Pocas veces he llegado a una entrevista en peores condiciones: recien acabada una conferencia, muerto de sed, en ayunas siendo ya más de las dos de la tarde y habiendo madrugado como un campeón. Para rematar, las prenguntas y reflexiones del bueno de Adolfo Plasencia no eran tampoco para responder en modo automático. En el vídeo se me ve en un esfuerzo continuo de concentración y hay un momento, en el que me voy a un lado, en el que pensé que iba a desmayarme. Menos mal que nadie pareció darse cuenta. En fin, sed compasivos, el vídeo no perdona.
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