Cuando estudias la Edad Media cristiano-europea descubres que en el orden feudal (por ejemplo, inglés) hay mucho de derecho de conquista heredado. Las clases sociales del medioevo surgen así como proyección en la sangre del poder (y los abusos) del conquistador. El caso ibérico no fue diferente sino más tardío y por tanto más persistente. Pero mientras en Europa quedó como molde de las divisorias de clase, en su proyección americana, dado el caracter criollo de las independencias y los estados surgidos de ellas, mantuvo en buena parte su literalidad étnica. El mito indigenista actual, nace de constatar la incapacidad de ese estado nacional durante dos siglos para crear un mercado nacional y unas instituciones minimamente integradoras. Su contexto es el propio de la convivencia entre un mundo que no acaba de morir y otro que no acaba de nacer. El producto resultante no es sino una expresión de pesimismo histórico equivalente a sus contemporáneos en el anglomundo, Europa y Asia, con su irremediable tensión hacia el arcaismo reaccionario de una Edad Dorada imaginaria y sus esporádicas excursiones a la barbarie.
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