RSS indiana

Lunes, 25 de Mayo de 2009

De la especialización a la interconexión

Las empresas de la época industrial estaban basadas en la especialización. Las palabras mágicas eran escala, expertise, etc. Por contra, la filé está basada en la interconexión y la innovación. Al fin, sabemos que la innovación aumenta cuando aumentan las interconexiones en una red haciéndola más distribuida. Y la filé es comunidad que genera valor comercializándolo a través de empresas.

La distancia entre un mundo y otro es la que existe entre el capitalismo clásico y el Capitalismo que viene descrito por Juan Urrutia.

En el primero toda innovación generaba un monopolio temporal, a veces incluso una industria estable. Había tiempo. Especializarse era el modo de mejorar dentro de un paradigma de producto, de llegar a ser más eficiente. Es el mundo de los ingenieros.

En el Capitalismo que viene en cambio, las rentas tienden a disiparse, la velocidad y facilidad de copia es tal que la única manera de mantener una cierta ventaja respecto a la competencia es dejarse arrebatar por el cambio, innovar continuamente… y de este modo, cuando muchos agentes se comportan así, completar mercados, hacer a su vez un mundo donde las rentas se disipan aún más rápidamente.

En Exploradores Electrónicos seguimos aprendiendo y remozando nuestra estructura para optimizarla a un mundo así.

  1. Hemos decidido que precisamente porque somos filé, es decir, porque somos una comunidad con empresas y no una comunidad de empresas ni una comunidad de gente que trabaja en las mismas empresas, todos seremos socios en las dos cooperativas que conforman nuestro Grupo Cooperativo de los Exploradores Electrónicos.
  2. A resultas de esto las interconexiones, las ideas, se multiplican y vuelan: podemos, como este fin de semana, aprender a catar vinos naturales como inspiración para pensar nuevas líneas de actividad o retomar nuestros mitos para relatar el por qué de una nueva oferta de ropa.

    Pero… ¿no eráis consultores especializados en innovación? Pues sí, y precisamente por eso la innovación impregna todo lo que hacemos y somos nuestros principales clientes, si no en facturación -no nos facturamos consultoría a nosotros mismos- desde luego sí en transferencia de ideas y experiencias. Somos nuestro propio piloto.

Pluriespecialistas

A vueltas con la idea de comunidad e interconexión, Sonia ayer apuntaba, relatando su propia visión con el itinerario ya prácticamente acabado, que una de las cosas para las que este periodo de lectura y convivencia le ha servido es precisamente para descubrir que al final del camino no estaba la incorporación a una empresa o una actividad concreta, sino la integración, desde la autonomía personal, en una comunidad.

Eso significa que no cabe pensar, “soy abogado, seré abogado en e4“, porque lo que seré es indiano. Si lo que surge, apetece o toca simplemente porque hay una oportunidad bonita es pescar… pescaré por una temporada. Y en cualquier caso lo más probable será que sólo puntualmente haga tareas jurídicas. Por eso la pregunta no es si quiero trabajar con los indianos como abogado o como cualquier otra cosa, la pregunta es si quiero ser indiano y vivir la vida indiana, sin poder esperar volver a definirme como un trabajador especializado mientras sea parte de la comunidad.

Y la verdad es que esa es una idea importante a transmitir a quien se acerca a una filé. No se trata de que un trabajo o un modo de trabajo vinculado a una tarea concreta te atraiga y quieras entrar para desarrollarlo. Te integras en una comunidad y la pregunta debería ser, si nunca más vuelve a surgir en ella aquello que a mi me gusta hacer, ¿querría integrarme con las mismas ganas aunque fuera para hacer algo completamente distinto?

Está claro que mirado estáticamente unos somos mejores consultores que otros, mejores diseñadores que otros o mejores gestores que otros, pero en un mundo como el descrito arriba la teoría de la especialización de Ricardo no aplica. Hoy para ser un buen consultor hay que aprender a gestionar, diseñar, vender o probar vinos… e igual con cualquier otra actividad. El valor está en los cruces inesperados, en las aplicaciones nuevas, en el reciclaje y el mestizaje de saberes. Este no es un mundo de ingenieros sino de hackers.

La creatividad no es un don, es una práctica, una experiencia que se gana explorando campos nuevos, desespecializándose para llegar a ser, lo que Juan Urrutia llama pluriespecialistas.

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 8:25 am | (0)

Domingo, 26 de Abril de 2009

Por qué la filé

Es lunes y me levanto pronto. Enciendo el ordenador y voy a poner el café. Tengo el thunderbird entre los programas que ejecuta automaticamente al ponerse en marcha. Cuando vuelva de la cocina ya tendré el correo y los grupos de noticias descargados y limpios de spam.

Vuelvo con el café y entro en asamblea, el grupo de noticias principal. Sólo los socios de alguna de las cooperativas de Exploradores Electrónicos pueden entrar. Se trata efectivamente, de una asamblea electrónica permanente. Hoy el primer tema no es vibrante precisamente: nuevas normas contables en la web del ministerio. El siguiente hilo es el reparto de tareas de todos los lunes. Nat, la gobernadora de mi nodo, madruga obviamente más que yo. En el hilo más largo, llevo sin entrar desde el viernes, se están discutiendo ya precios de viñedos dentro del plan de negocios de una posible bodega cooperativa de vino natural que estamos elaborando. Mejor lo dejo para luego.

Salto de grupo. En el grupo de REDE (Red de Empresas por la Democracia Económica) parece que está cuajando la idea de un prototipo a medias entre una empresa extremeña y otra valenciana para presentarse juntos a un cliente corporativo grande que nos ofrecimos a presentarles. Les pongo un mensaje de ánimo.

Nuevo salto. En comunidad se están discutiendo los límites de facebook. En realidad a ninguno nos gusta, pero siempre hay una tensión entre la posible utilidad para difundir y el análisis general sobre lo que significa. Me surgen ideas para un post. Creo que antes de salir me dará tiempo a escribir algo. Lo esbozo en mi respuesta al hilo. Copio, pego y lo cuento mejor en mi blog.

Cuando acabo el café está frío y ya llego tarde. En jabber me ha saltado un mensaje del llavero de Nat avisándome de que la oficina ya está abierta. Paso por la casa de Arnau y Meri y les toco por si están ya listos para bajar. Meri tiene hoy trabajo fuera y Arnau está todavía en la ducha. De camino a la oficina aún llamo a dos compañeros más. O todos se quedaron dormidos o voy a ser el último en llegar.

Los lunes son el mejor día en la oficina. Todos leen los posts atrasados de los blogs y el grupo de noticias y las conversaciones en la cocina son las más interesantes. Parece que mi post gustó aunque tampoco nadie saca los pompones. Normal. Durante la mañana trabajo en el último proyecto con Nat y comento los posts del itinerario formativo con la última aprendiza.

A mediodía María se conecta a la mensajería instantánea desde Montevideo. Tenemos una sala colectiva para estas cosas en nuestro servidor. El chat tiene un sintetizador de voz, así que los que siguen trabajando en sus cosas pueden escuchar las noticias del otro lado con la voz metálica de un robot. Le llamamos Marvin, como el androide paranoide de La Guía del autoestopista galáctico. María nos cuenta que la Casa de Indias ya está practicamente lista. Fer y Leti se conectan desde Buenos Aires y anuncian que irán el jueves a echar una mano y pasar con ella el fin de semana.

Es un día normal. Una empresa simplemente no necesita tanta parafernalia de cargos y responsabilidades para funcionar. Ni siquiera requiere tantas asambleas formales como en el viejo cooperativismo. Basta con seguir la actividad interna y aportar lo que cada cual crea oportuno en cada debate. Es sencillo, modesto y siempre hay hilos de discusión abiertos donde comentar algo.

Cuando hay oportunidad de abrir una nueva línea de trabajo los impulsores se hacen responsables y forman otra cooperativa que se unirá al grupo reproduciendo una vez más el sistema y asegurando que el crecimiento de cada nodo no se convertirá en gigantismo.

