
La Santa Inquisición española fue la madre del estado moderno. Representaba un sistema represivo centralizado, la espina dorsal del estado más allá de fueros y legislaciones locales heredadas de la feudalidad. El Imperio la convirtió en universal, no porque el Imperio fuera un estado universal, por amplio que fuera, sino porque se consideraba en el derecho de actuar como si lo fuera. La fe verdadera,
ya saben. Hoy, la mirada católica (es decir, universalista) sigue siendo la misma desde el estado español. ¿Cómo no va a estar capacitado un juez de la Audiencia Nacional para juzgar
urbi et orbe? Como en los viejos tiempos,
el acusado es judío.
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