay que temer a la transparencia, hay que saber desarrollarse en ella.

    Este es el mensaje de una nueva generación de pequeñas consultoras que aparecen como setas por el mundo. Un ejemplo que ha tenido cierto eco en la red ha sido el de Worldblu, una empresa norteamericana dedicada a asesorar empresas sobre como incorporar a estas mecanismos y modos de democracia económica. Su mera existencia es significativa del nuevo tipo de demandas que las empresas comenzaron a hacer aún antes del estallido de la crisis financiera de 2008.

    El discurso de Worldblu es llamativo por cuanto afirma que democracia económica no es consenso para todo sino conversación. En esta afirmación hay una intuición de la separación de planos entre comunidad (que es red distribuida, deliberativa, donde opera la lógica de la abundancia y por tanto vive en plurarquía) y la actividad económica colectiva donde existe irremediablemente escasez y para la que por tanto la democracia económica es una alternativa práctica, útil y enriquecedora a la toma de decisiones de arriba a abajo.

    Esta separación entre el ámbito de la organización de la comunidad -plurarquía- y el de la gestión comunitaria de la escasez -democracia- aunque sea para decir que la segunda no es necesaria para que una empresa se llame democracia, no deja de reproducir la distinción de espacios en la que se basa la filé y que ya habíamos observado incluso entre los muridíes.

    En realidad la búsqueda de la comunidad por las empresas transnacionales, el llamado neovenecianismo1 y la construcción de empresas por comunidades neovenecianistas, son dos movimientos sólo aparentemente convergentes

    Ambos parten de la constatación de esa distinción de espacios y reglas sociales entre comunidad y empresa. Sin embargo mientras las empresas supeditan la comunidad a la cada vez más vacía generación de valor para el accionista, los neovenecianistas supeditan su tejido económico al espacio de mayor libertad personal: la vida comunitaria. Una exploración que exige replantearse y profundizar las categorías sobre las que se había entendido la interacción en las redes virtuales.



    1. Véase “De las naciones a las redes“.
    2. Crear títulos en inglés para tareas perfectamente nominables en español no deja de ser representativo de una mentalidad colonial que asume implicitamente lo internacional con anglófono, en completa sintonía con la llamada “secta del management” y el discurso de sus escuelas de negocios.

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    Martes, 10 de Marzo de 2009

    7 claves para hacer filé

    El otro día discutía por mail con un amigo que está poniendo en marcha su primera empresa. Compábamos modelos y prácticas e inevitablemente surgió, estilizado, lo que la experiencia de las Indias nos ha enseñado. Cuando trato de resumirlo me doy cuenta de que en realidad ya no estoy hablando de hacer empresa, sino de hacer filé. Quedan 7 ideas fuertes sobre cómo un pequeño grupo de emprendedores puede dar lugar a una filé y no sólo a una empresa.

    1. No creemos en la empresa basada en “rondas de financiación. Nunca sale bien a no ser que el objetivo sea especular con nuestras propias ideas: el modelo basado en la escisión entre capital y trabajo puede acabar solidificando un negocio, pero no una comunidad cuyo trabajo genere sentido a sus miembros
    2. Creemos que el trabajo y la vida no son dos planos distintos, así que realmente una empresa sale adelante gracias a un núcleo de gente que la vive. En principio no tiene sentido recurrir a asalariados. Por eso creemos también que los únicos accionistas/miembros de una empresa tienen que ser los que trabajan en ella .
    3. Eso quiere decir que si no formas parte ya de la estructura económica de una filé cuyos excedentes puedan financiarte, el capital será escaso y por tanto ya durante el primer año el mes a mes tendrá que llegar a ser rentable. Eso normalmente significa estrecheces en los primeros dos o tres años… pero merece la pena si el trabajo te llena lo suficiente.
    4. Si realmente vida y trabajo se viven en pack, el debate en ese núcleo generará un conocimiento propio y más amplio que el estricto rango de actividad de la empresa. Un conocimiento que unido a las formas propias en que evolucione la relación acabarán dando lugar a una identidad y una cierta cultura política interna. El núcleo fundador acabará fructificando en comunidad.
    5. El momento crítico va ligado al crecimiento: hemos de entender que es la comunidad y no la empresa la que crece. Aunque sean la cartera de proyectos y el ritmo de crecimiento de los ingresos lo que marque el ritmo del crecimiento de los miembros y colaboradores, los recienllegados han de tener claro que se integran a una comunidad y una cultura, precisamente porque en la filé la empresa está supeditada a la comunidad
    6. Por eso la filé necesita transparencia desde el primer día. El blogueo, las contextopedias, los actos públicos no son marketing, sino formas de compartir y transparentar nuestra forma de pensar, trabajar y organizarnos. Eso es fundamental no sólo para compartir contextos en el interior de la comunidad, sino también para que nadie se llame a engaño y llegue atraido por un puesto de trabajo con participación en la gestión y derecho de segregación sin asumir el quién, la lógica de comunidad subyacente bajo cada decisión.
    7. Porque a la hora de la verdad, en la filé las decisiones se toman en función del crecimiento de la comunidad y de las personas que la forman y no en estricta racionalidad económica. Por eso, la figura del aprendiz renace y es tan importante. El aprendiz es alguien que dedica unos meses de su vida a aprehender los contextos que ha desarrollado la comunidad y descubrir en la práctica su lógica interna, su jerarquía de valores a la hora de encarar proyectos o tomar decisiones. La integración definitiva no tiene que ver tanto con su cualificación o su competencia profesional, sino con que realmente comparta el modo de vida y los valores particulares de la filé en la que se integra.

    Hacer filé es mucho más difícil que hacer empresa. Hacer empresa es construir una estructura sostenible que sea funcional a un tipo de negocio. Hacer filé es primar y desarrollar la comunidad de las personas sobre la lógica del beneficio sin que la sostenibilidad económica sufra.

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    Jueves, 26 de Febrero de 2009

    Historia de las banderas

    Pendón de Jaume IPoco hay escrito sobre la aparición de las primeras banderas en Europa. De hecho suelen confundirse estandartes de tela, los confalones, los pendones y las banderas propiamente dichas.

