Prefacio al nuevo libro de Beatriz Calvo
Decía Fernando Flores que “la calidad de un país es la calidad de sus conversaciones“. Y la verdad es que pocas cosas hablan tanto de las identidades dominantes en las Américas -y por tanto de los posibles futuros que nos vienen- como sus blogsferas. Sólo ésto justificaría ya el esfuerzo de este libro: cartografiar las temáticas de una serie de blogs que se identifican como cubanos dentro y fuera de la isla de Cuba es todo un ejercicio de prospección.
Lo interesante hoy por hoy del contraste es ver como son los moldes y perspectivas del relato en el que las personas se cuentan a si mismas. Como escribe Milena Recio(*) en un texto citado por Anidelys Rodríguez(*):
La “Cuba” en torno a la cual se narra, o se describe, y que constituye el eje principal de estos discursos pasa a ser habitualmente, no ya una identidad habitada o construida por la “ligera cotidianidad” –el día a día– sino una cápsula homogénea, trascendente, grave, donde prevalecen causalidades, tópicos y enfoques macropolíticos, macrohistóricos, macroculturales. El sujeto-parlante (autor) se subsume dentro de una discursividad que lo trasciende, para que a través de él hable una colectividad, en este caso nacional, políticamente colocada.
El bloguero levanta su voz llevado por la necesidad de relatar esa “excepción cubana” que le impone una responsabilidad de informar, de transmitir “la verdad” frente al mundo. Lo verdaderamente interesante de esta lógica es que revela un molde narrativo que es estructuralmente idéntico en La Habana, Miami, DF, Buenos Aires, Bogotá o Caracas: el nacionalismo clásico que explica permanentemente la realidad nacional como una excepción frente al mundo, osea, frente a la realidad a secas.
Seguramente sea la constancia y extensión de este molde identitario el fenómeno más preocupante en cualquier análisis de la blogsfera en América… y de hecho la causa de la inexistencia real de una blogsfera global en lengua española. Asumir la idea de la excepción nacional impermeabiliza ante la interacción frente al foráneo (por definición ajeno) y destruye al tiempo el sentido de los nacionales fuera del terreno nacional (si todo cuanto atiende a esta realidad es excepcional y tiene causas endógenas, cuanto sé y pienso tampoco tiene validez fuera). En el extremo: autismo y aislamiento nacional tan sólo roto por la omnipresencia de EEUU en los relatos. Espejo o antítesis según los casos, el Imperio sirve en el cuento a la fortificación de la excepción nacional… aunque realmente ni siquiera le necesite: toda identidad nacional en cualquier lugar del mundo, está siempre atrincherada, siempre jugando a un eterno espiritismo donde el sujeto se convierte inevitablemente en medium de un colectivo imaginario e histórico, independiente de hecho hasta de la opinión de los vivos, ya que la nación como hecho histórico, como destino, no puede someterse siquiera a duda o cuestionamiento.
En general, el nacional es un huérfano o un autista que tiene dificultades para crear sentido fuera de la relación con su estado-territorio-nación. Por eso los estados nacionales se dotan de ese folkror de animales nacionales que mueren al salir por la frontera estatal, desde el coquí portorriqueño al lince ibérico pasando por el tocororo cubano (que por cierto fue recientemente descubierto -algunos dirán que conveniente otros que premonitoriamente- en Venezuela). Animales que no son sino un modelo disneyzado de la principal virtud nacional, no poder existir fuera de las fronteras del estado y su imaginario.
En este marco, los blogs escritos desde el exilio tienen un interés especial. En la tradición nacionalista -basta recordar los textos del mismísimo Martí- el exiliado es un muerto en vida, un ser ausente de si mismo, un alma en pena. En los blogs que se definen como cubanos fuera de Cuba se demuestra cómo Internet, más que ningún medio anteriormente, permite la “portabilidad” del contexto nacionalista. Igual que es posible vivir la transnacionalidad sin cambiar de residencia abriendo las conversaciones, las relaciones y las fuentes de información propias hasta el límite de la capacidad lectora, es posible aislarse en cualquier lugar de residencia e impermeabilizarse de su agenda informativa para mantenerse casi totalmente en el imaginario de la nación más o menos lejana. Del exiliado ausente, se puede pasar a la patria siempre presente donde la ausencia es virtualmente imperceptible.
Sean bienvenidos pues en este libro al imaginario nacional cubano de principios del siglo XXI, un país virtual superpuesto a una isla, un estado y una diáspora, con sus propios altares y sus héroes, sus propias víctimas y bardos. Tan distintos, tan lejanos, tan iguales, tan cercanos a los demás que se cuentan en nuestra lengua que no pueden negar haber nacido de un mismo molde.