Cambias de tareas cada cierto tiempo, aprendes cosas nuevas y participas con ganas en lo común, que no dejas de sentir tuyo en cada momento. Cada cierto tiempo toca passagium. Viajas, cambias de aire y de mesa de trabajo, visitas clientes distintos, descubres nuevos lugares. Y, como siempre, vuelves a casa al final del día.

La vida en la filé es sencilla, pero también apasionante. La principal motivación para trabajar es el trabajo mismo. Cuando empieza a fallar, inventas otro nuevo. Es verdad que en poco tiempo y a no ser que tu trabajo te obligue a leer los diarios, empiezas a participar más en la política interna de la filé que a seguir los anecdotarios políticos en que se han convertido las secciones de Nacional en la prensa de todos los países.

¿Por qué la filé? Pues porque ninguna empresa tradicional nos habría dado las oportunidades de aprender que hemos tenido construyendo la nuestra. Pero sobre todo porque no hay marcha atrás. Una vez tu vida se ha reagrupado, una vez trabajo y vida dejan de oponerse, no me cabe pensar una vida diferente. No es que sea idílico: sigue habiendo diferencias, conflictos y enfados. Pero son sobre cosas tuyas en un terreno que es tuyo y en el seno de un grupo de personas a los que consideras realmente tus iguales.

¿Por qué la filé? Porque puedes irte. Porque puedes hacer cosas distintas si no te vas. Porque tú le das forma tanto como cualquier otro. Porque tanto si va bien como si va mal, tu esfuerzo cuenta y marca la diferencia. Porque todo eso junto hace que ofrezca más libertad que ninguna otra forma de organización del trabajo que haya conocido.

Y sobre todo porque como diría cualquier neovenecianista, vale para nosotros. No se impone, ni siquiera se ofrece. Se hace y se construye. En comunidad. Desde la comunidad real, con nombres, caras y gestos concretos de personas que conocemos y con las que nos une fabricar bienestar y abundancia.

La filé es, de todas las materializaciones del nuevo mundo distribuido, la más radical, la más sencilla, la que más debe a todas las demás. Es hija del software libre, de la blogsfera, del ciberactivismo, de las comunidades virtuales, de la globalización de los pequeños. La filé es un modo de vivir que permite a los hackers, a los bricoleurs, a los libertarios, seguir siéndolo y hacerse mayores. Dejar un legado. De conocimiento sí, pero también de mapas, los mapas del nuevo mundo. Los que se trazan no para describir lo inamovible, sino para ser construidos por personas y habitados por sus vidas.

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 4:28 pm | (6)

Un mundo con filés

En el momento en que escribo este capítulo los datos de desempleo en España ocupan todos los comentarios. El sueño especulativo y europeista que ha conformado el consenso político básico desde de los ochenta parece caerse a pedazos: tras el mayor incremento porcentual en un único trimestre y el mayor número absoluto de parados (más de cuatro millones), España ha generado ella solita la mitad del desempleo europeo. Tan pronto como comenzó la fase dura de la crisis, en el último trimestre de 2008, el número de asalariados en el sector público supero al de empleados en el sector privado1.

No hace falta haber ganado un Nobel de Economía para diagnosticar por qué. Por un lado el modelo de desarrollo no se centra precisamente sobre la innovación, el emprendedurismo y el desarrollo tecnológico. Por otro, tras casi 25 años en la UE, Europa sigue sin ser mercado para las pequeñas empresas, creadoras de la mayor parte del empleo. Las fronteras culturales y lingüísticas se unen a un modelo local basado en la generación de dependencia hacia las administraciones y un modelo europeo pensado desde y para las grandes corporaciones, muchas de ellas antiguas grandes empresas públicas privatizadas en las últimas décadas.

En medio de lo que seguramente sea la peor crisis económica y social de los últimos 30 años, un pequeño dato nos llama la atención: las viejas cooperativas de trabajo se resisten a mandar gente al paro. Y en lugares como Madrid incluso aumentaron el número de empleados que sostienen en un 6,213%2. Si comprobamos la lista de las nuevas cooperativas creadas, nos encontraremos con una gran mayoría en el sector servicios y dentro de estas con una tendencia creciente a la hegemonía de la tecnología y el audiovisual.

El dato es pequeño pero significativo. Aún en lo peor de la crisis, la cultura de la red va calando a través de las nuevas empresas y la cooperativa es el armazón jurídico más flexible para una generación que llega a montar sus propias empresas con un nuevo tipo de incentivos.

No es el único síntoma en mitad de la tormenta. Comenzamos este libro hablando de como la emergencia de un mundo de redes distribuidas estaba cuajando en la aparición de nuevas identidades postnacionales. Estas nuevas identidades reclamaban una base económica, un metabolismo material. De su fusión con el entorno de la netocracia y el emprendedurismo surgió la filé. Por eso los núcleos impulsores de las filé eran en un primer momento, de forma necesaria casi, empresas ligadas directamente a la extensión de la cultura tecnológica: consultoras de innovación, desarrolladoras de software, diseñadores gráficos o empresas de servicios muy especializados.

Pero eso también está cambiando aún apesar del desastre económico ambiente. En el Encuentro de Emprendedores y Empresas por la Democracia Económica de marzo de 2009, una de las sincronías más llamativas fue el interés en los spimes.

Los spimes son objetos altamente contextualizados informacionalmente que pueden transmitir datos sobre su propia situación o historia a quien quiera interactuar con ellos. Son spimes una prenda de ropa con un microblog automatizado que nos cuenta las condiciones de su producción y distribución, un juguete que interacciona con el entorno aprendiendo nuevos juegos o una botella de vino que nos cuenta su origen y proceso de producción e incluso, si le autorizamos, se incluye él solito en nuestra enoteca personalizada en la web.

Estos ejemplos, que corresponden a productos en desarrollo por la Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas, la Sociedad Cooperativa de Akytera y Somosene, son la punta de lanza del mercado de spimes en Europa. Pero sobre todo son la punta de lanza de un magma de pequeñas iniciativas conscientemente orientadas a crear filé, en el mundo de la producción de objetos, de cosas tangibles.

Dicho de otro modo, las filés nacientes están saliendo del mundo de los intangibles de alto valor añadido y postulándose como un sistema de organización social del trabajo válido en cualquier mercado. Eso sí, incorporando en los nuevos ámbitos no sólo la forma de organización, sino el componente tecnológico y la lógica del mundo distribuido.

Los resultados finales de este momento germinal están aún por ver. La crisis económica global está mermando sin duda la movilidad y agilidad tanto de la demanda de servicios avanzados como del comercio transnacional. Hay quien compara incluso esta crisis con la peste negra del siglo XIV3… y puede que en más de un sentido lleve razón.

El resultado económico inmediato de la plaga, fundamentalmente el abandono de campos, la contracción del comercio y la deflación, en cierto modo pueden equipararse, aunque sólo sea como metáfora, a lo que hoy estamos viendo con la crisis.

Pero la peste tuvo también sus ganadores sociales. El sólido edificio de la propiedad feudal hizo grietas en todas partes. En Alemania dos tercios de las explotaciones agrícolas perderán a sus antiguos dueños entre 1348 y 1352. En Inglaterra y Escocia una nueva clase emergente de burgueses agrícolas introducirán la ganadería en las antiguas tierras de cultivo.

En Castilla será la mesta la gran triunfadora. En el reino de Aragón, donde la plaga había matado a casi tres cuartos de la población, los campesinos de la remensa impulsarán decisivamente su emancipación y las ciudades acabarán abriendo su gobierno a las clases populares a pesar del paréntesis de Juan I.

Y si Barcelona perderá protagonismo, debilitada por la no resolución del conflicto entre la Biga (el partido de la burguesía rentista) y la Busca (el de los mercaderes y artesanos), la burguesía valenciana consiguiría por fin sentar las bases de la ciudad como una potencia mediterránea y hacerse al mismo tiempo con buena parte de la propiedad de la tierra. Un poder creciente cuyos ratros se ven ya en la reforma de la catedral por el maestro Andreu Juliá4 y que mostraría su autonomía en el siglo siguiente con la construcción del mayor y más bello edificio del gótico civil europeo, la lonja de mercaders.