    Los estandartes de tela, capaces de ondear y que penden de un listón horizontal, llegan con el ejército de Tariq (siglo VIII). Su función es la tradicional del estandarte, localizar las unidades propias en el campo de batalla en una forma de guerrear que es cada vez más ágil por el desarrollo de la caballería ligera. Pero un estandarte no es una bandera. El primer anticipo de lo que serán, con todo su significado, las banderas no llegará hasta la aparición de los pendones medievales.

    Entrada de Jaume I en ValenciaEl pendón es contemporáneo y similar a la bandera y al gonfalón. El pendón en la península ibérica y el gonfalón (véase abajo el confalón de San Jorge) en la itálica aparecen como símbolo de la naciente autonomía e importancia de los burgos, que empiezan a desarrollar una cierta cultura y simbología diferenciadas. En los murales del castillo de Alcanyis podemos ver por ejemplo como el rey Jaume lleva un estandarte clásico (además de otro personal, de su casa). Ambos cuelgan de un listón horizontal. La ciudad de Valencia en cambio ondea su pendón con los colores de Aragón a lo largo de la muralla. Estos pendones, todavía no son rectangulares sino que parecen simplemente estandartes colgados al revés, sobre la vertical de una lanza o mastil, lo cual es lógico ya que a diferencia de los estandartes de uso militar, no estaban destinados a ser referencia en un campo de batalla móvil, sino a ondear en un lugar estático.

    El paso del listón superior al mástil, del estandarte al pendón, es el acta de la aparición diferenciada de los intereses urbanos (y por tanto comerciales) de las ciudades ibéricas a partir del siglo XI. El pendón mantendrá -como el mismo pendón de la conquista de Valencia de la ilustración superior- la forma original del estandarte, tendente al triángulo y pensada para no hacer vela al estar colgada de un listón horizontal.

    Confalón de San JorgeLa bandera, desarrollada y extendida con el renacimiento del comercio marítimo que acompaña y sigue a las Cruzadas, ahondará en la ruptura simbólica que el pendón representa sobre el estandarte. El barco es un espacio autónomo donde rigen reglas diferenciadas. La bandera no es ya un elemento de localización en la batalla, sino el símbolo de un orden interno propio y al tiempo de una ligazón con el espacio social y económico que se deja en tierra firme.

    Bandera de la marina venecianaObsérvese cómo la bandera veneciana es un estandarte cuadrado o más bienun gonfalón al que se le han añadido a propósito unas tiras extra y separadas entre si con el objeto de permitirle ondear mejor -al modo de la cola de una cometa- al unirla a un mastil vertical. Este es el origen de las proporciones rectangulares que asociamos a las banderas.

    Los reinos y las empresas reales no abandonarán sin embargo el estandarte hasta la aparición de las grandes armadas reales. Una vez más, la bandera será símbolo de la lógica comercial y urbana en oposición a la real en el nacimiento del estado moderno. No deja de ser llamativo que Colón por ejemplo porte un estandarte y no una bandera en su llegada a Guanahaní, pero que el símbolo veneciano que trasciende a tierra firme sea la bandera (por fin ya rectangular y bordada para ondear desde un mástil).

    La nacionalización de las banderas

    Sólo mucho más tarde, en el XVIII, las grandes armadas nacionales se dotarán de banderas únicas. Con todo, la marina representará en los principios del XIX a los elementos más avanzados de la sociedad de la época. Así, serán los levantamientos de la marina en los puertos como Cádiz los que lleven a la asociación de la bandera de la armana de Carlos III (roja y gualda) con el liberalismo, creador del primer proyecto nacional. La bandera, en el proceso, acabará nacionalizándose también.

    Desde la segunda mitad del XIX la bandera será el totem del nacionalismo. Es entonces cuando se desarrolla una mística alrededor de ella, se inventa la leyenda de Betsy Rose (1870) en EEUU o se empiezan a asociar los colores a valores en la América meridional. Nacen los días de la bandera, los colores de las nuevas banderas se incorporan a fiestas y celebraciones y el ritual, originalmente militar, del izado se incorpora a la educación pública y la vida civil.

    Es curioso comprobar como incluso en los distintos movimientos antinacionales como el comunismo marxiano del Manifiesto de 1848 o el anarquismo bakuninista, no sufrirán banderofobia. Al contrario, las banderas rojas, negras y rojinegras, con sus orígenes en el paso del corso a la piratería que siguió a la guerra de sucesión española, y su simbolismo de lucha, retomarán no sin paradojas, la tradición simbólica de los pendones y banderas urbanas y marineras para los nuevos grandes sujetos históricos europeos.

    El rechazo a las banderas como expresión de una estética anacional o antinacionalista, no vendrá hasta después de los movimientos estudiantiles de 1968, cuando la ropa aparezca, precisamente adornada con muchos de los atributos con que la mística nacional significaba a las banderas.

    ¿Vendrán nuevas banderas?

    Bandera indianaEl mundo que pasa de las naciones a las redes, el mundo de la filé, es un mundo de reapropiaciones que retoma lógicas del mundo prenacional que al nacionalizarse habían cambiado de significado.

    El mundo prenacional era un mundo lleno de sociedad civil real. Comunidades, gremios o cofradías, con sus propios rituales, ceremonias y símbolos destinados a reforzar la comunidad real y transmitir el papel de la persona en ellos. La nacionalización arrasó con toda esta vida y simbolismo. Salvo pequeños grupos como la masonería -que a su vez hubieron de sufrir transformación cuando no persecución- los ceremoniales profesionales desaparecieron o fueron subsumidos y homogeneizados en la religión de estado o los rituales civiles nacionales. El estado se tomó esto en serio: la comunidad nacional imaginada debía homogeneizar el campo social y ligarlo al destino de el estado eliminando la autonomía de los grupos urbanos heredados del auge burgués del medioevo.

    Sólo algunas cofradías ligadas y controladas por la Iglesia como nunca habían estado antes (como las de la Semana Santa de tantos pueblos ibéricos) consiguieron sobrevivir a costa de perder buena parte de su significado social. Por eso hoy, cuando ya no quedan estandartes ni pendones sino banderas nacionalizantes, sólo sobreviven algunos gonfalones relegados al folklor religioso.

