Domingo, 21 de Septiembre de 2008
El pasado día 12, en el College des Bernardins de París dio un discurso hermoso. El lugar no estaba elegido al azar. Como escribía Rafael Aguirre en el Correo:
Ratzinger empezó con una referencia, cuya relevancia actual supo poner de manifiesto: ¿Qué pretendían los monjes que construyeron aquel monasterio en el siglo XIII? «Quaerere Deum», buscar a Dios, y para ello colocaron en sitio preferente una biblioteca. Es decir, la búsqueda de Dios implicaba emplear a fondo las fuerzas de la razón, conocer toda la sabiduría disponible, escudriñar la Biblia dominando sus viejos idiomas, dialogar con toda clase de filosofía.
En palabras del Papa:
Le désir de Dieu comprend lamour des lettres, lamour de la parole, son exploration dans toutes ses dimensions. Puisque dans la parole biblique Dieu est en chemin vers nous et nous vers Lui, ils devaient apprendre à pénétrer le secret de la langue, à la comprendre dans sa structure et dans ses usages. Ainsi, en raison même de la recherche de Dieu, les sciences profanes, qui nous indiquent les chemins vers la langue, devenaient importantes. La bibliothèque faisait, à ce titre, partie intégrante du monastère tout comme lécole.
Pero lo importante no es la biblioteca, ni siquiera el móvil que llevó a construirla (la búsqueda de Dios), sino que a partir de la unión de palabra (ora), trabajo (et labora) y experiencia, emerge una aportación de sentido en la diversidad desde la que se forja una verdadera comunidad que es por un lado de los monjes, pero también de los saberes:
Nous pouvons exprimer tout cela dune manière plus simple : lÉcriture a besoin de linterprétation, et elle a besoin de la communauté où elle sest formée et où elle est vécue. En elle seulement, elle a son unité et, en elle, se révèle le sens qui unifie le tout. Dit sous une autre forme : il existe des dimensions du sens de la Parole et des paroles qui se découvrent uniquement dans la communion vécue de cette Parole qui crée lhistoire. À travers la perception croissante de la pluralité de ses sens, la Parole nest pas dévalorisée, mais elle apparaît, au contraire, dans toute sa grandeur et sa dignité.
En otras palabras: conocer es crear contextos, conjuntos de sentido, de significado, sobre conjuntos de palabras y conceptos. Pero entonces
conocer es algo cuyo sujeto es colectivo y concreto (una comunidad).
Generar conocimiento es hacer comunidad, es hacer red y por tanto se da en tiempo histórico, no absoluto.
En contrapartida, toda apuesta por una verdad social implica la identidad con una comunidad concreta. Y si es así -y con matices hasta aquí el Papa estaría de acuerdo- no hay en realidad conocimiento absoluto ni abstracto, el conocimiento es la interpretación de un contexto en un contexto. No hay verdad social o filosófica que no sea histórica ni limitada a un grupo humano concreto (una idea que, por cierto, se dibuja en los textos de algunos teólogos otrora cercanos al Papa como Hans Khun).
Si le damos una vuelta, lejos de unificar el sentido, el desarrollo del conocimiento no es sino el descubrimiento de su diversidad irreductible y creciente: cuanto más conocemos mayor es nuestro (re)conocimiento de otros principios ordenadores, de otras identidades distintas a la nuestra. Por eso, conocer no es sólo construir un contexto, un camino propio (y por tanto una comunidad con su identidad), conocer más es también reconocerse cada vez más en la legitimidad del otro para idenficarse desde su diferencia1.
Y entonces, ¿este Papa es postmoderno? ¿Politeista? No. Por supuesto que para el Papa, no hay tal diversidad última, sino pluralidad dentro de una única Creación
y por tanto hay una fuente última (y cognoscible) de legitimidad y verdadero conocimiento. Si dijera lo contrario no sería católico, ni cristiano.
Volviendo a la parábola favorita de los Exploradores Electrónicos, el Papa cree que hay una variedad de salsas de spaghetti que representan distintos estadios, distintas manifestaciones de la búsqueda de la salsa perfecta y una receta platónica que aunque no podamos todavía tener, puede llegar a ser conocida mediante la razón en el contexto (y la comunidad) de la fe. Salsa que representaría no una, sino la salsa de spaghetti perfecta, aquello a lo que todos, en realidad nos referimos o desearíamos o intuimos cuando escuchamos su nombre. Esa es la diferencia entre diversidad y pluraridad. Se es plural en Uno, en cambio la diversidad existe porque hay muchos unos, muchos principios de verdad que no son reducibles a uno único sino que tienen existencia en si mismos.
Pero en cualquier caso, es desde el reconocimiento de esa diversidad/pluralidad de los conocimientos (y por tanto de las identidades), que los que no somos católicos en un sentido religioso, aunque si cultural, podemos entender en toda su profundidad el llamado de este Papa a escuchar a Dios. Porque su escuchar, el sentido de su diálogo con lo divino, es abrirnos a la maravilla de una razón que no preexiste, sino que se construye.
Evidentemente postmodernos y politeistas, preferiremos antes que hablar de pluralidad, sustentarnos en la diversidad y la calificaremos de hecho, como irreductible. No veremos a Dios como límite último de ese saber, como origen y destino de esa Razón unificadora. Diremos E unus pluribum en vez de E pluribus unum.
Pero aunque como imagen invertida del espejo de la fe, nos reconoceremos en la capacidad para la maravilla y la profundidad del mensaje de este Papa. Y sabremos que ese diálogo con la existencia que postula, es compartido porque a todos nos pertenece, desde esa duda común que subyace al reconocimiento de la búsqueda, de la incompletitud, del amor más íntimo por lo humano que, como recordaba el Papa no puede ser otra cosa que amor por el trabajo y la palabra, camino de conocimiento y exploración, renuncia de toda imposición o conquista al tiempo que construcción identitaria, generación de sujeto, acción e identidad que nos hacen pasar del ser a la existencia, de lo abstracto a lo histórico.
Notas
1. Para evitar la eterna discusión sobre el relativismo y el eterno ejemplo de la ablación. Descubrir la legitimidad del otro para construir sus valores (en otras palabras, para conservar su comunidad u orden social) no significa ni aceptarlos para la propia, ni considerar que todos las jerarquías de valores y sus consecuencias son iguales. Reconocer que existen otras comunidades y que son legítimas, es decir, que tienen derecho a organizarse y regularse por si mismas, no quiere decir ser neutral frente a cualquier situación que se de en un contexto diferente al propio. La defensa de la diversidad no es cosa de beatos, es la aceptación, entre otras cosas de que siempre existirá conflicto.
Viernes, 22 de Febrero de 2008
Pero no son sólo los idiomas, lo que define a los plurarquistas en cada campo es su sentido y defensa de la diversidad.
El movimiento por la devolución es precisamente un producto directo del plurarquismo, pues la propiedad intelectual aparece como un freno artificial a la diversidad y por tanto a la generación de espacios sociales de plurarquía.
Y más allá del multilingüismo práctico y de la opción por la Devolución frente a Creative Commons en mantra del uso del plural es constante.
El futuro no será una aldea global, sino miles de aldeas globales
nos aseguraba Augusto de Franco definiendo el localismo y avanzando el concepto de multiverso.
Podemos crear tantos blogs, agregadores, entornos colaborativos, wikis o foros como queramos. Entonces, ¿qué sentido tiene someternos a los deseos y los dictados de unos cuantos usuarios que controlan una comunidad virtual?
escribía Enrique Gómez resumiendo el debate que enfrentaba la unicidad de la Wikipedia a la idea de un universo plural de contextopedias
No existe una blogsfera sino muchas
defendía yo mismo en Sevilla y en Porto Alegre, mar de flores en mano, frente al dospuntocerismo y los rankistas de EEUU y España
Siempre lo múltiple, lo diverso, la asunción de que no existe una sóla verdad social, una salsa de spaghetti perfecta
es decir, la convicción de fondo de que es posible vivir la abundancia y de que esta es un producto de la plurarquía, del amor a la diversidad.