Resumiendo, fue la crisis de la peste negra la que orientó a la burguesía de los reinos mediterráneos a un destino que acabaría llevando los valores del mundo comercial de las repúblicas marítimas a los grandes estados feudales. La peste es el eslabón histórico que une la revolución comercial con el Renacimiento.

Si aceptamos la metáfora, el mundo industrial, la producción de cosas, es el equivalente contemporáneo de aquellas tierras que quedaban valdías. Todavía es demasiado pronto para juzgar resultados y seguramente la metáfora de la peste negra sea exagerada o cuando menos prematura. Pero lo que es cierto es que si la crisis ofrece oportunidades a alguien es a aquellos que son la innovación y no creo que resulte excesivamente aventurado un horizonte en el que estas nuevas democracias económicas se desarrollen en nuevos campos productivos y extiendan actividades por todo el mundo.

La perspectiva para esta década, seguramente no sea, como nos relató Bruce Sterling5 un mundo de grandes democracias económicas transnacionalizadas. Del mismo modo que hace treinta años la perspectiva no era un País Vasco articulado en torno a las cooperativas de Mondragón, pero ya podía entreverse un potencial económico inmenso, el mundo de 2019 seguramente no sea un mundo articulado por filés. Pero sí un mundo con filés.


1. Fuente Ministerio de Trabajo e Inmigración del gobierno de España: http://www.mtin.es/estadisticas/bel/EPA/epag5b.htm
2. Fuente Ministerio de Trabajo e Inmigración del gobierno de España, tabla de datos seleccionada por la Unión de Cooperativas de Trabajo Asociado de Madrid: http://www.ucmta.org/index.php?option=com_content&task=view&id=309&Itemid=145
3. Véase un reciente artículo de Joseph Nye, http://www.hks.harvard.edu/about/faculty-staff-directory/joseph-nye
4. La catedral de Valencia, ¿iglesia real o para una incipiente burguesía?: algunos porqués Francisco Ivars Castelló, Hermenegildo Rausell Boizas en La corona de Aragon en el siglo XIV, Vol. 1, 1969, ISBN 84-500-5640-3 , pags. 191-202
5. Islas en la red, Bruce Sterling (1984)

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 9:59 am | (0)

Sábado, 25 de Abril de 2009

Introducción al nuevo libro

Este trabajo es la última entrega de un conjunto de libros1, escritos por media docena de autores además de mi, que intentan describir y entender desde una lógica común aunque desde distintos ángulos, los grandes cambios sociales que han seguido a la caída del muro de Berlín.

En los últimos 20 años hemos visto como la división del mundo en dos grandes bloques dejaba paso a la globalización mientras la emergencia de Internet impulsaba un cambio profundo en las estructuras profundas del poder, siempre dependiente de la gestión y control social de la información.

Ese cambio sustancial confluía y se confundía con un nuevo paradigma de conflicto, aparentemente distribuido e inaprehensible. Esta nueva expresión de un mundo emergente cohesionado por redes distribuidas (la web, la blogsfera, las redes de SMSs) se hizo clara en su dimesión civil cuando, por todo el mundo democrático, oleadas de ciberturbas incidieron sobre procesos políticos en principio bien controlados desde el poder: de la caída de Estrada en el Manila de 2002 a las revueltas de Atenas en 2008, pasando por el 13M de Madrid en 2004 o el swarming francés en 2005.

Un paradigma distribuido que ya desde los noventa empezaba a vislumbrarse por otro lado en los conflictos bélicos y al que el mundo dió cara con AlQaeda: las llamadas guerras postmodernas.

No sólo se transformaban las bases políticas de nuestras sociedades e incluso las formas en que se desgarraban durante sus crisis, los discursos y los ámbitos de la libertad se expandían como no lo habían hecho desde la revolución industrial conforme las nuevas formas de trabajo, creación, disfrute del ocio y comunicación extendían su uso.

Un nuevo libertarismo de raiz electrónica basado en el bricolage y las nuevas posibilidades de compartir comenzó a enfrentar una violenta reacción que desde el poder político y las viejas corporaciones ligadas al monopolio de la mal llamada propiedad intelectual (las industrias del ocio, farmaceútica y del software), parece empeñada en abocarnos a una Sociedad de Control.

En menos de dos décadas el mundo entero empezaba a inculturar un cambio fundamental en la forma de la gran red social. Las idea de pertenencia se transformaba. La potencia cohesionadora, explicativa, de la nacionalidad, se estrechaba. La nación empezaba a quedársenos demasiado pequeña y a la vez demasiado grande a la hora de explicar quienes somos. La experiencia masiva de la socialización virtual, desterritorializada pero personal, y los cambios en el sistema económico que tienden, ante el empuje de las redes y la globalización, hacia lo que Juan Urrutia ha llamado el capitalismo que viene, abrían un periodo de búsqueda, de experimentación identitaria.

Estamos en el tránsito de un mundo de redes descentralizadas a uno de redes distribuidas. Lo que en la comunicación se manifiesta como crisis del sistema informativo de agencias y periódicos, en la cultura como crisis del modelo industrial actual del cine, el libro y la música, en democracia como ciberturbas ciudadanas y que en la guerra nos conduce a un nuevo paradigma, se muestra en el complejo mundo de las identidades colectivas a través del creciente protagonismo de un nuevo tipo de comunidades. Comunidades más cercanas a las antiguas comunidades reales basadas en la proximidad que a los grandes imaginarios nacionalistas de la Modernidad. Estamos viviendo, en ese campo, otro tránsito, el que nos lleva de las naciones a las redes.

Estudiando esta última dimensión, los cambios en los patrones identitarios de nuestra época, descubrimos un nuevo tipo de organización socioeconómica: la filé. La filé es mucho más que un tipo de empresa, reune en sus características principales todos los elementos articuladores de nuestra época: nace de la experiencia de la socialización en comunidades virtuales, es transnacional y reivindica nuevas formas de democracia económica que a su vez le emparentan con el tradicional movimiento cooperativo.

Más interesante aún: descubrimos cómo organizaciones tan lejanas del mundo hacker como algunas de las mayores cofradías sufíes de Senegal, azotadas por la emigración y el impacto de la comunicación distribuida, entraban en crisis y desarrollaban nuevas formas de red comercial basadas en la identidad que les acercaban cada vez más a filé.

Estudiar la filé no es, al menos hoy, estudiar un fenómeno masivo ni unirse a una incerta profecía de reforma social. Es descubrir, a través de la experiencia de un mundo incipiente, los límites de la democracia económica y sus formas.

No se trata, ni mucho menos, de desdeñar las tradiciones y valores del movimiento cooperativo. Durante siglo y medio ha sido la demostración de que aún bajo el industrialismo otra manera de organizar la producción poniendo a las personas en el centro era posible. Pero la sociedad de las redes distribuidas puede ir más allá. Entre otras cosas porque los incentivos en los que se basa para innovar y generar cohesión son distintos de los de la sociedad industrial.

En este libro descubriremos como, paradójicamente, la filé replica formas cuyos orígenes están en la primera revolución comercial, en el Mediterráneo de los siglos X al XII, en el auge de las repúblicas marítimas y las grandes redes comerciales que unían los mundos musulmán y cristiano. Descubriremos cuanto deben las nuevas formas de organización democráticas avanzadas, que distinguen comunidad de demos, de la experiencia gremial medieval.

Y sobre todo veremos como los conceptos de igualdad y fraternidad se redefinen y permean el espacio productivo y comercial creando un nuevo tipo de identidades colectivas que hacen de la libertad personal criterio básico de su estructura.

El nuevo mundo, ese que estamos explorando todos cada día, nos da muchas señales de descomposición social y económica. No es precisamente un mundo idílico. Sin embargo sigue siendo un mundo abierto en el que la única posibilidad cerrada es la vuelta atrás. Estudiar la filé es apostar por cuanto hay de cohesivo y democrático en el nuevo mundo de las redes, apostar porque los modelos sobre los que levantaremos nuestro futuro no contradecirán demasiado a los que aún mantienen un libertario optimismo en el progreso.