    Aún hoy las banderas no nacionales resultan provocativas y extrañas, como los rituales profesionales o las ceremonias civiles al margen del estado. Pero todas ellas plantean una reapropiación necesaria: no basta con la deconstrucción teórica de los relatos nacionalizantes, los nuevos sujetos tendrán que desarrollar de nuevo una simbología y un ceremonial de la comunidad real, destinada no a diluir al individuo en la comunidad imaginada, sino a empoderarlo en la lógica de las coaliciones de comerciantes y los gremios de profesionales libres.

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    Domingo, 22 de Febrero de 2009

    7 tesis sobre la crisis de la empresa y cómo superarla

    Encuentro de Emprendedores y Empresas sobre Democracia Económica

    1. No se puede mantener ya la vieja definición de empresa. La maximización del valor del accionista es un mito increible, desmentido por cada uno de los comportamientos empresariales que han llevado a esta crisis y por cada una de sus respuestas públicas. La clase directiva ha demostrado que su único objetivo real es mantenerse en el poder corporativo, en el ejercicio nominal y vacío de la representación de un accionariado que hace mucho que no puede considerarse un sujeto social activo.
    2. El ONGismo y el RSCismo son dos muertos discretos más de esta crisis. Obedecen a la misma concepción de organización, ámbito, institución y sistema de profesionalización que se está implosionando con centro en el sistema financiero. Son viejo mundo y como todo el viejo mundo de este lado del muro, están viviendo ahora su particular 1989.
    3. Ni la actual forma de gobierno de las empresas (la tan cacareada gobernanza corporativa), ni la RSC, ni el tejido de ONGs pueden aportar nada a la reorganización del sistema de incentivos, que articulados por el mercado, dan forma institucional al capitalismo.
    4. Para tener un qué alternativo, antes hay que construir quienes alternativos. Tenemos que replantear y definir la empresa del capitalismo que viene.
    5. El ethos de la empresa debe cambiar. El sistema financiero nos ha enseñado cómo se puede ser innovador hasta la temeridad con el terreno de juego común y conservador hasta la fosilización con la estructura interna de poder. Hay que cambiar el paso. Existe la posibilidad material de redefinir la empresa desde el concepto de comunidad introduciendo distintas formas de democracia económica. El resultado previsible de esta reforma es que las empresas, entre sus fines principales tendrían el sostenimiento de su entorno social directo, no como una actividad separada, sino como elemento central de su discurso y guía de sus negocios.
    6. Además, en un marco en el que las empresas no pueden definirse ya en términos exclusivamente nacionales, ningún estado o grupo de estados pueden hacer un control efectivo mejor del que harían los propios trabajadores, colaboradores y entorno social de la organización. Las empresas han de empezar a pensar en términos de ciudadanía frente a sus colaboradores y trabajadores en cualquier lugar del mundo.
    7. En épocas de crisis la innovación tiene un carácter fundamentalmente organizativo, más que tecnológico. Los pequeños, las micropymes, han de convertirse en laboratorios de esta profundización económica del concepto democrático de ciudadanía. Somos los colonos del capitalismo que viene, los puestos avanzados de la frontera entre un pasado que se cae a pedazos y un futuro que no acaba de perfilarse. Hoy más que nunca, la vía para hacer utopía, para innovar y para construir alternativas, pasa por constituir empresas democráticas que vivan y sean red. Si tienes algo que aportar, algo que experimentar ¡haz filé! Tienes de tu lado, el poder de las redes.
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    Sábado, 14 de Febrero de 2009

    El derecho a segregarse en e4

    Uno de los valores centrales de la Declaración de Montevideo es el derecho de segregación. Nace de una paradoja. Nuestra crítica central al Sionismo Digital residía en que las comunidades conversacionales, por definición, no podían generar identidades que explicaran la relación entre las personas y el espacio económico que sustentaba su vida. Las comunidades conversacionales tendrían por tanto siempre, identidades delegadas, subsumidas en el viejo mundo y serían desgarradas por sus conflictos.

    Por otro lado, cualquier relación de dependencia económica esteriliza el debate y la conversación. Si salir o separarnos de una comunidad nos lleva nuestro bienestar por delante, ¿cabe el debate libre?

    Se trataba de tirar el agua sucia de la bañera, salvando al niño. Se trataba de imaginar cómo nuestra comunidad podía generar una economía sin que esa misma economía la sometiera. Y así llegamos al derecho a segregación como eslabón fundamental entre los dos planos (comunidad pluriárquica y economía democrática) que definen a nuestra filé.

    El derecho de segregación tiene dos significados concretos distintos:

    • En nuestra Constitución se garantiza a las personas frente a los nodos, el derecho de todo indiano a separarse del nodo en el que trabaje para formar otro nodo dentro de e4
    • En los estatutos y cartas de los nodos se ha de garantizar además el derecho de los miembros a abandonar e4, buscándose modos que hagan posible que se constituyan en empresa independiente

    El sistema cooperativo

    El debate sobre la democracia económica nos ha abierto una forma de materializar y regular estos derechos de un modo efectivo, pues como intuía Dronte en su post del otro día, tal cual está en la Constitución de los Exploradores Electrónicos podría dar lugar a todo tipo de interpretaciones.

    • Por un lado, la evolución de nuestros nodos para formar un grupo cooperativo nos permite instituir un fondo anual, alimentado por los nodos y destinado a generar nuevos nodos. Si no sientes que lo que haces como trabajo te hace aprender cosas nuevas o simplemente sientes la presión homogeneizadora de tu entorno directo -tu nodo- siempre puedes emprender la formación de un nuevo nodo acorde con tus necesidades (eso sí, tienes que encontrar al menos a dos personas más que quieran emprender contigo porque si no la ley no te deja formar cooperativa). De este modo, la segregación hacia dentro estaría garantizada -e incluso fomentada- por el conjunto de comunidad, consciente de que cuanto mayor sea la diversidad de nuestras actividades económicas mayores serán las posibilidades de la red en su conjunto En otras palabras: el conjunto de nodos ahorra en el grupo cooperativo para garantizar la libertad de segregación que dará lugar a nuevas iniciativas.
    • Por otro lado, la conversión de cada nodo en cooperativa, nos permite fijar una aportación individual suficiente como para que cuando alguien quiera marchar de la red en su conjunto, dejar e4, se vaya con un pequeño capital suficiente como para establecerse. El derecho de llevarte tu participación original cuando abandonas una coperativa es un derecho legal reconocido en practicamente todo el mundo. En España además, esta aportación no tiene por qué ser hecha de una vez, el cooperativista puede ir pagándola a lo largo del tiempo con lo que cobra de la propia cooperativa. Es decir, los miembros ahorran en sus nodos como forma de asegurar de forma efectiva su derecho a la segregación hacia fuera de la red.