E unus pluribum, de uno muchos. Porque al fin, diversidad social, libertad personal y abundancia son la misma cosa
Jueves, 21 de Febrero de 2008
El inglés es la lengua internacional porque es la que utilizas cuando hablas con alguien de otro idioma- me dice Alexander Bard -lo que pasa es que la netocracia le cambiará el nombre y le llamará net-language, apostilla.
Le respondo que no uso un idioma para comunicarme más allá de los 400 millones de personas en cuatro continentes que hablan español como lengua materna. Uso muchos: inglés sí, pero también portugués, catalán, italiano y alguna vez hasta me he lanzado con el kikongo y el ruso
y lo haré en todo lo que me de tiempo a aprender o encontrar intérprete. Con mejor o peor suerte y conocimiento, desde luego, pero con voluntad no sólo de emitir sino de recibir.
Hoy en día pretender usar las lenguas imperiales en exclusiva implica un mesaje claro: el mundo es un teatro donde el debate anglo-norteamericano ocupa la escena y los demás somos sólo espectadores conminados a aplaudir y callar.
El dospuntocerismo es sólo el último jefe de clac. Nos quedan muchos más por ver.
Lo genial es que en Brasil todo el mundo que nos rodeaba hablaba, además del portugués, español y algo más, normalmente italiano, francés o alemán
y Bard decía que se estaban resistiendo a globalizarse por no hablar inglés!!!
Yo alucinaba. Las empresas que vimos tenían contratos en Libia, en Angola, en China
Los gobiernos locales hacían proyectos con la Macaronesia, con el ayuntamiento de Roma, con Colombia, con Chile
Los activistas y el público más joven salió el sábado a la hora de comer para llegar a la Campus Party que Telefónica organizaba en Sao Paulo con el show que habían montado en Valencia
¡¡¡y se estaban resistiendo!!!
Los anglofonistas (que defienden el inglés como presunta lengua de la globalización) cada día se me parecen más a speakers neocoloniales de asalto que esperan el favor del que creen será más fuerte.
De fondo un pensamiento moderno que fue además el primer lema de EEUU: E pluribus unum, de muchos surgirá uno. Es al revés, la globalización o será distribuida o no será globalización sino imposición. E unus pluribum, debería ser nuestro lema: y de la unidad surgirán muchos
¿Y saben por qué? Pues es sencillo, símplemente porque no existe una salsa de espaghetti perfecta.
Viernes, 24 de Agosto de 2007
Anteayer acabé Un asesinato en directo
y estoy todavía en shock.
Batya Gur pertenece a la gran generación de novelistas de género del Mediterráneo. Es el par israelí de Vázquez Moltanbán, Camilleri, Markaris
La constante más significativa de su obra es la exposición, tan sutil como inmisericorde, de los principales ejes de conflicto interno de la sociedad israelí.
El tenaz relato de la irreductibilidad de la diferencia entre mizrajíes y askenazíes y la profundidad del racismo nacionalista -de indudable origen germánico- tan extendido entre los círculos de poder de estos últimos, la convirtieron en una de las figuras críticas más potentes y populares de la literatura israelí actual.
Seguramente, fuera de Israel, su obra más conocida sea Asesinato en el kibutz donde sella el acta de defunción de este modelo social relatando su funcionamiento wikipedico como último totalitarismo asambleario.
En Un asesinato en directo todavía hace un pequeño autohomenaje a lo que supuso aquel libro en 1994, de boca de un personaje marginal en la trama:
Hoy se puede decir que el kibbutz es una reliquia, pero en aquel momento
Fue el primer asesinato que investigó la policía en un kibbutz, la primera vez que la policía entró en uno, de hecho.
Pero el motor de la trama de esta última novela es un crimen de guerra. Un asesinato impune de prisioneros durante la guerra del Yom Kipur. Muy simbólico teniendo en cuenta que los protagonistas y guardianes del secreto son estrellas de los informativos de la televisión pública, el lugar donde se forja la conciencia nacional, que acaban amenazándose y matándose entre si.
Cuando Michael Ohayon, el protagonista de toda la serie de novelas, descubre finalmente la verdad, una plancha de silencio oficial se impone desde su mando directo, el director Shorer, que a lo largo de toda la serie se ha ido configurando como la figura paterna y la referencia moral de Ohayon, el símbolo de lo incorrupto que mantiene con vida el estado.
-No sé si podré callármelo -dijo Michael finalmente- no sé cómo va a ser posible vivir con un secreto como este.
-¡Ya lo creo que va a ser posible! -le dijo Shorer, ahora con pena-. ¡Y de qué manera! No vas a decir una palabra -afirmó cada vez más apenado. Y tras un breve silencio añadió-: ¿No ves que estamos evolucionando? Cada vez somos capaces de callarnos cosas más graves
En la escena final Ohayon queda con su hijo Yubal, reservista del ejército que comienza por pregutarle si siguie siendo sionista y argumenta con el tipo de razones que informan a los objetores israelíes de mi generación. Repasando la Historia israelí, cada vez más claramente repudiada por Yubal, Ohayon dice:
-El problema es que como judíos esperábamos tener un comportamiento más moral
, mostrarnos más comprensivos con el prójimo
. y resulta que somos exactamente iguales a los demás.
-Ése es el comportamiento que tienen los perros, que marcan su territorio- murmuró Yubal (
)
Más allá del conflicto específicamente israelí, la clave de la crisis del sionismo hertzeliano está en su propio aporte histórico: la conversión del sionismo en un nacionalismo. Al tener un estado como los otros hicimos lo que los estados hicieron siempre, nos viene a decir un Ohayon estupefacto todavía pues acaba de descubrir la raiz oscura de todo contrato nacional: callar, negar y hacer como que no existe aquello en lo que el estado nacional se basa y que por su propia naturaleza sanguinolienta no puede ser relatado en los términos de las leyendas identitarias que sostienen a la comunidad nacional imaginada.
Comunidad que por ser tan sólo imaginada, tiene tan poca existencia fuera del estado que éste tiene tiene que estar construyéndola permanentemente, es decir por un lado azuzando y exagerando los mitos morales sobre los que se construye y por otro reafirmando las bases de su propia existencia, marcando el territorio a sangre frente a vecinos o disidentes.
El secreto del estado nacional no reside en un crimen concreto. Es, como insinúa la frase de Shorer, general y cada día más grave, más oscuro. La cultura nacional, el orgullo nacional, el honor nacional
al fin las naciones, su identidad, se basan en ese tipo de pacto de silencio y olvido. Todas las naciones tienen sus cadáveres en las cunetas, sus crímenes de guerra, sus expolios, que sólo pueden ser desenterrados, expuestos a la luz y al recuerdo, destruyendo el contrato nacional1.
Pero
¿para qué hace falta un contrato nacional, no sería mejor un contrato cívico alrededor de un estado postnacionalista? Tal vez no haya tal alternativa, al menos en los estados nacidos del nacionalismo, nos insinúa Gur. En la última página del libro, cuando Ohayon califica de constructiva la rebelión pasiva de los soldados encargados de custodiar los asentamientos, Yubal le responde:
- Pero yo no quiero, de ningún modo vivir en un sitio así. Creo que sería mejor
marcharme a otro lugar. En realidad lo que quiero es marcharme de aquí.
-¿Adonde?- le preguntó Michael conteniendo la respiración, aunque al cabo de un instante se dijo que, de momento, aquello no eran más que palabras, de manera que se concentró en su panecillo con queso fresco.