1. El poder de las redes (2007), de David de Ugarte, La sociedad de control (2008) de José F. Alcántara, El Capitalismo que viene (2008) de Juan Urrutia, Guerras Posmodernas de Jesús Pérez (2009) y De las naciones a las redes (2009), de David de Ugarte, Pere Quintana, Enrique Gómez y Arnau Fuentes, todos ellos publicados bajo dominio público en la Colección Planta 29 de Ediciones el Cobre.

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 12:36 pm | (2)

Martes, 21 de Abril de 2009

Las formas de la enredadera

Pocos trabajos han sido tan interesantes y han sido tan intensamente debatidos en la última década como los del economista y profesor en Standford Avner Greif1. A través de sus investigaciones, recogidas después en un interesante libro2, Greif rebate la idea de la necesidad de la preexistencia de instituciones internacionales para que el comercio se desarrolle.

La idea tradicional en Teoría del Comercio Internacional nos decía que es precisamente la existencia de un marco legal la que reduce los riesgos de la relación principal-agente haciendo posible que los costes bajen y el intercambio se desarrolle.

Sin embargo Greif, estudiando minuciosamente las fuentes históricas3, adujo valientemente que la revolución comercial de los siglos X al XIII, señalaba justamente lo contrario.

Greif se centra en los comerciantes judeo-magrebíes (es decir del Occidente del Islam) que llegan a la región en el siglo X huyendo de los conflictos y persecuciones políticas de Bagdad, entonces turbulenta capital del califato abbasí. Estos comerciantes abrirían comercios tanto en el Al-Andalus y el Magreb como en las nacientes repúblicas italianas y en general en la orilla cristiana capitalizando buena parte del comercio interregional. Formaban una densa red social en la que unos miembros funcionaban como agentes de otros en decenas de puertos, ferias y mercados europeos.

La idea que remarca Greif es que la identidad compartida por este grupo, originalmente basada en la experiencia del apoyo mutuo y el exilio, desincentivaba la traición incluso si las relaciones comerciales no tenían expectativa de continuidad. Los judeo-magrebíes constituían una comunidad identitaria. Contrataban como agentes preferentemente a otros miembros de la red previamente testados por otros miembros de la red y compartían con fluidez la información, ya que a fin de cuentas, formaban una red distribuida y densa consciente de compartir un metabolismo económico común. Una cultura grupal diferenciada y cada vez más densa contribuía entre ellos a reducir los costes de transaccion y la necesidad de regulaciones extensas y complicadas:

La coalición se sostenía por un conjunto de reglas culturales de comportamiento que hacía superflua la necesidad de contratos detallados y respuestas coordinadas señalizando lo que constituía engaño4

Este funcionamiento interno elevaba los costes para cualquier posible nuevo miembro que quisiera estafar a otro o abusar de su confianza. ¿Quién querría perder la posibilidad de trabajo y negocios con su propia gente, es decir con toda la red y para siempre?

Pero si este sistema desincentiva el comportamiento deshonesto incluso en aquellos casos en los que la relación de agencia es puntual, su punto débil es que:

El volumen del comercio estaba limitado por el tamaño de la coalición [la red], que a su vez estaba determinado por un proceso inmigratorio y no por las necesidades comerciales. Aunque esta deficiencia podría haberse subsanado con un sistema de coordinación, tal sistema no emergió. Incluso, el mecanismo reputación multilateral llevó a los judeo-magrebíes a dejar de lado relaciones eficientes con no judeo-magrebíes en favor de otras más provechosas pero menos eficientes relaciones de agencia entre ellos.

Podemos comparar este sistema con su equivalente al otro lado del Mediterráneo, el que permitió la formación de las grandes redes comerciales y marítimas de Venecia, Génova o Amalfi. Trabajar como agente de una de estas ciudades-red durante el passagium o incluso en lugares más distantes o menores donde no existía una base estable, formaba parte en Venecia de la carrera política y profesional de cualquier joven comerciante prometedor. Desempeñar su labor con honestidad y eficacia multiplicaba sus posibilidades a la hora de unirse posteriormente a una firma comercial, mientras que la denuncia de sus pares y mayores podía acarrearle el fin de sus expectativas cuando no el destierro permanente.

Greif señala que en Génova, al acabar el monopolio público del comercio ultramarino, el sistema entro en crisis, evolucionándose paulatinamente hacia un sistema similar al veneciano. El punto de partida de esta etapa genovesa fue el patronazgo, similar en todo a la hawala, que acabó generando a su vez nuevas redes identitario-comerciales. Son los comienzos de la firma familiar genovesa, basada en la reputación y la confianza uno-a-uno y que, como en el caso veneciano se nutrió además de las redes y el soporte de los agentes de la República.

Estas empresas familiares, que Greif caracteriza por “emplear a agentes cuya esencia es preservar la riqueza bajo la propiedad común“, al enredarse y darse apoyo entre si y con la propia red de la ciudad-estado serán la base de la Edad de Oro de las repúblicas marítimas, las primeras filés.

El triunfo comercial de venecianos y genoveses, se explicaría según Greif, no por una presunta superioridad tecnológica, sino por la mayor potencia organizativa de este tipo de firmas basadas en la propiedad colectiva, la identidad y la gestión democrática. Y es que las firmas familiares a su vez tienden a reforzar la red que une a unas con otras, reforzando la filé -Venecia, Genova o Amalfi- en su conjunto:

Una empresa familiar, cuya esperanza de vida es en principio infinita y cuya quiebra es más improbable que la de un comerciante individual, hace que el salario que hay que pagar a un agente para que se mantenga honesto sea menor. Sin embargo, si la firma familiar se adhiere a una coalición basada en la posibilidad del castigo colectivo [como la de los judeo-magrebíes], el coste del agente no bajará, dado que es independiente de la duración esperada de la relación con ningún comerciante en particular. Por eso el ascenso de la firma familiar en Italia condujo al desarrollo de un mercado de bonos y participaciones entre las empresas familiares que a su vez condujo a una expansión de la inversión comercial.

Es decir, nos encontramos aquí con el origen mismo de la filé que hoy vemos rebrotar, un conjunto de nodos -firmas familiares- apoyándose entre si y conformando una estructura política común -la Serenissima por ejemplo- dedicada a dar soporte a todas ellas y establecer la trayectoria de las carreras individuales desde el aprendizaje y el servicio a la comunidad a la integración en alguno de los nodos o eventualmente la formación de uno nuevo.

Se trata, al fin, de un sistema de crecimiento basado en saber cómo no crecer, en el conocimiento de las redes, el aliento de la exploración y en un sistema de formación de demos cuidadoso y reglado tanto para los individuos como para los nodos. La metáfora neoveneciana es más profunda de lo que parece.



1. Página personal y artículos descargables en formato pdf en: http://www.stanford.edu/~avner/
2. Institutions and the Path to the Modern Economy (Lessons from Medieval Trade), publicado por Cambridge University Press en 2006.
3. En este tema hay una creciente bibliografía en español, como por ejemplo Los Comerciantes Valencianos Del Siglo XV y Sus Libros De Cuentas de Cruselles Gómez, Enrique (Universitat Jaume I. Servei de Comunicació i Publicacions, 2007)
4. Avner “Institutions and International Trade: Lesson from de Commercial Revolution“, American Ecomic Review, Vol 82, nº 2, mayo 1992.

Guardado por David de Ugarte en Destacados> su moleskine a las 12:23 pm | (0)

Lunes, 13 de Abril de 2009

El hacker en la empresa democrática

En un conocido documento titulado How to become a hacker, Eric S. Raymond enumera las cinco características que serían definitorias de la actitud hacker.

1. El mundo está lleno de problemas fascinantes por resolver.
2. Ningún problema debería tener que ser resuelto dos veces.
3. El aburrimiento y la rutina son el mal.
4. La libertad es buena.
5. La actitud no es sustitutiva de la aptitud.

Aunque se incorporó pronto a las nuevas ediciones de su famoso libro The Cathedral and the Bazaar1 este artículo fue originalmente escrito en 2005, ocho años después de la primera edición. En ese momento, los modos y valores de la cultura hacker ya han excedido con mucho el ámbito de los programadores de élite. Linux es ya entonces un movimiento social masivo con un discurso que desde el underground ha conseguido permear instituciones de todo tipo; la blogsfera -heredera de la ética del hacker descrita por Himanen2 en el ámbito de la comunicación- es ya el primer gran medio de comunicación social distribuido3.