    ¿Qué hemos conseguido?

    La segregación hacia dentro, la formación de nuevos nodos, se convierte en el hecho articulador de nuestros nodos, y por tanto del conjunto de nuestra vida económica. Segregarse para formar otra empresa del grupo no sólo no está mal visto, sino que está incentivado y es visto como un aporte. Segregarse es una forma de construir y aumentar la diversidad.

    Pero sobre todo, salvamos al niño. Nadie tiene miedo a cuestionar nada en e4 (y de hecho puedo asegurar que nuestras sobremesas y asambleas son de lo más entretenido). Nuestra vida comunitaria, conversacional, sigue siendo una plurarquía, entre otras cosas porque los modos de vida de cada cual y la libertad de elección personal para mantenerlos, están garantizados.

    Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 10:29 am | (3)

    Sábado, 7 de Febrero de 2009

    Cooperativas, democracia económica y filés

    Investigando sobre la historia del cooperativismo emerge inevitablemente la idea de que el sistema cooperativo crece hasta convertirse en un referente económico-social allá donde se identifica como la base de democracia económica de un proyecto de concepción más amplia.

    Así cabe entender al menos el auge y decadencia del cooperativismo en Bélgica y Alemania. Mientras, la socialdemocracia se constituía como un poder social alternativo, las cooperativas de todo tipo fueron el esqueleto de su autonomía política. Cuando, tras la gran guerra, la socialdemocracia y los socialcristianos se convirtieron en los pilares refundacionales del estado, las cooperativas en ambos países entraron en decadencia. Incluso en Francia, donde Gide había aportado al movimiento cooperativo una perspectiva política propia, la segunda postguerra marco una tendencia a la baja que sólo se invirtió con el auge del discurso autogestionario en los sindicatos de finales de los 60 y principios de los 70 (cuando se forman cooperativas sindicales tan potentes como FNAC). Otro ejemplo que refuerza esta asociación son los kibutz israelíes a pesar de que han sabido reorientarse desde la comunidad campesina a los servicios, la industria y la tecnología. Y en la América de lengua latoc las diferencias nacionales y los ciclos de auge y decadencia también parecen estar a cierto punto correlacionados con los de grandes causas como la reforma agraria o movimientos políticos (como la socialdemocracia costaricense).

    Pero una vez más MCC, el mayor grupo cooperativo del mundo, representa un anómalo. Algunos amigos que han trabajado con ellos me comentan que es porque hasta cierto punto han desarrollado una cierta conciencia de filé, una identidad colectiva que orienta un sentido de causa común. E inevitablemente hago el link con el neovenecianismo y la construcción de nuevas identidades transnacionales.

    Durante las últimas dos décadas hemos vivido los primeros síntomas del paso de una sociedad de redes descentralizadas a una sociedad de redes distribuidas cuyos arietes eran las TIC y la globalización. Hemos descubierto el poder de las redes y visto emerger las primeras señales del paso de las naciones a las redes.

    Todo parece indicar que la crisis actual, con los casi inevitables rebrotes de proteccionismo, estatalismo y nacionalismo económico frenará y retrasará el horizonte de una movilidad total de personas y mercancias por el mundo. Las grandes crisis son centralizadoras y sin duda el neovenecianismo, incluso el de los desheredados se resentirá. Pero sobre una base de redes sociales ya muy distribuidas, los mecanismos de solidaridad y cohesión social cobrarán mayor espontaneidad e importancia. Se abre un tiempo para la democracia económica que sin negar las tendencias históricas de fondo, seguramente tome protagonismo. Pero igual que en el cooperativismo obrero del XIX la corriente de fondo era el socialismo y en el kibbutz el sionismo, en esta etapa la clave sigue y seguirá estando en la transnacionalización de la identidad. Si no construyen filés, los nuevos cooperativismos y los discursos demócrata-económicos sufrirán a medio plazo un destino similar al del viejo cooperativismo social-democrata-cristiano o sionista. La democracia económica es un medio, una herramienta democrática, no una identidad y es desde la identidad, desde el quién y el para quién que se construyen cosas sólidas.

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    Lunes, 26 de Enero de 2009

    Las Indias como software mental

    Ayer Maki y yo tomamos café con un buen amigo con larga trayectoria en el mundo de la empresa y la consultoría. A los tres nos llamaba la atención la incapacidad de la empresa española para ir más allá de la cultura empresarial en el sentido más superficial del término. Se salvaban, nos contaba, la gente de MCC. En realidad, ese más allá que reclamábamos tampoco era tan difícil. Consiste en tener una cierta ideología de empresa.

    Ideología no es una mala palabra. Tener ideología no es sectario. Tener ideología es tener articulados una serie de valores y utilizarlos analíticamente, no sólo declarativamente o para sostener gestos. Tener ideología es poner cuatro ideas de aplicación universal a trabajar. Es usarlas, según palabras de Maki, como software mental. Sin ideología no existe posibilidad de compromiso.

    Al volver a casa, recordé Quarrentine de Greg Egan, abrí el ordenador y tomé unas notas de cómo sería el pseudocódigo del programa que cada indiano aplica ante cualquier cosa…

    No llegué al pseudocódigo, pero me surgió esto:

    1. Toma de variables:
      • ¿Quién es el sujeto? ¿Para quién trabajo? ¿Cúal es su identidad?
      • Variables de situación: ¿hay generación artificial de escasez? Si es así ¿podría operar aquí la lógica de la abundancia? ¿Hay espacios para la plurarquía? Si es así, ¿en qué ambito? Si no es así y no hay más remedio que lidiar con la escasez, ¿cabe utilizar la democracia? ¿De qué forma y en qué ámbito?
    2. Controles de calidad:
      • Si hiciera una propuesta en este momento sobre esa base ¿Cómo afectaría al quién y su identidad? ¿Se fortalece? ¿Hay trazas de participacionismo?
      • ¿Qué estructura de poder subyace bajo la arquitectura de información de mi propuesta? ¿Quién se beneficia? ¿Quién pierde?
    3. Herramientas (sociales, de software, de conocimiento, etc.):
      • ¿Existen herramientas ya desarrolladas adaptables para la solución propuesta?
      • ¿Las herramientas existentes o las que yo proponga, generan dependencia para el sujeto para el que trabajo respecto a mi o respecto a un tercero? Si la respuesta es positiva: cambia la propuesta de herramientas.
      • Una vez elegidas las herramientas ¿Existe posibilidad de que se convierta con ellas en mumi para su entorno? Si la respuesta es positiva, elabóralo.
    4. Localización:
      • ¿En que plano se ubica la solución propuesta? ¿Local, nacional, transnacional? ¿Está contingentada artificialmente en una frontera? ¿Cómo se relaciona esa frontera con la identidad de mi cliente?
      • ¿Podría aportar algo a los objetivos de mi cliente abrir puertas hacia una evolución neoveneciana?
      • ¿Hay posibilidad de colaboración en red, es decir, hay otros quienes con quien construir desde la identidad de mi cliente? ¿Lo fortalece? ¿Genera red distribuida? ¿Distribuye riesgos?
    5. Contraste final: ¿Mi propuesta aumenta la diversidad social?

    Seguro que me olvido mil cosas… pero creo que el kernel está :)

    Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 9:24 am | (1)

    Sábado, 17 de Enero de 2009

    Democracia Económica más allá de la cooperativa

    La evolución de empresas hacia formas de democracia económica va en el mundo por un lado diferente al reposicionamiento como Economía Social (asimilándolo a fundaciones, ONG’s, etc.) que se ve en Europa y en España.

    La causa seguramente sea el atasco del viejo sistema cooperativo, atasco fundamentalmente ideológico, pero también apuntalado por una legislación de cooperativas que parece escrita por un jefe de koljoz de los años treinta decidido a hacer obligatorias aquellas formas de organización interna consideradas benéficas por su propia tradición, y decidido a cerrar las puertas de la legalidad a cualquier otra.

    Sin embargo, lo que vemos por ahí, tiene un carácter bien distinto. Empresas bien conocidas en el anglomundo como Equal Exchange o King Arthur Flour e incluso algunas en el top 500 de Fortune como DaVita son consideradas comunmente empresas democráticas aunque en Europa tendrían muy difícil, por no decir imposible, encaje en la legislación.

    Esto no significa que no se pueda experimentar nada fuera del rígido molde cooperativo. En la Sociedad de las Indias Electrónicas la propia evolución nos llevó poco a poco hacia la democracia económica. La forma en que la consagramos fue la de el establecimiento de unas reglas de juego democrático en la vida cotidiana y la gestión: la Carta de las Indias. La Carta establece las relaciones entre los accionistas y los trabajadores, limitando el poder de estos hasta lo que podríamos llamar el equivalente empresarial de una Monarquía Constitucional, con un grado de libertad mayor y una estructura mucho más ligera que los establecidos en la ley de cooperativas.

    El problema residual de un sistema así viene dado por la herencia. ¿Qué pasa si a alguno de los tres accionistas fundacionales nos pasa algo y aparecen herederos que impugnan la Carta firmada por los fundadores? En principio nada porque somos tres accionistas y ninguno tiene mayoría por si mismo como para modificar un acuerdo de socios unilaterlamente. Pero eso no quita para que le demos una vuelta en cualquier caso.

    Si lo pensamos hay dos formas de solventarlo: en una las acciones son asumidas por una asociación o fundación consagradas precisamente al cumplimiento de la Carta. En otra, como en el sistema monárquico tradicional, los herederos comparten el compromiso y asumen la representación y función moderadora en casos de crisis que reserva la Carta a los accionistas originales. En nuestro caso, mientras estudiamos las posibilidades de crear una fundación dedicada a la democracia económica que pueda heredar esas acciones seguimos llamando a Itziar nuestra Princesa heredera. A fin de cuentas, esto del principio monárquico constitucional, puede tener muchas ventajas… y su puntillo de glamour…

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    Martes, 6 de Enero de 2009

    La perversa lógica del territorio

    La blogsfera española está horrorizada con la guerra de Gaza. En cierto sentido es ejemplificadora. Más allá del relato engañoso de los mapas, Israel entero es más pequeño que la provincia de Cáceres, Gaza menor que Chamberí o l’Eixample. La épica del combatiente grabada en directo, con armas de alta letalidad, en un tiesto, no puede vender grandiosidad. No cuela. Es simple horror. Sangre y explosivos. Escombros y miseria.

    Tampoco busquen malvados. Sería ridículo. El mal que se materializa es el de la lógica del estado territorial nacional. Un dios cruel que exige homogeneización a ambos lados. Amos Oz:

    un conflicto entre derecho y derecho, entre dos reivindicaciones muy convincentes, muy poderosas, sobre el mismo pequeño país (…) Simplemente una verdadera disputa estatal sobre quién es el propietario de la casa

    La lógica nacional es una lógica de igualación, de homogeneización… y por tanto de exclusión. Todos iguales bajo un único señor e identidad. O separados, segregados, contingentados. Está presente en todo nacionalismo. No hay nacionalismo que no se sienta acorralado. Todos tienen una lógica más abiertamente violenta cuando el estado está formándose o no acaba de cuajar. Más cínica cuando la maquinaria nacional funciona sin dudar. ¿Estás pensando en regresar?

    Prefiero soñar y construir un mundo donde lo político no esté definido territorialmente, donde la diversidad signifique más negocio, más bienestar, no un peligro para tal o cual proyecto colectivo con armamento propio. Maki:

    la lógica industrial y estatal ha colapsado y desde dentro no parecen surgir soluciones. Renunciar al territorio es muy liberardor ( de las naciones a las redes) cuando no tienes territorio todo es más fácil. No hay materias primas ni campos que defender, quizá en ese nuevo mundo triunfen los bricoleurs, capaces de fabricarlo todo a partir de la basura del viejo mundo

    Continuará…

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    Viernes, 2 de Enero de 2009

    Metaciudadanía

    Me ha sorprendido descubrir en estos días como EEUU permite a sus grandes firmas multinacionales gestionar green cards para sus empleados y colaboradores con pasaporte de otros estados. Aunque todavía muy limitado, lo que se entrevé es a un futuro de libre movimiento dentro de la empresa transnacional y por tanto una especie de metaciudadanía de libre elección muy en línea con la lógica interna de las emergentes filé.

