Aliá es una palabra hebrea que significaba originalmente ascenso. Ascenso porque cuando se sacrificaban reses en el templo de Jerusalem el fiel tenía que ascender por la escalinata con la bestia sobre sus hombros. La idea de Aliá se une pues a la de sacrificio y pasa a significar también peregrinación, pues los pastores recorrían largas distancias para que su ganado pudiera ser sacrificado durante las tres grandes fiestas: Pesaj, Shavuot y Sucot.
El sionismo, que siempre supo jugar muy bien con los mitos religiosos y su simbolismo, secularizándolos, recicló la palabra Aliá y la convirtió en sinónimo de emigración a Israel en un momento en el que emigrar a cualquiera de las dos provincias turcas en las que se dividía entonces era realmente heroico:
El movimiento nacional judío expropió el concepto y le dio una acepción nueva. Aquí el concepto de Aliá se conecta con el concepto de Hagshamá (realización). La Aliá a Eretz Israel es la realización o concretización del ideal sionista: el establecimiento en Eretz Israel. La Aliá se convierte entonces en el acto esencial de la realización sionista, desde un punto de vista ideológico y práctico.
Me he acordado de esto leyendo a Arnau en el grupo de noticias de e4:
construir e4 no es fácil, requiere renuncias a ciertas cosas y un posicionamiento en público (lo que yo siempre he llamado sionización) muy duro. Llámadlo quema de barcos o como queráis, pero es necesario
Me ha llamado la atención el paralelismo entre sionización y aliá. Para los sionistas territorialistas, hacer Aliá era un viaje físico, porque su proyecto estaba ligado a un territorio concreto. Pero suponía decir:
no soy europeo, no pertenezco a vuestro mundo porque nunca seremos realmente iguales en él, no quiero quedarme aquí, quiero construir un país nuevo donde no seamos perseguidos, donde pueda vivir como judío y desarrollarme como persona sin pedir disculpas por ello. Y estoy dispuesto a trabajar como una bestia para construirlo.
En el mundo del sionismo digital, el nuestro, donde el territorio no es tan importante o al menos no es decisivo a la identidad, sionizarse, es una quema de barcos, un posicionamiento público, un descubrirse. Pero viene a significar lo mismo. Seguramente hoy sea tan poco presentable en sociedad ser neovenecianista como lo era dejar Europa para fundar un kibutz, con todo lo que significaba, a principios del siglo XX.