Dicho de otro modo, este texto de Raymond es más un epitafio que un programa del viejo hackerismo estrictamente anglófono e informático, hijo del sesenta y ocho americano y de las subvenciones militares a las universidades de la Ivy League.

Y precisamente por eso el quinto punto es especialmente llamativo: La actitud no es sustitutiva de la aptitud. O dicho en los términos que usamos en este libro: las identidades no se adoptan, se desarrollan como una demostración continua. Como demuestra la experiencia de las comunidades conversacionales, un entorno de red donde el coste de cambiar de nodo o crear uno nuevo es relativamente bajo, genera un continuo bullir de comunidades e iniciativas. Un ecosistema que en expresión de William Gibson se comporta como

Un perverso experimento de darwinismo social, ideado por un investigador aburrido que mantuviese el dedo permanentemente apretado en el botón de avance rápido4.

Cuando el nivel de interacción social es tan alto, la permanencia de un nodo en el tiempo es algo valioso en si mismo. Permite afrontar proyectos a medio plazo y enmarcar el trabajo en una perspectiva vital. Y sin embargo no cabe la ilusión del puesto de trabajo. Con la información fluyendo de todos a todos, con un demos que asume la gestión colectiva, no hay lugar en la empresa que permita la invisibilidad ni que genere dependencia a la organización. Los cuellos de botella duran tanto como lo que el email que lo relata tarde en ser leido y asumido por los demás. El mundo del capitalismo que viene, es un mundo en el que, en palabras de Juan Urrutia, las rentas se disipan5.

El éxito es una proporción estadística. Cuanto más juegues, cuanto más explores, más seguro es que un aporte tuyo se una a la historia de la comunidad como parte de su identidad. No es sólo la actitud (aprender, experimentar, perseverar, hacer cosas nuevas con viejas herramientas). Se trata de tirar tantas veces los dados de tu ingenio y tu perseverancia como para que no pase una estación sin resultados, sin un nuevo concepto, un nuevo producto o una nueva mejora organizativa o administrativa. Aptitud es conocimiento. Conocimiento es interacción e inteligencia desde un contexto. Las aptitudes técnicas se subcontratan. Las aptitudes que se persiguen son aquellas que parten de mirar las herramientas disponibles de una manera nueva. Por eso se comparten porque sin compartirlas no pueden integrarse.

En este sentido, las características definitorias de la ética hacker (concepción del trabajo, valoración del dinero, liberación de la información y el conocimiento) se proyectan por agregación como parte de la identidad política de la empresa democrática. La empresa democrática pone el modo de organización técnica de la empresa al servicio del compartir información y saberes. Se deja permear por su comunidad, se promociona compartiendo y liberando ideas, herramientas y técnicas.

De ese modo el ethos del hacker se convierte en la política de la filé.


1. Eric S. Raymond, The Cathedral and the Bazaar , Oreilly, 2001.
2. Pekka Himanen, La ética del hacker y el espíritu de la era de la información, Ediciones Destino, Barcelona, 2002.
3. Véase El poder de las redes
4. William Gibson, Quemando Cromo, Editorial Minotauro.
5. Juan Urrutia, El capitalismo que viene, El Cobre 2008

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 2:53 pm | (4)

Martes, 10 de Marzo de 2009

7 claves para hacer filé

El otro día discutía por mail con un amigo que está poniendo en marcha su primera empresa. Compábamos modelos y prácticas e inevitablemente surgió, estilizado, lo que la experiencia de las Indias nos ha enseñado. Cuando trato de resumirlo me doy cuenta de que en realidad ya no estoy hablando de hacer empresa, sino de hacer filé. Quedan 7 ideas fuertes sobre cómo un pequeño grupo de emprendedores puede dar lugar a una filé y no sólo a una empresa.

  1. No creemos en la empresa basada en “rondas de financiación. Nunca sale bien a no ser que el objetivo sea especular con nuestras propias ideas: el modelo basado en la escisión entre capital y trabajo puede acabar solidificando un negocio, pero no una comunidad cuyo trabajo genere sentido a sus miembros
  2. Creemos que el trabajo y la vida no son dos planos distintos, así que realmente una empresa sale adelante gracias a un núcleo de gente que la vive. En principio no tiene sentido recurrir a asalariados. Por eso creemos también que los únicos accionistas/miembros de una empresa tienen que ser los que trabajan en ella .
  3. Eso quiere decir que si no formas parte ya de la estructura económica de una filé cuyos excedentes puedan financiarte, el capital será escaso y por tanto ya durante el primer año el mes a mes tendrá que llegar a ser rentable. Eso normalmente significa estrecheces en los primeros dos o tres años… pero merece la pena si el trabajo te llena lo suficiente.
  4. Si realmente vida y trabajo se viven en pack, el debate en ese núcleo generará un conocimiento propio y más amplio que el estricto rango de actividad de la empresa. Un conocimiento que unido a las formas propias en que evolucione la relación acabarán dando lugar a una identidad y una cierta cultura política interna. El núcleo fundador acabará fructificando en comunidad.
  5. El momento crítico va ligado al crecimiento: hemos de entender que es la comunidad y no la empresa la que crece. Aunque sean la cartera de proyectos y el ritmo de crecimiento de los ingresos lo que marque el ritmo del crecimiento de los miembros y colaboradores, los recienllegados han de tener claro que se integran a una comunidad y una cultura, precisamente porque en la filé la empresa está supeditada a la comunidad
  6. Por eso la filé necesita transparencia desde el primer día. El blogueo, las contextopedias, los actos públicos no son marketing, sino formas de compartir y transparentar nuestra forma de pensar, trabajar y organizarnos. Eso es fundamental no sólo para compartir contextos en el interior de la comunidad, sino también para que nadie se llame a engaño y llegue atraido por un puesto de trabajo con participación en la gestión y derecho de segregación sin asumir el quién, la lógica de comunidad subyacente bajo cada decisión.
  7. Porque a la hora de la verdad, en la filé las decisiones se toman en función del crecimiento de la comunidad y de las personas que la forman y no en estricta racionalidad económica. Por eso, la figura del aprendiz renace y es tan importante. El aprendiz es alguien que dedica unos meses de su vida a aprehender los contextos que ha desarrollado la comunidad y descubrir en la práctica su lógica interna, su jerarquía de valores a la hora de encarar proyectos o tomar decisiones. La integración definitiva no tiene que ver tanto con su cualificación o su competencia profesional, sino con que realmente comparta el modo de vida y los valores particulares de la filé en la que se integra.

Hacer filé es mucho más difícil que hacer empresa. Hacer empresa es construir una estructura sostenible que sea funcional a un tipo de negocio. Hacer filé es primar y desarrollar la comunidad de las personas sobre la lógica del beneficio sin que la sostenibilidad económica sufra.

Guardado por David de Ugarte en Destacados> su moleskine a las 7:58 am | (5)

Miércoles, 4 de Marzo de 2009

Sabios comentaristas

  1. Respondiendo ayer a un comentario de Omar Acosta al último post, me di cuenta de algo que se me había escapado.

    Si la filé es la superposión de comunidad y empresa, en realidad es una comunidad con empresa(s) y no una empresa con comunidad. Por eso es más probable que las filé nazcan del desarrollo de comunidades que de la evolución de las empresas. Esto no quita que precisamente por eso, la democratización de empresas se convierta en un producto de consultoría cada vez más demandado ni que el el neovenecianismo entendido como fenómeno social no sea relevante por muy tocado que esté por la crisis. La cuestión es que seguramente de trate de fenómenos relativamente convergentes más que de dos facetas del mismo fenómeno como habíamos pensado en un principio.