    Guardado por David de Ugarte en RMD a las 8:52 am | (0)

    Lunes, 22 de Diciembre de 2008

    ¿Por qué las filé?

    En el prólogo a De las naciones a las redes, Josu Jon Imaz se preguntaba quién iba a aportar cohesión social en un mundo transnacionalizado.

    La pregunta nos ha acompañado desde entonces y nos sigue orientando hoy. Y de hecho empezamos a tener algunas claves. Ejemplos de algunas filé africanas como los muridíes, que han sacado de la pobreza a dos millones de personas, nos permiten pensar que la evolución del neovenecianismo tendrá la forma de redes socialmente inclusivas.

    Ya hoy las filé, comerciantes, transnacionales y de libre adscripción, son los vectores fundamentales de cambio hacia un mundo abierto que supere a unos estados que cada vez más renuncían a la ciudadanía. No son un proyecto, están ahí, cumplen las leyes “nacionales“, pagan impuestos y empoderan a la gente para comerciar.

    Cuando comentamos resultados en España, siempre surge el presunto sectarismo de las filé. Evidentemente tienen ideología. Del plurarquismo de los e4 al sufismo de los muradíes siempre destacan dentro de su contexto cultural y social, por defender la diversidad, rechazar toda definición de identidad basada en el nacimiento e imponer lo mínimo a sus miembros. Algo que, nos diría cualquier viejo marxista, a fin de cuentas es de esperar en cualquier red de comerciantes.

    Si el estado se basa en los impuestos, la filé se basa en el comercio. Si el estado se sostiene mediante la imposición legal a los nacidos en un territorio, la filé se construye sobre contratos libres. Si el estado precisa de la homogeneización nacional, la filé precisa de la diferencia, de la heterogeneidad, para dar valor a su comercio. El mundo del estado es del hormigón de los edificios oficiales, el de las filés del adobe de los zocos.

    Si queremos ver los problemas y el sectarismo del mundo basta con echar un ojo a las fronteras. Las que separan las zonas económicas chinas o las que separan a la UE y EEUU de sus vecinos. Basta con mirar los aeropuertos. Basta con ojear los porqués de una crisis económica, que si ha abierto por un segundo un rancio mundo de agendas de poder dedicadas a falsificar mercados cargándonos a todos con el coste, ha sido sólo para que el estado se lance a ocupar el vacío dejado impulsando más regulaciones, proteccionismo y nacionalismo a tutiplén. El modelo ascendente de estado no es ya la América jeffersoniana, ni siquiera la Suecia de Palme. La tendencia la marca la admirada y temida China. Vivimos en la era del capitalismo autoritario.

    ¿Pero las filé? A día de hoy son las únicas que garantizan a sus miembros mínimos sociales, libertad de comercio… y lo que es más importante, libertad de segregación, libertad para marcharse y vivir como cada cual quiera cuando quiera.

    El estado nacional es, hoy por hoy, el resultado de una enfermedad terminal. Puede llevarnos por delante, pero no tiene futuro. El futuro se dirimirá entre formas de nuevo tipo.

    En ese horizonte, las filés son las “buenas”, las herederas de valores de libertad y comercio. Las otras, que hoy vemos germinales como las mafias transnacionales (que ya se compran estados) o esa nube ya casi intangible conocida por al Qaeda, son curiosamente más resistentes a la evolución totalitaria del estado.

    De hecho, lejos de debilitarse, como hace el comercio de las filé gracias a las crecientes restricciones de movimiento para personas y bienes, parece que no hacen más que empoderarse y empoderarse

    Por eso cuando mi amigo Versvs se pregunta ¿Hasta cuando callaremos? creo que yerra el foco. En un tiempo de revueltas, no es el silencio, sino la falta de alternativas, lo que se ha de batir. Lo que toca hoy es construir las nuevas herramientas sociales de un mundo abierto e inclusivo. O el mundo nunca se abrirá ni incluirá. La filé es la puerta hacia ellas. Abrámosla.

    Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 8:42 am | (12)

    Sábado, 20 de Diciembre de 2008

    La miseria de las naciones

    Los muridíes generan cada vez más literatura universitaria en Europa. Seguramente, a estas alturas, sean la filé más estudiada del mundo. Comerciantes, sufíes, con sus estructuras en plena transformación y con más de dos millones de miembros, son la gran barrera africana a la penetración del wahabismo (y de al-qaeda). Sin embargo sus consecuencias geopolíticas parecen animar poco a los estudiosos europeos que se centran siempre en aquello que ahora preocupa más al estado: la asimilación de la emigración.

    La la mirada nacionalista es nacionalizante. El inmigrante es alguien que al trasladarse de un territorio a otro debe asumir los valores imperantes en ese territorio. Valores que se suponen materializados en el estado. Su vida está rota en dos espacios conceptuales: la nación de origen y el territorio gobernado por el estado receptor.

    Ese esquema funciona relativamente bien cuando las personas han sido previamente nacionalizadas. Cuando asumen una identidad nacional clara de partida. Pero cuando redes como la de los muridíes madurán evolucionando a filé, las cosas dejan de ser tan sencillas. Para sopresa de los investigadores:

    Contemplamos la imposibilidad de hablar de sociedad de origen y de sociedad de destino como dos espacios totalmente diferenciados en la realidad diaria de los emigrantes senegaleses.

    Y es que esa diferenciación estricta sólo existe para los nacionalistas, para cualquier nacionalista de cualquier lado. Un murid se mueve dentro de su red. Cruza fronteras, pero no siente que salga de una realidad a otra. La idea de que a la palabra realidad se le puede colgar el adjetivo nacional sin poner en peligro la salud mental del que asiente gravemente, es para muchos simplemente patológica.

    Por cierto que no es extraño que el mismo estudio se proponga como objetivo “presentar un modelo etnográfico“. La etnografía, nacida de la lógica de castas colonial, no es sino la entomología de las personas agrupadas en lo no-nacional, asumido previamente como primitivo o subdesarrollado. Almas incompletas por evangelizar.

    Lo curioso de algunos de los estudios que están apareciendo es que al descubrir el carácter y la identidad crecientemente transnacional y transracial de los muridíes -y por tanto la inoperatividad del concepto de asimilación nacional- ponen en cuestión también su papel para el desarrollo:

    las políticas de cooperación al desarrollo, al menos en estos momentos, y al menos según lo entendemos después de analizar el caso concreto de la cofradía musulmana Mouride, no pueden ir dirigidas de manera prioritaria a la disminución de los flujos migratorios.