-Puede que a Canadá2 -respondió Yuval pensando en voz alta, y Michael tuvo que disimular el escalofrío que le recorrió el cuerpo entero (
)
Y entonces Ohayon decide compartir con su hijo el peso del secreto
Nota 1: Por cierto que no deja de ser curioso que esta reflexión venga desde una escritora popular israelí y no desde otros países, donde los autores tienen ejemplos tan cercanos en el tiempo como los israelíes de esa dinámica de remitificación constante, exclusión y crimen de estado
y sin embargo
Nota 2: Canadá es también el punto de fuga de una trama paralela que aparece en la novela y que refuerza y prepara el replanteamiento del sionismo no religioso que subyace en las actitudes de Yubal. En ella un rabino profético organiza una red de evasión de capitales para contruir en el país norteamericano una nueva Yavné con ciento y picomil seguidores, convencidos de que es necesario un refugio donde poner a salvo nuestra raza.
Viernes, 13 de Julio de 2007
Se suele criticar de la lógica que prefiere muchas contextopedias a una sola (generalmente la wikipedia), la dificultad o el coste que genera a los usuarios encontrar algo cuando hay más de un sitio donde buscarlo.
Es cierto que este coste es mucho menor desde que existen herramientas como Google Coop. Hoy es fácil construir un minigoogle que sólo busque en los sitios que le indiquemos (por ejemplo, en un determinado rango de contextopedias o blogs cercanos).
Pero aunque sean pequeños, es evidente que la diversidad tiene costes
pero lo cierto es que merecen la pena socialmente.
Mi ejemplo favorito lo daba hace poco el conocido ensayista pulp Malcom Gladwell, cuando presentaba en New Yorker la historia de Howard Moskowitz. Moskowitz había hecho su tesis doctoral en Harvard sobre psicología de los sentidos, una especialidad con una clara orientación industrial: encontrar los sabores óptimos para el mercado de productos comestibles elaborados.
En los 70, su primer cliente fue Pepsi. Se trataba de encontrar el nivel de dulzor perfecto para la nueva Pepsi Diet. Moskowitz desarrollo todo tipo de tests y pruebas por Estados Unidos en focus groups de todos los perfiles imaginables. Los resultados eran un tremendo lío. No existía una pauta de gustos única, unos valores de edulcorante que dejaran satifechos a la gran mayoría de posibles consumidores
Moskowitz concluyó que lo que pasaba es que no había una Pepsi Diet perfecta, sino muchas. Y si esto pasaba en el mundo de las bebidas de cola, posiblemente pasaría también en otras tantas industrias de alimentación. Pero la industria tardó años en escucharle.
Puede ser difícil hoy, quince años más tarde -cuando cada marca se presenta en múltiples variedades- apreciar hasta que punto esto representaba una ruptura. En aquellos años, la gente de la industria alimentaria llevaban en sus cabezas la noción de una receta platónica, la versión de un plato que pareciera y superia absolutamente bien.
Igual que hoy los que defienden la Wikipedia no como una contextopedia más, sino como LA Enciclopedia, tienen en la cabeza el horizonte de una enciclopedia ideal, lo más perfecta posible. El problema es que algo así no existe. No es posible definir una enciclopedia perfecta o un resumen de noticias perfecto, como no es posible definir una salsa de carne o una salsa de spaghetti perfecta, simplemente porque hay diversidad de patrones de gustos y valores. La mitología ilustrada de una razón única, heredera de la divinidad, a la que puede llegarse mediante el debate, simplemente no funciona. No hay un lugar, un gusto, un conjunto de valores común y único al que conforme sabemos más nos acerquemos de forma natural. Somos distintos unos de otros. La diversidad existe y siempre estará ahí para recordarnos que nunca existiran, ni como límites, los universales platónicos.
El primer cliente a quién Moskowitz convenció fue a salsas Campbell. Se trataba de adaptar sus salsas de spaghetti. Aquí la epistemología se traducía en cuotas de mercado. Moskowitz revolucionó industria, estantes de supermercados y sobre todo ventas. Prego, la salsa de spaghetti de Campbell se presenta hoy en 23 combinaciones.
Habían estado buscando la salsa platónica de spaghetti -escribe Gladwell- y la salsa platónica de spaghetti era ligera y homogénea porque ése era el modo en que pesaban que se hacía en Italia. La cocina industrial estaba constreñida a la búsqueda de los universales humanos. Una vez comienzas a buscar las fuentes de la diversidad humana, la vieja ortodoxia sale por la ventana. Howard Moskowitz quitó de en medio a los platónicos y dijo que no existen universales.
Lunes, 7 de Mayo de 2007
El problema central de muchos servicios que suelen identificar a la web 2.0 es la generación de escasez: elegir un único output igual para todos los usuarios, por muy democrático que sea el proceso, no puede resultar sino frustrante, ya sea en una enciclopedia virtual o en un sistema de selección de titulares.
La verdad es que el máximo de satisfacción de todos y cada uno se obtiene cuando todos y cada uno obtienen una respuesta personalizada. Más segmentación, más libertad, más satisfacción. El por qué se suele explicar en los cursos introductorios de microeconomía, pero Malcom Gladwell lo hace con más gracia contando la increible y edificante historia de las salsas para espagueti Campbel. La frase clave
No hay una Pepsi perfecta, hay Pepsis perfectas
Y mucho me temo que eso es aplicable absolutamente a cualquier sistema de selección y agregación de contenidos o gustos
gustos
Vía Javier Cañada (el cosmonauta).
Miércoles, 30 de Agosto de 2006
En la última serie de posts de Jorge Cortell, encuentro la clave que necesitaba para entender mi propio relato sobre la importancia de la postmodernidad y acabar así su entrada en la contextopedia.
Porque
¿a cuenta de qué tanto interés y tanto debate? Defendiendo la postmodernidad, erosionando el relato científico, no estaba haciendo un mero ejercicio intelectual en busca de la verdad. No, no era inocente. Estaba defendiendo una práctica y una alternativa. Aún sin ser en exceso consciente.
El discurso moderno se reproducirá en la red buscando una virtualización que conserve su lógica legitimadora de un poder descentralizado y democrático. Pero esto no podrá hacerlo en el mundo virtual más que generando artificialmente escasez. El triunfo de la blogsfera frente a la web de las puntocom y las revistas colectivas de referencia (como Slashdot o Wired) a las que acabará absorviendo o la aparición de las contextopedias en reacción al proyecto ciber-moderno por excelencia (la wikipedia) marcan el verdadero centro del conflicto inevitable en toda época fronteriza.
En general las tendencias a reproducir las lógicas descentralizadas, democráticas y nacionales, buscarán ampararse en el discurso moderno, mientras que las tendencias a la organización distribuida, a la desterritorialización del tipo del sionismo digital o a la exaltación de subjetividades e identidades baratas, blandas, cambiantes y mestizas que requieren la plurarquía optarán por argumentos postmodernos para deconstruir los viejos conceptos, desnudando su origen. Baste comparar cómo Creative Commons se explica a si mismo con cómo se define a la propiedad intelectual en esta muy postmoderna contextopedia.
La explosión de subjetividades que se produce cuando una red se hace distribuida, cuando se multiplica el número de conexiones entre los nodos y la identidad pasa a ser una construcción de cada cual y no una mera opción entre grandes modelos, necesita un criterio de verdad que le de soporte que ya no puede ser el moderno.
En el relato moderno sólo hay una verdad que la razón (esa chispa del dios monoteista que vive en cada uno de nosotros) nos permite descubrir. El mito democrático, o el enciclopédico parten de esta fundamentación epistemológica: el parlamento, las academias, la elección democrática
se presentarán como máquinas de agregación de subjetividades cuyo output tendería en proceso hacia esa verdad única y evidente.
Hoy toda esa lógica monoteista secularizada nos asusta y como a Jorge nos parece que la libertad tiene poco que ver con la agregación de preferencias para obtener un único comportamiento socialmente aceptado. Al revés, la libertad se nos presenta como la posibilidad de la diversidad.
