Martes, 31 de Marzo de 2009
Seguramente todos os habréis dado cuenta de que los tres últimos posts en mi blog (1, 2 y 3) forman los dos primeros capítulos de un nuevo libro que continúa lo comenzado con De las naciones a las redes. Son apenas 2.000 palabras. Un ensayo de los nuestros tiene entre 30 y 33.000 sin contar información, créditos y prólogo, así que aún queda bastante. Lo que me da vértigo es que en estos tres días parecen haberse secado los comentarios. ¿Me váis a dejar solo? Sin apuntes ni críticas creo que ya no sabría escribir.
A medio plazo los netócratas se sienten más cómodos con la idea de vivir en una comunidad con negocios y autonomía económica, que creando comunidades alrededor de empresas cuya estructura profunda seguirá atendiendo a la lógica industrial y jerárquica del viejo mundo.
Esas comunidades empoderadas con negocios son las llamadas filés. En principio entre ellas sólo tienen en común la idea de la preminencia de la comunidad sobre sus empresas y su definición transnacional. La filé no es un subconjunto de la identidad nacional imaginada. Como espacio político si algo define sus fronteras son los idiomas en los que se desarrolla el debate interno. No hay filés españolas, camerunesas o chinas. Hay filés que trabajan en lenguas latinas, bantúes o en chino, pero las fronteras de la comunidad no vienen dadas por la pertenencia a una nacionalidad o estado.
En principio, las filés no tienen por qué tener una economía democrática ni estar poco jerarquizadas. Sin embargo, incluso en las más vetustas, se observan durante la última década tensiones horizontalizantes, democratizantes, que esconden el mar de fondo de la lógica de la abundancia.
Un ejemplo especialmente interesante es el de los muridíes, una comunidad transnacional de lengua wolof de más de dos millones de personas repartidas en una docena de países y sostenida por el pequeño comercio y el textil.
Todos los que hemos veraneado en Europa en los últimos años nos hemos encontrado con ellos en alguna ocasión. Eran esos nuevos buhoneros que recorrían las playas europeas y abrieron bazares y pequeños comercios de telas, vestidos y productos típicos africanos.
Originalmente la muridía era una hermandad sufí. Fue fundada por Ahmadou Bamba, un morabito que predicaba el pacifismo y la doctrina de la santificación por el trabajo en el Senegal de 1883. Frente a la tradición sufí de la modestia por la mendicidad, trabajar en las tierras propiedad de la comunidad jugará una parte central en el camino de perfecionamiento espiritual de los muradíes. De ahí que se les llamara moodú-moodú (maní-maní), pues tenían que trabajar en la recogida y proceso de los cacahuetes para la exportación.
En 1912 los muridíes organizan la colonización de tierras de pastoreo fuera del país wolof, en zonas peul apenas controladas por la colonización francesa. Los talibé, seguidores del morabito, recibían comida y alojamiento durante los meses de lluvia. Tras diez años tenían derecho a una parcela en propiedad, con lo que las comunidades muridíes se convirtieron en la base de la urbanización y la wolofización de Senegal.
Cuando en los años 70 los precios internacionales del cacahuete caen y la producción baja el sustento económico de los muridíes se traslada hacia el sector comercial. En aquel momento la Muridía se había expandido ya a través de sus comerciantes a Costa de Marfil,Camerún, Gabón, Congo, Chad y hace sus primeras apariciones en el Magreb.
Con la llegada a Europa en los 90 las redes de comerciantes muridíes llegan a Sudáfrica y Europa meridional. Con una parte significativa de la comunidad en transnacionalización, los muridíes mutan sus instituciones, y desarrollan nueva forma, contenido y estructura para las dairas, las tradicionales escuelas coránicas que constituyen el centro de la vida de las hermandades sufíes en el occidente africano.
