Correo de las Indias
  1. Por aquí ni lluvia ni eclipse, simplemente nublado. Pero debe haber un congreso de gaviotas porque se mueven en grupos nutridos por toda la ciudad chillando sus conversaciones junto a las ventanas. Aunque no creo que hablen ni de la crisis, ni del partido.

  2. Bueno, las mismas preguntas habría que hacérselas a la población cuando gana un mundial. Francia no había ganado ninguno el año de Zidane y se lo pasaron en grande pensando que eran fantásticos. Ni tanto ni tan calvo. Para estas cosas, es más interesante el análisis de la demografía musuilmana en Europa que gusta mostrar al extremismo católico. Al menos, se basa en datos. Claro, que puede que sean los que leen los “decadentes”. Lo finisecular trasladado a comienzo de siglo. Lo digital es que es muy aguafiestas.

    • Bajo mi ventana, los gritos de un chico que discute con su pareja se levantan sobre los claxones, las vocinas y las vuvuzelas. Viste como si acabara de jugar el partido. A su lado, mientras golpea una papelera, pasan uno tras otro tipos llevando la bandera rojigualda a modo de capa de superhéroe. El rostro tenso. A pocos metros, lo que parece el grupo de amigos de la pareja, espera y mira a otro lado. El ambiente no es de fiesta. La gente no canta, increpa, a veces ni siquiera grita consignas. No se molesta en articular palabras. La voz a falta del atronador sonido sin significado de la sirena. Desde aquí arriba todo parece muy poco festivo, muy poco recomendable. No veo sonrisas ni abrazos, ni siquiera la falsa fraternidad de la patria imaginada y triunfante. Sólo rabia y ruido. En este hemisferio por lo que parece no tocaba eclipse de luna, sino de civilidad.

  3. Pero eso pasa con el Real Madrid, el orgullo gay, un mítin y hasta un concierto de cualquier grupo de rock masivo. Cada uno con sus rasgos. Las aglomeraciones personalmente me espantan. Las futboleras no son de las peores. El rictus tenso, ese hay que verlo de verdad en una marcha sindical o en una profamilia. O el paseo con pancartas de presos de ETA. Yo no puedo evitar acordarme siempre, sea en el Aberri Eguna o en la llegada de los champions de lo que sea, de las explanadas alemanas de los años treinta. Después, pasadas las obsesiones personales, hay gente que hace fiesta con honradez y sensatez junto a chavalitos que se quieren hacer los hombres. Corre la cerveza, se orina en la calle y lo que empieza como jolgorio siempre termina en molestia.

    • Pues sinceramente, he ido a más de una marcha del Orgullo (precisamente porque son divertidas) y a tropecientos conciertos y nunca vi la crispación. He ido a no pocas manis, algunas tensas, pero obvio, se trataba de una confrontación -una manifestación no es otra cosa- y ni por esas llegaba a lo de anoche que se supone, era una celebración!!!

  4. Na, esta no ha sido muy mala: han pasado casi por debajo de mi ventana y mis sobrinas se volvían locas con la historia. la gran parada era muy familiar. He visto cosas mucho peores.

Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just

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