    Pero… Que yo sepa en toda Africa no existe otra organización no estatal que provea de medios de vida, crédito sin interés y mecanismos de cohesión a dos millones de personas.

    La idea de fondo, el rechazo de fondo, proviene de que el objetivo implícito en los proyectos de cooperación es el desarrollo nacional. No el desarrollo humano. No puede decirse que los proyectos de cooperación de los grupos muridíes tienden a centrarse en Touba -su ciudad sagrada- como argumento. ¿Sería diferente si su ciudad sagrada fuera Dakar, capital del estado? Seguramente sí. Los muridíes invierten en sus comunidades centrales del mismo modo que las ONGs hacen proyectos sociales en las zonas que están presentes.

    Pero hay una diferencia abismal entre cualquier ONG y los muridíes. Las filés son en sí, más allá de sus proyectos, el desarrollo, la forma de organización social a través de las que millones de personas salen de la misería. Algo que el mundo de las naciones, con sus legiones de ONGs paraestatales, siguen sin poder vindicar tras más de medio siglo de independencia nacional y ayuda al desarrollo.

    La moraleja para sociólogos se la dejo a Keynes:

    La dificultad estriba no en las nuevas ideas, sino en escapar de las viejas, que se ramifican, para la mayoría de los que crecimos con ellas, por cada rincón de nuestras mentes.

    Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 11:54 pm | (9)

    Viernes, 19 de Diciembre de 2008

    Diplomacia veneciana

    No deja de resultar curioso que las páginas de las cancillerías de los estados del mundo reivindiquen hoy la diplomacia veneciana como su modelo original.

    La idea central de la concepción veneciana, a diferencia del modelo monárquico bizantino, es que todo ciudadano se convertía en diplomático a partir del momento en que salía de la ciudad. Lo esencial era recoger y compartir información, conocer y entender al otro y sobre todo hacerlo desde la lógica de los intereses comerciales y estratégicos de la Serenissima.

    Había misiones diplomáticas, que debían ser aceptadas como parte de los deberes cívicos, pero no un cuerpo social separado y jerarquizado. La Serenissima podía encomendarte una embajada del mismo modo que te encomendaba la dirección de un mercante de la república. Pero igual que la defensa de las propiedades venecianas en el exterior era un interés obvio de cada mercader, informar sobre lo que veía y escuchaba en sus viajes era indivisible de su propia actividad comercial.

    Lo que los más de 21.000 despachos que hoy se conservan describen es un sistema de inteligencia distribuida que saca partido tanto de la información pública como de las experiencias personales de cada mercader.

    La ideología implícita en la diplomacia veneciana está lejos de toda concepción teleológica. La idea de un destino, de un horizonte e interés último del estado, es una idea protonacionalista que no informará a las cancillerías hasta hasta el siglo XVIII. Todo mercader entiende que el mundo está constituido por una diversidad de sujetos, con estrategias propias a los que no cabe asociar a valores morales ni clasificar estáticamente. Daba igual que hablásemos de cruzadas que de otomanos, sólo el contexto importaba para otorgar significado a las acciones o posiciones del extranjero.

    Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 7:09 am | (11)

    Miércoles, 17 de Diciembre de 2008

    Questi xe monsignor el Doxe, se ve piaxe

    El sistema político veneciano evolucionó a lo largo de los siglos hasta hacerse más y más colectivo y anónimo, encontrando una distribución de poder que no permitía a ningún grupo una hegemonía, siquiera temporal, clara. Esta búsqueda se resumió en la evolución de la figura del Doxe (Dogo) desde el siglo XII, de un caudillaje no hereditario con contrapesos, hacia una mera representación del estado en un sistema de complejos equilibrios entre cámaras y órganos colectivos.

    Durante el año que ahora se cierra, los indianos hemos avanzado siglos. El primer gran éxito ha sido la Carta de las Indias. Hemos conseguido convertir nuestra pequeña nube de empresas, asociaciones y emprendimientos en instrumentos de nuestra comunidad, sometidas a un sistema de gestión y control colectivo con garantía de derechos individuales que toma como horizonte la plurarquía.

    Primera constación: funciona.
    Segunda constación: Sigue estando basada en la buena voluntad de algunos indianos, que como yo mismo, fuimos fundadores de la red y accionistas de las empresas. Nos falta una pieza para engarzar completamente en el sistema legal de los países por las que nos movemos: la redefinición de la propiedad.

    Al final, las empresas siguen teniendo propietarios formales que en cualquier momento pueden hacer valer frente a las leyes nacionales de cada país los derechos de la legislaciones estatales. Derechos que para cada estado están por encima de la ordenación interna de la que nos hemos dotado.

    Superar esa fragilidad es, para mi, el gran reto del año que viene.

    Existen distintas formas que atiende a distintas tradiciones, desde el modelo de corporación cooperativa de Mondragón al modelo suizo de la fundación-empresa (relativamente parecido al de las Cajas de Ahorro), pasando por la opción de que una fundación con unos fines propios, ajenos a la gestión empresarial, sea la propietaria de las acciones de nuestros negocios y que como tal les garantice el funcionamiento autónomo.

    Curiosamente en un modelo así, acabaríamos teniendo, al modo veneciano, un patronato que ejercería como Tribunal de conflictos de último recurso y representación exterior de la red. Una especie de senado sin poderes ejecutivos (salvo en caso de desastre), un Consiglio Maggior conformado por todos los indianos o cuando menos por un grupo revocable que lo recibiera a modo de reconocimiento, con un Doxe electo por consenso e igualmente desprovisto de control ejecutivo, una figura representativa, una referencia moral como hoy es Juan Urrutia para nosotros.

    Como se decía frente a la asamblea ciudadana cuando alguien era elegido Doxe y formalmente convertido en prisionero de la República:

    Questi xe monsignor el Doxe, se ve piaxe

    Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 11:27 am | (0)

    Lunes, 24 de Noviembre de 2008

    El reloj de Sir Sanford y la hora de un mundo distribuido

    Sir Sanford FlemingMontreal 1849. Una turba tory protesta frente a las oficinas del parlamento colonial. El ambiente se va calentando. Hay forcejeos en la puerta. Los más lanzados intentan entrar. En el barullo, el fuego de un quinqué caído prende una pesada cortina. En minutos el edificio entero está en llamas.