Como Giovanni Vattimo somos un tanto irónicos frente a la epistemología de la democracia, del output único, que en la red sólo puede existir generando artificialmente escasez. Decía Vattimo que no es que cuando encontramos la verdad nos pongamos inmediatamente de acuerdo gracias a la universal luz de la razón. Más bien decimos que hemos alcanzado la verdad cuando nos ponemos de acuerdo.
La verdad es pues una cuestión de espacios, de subjetividades y miradas. El espacio social permite la diversidad. Cada uno podemos tener nuestro blog sin someter los temas ni el enfoque a la decisión democrática de lectores o de otros editores (como en la vieja lógica de las revistas colectivas y los ezines). Cada uno podemos tener nuestra contextopedia sin someter a votación la relevancia de tal o cual término o la forma en que se define tal o cual movimiento o idea. Y llamamos libertad a la posibilidad de crear espacios de relación -enlazándones y debatiendo con quien queramos- donde no tengamos que someter nuestras creencias, miradas y discursos a una decisión ajena.
En la cotidianidad hablamos de la blogsfera o el mapa de identidades formado poco a poco por las contextopedias, en el límite hablamos de ZTAs y sionismo digital.
El hecho es que la explosión de libertad y diversidad, que permiten las redes distribuidas no puede sostenerse desde una epistemología monoteista como la moderna que se relata a si misma como el único proceso histórico en el camino de la verdad y la redención. Defendiendo la postmodernidad defiendo en realidad mi cotidianidad y la legitimación de un modo de vida en red que para muchos de nosotros es ya, una realidad y no sólo una perspectiva o un deseo.
Miércoles, 9 de Agosto de 2006
Pere Quintana nos envía una nueva entrada de Rough Type sobre los cambios que Jimmy Wales anuncia en la Wikipedia.
Wikipedia cofounder and prime mover Jimmy Wales set the new agenda in his keynote address, when he announced that the online encyclopedias focus would shift from quantity to quality. In a subsequent interview with the New York Times, Wales said that theres a sense in the English[-speaking] community that were going from the era of growth to the era of quality
That could mean quality control making sure the information is accurate and it could mean a clearer presentation, or more information.
Esta evolución, iniciada ya por el otro cofundador de la enciclopedia colaborativa Larry Sallinger con el lanzamiento de Digital Universe, lleva al autor del post a la siguiente conclusión:
But at least this years Wikimania helped set one thing straight: Quality is ultimately a function not of openness but of control. Quality doesnt emerge naturally from below; its imposed willfully from above.
Esta conclusión me parece sencillamente atroz: La calidad, lo bueno, es un juicio individual, no una propiedad objetiva de las cosas. Por eso el mercado es el que hace emerger la calidad, al someter toda la oferta a cada uno. Porque sólo los individuos, los usuarios, pueden ser jueces legítimos de su propio bienestar y decidir lo que es calidad para ellos. Personalmente pensaba que ya estaba cerrado el viejo debate histórico en el que la Iglesia Católica y sus doctores se arrogaban el monopolio de la lectura de las fuentes bíblicas y la publicación de obras sobre temas que de algún modo pudieran afectar a la interpretación de las Santas Escrituras. Pero he aquí que el viejo debate vuelve, secularizado, una vez más.
El problema es que cuando se parte de la idea de una única oferta, sea la oferta teológica de la Iglesia Católica o la oferta informativa de la Wikipedia, cuando se parte de un monopolio con un único producto, una única wikipedia y de un único saber convencional, estamos hablando en realidad de que sólo es legítima una única subjetividad y útil tan sólo la información que la satisface.
¿Quieren calidad? No sigan pensando en la lógica del monopolio, sino en la de un mapa de información tan diverso como lo son las propias subjetividades de los individuos, fomenten las contextopedias de todo tipo y construyan buenas herramientas para que cada cual pueda agregar, según sus propios criterios de calidad, sus resultados.
Miércoles, 3 de Mayo de 2006
Discutiendo el otro día con Adolfo Estaella, surgió la cuestión centro/perifería en la blogsfera.
Los que nos dedicamos profesionalmente al análisis de redes sabemos que las medidas de centralidad que obsesivamente se aplican en los ejercicios universitarios, rarísima vez sirven de algo en las redes distribuidas. En este tipo de redes, como se puede ver en el gráfico de la derecha, no todos los mismos nodos tienen la misma centralidad, pero en realidad no hay un centro, sino muchos. Es más, cuando introducimos la dinámica, la facilidad para conectarse de forma prácticamente inmediata entre dos nodos hace que continuamente aparezcan y desaparezcan nodos del ranking de centralidad. El centro que esas medidas nos describe no es el emisor, ni siquiera el controlador de los mensajes que circulan en cada momento por la red, sino un producto variable de esos mismos mensajes. Como resumía brillantemente Duncan Watts en su libro Six Degrees:
En vez de pensar en las redes como entidades que evolucionan, los analistas de redes han tendido de hecho a tratarlas como una materialización congelada de esas fuerzas. Y en vez de entender las redes como meros conductos através de los cuales la influencia se propaga según sus propias reglas, han tratado a las propias redes como una representación directa de la influencia.(
)
Implicito en la aproximación [a las redes desde el concepto de centralidad] está la asunción de que las redes que parecen ser distribuidas, no lo son realmente (
) Pero, ¿Qué pasa si no hay un centro? ¿Qué si hay muchos centros no necesariamente coordinados ni incluso del mismo lado? ¿Qué pasa si las innovaciones importantes no se generan en el núcleo sino en la periferia donde los capos gestores de información están demasiado ocupados para mirar? ¿Qué pasa si pequeños sucesos repercuten a través de oscuros lugares por casualidad y encuentros fortuitos, disparando una multitud de decisiones individuales, cada una de ellas tomada sin una planificación tras de si, y convirtiéndose por agregación en un suceso no anticipable por nadie, ni siquiera los propios actores?
En estos casos, la centralidad en la red de los individuos o cualquier centralidad de cualquier tipo, nos dirán poco sobre el resultado, porque el centro emerge como consecuencia del propio suceso.
La realidad, esa aguafiestas
para algunos
De hecho esta es la norma en las redes distribuidas. Los pretendidos centros, los pretendidos conectores si quieren mantener la ilusión de su poder tienen que dejar pasar la info con cierta generosidad. Es verdad que pueden intentar ningunearse unos a otros, hacer alardes públicos y relatar la historia de la red como la historia de la formación o las acciones de su cluster negando a los otros candidatos a centro. Pero luego viene la realidad. Y en las redes distribuidas es bastante cruel.
Dos ejemplos para la reflexión: las revueltas francesas de noviembre y
el macrobotellón español.
Si recordamos el papel de los blogs en las revueltas francesas de noviembre, no podían estar más lejos del pretendido centro de la blogsfera francófona. Liberation describía así a los tres bloggers que emergieron como epicentro del movimiento
cuando este ya se había producido:
Ces blogs, intitulés «Nike la France» et «Nique lEtat» ou encore «Sarkodead» et «Hardcore», incitaient à participer aux violences dans les banlieues et à sen prendre aux policiers. Ils ont été désactivés par Skyrock le week-end dernier. Linformation a été ouverte pour «provocation à une dégradation volontaire dangereuse pour les personnes par le biais dinternet». Les trois jeunes gens, dont deux de Seine-Saint-Denis (Noisy-le-Sec et Bondy), âgés de 16 et 18 ans et un autre, 14 ans, des Bouches-du-Rhône, avaient été arrêtés lundi matin. (
)
Les trois jeunes qui «ne se connaissent pas entre eux», avaient «pris comme support» le site internet de la radio Skyrock. (
)
Por el aspecto de los blogs mientras estuvieron abiertos, los tres chicos parecían poco más que lammers, usuarios muy poco avanzados, que normalmente harían un uso lúdico de la red y poco más y que
lo que pretendian hacer era una pagina de homenaje y que les pillo de sorpresa el que se empleara para pegar convocatorias.
