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La libertad en tiempos del capitalismo autoritario

A finales de los 80 la relación entre libertad económica y libertades políticas parecía incuestionable. ¿Quién podía negar que en la perspectiva del Este europeo democracia, desarrollo y capitalismo iban de la mano?

La masacre de Tiananmen lejos de negar el marco general parecía confirmarlo, los aires reformistas y las demandas democráticas, se decía, emergían de la naciente prosperidad que se palpaba ya en los polos experimentales de libre mercado.

Fuera del mundo comunista, las transiciones taiwanesa y coreana parecían reafirmar la idea: las libertades económicas y el libre comercio eran la puerta al desarrollo y la matriz de fuertes movimientos de reforma democrática que a su vez generaban marcos institucionales favorecedores de más capitalismo y más desarrollo.

Democracia, desarrollo y capitalismo parecían tan inseparables como evidentes. Fukuyama lanzaba su libro El fin de la Historia.

Pero miremos hoy lo que quedó de los dragones. Singapur, la empresa-estado autoritario y no la Chequia de Havel, parece el nuevo faro del mundo en desarrollo. Un faro muy al gusto de los totalitarismos en reforma económica. Lee Kuan Yew, que fuera eterno primer ministro de la ciudad, comentaba a Time:

Asesoré a Deng Xiaoping cuando visitó Singapur en noviembre de 1978. Este hombre pequeño de tamaño, pero gigante como líder, me dijo que me felicitaba por haber hecho un buen trabajo, ya que desde la primera vez que vino a Singapur y aquella visita notó que ya no era el mismo lugar, encontrándola mucho mejor. Entonces le di las gracias y le dije: “Lo que aquí podemos hacer, usted puede hacerlo mejor. Somos los descendientes de los campesinos sin tierra del sur de China. En cambio usted tiene a los mandarines, los escritores, los intelectuales y a todo un grupo de gente brillante, por lo que puede hacerlo mejor”. Y él me miró, pero no dijo nada.

Años después, en noviembre de 1992, durante su viaje de las provincias meridionales, él señaló, “aprendan de Singapur” y “háganlo mejor que ellos.” Y me di cuenta que nunca olvidó lo que le dije en aquella ocasión.

Hoy Vietnam y China lideran las tasas de crecimiento mientras el mundo mima a una China que se prepara para albergar unos Juegos Olímpicos que cada día recuerdan más a los del 36.

El modelo ruso encaja en este mapa con naturalidad y se expande por el otrora segundo mundo como una plaga: pluralismo limitado, populismo plebiscitario, culto al liderazgo providencial, lenguage bélico, desarrollo autoritario y clientelar de un estado cada vez más autónomo…

Paralelamente en los países anteriormente conocidos como libres, la tendencia, alentada desde EEUU y la UE parece orientarse al establecimiento de sociedades de control alimentadas por el miedo a las consecuencias de la globalización, articuladas por un estado cada vez más disciplinario y reidentificadas sobre una cultura política del neopuritanismo.

¿Son de extrañar en este marco las reacciones segregacionistas? ¿Los intentos de crear marcos identitarios para una polis de nuevo tipo? Tal vez los caminos de la libertad sigan la senda que lleva de las naciones a las redes…

Guardado por David de Ugarte en Destacados el Viernes, 9 de Mayo de 2008 a las 10:51 am (HI) |(0)

Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just

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