Ultima hora teórica. Van nueve de trabajo. Aún queda alguna más. La cabeza funciona ya en modo automático. Suena el timbre de la puerta. Un mensaje de Hacienda. El lenguaje resulta un tanto incomprensible. Tal vez es el cansancio. Va de mano en mano. Todos en la empresa lo leemos y no acabamos de entender. Hay algo que chirría. La razón no quiere entender. Consultamos a nuestra abogada. No hay vuelta. Es lo que parece.
La comunicación hace referencia a la empresa de un amigo con el que hemos trabajado alguna vez. Por lo visto la empresa de este amigo tiene una deuda fiscal de poco más de tresmil euros. Lo que el mensaje quería decir es que tenemos que comunicar a Hacienda si le debemos algo a esta empresa, porque si es así… debemos pagárselo a ellos, no a él.
La sensación es extraña. Es como si el jefe del barrio te dice que si debes algo en el bar de Antonio se lo pagues a él directamente. Obviamente el bar es de Antonio, no de él. Y obviamente Antonio no te va a dar recibo por lo que le pagues al jefe. Pero tú sabes, todos saben, que Antonio está pillado. Realmente, tú hubieras preferido no enterarte de la relación de Antonio con él. Sientes vergüenza de haberte enterado y ni siquiera sabes qué cara vas a poner cuando le veas de nuevo. Porque inevitablemente le mirarás raro. E inevitablemente se sentirá extraño, tal vez repudiado, acorralado… solo. Que es lo que el malo del barrio quería.
Llega la noche. No puedo dejar de darle vueltas. Tal vez el estado nunca fue algo muy distinto del señor que va ofreciendo protección a los comercios. Tal vez ahí esté la esencia de todo y el resto sólo sean matices y discusiones bizantinas. Adornos para justificar que vivimos en este barrio y que el jefe se considera el socio de cada uno. A fin de cuentas, ¿no se lleva más que cualquiera de los socios y hasta ahora callamos y pagamos sin protestar?




¿Ha puesto vuestro amigo vuestro contrato de garantía? ¿Está embargado? ¿En concurso de acreedores?. Pasa con otras operaciones aunque no sea el estado.
Pasa cuando en el pasado has mantenido una relación de cliente que haya supuesto por su parte una facturación superior a 3.000 euros, y “el estado” le reclama alguna cantidad (habitualmente en un concurso de acreedores)
Yo también recibí una de esas y hasta que no se lo llevé al abogado, pensaba que se me reclamaba el importe declarado :-/
Esto del estado forzándome a hacer de recaudador (impuestos y deudas), no me gusta un pelo.
A mi tampoco me gusta nada. En este caso se trata además de un pago postergado de IVA que le reclamaron pero que tiene impugnado porque realmente fue un aplazamiento que pagó en su momento pero que ahora Hacienda, ha vuelto a sacar. El famoso “error informático”.
Seguramente en cuanto lo comprueben la cosa se arregle con Hacienda para él… sin embargo lo que nadie le quita ya es el coste de imagen, todos sus clientes de los últimos años hemos recibido una carta similar…
Que mafisosos son los de hacienda.