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Dicen en el boletín de los cooperativistas residentes del territorio gestionado por el estado español que “el llegar al poder en las cooperativas supone para las mujeres el poder de controlar sus propias vidas“. Me fascina la lógica bajo la expresión “llegar al poder“. Soy socio de una cooperativa que no factura mal, no soy miembro del consejo social ni administrador. Pero la cooperativa, nuestra cooperativa, sirve para enfrentar sin delegaciones el mercado y por tanto para tomar el control de mi propia vida en un aspecto fundamental. Es la democracia económica la que nos lo permite. A todos. Pensar que hace falta “llegar al poder” para eso es mentalidad de profesional del trepaje político. Esos que nunca pueden hablar claro por no hipotecar alianzas futuras. Lógica de subvencionado (y subvencionada, que son por lo visto dos comunidades separadas y no un neutro colectivo). En fin, qué coraje me da que estos mensajes reaccionarios, propios de los que viven del cuento a costa de impuestos y cuotas de todos, se manden desde nada que lleve el sello cooperativo.
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Realmente es poco afortunada la expresión y lo que defiende, porque precisamente por intentarlo recrea lo existente. Pero supongo que también sois conscientes de que convertirse en cooperativa no garantiza que todo el mundo haya recorrido ya el camino que para vosotros es pasado. Suelo ser clara en mi postura respecto al discurso al uso en temas de igualdad (prefiero hablar de diversidad) y a su pernicioso Ministerio. Alguna vez escribo sobre ello y me gano críticas de un lado y del otro. Los dos años que me tocó responder institucionalmente a preguntas sobre estos temas me lo pusieron muy difícil y me obligó a pensar y verbalizar algunas cosas. Pero lo del lenguaje tiene muchos matices. A modo de ejemplo, en 1776, el estado de New Yersey aprobó una ley por la que se reconocía accidentalmente el derecho de las mujeres a votar, al mencionar la palabra “personas” en lugar de “hombres”. No estoy de acuerdo con el tono victimista de esas y otras muchas reivindicaciones, porque no deja de ser una respuesta manipuladora a la manipulación dominante, y con eso no se arregla nada. Pero tampoco creo en la neutralidad o la ingenuidad proclamada. Hay excepciones, por supuesto. Isabel el 29/07/10 a las 9:32 pmLa cuestión es que una coop o tiene debajo una comunidad o no funciona. Esto tiene dos consecuencias respecto a este tema: Desde el momento en que poder es capacidad para inducir consensos, es infinitamente más fácil que el poder recaiga colectivamente en una comunidad que que lo detente una única persona (sea mujer o no) por ocupar un determinado puesto de gestión administrativa. Pero bien, si hay unas cuantas feministas de tres al cuarto dispuestas a aceptar implícitamente (al separar el nosotras del nosotros) el axioma machista por excelencia (esto es, que ellas son diferentes a ellos), que durante siglos se ha usado para marginarlas… pues nada. No puedo ir por ahí infligiendo finales felices, todo lo que puedo hacer es afirmar que no creo en eso. Mucho menos ahora, le pese a quien le pese, en tiempos de ciborgs. Versvs el 29/07/10 a las 10:48 pmEfectivamente David., es extraño que se hable de “llegar al poder” en ese marco y si encima le añaden sesgos, empeora. Estoy de acuerdo con la definición de poder que recalcas, Versvs, había tomado nota de ella cuando os la escuché recientemente. En lo que decís del feminismo prefiero no entrar porque por lo que he visto en los enlaces, son conversaciones que tienen su recorrido y yo no he estado. Y tampoco me gustan. Sinceramente creo que es más de lo mismo y son tiempos de nuevas realidades, que además ya existen. Isabel el 30/07/10 a las 1:15 amPoco contexto hace falta, la verdad, la cosa es como comentaba bien sencilla ¿quién compone la comunidad? ¿Compañeros y compañeras? ¿uruguayos, españoles, venezolanos,? ¿un mix nacional-feminista al tipo uruguayos y uruguayas, venezolanos y venezolanas, españoles y españolas? ¿O lo constituyen personas con nombre y apellidos? Esa es toda la alternativa: superar la comunidad de puzzle que reproduce las piezas imaginadas del gran juego de rol nacional-estatal y pasar a pensar, vivir y organizarse de una vez como comunidad real David de Ugarte el 30/07/10 a las 12:28 pmSi, esa es la alternativa, y el reto. Me gusta mucho mas que lo otro. Odio los guetos y la rigidez mental. Nunca me he sentido atada a argumentos o contextos teóricos. Prefiero pensar, y equivocarme se hace falta. Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just
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