  2. De fondo, la mayor dificultad estriba en el tipo de relaciones que la empresa burocrática ha consolidado y convertido en cultura. Comentando el post sobre el valor de la palabra, mi viejo amigo Marcelo Lewin comenta:

    La cábala dice que el mundo fue “diseñado” con las palabras. Por eso todas las técnicas de meditación de la cábala son con palabras, su valor númerico y, en definitiva, las letras en hebreo. Pero este diseño se plasma en hechos. De hecho, Génesis empieza con “Bereshit bara elohim”, en el principio d-os creó (y ese creó tiene sentido material…). Siempre debe haber un acto creativo que transforma la materia…..y esa materia vuelve a
    transformar el mundo espiritual.

    Brit milá implica un pacto con el creador, donde lo que hacemos es reconocer que este mundo es imperfecto, pero podemos perfeccionarlo. Por eso se corta el prepucio, simbolizando que con ese acto material podemos cambiar el mundo espiritual… adicionalmente, el acto de cortar/separar no es casual. Una persona de se vuelve tzadik (justa) cuando está separada/cortada (de sus pasiones, de su egoismo, etc….)

    A nivel situación económica actual….contemplando/analizando no está la solución. Solo haciendo, creando, innovando, se va sobrevivir…..

    Difícilmente puede ser mejor explicado cómo el valor de la palabra reside en el compromiso que implica con la realidad, en la voluntad de hacer cambios y reconocer en los errores la posibilidad de hacer y mejorarnos. Al fin Marcelo nos remite una vez más a la diferencia entre la empresa como lugar de profesión, y la empresa desubjetivada, pretendidamente neutral o amoral, donde la iniciativa acaba siendo simplemente peligrosa.

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 8:23 am | (0)

Martes, 3 de Marzo de 2009

De la ética gremial al valor del trabajo

El Sur europeo y en especial la península ibérica siguen llenos de ceremonias ceremonias medievales a su vez ligadas a tradiciones y rituales precristianos: desde los pescadores de Lekeitio inclinando el santo en el mar en el Kilin-Kala hasta el papel de las hermandades en origen de la Semana Santa andaluza, todo nos remite a los orígenes del viejo mundo gremial.

Los gremios, junto con sus cofradías y hermandades de socorro, se extendieron por toda Europa en el siglo XIII con el renacer urbano, pero aquel estallido fue el producto directo de la evolución de los collegia del Bajo Imperio y cuando no, de su recuerdo, de un modo similar al que nos hace decir que la opera nace como un intento de recuperación del teatro griego.

En la escuela nos enseñaron la historia de los gremios desde la mirada de sus críticos del siglo XVIII y XIX, cuando estaban ya terriblemente anquilosados, jerarquizados hasta la esclerosis y eran un freno al desarrollo de la la libertad de movimientos y la homogeneización de la fuerza de trabajo que se requería para el éxito de la industrialización. Pero evidentemente no habrían sobrevido durante más de 500 años ni dejado una huella cultural tan profunda si no hubieran significado mucho más para todas las generaciones que implicaron.

De hecho los gremios eran mucho más que esas estructuras de disfrute de privilegios que monopolizaban las actividades artesanas de las ciudades. Cada gremio era en realidad una comunidad de conocimiento. La estructura entera de la comunidad giraba en torno a su transmisión. Conocimiento que era, en parte, técnico especializado, pero que se ligaba a una ética del trabajo particular, a la construcción de un discurso moral desde el simbolismo de las herramientas y la cotidianidad.

Un recuerdo de aquel denso mundo simbólico se ha conservado en los rituales, evolucionados e idealizados de la carbonería o la masonería, precisamente porque, aún manteniendo el ceremonial gremial, se transformaron durante los siglos XVII y XVIII en asociaciones universales, abiertas a todos los hombres libres y de buenas costumbres.

Todo esto suena tremendamente friki hoy, cuando si escuchamos la palabra profesional no pensamos en alguien que profesa, que ejerce un trabajo ligado a un conocimiento específico de grupo al que ha accedido mediante unos votos y una transformación personal que es ante todo moral. Pero es central para entender la lógica de la cohesión social del Antiguo Régimen.

Esa lógica de cohesión representaba un evidente freno al desarrollo del mundo industrial y nacional. Las identidades que generaba la tradición gremial eran densas, vivían en un universo de significados plenos y lógica de comunidad real que no aceptaría facilmente el mundo más plano de mercados abstractos, homogeneización del propio trabajo desvinculado de todo sentido moral y de construcción, del mundo de las naciones y la burguesía.

Dos testigos de la parte final de esta época de transición nos han legado un relato impagable de la violencia social que fue necesario ejercer para destruir aquella ética del trabajo. El primero era un filósofo alemán y ateo quién en su Manifiesto de 1848 hace una referencia explícita al ascenso de la burguesía y la destrucción del sistema gremial:

Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar.

El otro es el Papa León XIII en su famosa encíclica Rerum Novarum:

Es urgente proveer de la manera oportuna al bien de las gentes de condición humilde, pues es mayoría la que se debate indecorosamente en una situación miserable y calamitosa, ya que, disueltos en el pasado siglo los antiguos gremios de artesanos, sin ningún apoyo que viniera a llenar su vacío, desentendiéndose las instituciones públicas y las leyes de la religión de nuestros antepasados, el tiempo fue insensiblemente entregando a los obreros, aislados e indefensos, a la inhumanidad de los empresarios y a la desenfrenada codicia de los competidores. Hizo aumentar el mal la voraz usura, que, reiteradamente condenada por la autoridad de la Iglesia, es practicada, no obstante, por hombres condiciosos y avaros bajo una apariencia distinta. Añádase a esto que no sólo la contratación del trabajo, sino también las relaciones comerciales de toda índole, se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el punto de que un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios.

En los dos casos se apunta a lo que realmente dolía y destruía identidades: el paso del maestro gremial al obrero cualificado significaba fundamentalmente la ruptura de la relación entre visión del mundo (valores, creencias religiosas, sistema moral, sentido de la propia vida, es decir, todo lo que constituye una cultura comunitaria) y el hecho de trabajar, reducido ahora al mero intercambio de tiempo de trabajo por dinero.

Es por eso, que Juan XXIII y la doctrina social de la Iglesia darán como ejemplo una y otra vez al artesanado y las cooperativas como:

creadoras de auténticos bienes y [que] contribuyen eficazmente al progreso de la cultura

Y es que es triste hoy visitar empresas. Es triste respirar su panorama moral, ver como el sentido del trabajo de los que a ellas dedican su vida transmite un agotador vacío sólo salvable por aquellos que han entendido que la única moral válida para prosperar en una gran organización está a medio camino entre Falcon Crest y Lucrecia Borgia. Es eso lo que se suele pensar como empresa. La empresa que despojada de comunidad intenta recuperarla sin éxito en una sociedad que añora y busca formas de hacer del trabajo una forma de cohesión social.

Tal vez ha llegado el momento en que es necesario que las empresas y los oficios vuelvan a profesar. El momento de que recuperemos el sentido social del trabajo de cada cual, de que asumamos de una vez que sólo en la comunidad crece el conocimiento y que este conocimiento no puede ser sólo técnico, porque si hay que ponerle un adjetivo es humano, es decir, que ha de contener un significado social, una ética del trabajo y una visión del mundo. Las empresas, si quieren proveer bienes verdaderos, han de ser filé.

