
Hubo un tiempo en que adoraba las novelas de
Alfredo Bryce. Creo que la última que me conmovió fue
No me esperen en abril. Luego releí
El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz. Me pasó como con
Manhatan de Woody Allen, tras la revisión, cayó desde el altar directamente a las mazmorras reservadas para el machismo rancio con pretensiones de ingenio.
Hoy le condenaron por plagio. Y lo siento Martín, pero
plagiar a quince, y tan públicitados es exageradamente exagerado. ¿Pensabas que nadie se iba a dar cuenta? ¿Que lo que pasa en Perú queda en Perú? Internet llegó hace rato. Llegó para acabar con las canongías de la la mal llamada
propiedad intelectual tanto como para vindicar los
derechos morales. Los
devolucionistas no llevamos mocasines. Resulta que tú, que tanto los criticabas, llevabas los más cínicos de todos.
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