Esto viene reforzado porque hicieran los blogs en Skyblog, un servicio de blogs gratuítos que es el equivalente francés del MSN-Spaces entre nosotros, con un perfil de usuario muy similar.
Aseguraban los periódicos que no se conocían entre si, seguramente sintieran a los otros, si habían dado con ellos en la red, como competidores. La competencia, en redes distribuidas y sobre todo en el marco de un naciente swarming, se convierte en cooperación (coopetencia le llamaban los gurus cursis de las puntocom). Pero evidentemente esto no quedaba en los tres nodos originales: esa pretendida perifería electrónica pronto movería masas en todo el país, demostrando la potencia técnica de las nuevas herramientas que descubría: Como escribíamos en su momento:
Todo apunta hoy a un swarming generalizado pues el proceso de extensión y acumulación de la revuelta continúa. Esta noche, en Grigny, los enfrentamientos han dado un salto cualitativo: una mob de unas doscientas personas ha enfrentado y rodeado a la policía. El conocimiento técnico acumulado y difundido en la blogsfera y la capacidad de autoorganización de las redes formadas en la calle mediante móviles, empiezan a poder medirse e incluso a sobrepasar los medios tradicionales de los antidisturbios. La noche es del móvil, el día de los blogs. El móvil es la herramienta de coordinación en la acción, el blog de extensión y aprendizaje de las experiencias nocturnas.
La multiplicación de nodos (blogs) fácilmente interconectados entre si (a través de los comentarios), generó un medio de comunicación específico y distribuido, una subblogsfera alojada en Skyblog que en muy poco tiempo se convirtió en todo un ecosistema informativo, a pesar de haber aparecido, como hemos visto, muy tóscamente. Un subsistema donde emulación y competencia generaron como resultado un óptimo acumulativo (de conocimiento), al permitir muy rápidamente alcanzar la masa crítica de blogs nuevos e implicados, y por tanto fueron las bases de una cierta forma de cooperación social
MsnSpaces o la supuesta periferia española
Ahora vayamos al caso español, pensemos en el famoso macrobotellón o en el escándalo formado a partir de la descripción que Dan Brown hacía de Sevilla.
El primer ejemplo movilizó a miles de chavales mediante SMS, mail, foros
y spaces. El segundo, como es típico en esa red social, combinó spaces con cadenas de emails. Hemos localizado más de dos centenares de blogs de MsnSpaces que refirieron o copiaron el alegato contra el libro de Brown.
Ambos movimientos, botellón y affaire Brown, han modificado la agenda pública como la blogsfera convencional, pretendidamente central, no había conseguido hasta ahora. Es lo propio de un entorno distribuido:
la perspectiva no es la división entre una blogsfera influyente o decisiva por si misma y una blogsfera comparsa. La masa crítica de lectores necesaria para que haya influencia se puede alcanzar, y es previsible que así siga siendo, por muchos subconjuntos de blogs diferentes.
Y no me cabe duda de que el mundo de los MsnSpaces contiene a muchos de esos subconjuntos que no necesitan para nada de los presuntos grandes conectores para traducir sus visiones en movilización y debate público.
Las sentadas por la vivienda digna: ¿un movimiento de príncipes destronados?
Es más, esto me lleva a reflexionar sobre las movilizaciones convocadas para el 14 de mayo por la vivienda. Me parece cada vez más sospechoso que describan sus objetivos como demostrar que los jóvenes españoles piensan en algo más que en el botellón, a sabiendas de que sin unas reinvindicaciones claras orientadas a una administración concreta, y por tanto sin un análisis mínimo, difícilmente se va a conseguir nada.
Me pregunto, al fin, si tras ellas no habrá mucho príncipe destronado que intenta hacer una demostración de fuerza tras darse cuenta de que a la hora de la verdad no está en el centro de nada, porque los movimientos nacidos de las redes distribuidas, al final generan sus propios centros para cada acción. Miraron con desprecio a ese proletariado digital que se empeñaba en existir, cambiar la agenda pública y mover a miles de personas sin su consentimiento y bendición
y se equivocaron.
Lunes, 15 de Agosto de 2005
A lo largo de los anteriores entregas de esta serie de posts nos hemos aproximado a entender el significado social de la diversidad. Intuitivamente entendemos que la aceptación de un mayor grado de diversidad supone una mayor libertad efectiva para el individuo, es mayor el campo de alternativas que se le abre a la hora de crear y ordenar su vida. La diversidad, o al menos la consecución social del grado de diversidad que le permitiría ser aceptado, aparece para el individuo como un fin en si mismo, como un sinónimo de libertad real.
Sin embargo, la diversidad tiene un coste, en la medida en que tolerarla supone aceptar que recursos sociales valiosos sean destinados a objetivos que no son los determinantes en el sistema en un momento dado. Y si una sociedad, una cultura, acepta un determinado grado de diversidad es porque ese grado, ese nivel de coste, es compatible con sus fines. El fin de toda cultura en realidad no es otro que maximizar la supervivencia del medio social para un entorno históricamente definido. La cultura entiende la diversidad como una herramienta.
Como veíamos todos los sistemas económicos buscan mantener de forma más o menos automática un cierto equilibrio entre una cosa y otra, entre innovación y desarrollo de lo existente. Lo hacen orientando a los innovadores hacia sus propios fines (la supervivencia del sistema). Por ejemplo, en nuestro sistema económico el sistema de patentes y derechos de autor asegura -mediante un monopolio temporal de la explotación de las creaciones- un premio automático para aquellas obras que conocen el éxito, que son valoradas por la comunidad mediante el propio mercado ya existente. La finalidad es doble: por un lado se incentiva así a los innovadores, pero no a todos, sino sólo a aquellos cuyos resultados son explotables, útiles dentro del marco aceptable en un momento dado.
Ese premio selectivo (no a la innovación, sino a aquella que tiene sentido para la comunidad) tiene a su vez un coste: la extensión de la innovación, su repercusión social, se retrasa artificialmente. La mal llamada propiedad intelectual supone un pacto implícito: La comunidad acepta el coste del retraso a cambio de que la innovación dominante sea la que se produce dentro del sistema de valores imperante.
Por eso, las dos veces en que históricamente los derechos de autor y el copyright han aparecido legalmente coinciden con periodos en los que se parecía estar viviendo el fin de la Historia. Primero, aunque de manera tentativa y más como declaración que como realidad, aparecieron en la Revolución Francesa, que soñaba con estar reestableciendo el orden natural de la sociedad de una vez y para siempre. Después, de forma ya sólida, a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando la revolución industrial había tocado a su fin y parecía que el sistema social se había estabilizado, que el progreso sería definitivamente cuantitativo y no cualitativo (por cierto que los que pensaban que jústamente lo que tocaba era un cambio cualitativo -anarquistas y comunistas, pero no sólo- chocaban sobre todo con el sistema de propiedad).
De hecho el sistema de propiedad intelectual, limitado eso sí a los aspectos industriales y vedado a la ciencia (a la que hubiera paralizado), pareció funcionar bastante bien hasta ya avanzada la segunda postguerra mundial.
Ocurren entonces dos fenómenos relacionados que cambiarán todo: por un lado el valor de la producción se traslada hacia los componentes creativos y científicos. Por otro, la misma organización de la producción se torma más compleja, incentivando el desarrollo de tecnologías de la información y la comunicación. A finales de los 60 empezará a verse como el sistema de incentivos (que es la forma económico-institucional de un sistema de valores) hace aguas y deja de generar competencia.