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 8:40 am | (11)

Domingo, 22 de Febrero de 2009

7 tesis sobre la crisis de la empresa y cómo superarla

Encuentro de Emprendedores y Empresas sobre Democracia Económica

  1. No se puede mantener ya la vieja definición de empresa. La maximización del valor del accionista es un mito increible, desmentido por cada uno de los comportamientos empresariales que han llevado a esta crisis y por cada una de sus respuestas públicas. La clase directiva ha demostrado que su único objetivo real es mantenerse en el poder corporativo, en el ejercicio nominal y vacío de la representación de un accionariado que hace mucho que no puede considerarse un sujeto social activo.
  2. El ONGismo y el RSCismo son dos muertos discretos más de esta crisis. Obedecen a la misma concepción de organización, ámbito, institución y sistema de profesionalización que se está implosionando con centro en el sistema financiero. Son viejo mundo y como todo el viejo mundo de este lado del muro, están viviendo ahora su particular 1989.
  3. Ni la actual forma de gobierno de las empresas (la tan cacareada gobernanza corporativa), ni la RSC, ni el tejido de ONGs pueden aportar nada a la reorganización del sistema de incentivos, que articulados por el mercado, dan forma institucional al capitalismo.
  4. Para tener un qué alternativo, antes hay que construir quienes alternativos. Tenemos que replantear y definir la empresa del capitalismo que viene.
  5. El ethos de la empresa debe cambiar. El sistema financiero nos ha enseñado cómo se puede ser innovador hasta la temeridad con el terreno de juego común y conservador hasta la fosilización con la estructura interna de poder. Hay que cambiar el paso. Existe la posibilidad material de redefinir la empresa desde el concepto de comunidad introduciendo distintas formas de democracia económica. El resultado previsible de esta reforma es que las empresas, entre sus fines principales tendrían el sostenimiento de su entorno social directo, no como una actividad separada, sino como elemento central de su discurso y guía de sus negocios.
  6. Además, en un marco en el que las empresas no pueden definirse ya en términos exclusivamente nacionales, ningún estado o grupo de estados pueden hacer un control efectivo mejor del que harían los propios trabajadores, colaboradores y entorno social de la organización. Las empresas han de empezar a pensar en términos de ciudadanía frente a sus colaboradores y trabajadores en cualquier lugar del mundo.
  7. En épocas de crisis la innovación tiene un carácter fundamentalmente organizativo, más que tecnológico. Los pequeños, las micropymes, han de convertirse en laboratorios de esta profundización económica del concepto democrático de ciudadanía. Somos los colonos del capitalismo que viene, los puestos avanzados de la frontera entre un pasado que se cae a pedazos y un futuro que no acaba de perfilarse. Hoy más que nunca, la vía para hacer utopía, para innovar y para construir alternativas, pasa por constituir empresas democráticas que vivan y sean red. Si tienes algo que aportar, algo que experimentar ¡haz filé! Tienes de tu lado, el poder de las redes.
Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 9:23 am | (8)

Viernes, 2 de Enero de 2009

Metaciudadanía

Me ha sorprendido descubrir en estos días como EEUU permite a sus grandes firmas multinacionales gestionar green cards para sus empleados y colaboradores con pasaporte de otros estados. Aunque todavía muy limitado, lo que se entrevé es a un futuro de libre movimiento dentro de la empresa transnacional y por tanto una especie de metaciudadanía de libre elección muy en línea con la lógica interna de las emergentes filé.

Guardado por David de Ugarte en RMD a las 8:52 am | (0)

Lunes, 22 de Diciembre de 2008

¿Por qué las filé?

En el prólogo a De las naciones a las redes, Josu Jon Imaz se preguntaba quién iba a aportar cohesión social en un mundo transnacionalizado.

La pregunta nos ha acompañado desde entonces y nos sigue orientando hoy. Y de hecho empezamos a tener algunas claves. Ejemplos de algunas filé africanas como los muridíes, que han sacado de la pobreza a dos millones de personas, nos permiten pensar que la evolución del neovenecianismo tendrá la forma de redes socialmente inclusivas.

Ya hoy las filé, comerciantes, transnacionales y de libre adscripción, son los vectores fundamentales de cambio hacia un mundo abierto que supere a unos estados que cada vez más renuncían a la ciudadanía. No son un proyecto, están ahí, cumplen las leyes “nacionales“, pagan impuestos y empoderan a la gente para comerciar.

Cuando comentamos resultados en España, siempre surge el presunto sectarismo de las filé. Evidentemente tienen ideología. Del plurarquismo de los e4 al sufismo de los muradíes siempre destacan dentro de su contexto cultural y social, por defender la diversidad, rechazar toda definición de identidad basada en el nacimiento e imponer lo mínimo a sus miembros. Algo que, nos diría cualquier viejo marxista, a fin de cuentas es de esperar en cualquier red de comerciantes.

Si el estado se basa en los impuestos, la filé se basa en el comercio. Si el estado se sostiene mediante la imposición legal a los nacidos en un territorio, la filé se construye sobre contratos libres. Si el estado precisa de la homogeneización nacional, la filé precisa de la diferencia, de la heterogeneidad, para dar valor a su comercio. El mundo del estado es del hormigón de los edificios oficiales, el de las filés del adobe de los zocos.

Si queremos ver los problemas y el sectarismo del mundo basta con echar un ojo a las fronteras. Las que separan las zonas económicas chinas o las que separan a la UE y EEUU de sus vecinos. Basta con mirar los aeropuertos. Basta con ojear los porqués de una crisis económica, que si ha abierto por un segundo un rancio mundo de agendas de poder dedicadas a falsificar mercados cargándonos a todos con el coste, ha sido sólo para que el estado se lance a ocupar el vacío dejado impulsando más regulaciones, proteccionismo y nacionalismo a tutiplén. El modelo ascendente de estado no es ya la América jeffersoniana, ni siquiera la Suecia de Palme. La tendencia la marca la admirada y temida China. Vivimos en la era del capitalismo autoritario.

¿Pero las filé? A día de hoy son las únicas que garantizan a sus miembros mínimos sociales, libertad de comercio… y lo que es más importante, libertad de segregación, libertad para marcharse y vivir como cada cual quiera cuando quiera.

El estado nacional es, hoy por hoy, el resultado de una enfermedad terminal. Puede llevarnos por delante, pero no tiene futuro. El futuro se dirimirá entre formas de nuevo tipo.

En ese horizonte, las filés son las “buenas”, las herederas de valores de libertad y comercio. Las otras, que hoy vemos germinales como las mafias transnacionales (que ya se compran estados) o esa nube ya casi intangible conocida por al Qaeda, son curiosamente más resistentes a la evolución totalitaria del estado.

De hecho, lejos de debilitarse, como hace el comercio de las filé gracias a las crecientes restricciones de movimiento para personas y bienes, parece que no hacen más que empoderarse y empoderarse

Por eso cuando mi amigo Versvs se pregunta ¿Hasta cuando callaremos? creo que yerra el foco. En un tiempo de revueltas, no es el silencio, sino la falta de alternativas, lo que se ha de batir. Lo que toca hoy es construir las nuevas herramientas sociales de un mundo abierto e inclusivo. O el mundo nunca se abrirá ni incluirá. La filé es la puerta hacia ellas. Abrámosla.

Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 8:42 am | (12)

Sábado, 20 de Diciembre de 2008

La miseria de las naciones

Los muridíes generan cada vez más literatura universitaria en Europa. Seguramente, a estas alturas, sean la filé más estudiada del mundo. Comerciantes, sufíes, con sus estructuras en plena transformación y con más de dos millones de miembros, son la gran barrera africana a la penetración del wahabismo (y de al-qaeda). Sin embargo sus consecuencias geopolíticas parecen animar poco a los estudiosos europeos que se centran siempre en aquello que ahora preocupa más al estado: la asimilación de la emigración.

La la mirada nacionalista es nacionalizante. El inmigrante es alguien que al trasladarse de un territorio a otro debe asumir los valores imperantes en ese territorio. Valores que se suponen materializados en el estado. Su vida está rota en dos espacios conceptuales: la nación de origen y el territorio gobernado por el estado receptor.

Ese esquema funciona relativamente bien cuando las personas han sido previamente nacionalizadas. Cuando asumen una identidad nacional clara de partida. Pero cuando redes como la de los muridíes madurán evolucionando a filé, las cosas dejan de ser tan sencillas. Para sopresa de los investigadores:

Contemplamos la imposibilidad de hablar de sociedad de origen y de sociedad de destino como dos espacios totalmente diferenciados en la realidad diaria de los emigrantes senegaleses.

Y es que esa diferenciación estricta sólo existe para los nacionalistas, para cualquier nacionalista de cualquier lado. Un murid se mueve dentro de su red. Cruza fronteras, pero no siente que salga de una realidad a otra. La idea de que a la palabra realidad se le puede colgar el adjetivo nacional sin poner en peligro la salud mental del que asiente gravemente, es para muchos simplemente patológica.

