La verdad es que no puedo quejarme, antes empiezo a escribir y documentar qué es y qué representa el sionismo digital y antes me llaman de la radio a hablar sobre Second Life, seguramente la mayor comunidad política de ciborgs del mundo.
Sí, lo han oido bien. La gracia de Second Life, hasta el momento el proyecto de Sión Digital de mas éxito, reside jústamente en esas dos características, ser una comunidad de ciborgs y definirse como un espacio político. Como muestra de hasta qué punto se trata de un espacio político -y no sólo económico y de socialización interpersonal- les invito a ver el vídeo de las manifestaciones de anteayer.
La realidad del ciborg y los espacios virtuales
Ayer en la radio la presentadora de A vivir que son dos días me preguntaba si no había peligro de confundir la vida real con la vida en Second Life. Yo le respondí, que la gracia está en que es real. O al menos real en el mismo sentido en que lo es una comunicación “normal” por videoconferencia. Las personas que están al otro lado son reales, existen y nos perciben como nosotros les percibimos a ellas.
La presentadora respondió algo del tipo “pues ya veo que no hay peligro, definitivamente te has vuelto loco” ![]()
Y es que hay un cierto rechazo instintivo al ciborg, un prejuicio que niega la realidad de las convenciones que nos permiten representar consensuadamente el mundo, cuando pasan de cierto límite. Nadie duda de la realidad de un consejo de administración mantenido mediante videoconferencia porque esa realidad alterada, extendida, que perciben, se presenta como reproducción digital de un entorno analógico.
Pero ¿Qué pasaría si cada consejero pudiese elegir su avatar, si los fondos de salas de reuniones fueran sustituidos por un pequeño teatro en mitad del campo? El resultado sería muy similar al de la última conferencia que pudimos ver en la isla que la Universidad de Harvard tiene en SL.
La invasión y el futuro
Second Life tenía esta mañana 289.191 residentes registrados interactuando como ciborgs. Si mantiene el ritmo actual de crecimiento bien podría llegar al medio millón a finales de este año.
Su diseño social, basado en el principio de generación de escasez, le convierte además en un buen negocio. Latopología del sistema obliga a depender del monopolio de la empresa Linden Labs para poder disponer de espacio en ese metaverso
No creo sin embargo que el futuro sea vivir en un país virtual con cualquiera. No basta con tener una isla digital propia para invitar a clientes o amigos. Tarde o temprano, cuando la experiencia ciborg se extienda y se convierta en una forma más de comunicación social, no tardará en aparecer un software que utilizando el ordenador o la consola personal nos permita conectarnos y compartir el espacio virtual con quienes queramos. Un software que modifique además la geografía global de nuestro Sión digital consensuado cada vez que aparezca o se vaya de la red alguien de nuestro entorno.
Ese día los ciborgs del futuro próximo descubrirán la plurarquía como su sistema político natural y el metaverso se fracturará en la libertad probabilística.



