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Katrina and the waves

Aparecen las primeras cuentas para donaciones. “El mundo no lo va a entender” le comentaba ayer a Imán. El país más rico del mundo es posible que requiera ayuda internacional. Cuando vimos las imágenes del Superdome, la gente hacinada, desesperada, Imán comentó: “es Africa“. Tal vez ni siquiera lo entiendan los propios americanos.

La fragilidad. Fernando, si la prensa jingoista americana comparaba Katrina con el tsunami asiático no es por la cruel aritmética de ponderar el valor de los muertos por el cuadrado de la distancia, ni siquiera por el PIB per capita. No, lo hacen porque la comparación que le sale a la gente es con el 11S… y Katrina pone en peligro la lectura política que ésa América jingoista quiso hacer del 11S. Coloca la línea de defensa frente a la fragilidad dentro y no fuera, en el Sur y en la pobreza y no en Oriente Medio y el terrorismo… En los cimientos. En las casas.

Y eso, tampoco lo entenderán fuera de EEUU me temo. El mundo verá tal vez, otra vez, castigo donde hay injusticia y dolor. No entenderán que la mayoría de las víctimas no tienen seguro, ni les quedará un lugar a donde ir a trabajar cuando bajen las aguas. No entenderán que nadie les alojará en un hotel ni pagará su factura ningún gobierno. No entenderán la miseria. La que había antes y la emerge ahora.

Y tal vez tampoco dentro de EEUU lo entiendan. Porque es difícil de explicar que no haya medios para la evacuación. Que los refugiados concentrados en el Superdome no tengan agua ni víveres desde hace más de 36 horas y que no haya transportes para evacuarlos.

Muchos no entenderán sin duda por qué las bombas de agua no han funcionado tras la rotura de diques, ni por qué las potabilizadoras y la Guardia Nacional no estaban preparadas. Y no faltará quien recuerde que:

de los 11.000 efectivos de la Guardia Nacional de Luisiana, unos 3000 se encuentran en Iraq con la mayor parte del equipo pesado. Esto incluye generadores, bombas de agua y vehículos que podrían ayudar al esfuerzo de rescate

Por eso Bush llama a Clinton. Porque serán muchos los que recuerden qué proyectos minaron sistemáticamente en el Congreso los republicanos. Qué tipo de ejército, de logística se defendía en esos días entre unos y otros. Y tal vez, muchos echen de menos a Bill, su gente y la mirada que representaron y piensen que tienen que hacer algo más que mirar con nostalgia el ala Oeste de la Casa Blanca en la tele. Y así tal vez, tal vez, la guerra que definitivamente apee a los neocons no tenga lugar en los aledaños del Golfo Pérsico, sino que acabe de empezar en el de México.

Guardado por David de Ugarte en su moleskine el Sábado, 3 de Septiembre de 2005 a las 10:22 am (HI) |(0)

Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just

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