Por cierto que no es extraño que el mismo estudio se proponga como objetivo “presentar un modelo etnográfico“. La etnografía, nacida de la lógica de castas colonial, no es sino la entomología de las personas agrupadas en lo no-nacional, asumido previamente como primitivo o subdesarrollado. Almas incompletas por evangelizar.

Lo curioso de algunos de los estudios que están apareciendo es que al descubrir el carácter y la identidad crecientemente transnacional y transracial de los muridíes -y por tanto la inoperatividad del concepto de asimilación nacional- ponen en cuestión también su papel para el desarrollo:

las políticas de cooperación al desarrollo, al menos en estos momentos, y al menos según lo entendemos después de analizar el caso concreto de la cofradía musulmana Mouride, no pueden ir dirigidas de manera prioritaria a la disminución de los flujos migratorios.

Pero… Que yo sepa en toda Africa no existe otra organización no estatal que provea de medios de vida, crédito sin interés y mecanismos de cohesión a dos millones de personas.

La idea de fondo, el rechazo de fondo, proviene de que el objetivo implícito en los proyectos de cooperación es el desarrollo nacional. No el desarrollo humano. No puede decirse que los proyectos de cooperación de los grupos muridíes tienden a centrarse en Touba -su ciudad sagrada- como argumento. ¿Sería diferente si su ciudad sagrada fuera Dakar, capital del estado? Seguramente sí. Los muridíes invierten en sus comunidades centrales del mismo modo que las ONGs hacen proyectos sociales en las zonas que están presentes.

Pero hay una diferencia abismal entre cualquier ONG y los muridíes. Las filés son en sí, más allá de sus proyectos, el desarrollo, la forma de organización social a través de las que millones de personas salen de la misería. Algo que el mundo de las naciones, con sus legiones de ONGs paraestatales, siguen sin poder vindicar tras más de medio siglo de independencia nacional y ayuda al desarrollo.

La moraleja para sociólogos se la dejo a Keynes:

La dificultad estriba no en las nuevas ideas, sino en escapar de las viejas, que se ramifican, para la mayoría de los que crecimos con ellas, por cada rincón de nuestras mentes.

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 11:54 pm | (9)

Miércoles, 17 de Diciembre de 2008

Questi xe monsignor el Doxe, se ve piaxe

El sistema político veneciano evolucionó a lo largo de los siglos hasta hacerse más y más colectivo y anónimo, encontrando una distribución de poder que no permitía a ningún grupo una hegemonía, siquiera temporal, clara. Esta búsqueda se resumió en la evolución de la figura del Doxe (Dogo) desde el siglo XII, de un caudillaje no hereditario con contrapesos, hacia una mera representación del estado en un sistema de complejos equilibrios entre cámaras y órganos colectivos.

Durante el año que ahora se cierra, los indianos hemos avanzado siglos. El primer gran éxito ha sido la Carta de las Indias. Hemos conseguido convertir nuestra pequeña nube de empresas, asociaciones y emprendimientos en instrumentos de nuestra comunidad, sometidas a un sistema de gestión y control colectivo con garantía de derechos individuales que toma como horizonte la plurarquía.

Primera constación: funciona.
Segunda constación: Sigue estando basada en la buena voluntad de algunos indianos, que como yo mismo, fuimos fundadores de la red y accionistas de las empresas. Nos falta una pieza para engarzar completamente en el sistema legal de los países por las que nos movemos: la redefinición de la propiedad.

Al final, las empresas siguen teniendo propietarios formales que en cualquier momento pueden hacer valer frente a las leyes nacionales de cada país los derechos de la legislaciones estatales. Derechos que para cada estado están por encima de la ordenación interna de la que nos hemos dotado.

Superar esa fragilidad es, para mi, el gran reto del año que viene.

Existen distintas formas que atiende a distintas tradiciones, desde el modelo de corporación cooperativa de Mondragón al modelo suizo de la fundación-empresa (relativamente parecido al de las Cajas de Ahorro), pasando por la opción de que una fundación con unos fines propios, ajenos a la gestión empresarial, sea la propietaria de las acciones de nuestros negocios y que como tal les garantice el funcionamiento autónomo.

Curiosamente en un modelo así, acabaríamos teniendo, al modo veneciano, un patronato que ejercería como Tribunal de conflictos de último recurso y representación exterior de la red. Una especie de senado sin poderes ejecutivos (salvo en caso de desastre), un Consiglio Maggior conformado por todos los indianos o cuando menos por un grupo revocable que lo recibiera a modo de reconocimiento, con un Doxe electo por consenso e igualmente desprovisto de control ejecutivo, una figura representativa, una referencia moral como hoy es Juan Urrutia para nosotros.

Como se decía frente a la asamblea ciudadana cuando alguien era elegido Doxe y formalmente convertido en prisionero de la República:

Questi xe monsignor el Doxe, se ve piaxe

Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 11:27 am | (0)

Domingo, 30 de Noviembre de 2008

La Constitución de la Enredadera

Página de firmas de la Constitución de e4Hoy fue el Día de la enredadera, una de las dos fiestas mayores de los Exploradores Electrónicos. Este año además, teníamos la firma de nuestra Constitución. Se trataba de un momento muy importante tras la aprobación de la Carta de las Indias.

Si las Cartas hacen trascender a las empresas fundadoras de meras empresas a nodos neovenecianos, es decir, las transforman en espacios políticos y económicos basados en la plurarquía, la Constitución da paso a la red. Es la herramienta que nos permite construir eso que Sterling llamaba democracias económicas en Islas en la Red y Neal Stephenson files (retomando el griego φυλή) en La era del diamante.

Firmábamos Fernando Díaz, Leticia Bonetti, María Rodríguez y Natalia Fernández desde Montevideo y Marcos Menéndez, Meri Rosés, Arnau Fuentes, Mercedes Egido y yo mismo desde Madrid.

Se declamó desde Montevideo y fue escuchada en Madrid. Entre los momentos más emocionantes, Leticia leyendo la Declaración de Montevideo y los derechos indianos, Natalia riendiendo el justo tributo a los precedesores ciberpunk, Fernando enunciando los símbolos indianos y María leyendo las disposiciones sobre la Biblioteca de las Indias Electrónicas. Se procedió después a la firma física, sobre un libro electrónico, por los presentes en Montevideo. Después se envió el archivo electrónico con las primeras firmas a Madrid donde fue firmada por los cinco indianos restantes.

Cada firma era seguida de su proclamación a la voz de “-La gobernadora ha firmado!” – o “-Arnau ha firmado” y seguida de una ráfaga de golpes con el puño sobre la mesa de trabajo.

Cuando todas las firmas estaban ya sobre el primer ejemplar electrónico, Natalia Fernández, gobernadora de la Sociedad de las Indias Electrónicas gritó:

Exploradores, ya tenéis Constitución!

Había comenzando una nueva etapa de la historia neoveneciana.
(más…)

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 2:14 am | (14)

Viernes, 3 de Octubre de 2008

Una empresa pluriárquica

Páginas finales de la Carta de las IndiasNat acaba de publicar un comunicado en la Bitácora de las Indias:

Ayer celebramos el día de las Indias, era nuestro sexto aniversario y hay mucho que celebrar y de lo que sentirse orgulloso. Pero lo realmente importante siempre está en tiempo presente, así es la lírica.

Ayer los socios de la Sociedad de las Indias Electrónicas dimos un paso fundamental en nuestra pequeña historia: firmamos una carta que regula el funcionamiento de la Sociedad orientándola hacia la plurarquía y dejándola por tanto en manos de los indianos para siempre.

Podéis descargar el original firmado desde aquí

Poco más hay que decir. La Carta de las Indias es ya una realidad. No es un papelito creado de la nada, resume la experiencia, tradiciones y valores destilados en estos seis años (y en los casi 19 ya de ciberpunk) y le da forma organizativa. Nos ha costado muchas cicatrices. Lírica sin una pizca de utopismo ni frivolidad.

Juan antes de firmarla dijo:

Me parece preciosa, estoy de acuerdo con ella y me rejuvenece.

Y a mi con él.

Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 3:08 pm | (0)

Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just

« « Portada » »
Salvo indicación o advertencia en contrario, el autor de todas las entradas de este blog hace devolución expresa de ellas al Dominio Público