Pero es a mediados de los 80, con Internet en pleno desarrollo y con el software como una de las grandes industrias mundiales, cuando los llamados efectos red empiezen a señalar a los economistas que las cosas están cambiando. El efecto red incentiva a los autores a poner las menores trabas posibles a la extensión de sus creaciones minando el concepto mismo de monopolio temporal en el que está basada la propiedad intelectual. Por ejemplo, la clave del triunfo del html y el protocolo http de Tim Berners-Lee sobre Goopher residió en que el británico aseguró su caracter libre, de dominio público, dando certeza a los desarrolladores de productos derivados (como los navegadores o los editores web) de que podrían innovar partiendo del punto en que lo había dejado Berners-Lee en libertad, sin restricciones, derechos morales ni pagos de patentes.
Al mismo tiempo, la propia tecnología de Internet facilita la reproducción de cualquier contenido digital, hace que el coste de descarga de una unidad extra de un programa, canción o libro electrónico sea cero
y cuando el coste marginal es cero, el precio competitivo también lo es. Los autores (de software, de libros, de música
) irán descubriendo poco a poco (aún están en ello), que su interés pasa por la distribución gratuita de los formatos electrónicos de sus creaciones a través de Internet.
Resumiendo: La propia lógica económica de los efectos de red unida al desarrollo de Internet da incentivos para que los autores renuncien tanto a los llamados derechos económicos (el copyright) como a los morales (control de las obras derivadas).
Volviendo a nuestros términos: el sistema económico generado por las redes de comunicación distribuidas como Internet, empuja hacia el fin del dilema innovación/ cohesión, ya que la cohesión (la extensión de la innovación) es una condición pareja al triunfo de la innovación.
Para triunfar hay que convertirse en estándar, aunque sea por un breve periodo de tiempo. Para hacerlo es conveniente renunciar a los derechos generados por ese monopolio concedido por la ley que llamamos propiedad intelectual. Y lo más sorprendente: los grandes triunfadores de la innovación lo hacen precisamente porque renuncian a medir su éxito según el sistema de incentivos dominante: Diffie en la matemática aplicada, Tim Berners Lee, Richard Stalman o Linus Thorvalds en el software, o el colectivo Wu-Ming en la literatura, representan una nueva ética del triunfo y del trabajo que resulta mucho más dinámica e innovadora. Imponen estándares (es decir son competitivos) precísamente porque facilitan su extensión a todos (ampliando la cohesión social) y gracias precisamente a permanecer al margen del sistema de incentivos bajo el que la lógica de la patentabilidad, el copyright y el derecho de autor fueron creados.
Estamos en un momento de transición, de confusión. Las viejas organizaciones empiezan por mera supervivencia a absorver la nueva lógica en su interior, aparecen nuevos tipos de organización que intentan formas nuevas, al tiempo que contínuamente se extienden los campos en los que el viejo sistema de falsa propiedad es puesto en cuestión: matemática aplicada, software, música, literatura
Los economistas elaboran modelos que nos demuestran que el sistema de derechos de autor, patentes y copyright ya no es necesario para incentivar la innovación en ninguno de sus respectivos campos
Pero lo que es claro es que lo que la tecnología nos ha abierto como posibilidad es un mundo nuevo. Un mundo donde el dilema entre cohesión social y diversidad ya no existe o es muchísimo menos dramático. Y que para que ese mundo se acerque, como el propio sistema económico parece reclamar más allá de las numantinas resistencias de los actuales beneficiarios del privilegio, la propiedad del conocimiento y la creación debe ser devuelta a la comunidad que los hace posible. Lo que hace un siglo era un avance es hoy un freno. El futuro no tiene copyright.
Jueves, 23 de Junio de 2005
Los dos últimos posts son un pequeño tour intelectual a partir de John Stuart Mill. En el último, llegamos a algo interesante, la conexión entre diversidad y cooperación social. Antes, en el artículo cuya lectura me puso en marcha, Juan Urrutia abordaba esta relación por otro lado, como resultado de la complementariedad de factores a corto plazo.
La idea, desde el punto de vista evolucionista es que ni siquiera importa la complementariedad ahora. Puede que el otro, el diferente o minoritario, el freaky, no aporte ningún factor que sea complementario al nuestro en este momento. Pero puede que sí que lo sea mañana porque no sabemos como será entonces el entorno en el que nos movamos.
Si no sabemos cuales van a ser los factores que serán necesarios mañana para seguir vivo, la diversidad se convierte en una forma de cooperación necesaria para la supervivencia (no sólo colectiva, sino propia) a medio y largo plazo, tanto o más que la competencia a corto.
En este marco podemos definir la competencia como la lucha por obtener más recursos más eficientemente. Esa lucha es fundamentalmente un proceso de aprendizaje y superación por parte de cada individuo y por cada grupo en su forma de organización. Normalmente está basada en un sistema de incentivos que premia la innovación exitosa con una parte mayor de lo mismo que se ha producido. Los resultados para los individuos se miden en % de producción apropiada y para el conjunto en eficiencia paretiana, productividad, etc.
La cooperación en cambio se mediría como porcentaje de la producción redistribuida. La lógica es que una vez obtenidos los recursos, una vez mejorada la máquina social, toca hacer extensivos también las consecuciones a los que protagonizaron innovaciones no triunfadoras o simplemente siguieron como hasta ahora. La medida de esa redistribución, cuánto viene a caer en manos del que no participó de la apuesta, vendría a representar en cuanto valoramos la diversidad. Dicho en otras palabras, cuanto valor damos hoy a la posibilidad de que nos sean útiles mañana.
Todos los sistemas sociales desarrollan formas de competencia y cooperación, aunque no siempre bajo el mismo sistema de incentivos. El denostado mercado también distribuye los incrementos de riqueza generados entre aquellos que no participaron de su generación. Por ejemplo, una mejora tecnológica que aumente la productividad. Aunque se localice en un sólo sector y en una sola empresa, todos los agentes acaban viéndose beneficiados por ella. Otra cosa es que esa redistribución se considere insuficiente o que los mecanismos a través de los cuales hace extensiva sus ventajas al resto de la población puedan parecer contradictorios a corto plazo. En este ejemplo es muy probable que el cambio tecnológico produzca paro a corto aunque mejore el poder de compra a largo. Lo corto que sea el corto plazo y lo largo que sea el largo plazo dependerán de la estructura del mercado de trabajo, de las regulaciones generales, del grado de concentración industrial, del grado de internacionalización de la economía y de otros factores
Pero el caso es que, se pinte como se pinte, existe redistribución y cooperación cohesiva en el mercado.
Ahora, la extensión del conocimiento, la redistribución de las ventajas obtenidas por la innovación triunfadora, dependen sobre todo de la extensión social de lo aprendido.
Patentes y propiedad intelectual son sistemas que buscan incentivar la competencia a costa de la cooperación. Lo nuevo no se hará extensivo durante un periodo determinado (75 años en según que casos), no porque los demás no quieran seguirlo, sino porque legalmente estará garantizado que no se extienda, que ningún otro distinto del patentador podrán hacer uso de ese avance sin pagarle una renta extra directa.
¿Es esto erróneo? Pues depende, a fin de cuentas, si sabemos que los factores de supervivencia y éxito de la comunidad son estables ¿de qué me valdría la diversidad? ¿por qué dejar que el mercado redistribuya y desarrolle la cooperación? ¿Por qué no ir más rápido hacia donde sabemos se irá indefectiblemente, favoreciendo la competencia a costa de la cooperación y más allá del mercado mediante un monopolio temporal sobre la invención asegurado legalmente?
Lo que parece claro es que si bien un mundo donde esto fuera así, donde las claves de todos los futuros posibles fueran conocidas, es imaginable, es seguro de que no es nuestro mundo. Ni el que conociera Mill.