A propósito de este magnífico prólogo, comparto contigo esta cita de Jorge Luis Borges:
Anidelys Rodríguez el 09/05/10 a las 15:12 | Permalink } else {?>“En el Alcorán no hay camellos. Mahoma como árabe, no tenía por qué saber que los camellos eran especialmente árabes (…) un nacionalista árabe lo primero que hubiera hecho es prodigar camellos, caravanas de camellos en cada página, pero Mahoma, como árabe, estaba tranquilo: sabía que podía ser árabe sin camellos.”
En Cuba dirían – y en ortodoxia quedaría ordinario, pero me encanta -”de pinga, chico”.
Tengo una extraña relación emocional con Cuba. O, mejor, con los cubanos. Reduccionismo nacional del término aparte. Y es que me parece que se quedaron con lo mejor del colonizador y se olvidaron de lo peor, a pesar de los paralelismos entre el fidelismo y lo joseantoniano (patria o muerte).
Alguien me dijo que eran “los judíos del Caribe” y para mi calificar de “judío” es mucho más que un elogio, es un homenaje. Siempre quise una casa en La Habana. Y secretamente aspiro a mudarme allí cuando empiece el cambio, para contarlo.
Gonzalo Martín el 09/05/10 a las 17:09 | Permalink } else {?>… y, no sé. En Canarias hay un montón de cubanos. Gran Canaria debe ser uno de los puntos calientes de la diáspora cubana, y lo que he notado es que la mayoría “no intelectualizada” está loca por integrarse en al sociedad destino (bien parecida a la abandonada, por cierto, en el caso de Canarias) y si tú no les preguntas (Y en mi bloque tengo profes, médicos, etc, cubanos), ellos no sacan el tema de la “situación cubana” ni de coña. Te hablan del abandono del parque o de si está bueno el día para la playa, o de si el niño estudia o no. Otra cosa es que Cuba es un asunto de política nacional en España (y en Canarias), así que nos pasamos el día preguntándoles por Cuba y pidiéndoles que se posicionen para confirmar nuestras propias tesis. Lo que comentas del exilio es cierto, pero creo que es algo que afecta muy especialmente al exilado intelectual (escritor, etc) que al exiliado de otros oficios. Para el intelectual, separarse de la nación es verse apartado de “su” público, de “aquellos para quienes” escribe, con los que cree compartir ciertas claves. Si ha habido un gremio que se ha tragado todo el anzuelo del nacionalismo, ese ha sido desde siempre el intelectual, que, por otra parte, es el que escribe y se deja oir.
daniel el 09/05/10 a las 18:17 | Permalink } else {?>Pues no sabes lo que me alegra, porque por el mundo blogueril se ve cada cosa que asusta…
David de Ugarte el 09/05/10 a las 19:29 | Permalink } else {?>Yo estimo que el cubano que vive fuera y no vive en EEUU tiende a guardarse sus opiniones sobre el país hasta que toma confianza. En realidad, es cierto que les preguntamos para confirmar nuestra versión, pero el cubano está acostumbrado a silenciarse por miedo a lo que pueda afectar a a sus familias y a la delación (eso es típico con los actores y músicos no consagrados que siguen viviendo allí pero pueden salir regularmente). En realidad, la inmensa mayoría del exilio actual desea otra realidad para Cuba pero que no le pidan enfocarlo desde una cuestión de posicionamiento ideológico: simplemente quieren vivir como tu y yo. Ya. En general, el cubano es nacionalista y orgulloso de su país, el mero hecho de tener que hablar mal de él no le gusta aunque no le guste el régimen.
Gonzalo Martín el 09/05/10 a las 20:06 | Permalink } else {?>Me parece una generalización excesiva. No es lo mismo la transnacionalidad elegida que el exilio obligado. Igual que, viviendo en mi tierra de origen me carga el imaginario nacionalista, no sé como conviviría con la sensación de una marcha no voluntaria. No creo que lo hiciera el centro de mi vida, pero me daría algo en común, incluso a mi pesar, con personas con las que probablemente no coincidiría en nada en otras circunstancias.
Creo que para muchas personas, acogerse a ese imaginario es una forma de autoprotección, una autodisculpa por la incapacidad de hacer, o de decidir hacer que es peor, algo para cambiar las cosas. No lo defiendo, ni muchísimo menos, pero reducirlo a una etiqueta es quedarse en los efectos indeseables en vez de ir a las causas.
Estoy de acuerdo con lo que dice Daniel, la voz que nos llega es la de los intelectuales, y la que está en Internet, que por más que lo queramos creer, no es todo el mundo.
Y tampoco creo que orgullo signifique nacionalismo ni que crítica signifique todo lo contrario. La historia es la que es, el futuro… ya veremos.
Isabel el 11/05/10 a las 22:53 | Permalink } else {?>