    Un muchacho de apenas 22 años, todo huesos, se abre paso entre la multitud que contempla atónita y excitada las llamas. Su acento escocés le delata como inmigrante. Se le unen otros tres jóvenes que se adentran en el fuego. Unos minutos después, toda la ciudad les aclamará cuando crucen la puerta que se derruba casi inmediatamente tras su paso con el retrato de la reina Victoria a cuestas. La heroicidad será celebrada en las calles y en la prensa. Especialmente por los conservadores, que no podrán se acusados de sedición.

    Es el primer rastro periodístico que queda de Sanford Fleming, un hacker victoriano al que el Canadá moderno debe el ferrocarril interoceánico y sus puentes de acero, la filatelia el primer sello canadiense, los skaters los patines en línea y la Internet victoriana el cable telegráfico del Pacífico.

    Periférico y globalista, Fleming había de chocar necesariamente con el concepto del tiempo reinante en su época. Tradicionalmente la hora era local y su referencia el reloj de sol de la plaza principal. En la medida en que la mayor parte de las transacciones eran locales y que la velocidad de comunicaciones y transportes no exigía sincronización temporal entre los interlocutores, daba igual que entre Badajoz y Madrid hubiera 45 minutos de diferencia horaria.

    Pero Fleming era un hombre del nuevo mundo descentralizado, el mundo de las naciones. Más incluso: es un americano anglosajón y un orgulloso caballero del Imperio Británico que ha ideado la primera red global de cables telegráficos, que con centro en Londres interconecta Africa, Canada, Australia e India.

    Con el ferrocarril no era gran problema. En 1847 John Bredall, la mano derecha de Thomas Cook, el inventor de la industria turística, ya había publicado el primer libro de horarios con todos los ferrocarriles del continente. El libro -de más de un millar de páginas- especificaba los horarios locales de llegada y salida de trenes, su relación con la hora londinense y los tiempos empleados en los trayectos. En 1873 apareció una edición resumida y pronto, en América, comenzarían a aparecer réplicas.

    Pero con el telégrafo era otra cosa. Una administración colonial global eficiente exigía horarios descentralizados pero manejables desde Londres, no consultar un Atlas y resolver una ecuación cada vez que se quisiera poner un telegrama, establecer una cita o solicitar datos.

    A finales de la década Fleming ideó un sistema. Y sobre todo utilizó su fama y reconocimiento para movilizar y seducir a la administración imperial y tras esta, a la del joven vecino bioceánico, EEUU. Y así, en octubre de 1884, en Washington se reunía la Conferencia Internacional del Meridiano que aprobó la división del globo en 24 meridianos correpondientes a 24 horas. Nacía el día global, que comenzaba a las doce de la noche del primer meridiano, cómo no, Greenwich, histórico observatorio de la Royal Society británica.

    Claro que evidentemente se dejaba a los estados nacionales la posibilidad de ajustarse más o menos, según su conveniencia al mapa de meridianos de referencia. España por ejemplo, que habría de seguir la hora de Londres, optó por seguir la de Francia por motivos comerciales y políticos. Y más adelante la China maoista optaría por utilizar un único huso horario en todo su territorio.

    Lo importante es que el tiempo se globalizaba de forma descentralizada. La determinación del comienzo del día y las horas pasaban del sol a manos del estado y se convertían en una herramienta más de nacionalización y homogeinización de las diferencias locales, rémora del comercio y la administración en un mundo de mercados nacionales. La política y la economía se imponían a la astronomía. Un signo más de aquellos tiempos prodigiosos del primer imperialismo.

    El tiempo de un nuevo mundo

    El reloj de Sir Sanford no tardó demasiado en tener que resincronizarse. A partir de la primera guerra mundial y sobre todo durante la crisis energética de los 70, muchos países pasaron a establecer el horario de verano como forma de alargar las horas de sol del día y supuestamente reducir el consumo energético. Una idea, por cierto, que ya había propuesto Benjamin Franklin.

    En realidad el primer jaque serio al tiempo flemingniano no vendría hasta la primera gran extensión social de Internet. Los viejos internautas recordarán aquellos relojes en java que adornaban buena parte de las webs de los noventa. La hora de Internet se convirtió pronto en una moda universal. Y duró lo que cualquier moda: un par de años. La aplicación de una única hora podría haber sido una buena idea, y de hecho Swatch, la empresa creadora del concepto, vendió no pocos relojes, pero la aplicación del sistema decimal resultaba realmente contraintuitiva.

    Sin embargo, veinte años, un mes y un día después de que Negroponte lanzara el primer .beat en Biel, el problema que la hora swatch venía a solucionar se percibe más claramente que nunca.

    El tiempo flemingtoniano es perfecto para un mundo nacional y globalmente descentralizado. Funciona relativamente bien en las multinacionales clásicas, donde sólo las cúpulas se comunican entre si. Pero cuando las empresas se transnacionalizan y los equipos de trabajo se hacen red, resulta claramente inoperante.

    “Es como si cada uno entrase a trabajar a una hora distinta y nunca supieras muy bien cuál es, descoloca un poco y hace que cualquier tipo de cita o videoconferencia sea más difícil de gestionar. De hecho cuando hay más de dos husos horarios implicados es un lío tremendo” – nos asegura un directivo de una conocida transnacional de origen ibérico

    En el mundo indiano, a caballo de Montevideo, Buenos Aires y Madrid, la solución ha sido adoptar un huso a medio camino de las distintas bases de trabajo, la hora indiana, que nos coloca imaginariamente en las Azores. Podemos permitírnoslo porque la distancia horizontal en kilómetros entre las distintas ciudades en las que tenemos oficinas no es demasiado grande. Pero ¿y si un día abrimos en Manila?

    Tal vez la idea que subyace a la hora swatch no sea tan mala: una única hora convencional e igual para todos en la que cada cual comunica sus horarios. Tal vez estos tiempos necesiten un nuevo Sir Sanford capaz de reordenar las horas de un mundo distribuido. Lo que es claro es que su reloj ya no nos sirve como antes.

    Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 5:17 pm | (4)

    Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just

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