Y ahora volvamos a traducirlo a términos teológicos: ¿cuando tiene sentido el desprecio de la diversidad? Cuando conozco los designios de Dios, cuando sé que es manifestación de la voluntad divina y qué no. Por eso, la batalla por la diversidad es al fin una batalla entre los que parten de la incognocibilidad de Dios y los que parten de su conocimiento completo, de los que creen saber que hay teleología, que toda la Historia se encamina hacia un punto, hacia un final, y los que asumen que seguramente no sea así y que si en todo caso fuera de ese modo, sería imposible saber cual es el destino deseado.
No vivimos una guerra de civilizaciones ni entre religiones, vivimos una guerra entre los distintos avatares de un Ozymandias iluminado e integrista y los demás, seamos devotos, deicidas, politeistas, agnósticos o simple y modéstamente, humanos.
Pero, entonces ¿qué hay de rigurosamente nuevo en nuestros días? Mucho. Empezando porque a lo mejor, la sustituibilidad entre cooperación y competencia, entre fomento de la superación y valoración de la diversidad se está extinguiendo. Y con ella de algún modo muere Darwin y vuelve Blake
Es difícil entender el impacto que la tardía publicación de las teorías evolutivas de Charles Darwin causó en su momento. Creo que sólo sería comparable a la revolución newtoniana, cuyos hijos directos (entre ellos toda la teoría económica) siguen formando parte de nuestras herramientas básicas de comprensión del mundo.
La pregunta a la que respondía Newton era la de la unidad (¿por qué y cómo las cosas interactúan todas entre sí?). Newton, que nunca abandonó una motivación mística, buscaba, nos cuenta Keynes, la ley del amor. En un momento dejó de creer en la literalidad del texto bíblico y empezó a pensar que la ley divina debía de estar escondida en algún otro lado
Tras un primer coqueteo con la Kabalah, su práctica de la alquimia le lleva a la hipótesis de que la Ley está implícita en cada elemento creado y es expresable en la lengua universal divina, la de las proporciones
En búsqueda pues de la expresión matemática de la ley del Amor llega Newton a preocuparse por el amor entre las cosas. Por la Gravitación. Smith lo leería de un modo similar, convirtiendo la iniciativa individual en el trasunto social de la gravedad y la sociedad en un mapa de vectores de fuerzas newtonianas que milagrosamente, atendiendo a un orden implícito e invisible, produciría, como entre los cuerpos físicos, un equilibrio final.
Que la mano de Dios se manifestara a partir de lo que para los individuos no era sino competencia y superación en el límite, no era pues ninguna novedad para el hombre culto victoriano. La idea de la Naturaleza como un entorno competitivo era algo evidente si leíamos a Newton desde Smith. Lo revolucionario de Darwin estaba en otro lado. Y no, no estaba en la negación del creacionismo divino. Más allá de los titulares periodísticos, Adán y Eva no formaban parte ya de la literalidad de las creencias de muchos.
Lo verdaderamente trascendente de Darwin atendía a otra cosa. A la diversidad. La diversidad en la unidad de la voluntad divina había preocupado ya a todos los pensadores cristianos de la Era Moderna y en particular a Leibniz. Darwin respondía pues a algo con gran sustrato anterior, a la madre de todas las preguntas.
Darwin responde a por qué hay tal diversidad de especies, por qué partiendo de la unidad orginal -el plan divino- atestiguada por los geólogos (que iban por entonces bastante desencaminados en la datación) se había llegado a una diversidad tal de especies. Es más, ¿por qué aparece la diversidad? ¿Por qué no hay un ganador en la carrera evolutiva? ¿Por qué muchos y no uno? ¿Es que Dios no tiene una única respuesta? ¿No hay acaso unidad en Dios? De un golpe, rompe el nudo gordiano de la preocupación teológica que había alimentado el pensamiento europeo (cristiano) sobre la diversidad.
No es de extrañar por tanto que los dos descendientes de Darwin en las ciencias sociales, los dos primeros darwinistas sociales no hubieran sido educados en la tradición cristiana. Desde mi punto de vista son además los dos grandes genios de su época: Marx (de familia judía descreida) y Mill (educado en el benthamismo).
La conexión de ambos con Darwin es explícita. En el caso de Mill, como comentábamos, el objetivo es explicar (tal vez con fuertes motivaciones biográficas) que la diversidad de individuos, de comportamientos, de actitudes, objetivos y morales, lejos de ser una amenaza a la comunidad es la garantía de su supervivencia. En el caso de Marx -al que Engels compara directamente con Darwin en el prólogo, creo, del Manifiesto Comunista- el objetivo es explicar la diversidad de sistemas de organización económica y social (modos de producción) y su dramática subsunción en el capitalismo.
No encontré en Marx nada de moralina antidarwiniana. Mucho menos en Mill. Al revés. Sin embargo, tanto por la inevitable influencia del sentimentalismo cristiano a lo Disraeli que periódicamente contamina tanto a liberalismo como sobre todo a las tendencias socialistas y socializantes, pronto el término darwinismo social , asociado en principio a Spencer pero sobre todo a autores menores como Summer, se convertiría en tabú.
Ni Summer ni el mismo Spencer habían entendido a Darwin: no sólo la supervivencia no se restringe a la especie más fuerte, ni siquiera dentro de ella sobrevive sólo el más fuerte. Porque la supervivencia no depende de un único factor y porque los mismos factores que permitirán sobrevivir mañana seguramente sean diferentes a los de hoy. En la naturaleza, como en el mercado, sobreviven muchos y muy diversos. Y es esa diversidad el verdadero misterio original. Misterio cuya lógica al fin desvelada reside en la especialización y en la generalización de lo aprendido con ella, es decir, en la cooperación tanto como en la competencia.
Nadie rompería el tabú de la condena moral del darwinismo social. Nadie recordaría cual era la verdadera aportación de este. Ni desde los liberales post-Mill (que se centrarían una y otra vez defendiendo el benthamismo implítico en la teoría económica frente a economistas católicos a lo Pareto y Schumpeter empeñados en extirpar el utilitarismo de la teoría del valor) ni mucho menos desde la izquierda. Y al no hacerlo, ambas teorías perdieron una parte fundamental de su comprensión de la diferencia y del papel de esta en la unidad. Y esto tiene mucho, pero mucho que ver con la actitud frente a Internet, la sociedad red y todo lo que representa
Miércoles, 15 de Junio de 2005
Sherlock Holmes es ya un tópico, un arquetipo que no nos asombra en absoluto. Originalmente era tal el shock que provocaba que la cultura popular ha tardado casi un siglo en vacunarse completamente a través de mil avatares, de los cuales, el penúltimo (Grissom, de CSI Las Vegas) se permite incluso ser políticamente correcto hasta el hastío.
Este proceso de asimilación era necesario porque Holmes planteaba, en su ser, cuestiones realmente profundas en un tiempo, la primera globalización, que obligaba a enfrentarse a algo realmente amenazante: la diversidad.
Se cerraba el dibujo del mapa mundi y no cabía pensar ya que estuviera dividido en civilización (cristiana) y barbarie. Es cierto que siempre lo más terrible en Holmes viene del remoto extranjero (desde los mormones del Estudio en Escarlata al primo asesino de El Perro de Baskerville pasando por las flechas de curare que no recuerdo muy bien en que aventura salían). Pero frente a la oscuridad y lo terrible de ese mundo externo y ajeno que al abrirse al comercio y la exploración traían el oscurantismo y la perfidie a la tranquila metropoli británica, Doyle ofrece una solución que aporta certeza: la confianza en el poder la ciencia. Y esa solución viene de la mano de un auténtico freaky, un tipo raro, solitario, probablemente gay, con escasas habilidades sociales y adicto a los opiaceos. Recuerden, Inglaterra victoriana. El tipo, un cromo: obsesivo, asocial y nada, nada convencional. La clase de persona que en el imaginario popular de la época se dedicaba a las ciencias aplicadas.
