Una de las ideas más potentes y desasosegantes de Anatema, el último libro de Neal Stephenson, es la de que para desarrollar una agenda de conocimiento propia es necesaria una cierta separación que a su vez genera un tiempo diferenciado. Una idea que por cierto, ya articulaba el Ciclo de Trantor de Isaac Asimov, la serie de ciencia ficción más leída de todos los tiempos. La idea básica de ambos relatos es que si el tiempo científico se supedita o funde con el tiempo político, su conocimiento se perderá con la descomposición del modelo de estado. Es una idea radical y difícil -pero de hecho aplicable a toda comunidad y no sólo a las científicas- que en el contexto actual de recentralización adquiere una nueva dimensión. ¿Es posible separar los tiempos de la conversación sin segregarse?
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NO!
Juan Urrutia el 30/03/10 a las 19:23 | Permalink } else {?>Pues entonces… tendremos que segregarnos, es decir, poner muros en la agenda de temas para que esos temas -los del estado y la descomposición socioeconómica- no entren en nuestra agenda. En otras palabras, por principio no aceptar lo que los media nos proponen en cada lugar como conversaciones, tomarlas como conversaciones de otros ámbitos a ser mantenidas por otros sujetos distintos a nosotros.
Por cierto que eso tiene un nombre: segregacionismo conversacional, también llamado [[sionismo digital]]. Y nosotros que pensábamos que quedaba atrás…
David de Ugarte el 30/03/10 a las 21:46 | Permalink } else {?>Mira que lo sospechaba, pero tiene algo de dureza. Por aquello de que no se vive solo. Mi condición de errático en semi-exilio interior tiene que terminar eligiendo. Ser o no ser. Dejad que ellos se acerquen a mi.
Gonzalo Martín el 31/03/10 a las 11:28 | Permalink } else {?>Pero, me añado: ¿una cosa son mis clientes y otra mi mundo de reflexión? A un cliente corriente no le puedo decir “renuncia a tus derechos, hombre”, básicamente porque no tiene un modelo de negocio alternativo. De la misma forma, si desea trabajar con audiencias convencionales no le puedo decir “pasa de tuenti”, así como así. El conflicto entre mi razonamiento intelectual, mi postura ciudadana y el día a día de aquello por lo que te pagan lo llevé a mi página personal estableciendo la diferencia. Y ahora entramos en el riesgo de aquello tan antiguo de que si no vives como piensas acabarás pensando como vives. Si no hay nada tan práctico como una buena teoría, debiera ser capaz de mostrarles cómo pueden resolver sus negocios de otra manera. En descargo, competir en un entorno legal determinado impone sus condiciones. En fin.
Gonzalo Martín el 31/03/10 a las 11:43 | Permalink } else {?>Bueno, cosas como la presentación de la cumbre UE-ALC muestran con datos alternativas mucho más potentes que, digamos, twitter… y son distribuidas y empoderadoras para los que se unen.
Y con tuenti/facebook la clave es pasar del burdo “número de fans o impactos” a una ponderación seria del valor del compromiso. No puntúa igual un bloguero que lanza un post y difunde un vídeo tuyo que un usuario de facebook que le da a un botoncito y pasa a ser “fan”.
El compromiso es una pirámide cuya base, grande y con poco valor (adhesión) es la que venden los [[libros de caras]]. Arriba quedan la [[participación]] (propia de ezines y otras herramientas de animación), más arriba la [[interacción]] que ya supone [[red distribuida]] e impulso de comunidades de verdad y arriba del todo la identidad real.
Qué abajo hay más número se compensa de sobra con que arriba hay más valor. Y eso es lo que decimos nosotros a quien quiere campañita en tuenti o facebook…
David de Ugarte el 31/03/10 a las 14:37 | Permalink } else {?>Efectivamente. Todo eso es cierto.
Trabajo en un sector donde el dinero se mueve por tamaños de audiencia y hay exigencia de volumenes siderales en poco tiempo. Si la gente deja de ver la publi de tele, que está ocurriendo y va a ocurrir más, tienen estas opciones: alargar las campañas para sumar los mismos en más tiempo, ir a sitios como Tuenti donde sus audiencias están conectadas durante los descansos y pasan 80 minutos al día (se dice pronto) o cambiar la forma de vender y comunicar.
Lo de crear comunidades se ha entendido como clubes de fans de los tiempos de Pecos, gente que viene te chilla y se conforma con una camiseta. Puede seguir valiendo para vender Axe, que se liga mucho más como todo el mundo sabe. La cuestión es cuanto tiempo vale esto. Y, mientras hay caída de guindo y el propio consumidor termina queriendo participar en comunidades reales, comunidades donde una marca tiene que ser aceptada como un igual (no lo acaban de ver así, me temo), los grupos de FB y los twitter con noticias son útiles para los objetivos marcados. Y eso es dinero a corto.
Una serie de televisión tiene que meter millones. Si le decimos que empezamos por los 30.000 del otro día, directamente nos fusilan: con eso ellos no pueden ni empezar. Uno cree que en un tiempo tirarán cohetes, pero pedirles paciencia es complejo en este estado de mercado. Buscar marcas con otras orientaciones y con menos exigencia de volumen, es una alternativa, pero su lógica de comunicación y venta no está establecida en estos terrenos, tanto por estado mental como por pura operativa. Ahora, hace año y medio, la red simplemente no existía.
Gonzalo Martín el 31/03/10 a las 17:52 | Permalink } else {?>