Personalmente siempre me imaginé al bueno de Sherlock hecho a la medida de William Stanley Jevons (1835-1882), quien a todas luces era más excéntrico que el detective de Baker Street. Aunque parece que en realidad la figura está inspirada en un profesor de anatomía del propio Doyle.
La primera aventura de Holmes se publicaba en 1887, diecisiete años después de On Liberty de John Stuart Mill. Siempre me asombró que los que histérica y violentamente se reclaman como liberales, nunca citaran este libro ni lo colocaran entre sus obras de referencia. Para mi, como la propia autobiografía de Mill (una auténtica vida de freaky que me hizo saltar las lágrimas de emoción en el penúltimo año de facultad), ha sido uno de los libros más influyentes tanto vital como intelectualmente. De él fuí inevitablemente a sus textos sobre la cuestión femenina y la cuestión obrera, influidos cuando no escritos, por ese maravilloso personaje que fue Harriet Taylor, cuyo modelo analítico puede rastrearse sin grandes problemas en lo que sigo escribiendo a día de hoy y que en aquel momento me dieron un primer buen basamento en mis debates con las ideas autoritarias imperantes entre la progresía.
Estoy seguro de que mis antiguos alumnos de la Carlos III allá por 1999 y 2000, recordarán todavía las lecturas dramatizadas, los debates sobre On Liberty
Y yo recordaré siempre cómo se emocionaban, cómo entendían que aquello, una argumentada y hermosa defensa de la diversidad, hablaba de ellos y para ellos. Como entendían que el derecho a ser diferente, a tener un espacio, a vivir y ser de un modo distinto, no sólo permitía a los freakies ser felices e innovar, sino que era la única garantía de la que la comunidad podía dotarse ante un mundo en cambio permanente donde los patrones comunes y aceptables hoy de nada podían servir mañana y en el que lo que hoy parecía inutil o absurdo, inmoral o fuera de lugar, mañana podía pertenercer a esa base de consensos necesarios en cuya defensa salen siempre los conservadores de toda condición muertos de temor frente a la diversidad.
Estos días me estoy acordando mucho de Mill. Seguro que pensáis que por las demostraciones de pánico que a algunos les genera el reconocimiento legal de la existencia de homosexuales. Pero no, no es por eso. La responsabilidad recae más bien en un libro maravilloso: The curious incident of the dog in the night-time. Una novela de detectives postmoderna contada en primera persona por Christopher Boone, un chico de 15 años con sindrome de Asperger. En la cruda prosa, no sólo está Holmes, estamos nosotros, los freakies de JS y Harriet, y sobre todo -ninguna vergüenza me da confesarlo- me siento yo. Escribe Christopher:
Sherlock Holmes had, in a very remarkable degree, the power of detaching his mind at will And this is like me, too, because if I get really interested in something, like practising maths, or reading a book about the Apollo missions, or Great White Sharks, I dont notice anything else and Father can be calling me to come and eat my supper and I wont hear him (
) Also Doctor Watson says about Sherlock Holmes his mind was busy in endeavouring to frame some scheme into which all these strange and apparently disconnected episodes could be fitted
Seguramente leyendo esta novela el público de hoy podrá sentir algo parecido a lo que un victoriano británico sentía al leer a Doyle. Igual que esa sensación de frame some scheme into which all these strange and apparently disconnected episodes could be fitted, que todavía sentimos muchos con JS Mill, se multiplica y actualiza en las nuevas líneas de trabajo de Juan.
Leyéndole se entiende porque entre el caleidoscopio de Brewster, que muchos pensaron un juguete inutil, y los grandes telescopios de hoy, que sólo son robustos gracias a la diversidad, hay una línea directa. Por eso creo que hoy, lo que toca, sigue siendo construir caleidoscopios, apostar por la diversidad. Que es hacerlo por la libertad. Como siempre. Pero en un mundo que vuelve a cambiar y dónde un nuevo tipo humano, todavía considerado freaky, acabará siendo el que aporte las nuevas pautas que permitan a la comunidad sobrevivir. Lo bonito es que todavía no se sabe cúal es. Aunque nos podemos ir haciendo una idea, ¿no?
Domingo, 8 de Mayo de 2005
Celebramos el fin del segundo fin de semana del curso de análisis de redes en el Kaishii (Alegría). Es el cumpleaños de Cris y viene al café. Pienso que es imperdonable lo mío. Cris merecería un mundo, ¿por qué soy tan desastre que no enteré hasta ayer? Mañana habrá que celebrar de verdad, descansado y bien, con ideas nuevas tras el sueño. Con una mañana de sol para buscar un regalo alegre y luminoso como ella que tanta luz y calor me dió en los peores momentos de estos años.
De vuelta a la ofi voy pensando en un trozo de conversación que salió en la comida. María comentó que en Ikea usan linux. Yo bromeé que era coherente con que los usuarios andaran montándolo todo. “¿Te imaginas que regalaran una llave allen con las distros?“. Y la lucecita se encendió.
De repente recordé:
Estaba febril de agitación. Había arrancado su vida del programa por fin. Todo era diferente. Veía todo desde un angulo fresco y nuevo: con ojos de bricoleur. Su vida entera había estado esperando esta retroalimentación. El conocimiento no era el poder. Pero el don es real. Esa es la razón para programar, para crear, No por dinero, hay más dinero en recoger cartones. No por el poder, eso está en el management. Por el propio don. Pero es un todavía un buen trabajo. Un hombre no se convierte en un ludita por trabajar para las personas en vez de por abstracciones. Las tecnologías verdes requieren más inteligencia, más sensatez, más del verdadero don de un ingeniero.
Porque son una revuelta contra el momento ciego de un siglo muerto con todos sus monumentos oxidados de arrogancia y asco
Eso es
Linux, la devolución, ubuntu
son las llaves allen de una nueva forma bricoleur de ver el mundo, verde en el sentido que usa Sterling, esto es hacker o chapuzas como decía mi maestro Juan Urrutia. Se trata de entender que lo que se trata no es tanto de avanzar como de abrir mientras se avanza. De lo que se trata no es de atraer riqueza, inversiones, velocidad
Porque, como bien cuenta Juan explicando por qué no invertimos en Africa, jugar hoy las esperanzas del desarrollo en las capacidades espontáneas del capitalismo para generar riqueza es poco menos que ilusorio si limitamos el capitalismo a sus formas de propiedad pública y privada clásicas. Simplemente porque a lo mejor los incentivos no van en el sentido que querríamos y las viejas políticas y herramientas del estado nacional no pueden cambiarlos.
La alternativa verde que esboza Sterling, la chapuza que elogia Juan Urrutia no es otra cosa que reinventar y crear nuevas tecnologías con los desechos que nos legó el siglo muerto.
Lo decía hoy en clase Miguel Querol, un interesante alumno del curso de redes: los microcréditos, las radios de cuerda, el permanente reciclaje de conocimiento colectivo y abierto que es Linux
todo eso son las nuevas tecnologías que están revolucionando el mundo. Tecnologías como el software libre que llevan asociado un nuevo concepto de propiedad en el que la cooperación y la competencia no son antagónicas y en el que por tanto el avance económico y técnico no ponen en jaque la cohesión en y entre las sociedades sino que la fomentan. Tecnologías que nacen de la lógica del bricoleur y que hacen que las viejas dicotomías crecimiento/reparto que alimentaban la lógica política tengan cada vez menos realidad.
Pero la ética y la épica del bricoleur van mucho más allá. Hasta la vida cotidiana, al disfrute, el trabajo y los afectos. Vivimos en un tiempo de construir. Un tiempo que nos ha dado una llave allen a cada uno. Usémosla.
“Triunfo de lo pequeño“, ese es el I-ching del siglo.
Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just
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