Las dairas se convierten en la emigración en comunidades que comparten casa, trabajo, ahorro y recursos, formando una unidad económica de acogida y empoderamiento. Las dairas acumulan y generan capital a través de sistemas de crédito sin interés en cuya fundamentación implican a emigrantes ya establecidos y con buena situación económica. Su arranque y funcionamiento no precisa planificación centralizada. Es deber de cada muridí recoger y dar trabajo y herramientas a cualquier hermano que aparezca. Entonces
El recién llegado pasa a ocupar el escalafón más bajo de la estructura de la cofradía desde donde podrá prosperar gracias a su trabajo y dedicación a la cofradía. Existe una similitud entre el rito de iniciación de pasar de joven a adulto y el proceso migratorio; en la primera etapa el móodu-móodu es daxar (tamarindo en wolof), pasa por una serie de penalidades económicas, de clandestinidad, de explotación socioeconómica, de aprendizaje sobre cómo vivir fuera de la comunidad de origen en un medio desfavorable. Una vez ha superado estas pruebas adquiere el estatus de goulou, aquel migrante establecido, con conocimientos y capacidades para moverse y ser un referente para el resto de migrantes, en definitiva un hombre adulto (Fall,1998: 29). Es en este nivel donde se sitúan los empresarios murides, dedicados sobretodo al comercio internacional de importación –exportación entre sus lugares de residencia (España, Francia, Italia, Arabia Saudí o Estados Unidos) y Senegal. Algunos de ellos incluyen en el nombre de sus empresas la palabra Touba, ciudad sagrada donde está enterrado Amadou Bamba el fundador. 1
El morabito se convierte entonces en un cuidador de la red entre cuyas funciones se incluye encargarse del movimiento de las remesas y generar flujos y oportunidades de negocio entre los distintos nodos muridís.
La red muridí se transforma paulatinamente. Del riguroso modelo descentralizado y jerárquico original, con el califa en lo alto, pasamos a un modelo de relaciones distribuidas entre nodos que mantiene todavía un modelo interno piramidal. Es ese modelo jerárquico interno lo que al parecer genera más contestación entre los jóvenes.
Estas transformaciones internas también se reflejan en lo identitario. El imaginario muridí ha ido transformandose del propio de los wolof (étnico), al senegalés (nacional) para finalmente, pivotar sobre su propia historia y características dentro de la visión universalista de la Umah musulmana.
Las dairas europeas y americanas, completamente distintas de las de Senegal, cada vez se sienten menos identificadas con la realidad conservadora de las senegalesas… y sin embargo constituyen su principal fuente de ingresos, con lo que no son previsibles rupturas significativas. Los muridíes se transforman y se transformarán cada vez más desde la periferia al centro, es decir, de cofradía a filé2.
Lo llamativo es que no estamos hablando de un grupo de hackers nacidos de Internet, sino de una vetusta cofradía sufí con más de un centenar de años de historia y millones de seguidores… y sin embargo los tiempos de evolución, casi año por año, son los mismos, y el resultado paralelo. Lo que ha de llevarnos a destacar aquello que tienen unos y otros en común: una potente ética del trabajo basada no en la acumulación sino en el reconocimiento comunitario.
Si bien esa ética siempre estuvo presente en la tradición académica europea, también apareció -y de hecho sobrevivió hasta hoy- en partes destacadas de un movimiento social europeo tan tradicional y presente como insuficientemente reconocido: el cooperativismo.
1. Los “móodu-móodu” y su impacto en la sociedad de origen, por Rafael Crespo en Empresariado étnico en España, CIDOB, Barcelona, 2007 .
2. Algo que por cierto choca en Europa porque rompe el molde social de los muridíes como meros inmigrantes, en proceso de asimilacion nacionalizante y utiles para la llamada cooperacion al desarrollo por su estructura de beneficencia.
Lunes, 30 de Marzo de 2009
Pocas veces he llegado a una entrevista en peores condiciones: recien acabada una conferencia, muerto de sed, en ayunas siendo ya más de las dos de la tarde y habiendo madrugado como un campeón. Para rematar, las prenguntas y reflexiones del bueno de Adolfo Plasencia no eran tampoco para responder en modo automático. En el vídeo se me ve en un esfuerzo continuo de concentración y hay un momento, en el que me voy a un lado, en el que pensé que iba a desmayarme. Menos mal que nadie pareció darse cuenta. En fin, sed compasivos, el vídeo no perdona.
Nada ha cambiado tan radicalmente en los últimos veinte años como el proceso de generación social de conocimiento.
Antes de la extensión social de Internet, incluso en cada red y entorno social, el conocimiento nuevo era el resultado de una conversación relativamente manejable entre agentes especializados articulada por instituciones bien establecidas encargadas de ordenar y filtrar la discusión social.
El modelo general venía dado por el parlamento y la prensa: unos cuantos nodos representaban grandes orientaciones y que al tiempo las constreñían dándoles coherencia interna. Cada área de conocimiento reproducía fractalmente este modelo. En la academia, por ejemplo, mediante los journals y el debate entre escuelas más o menos confundidas con disciplinas.
Pero la eclosión de Internet, ha erosionado tanto a la gran prensa como a los journals. Al interconectar directa y globalmente a millones de agentes que antes sólo aparecían en el espacio social tras ser filtrados institucionalmente, el sistema de generación social de conocimiento, en cada comunidad, se parece más a un sistema complejo, como la meteorología, que al ordenado mundo de los parlamentos y el ideal científico barroco. El estallido de diversidad consecuente ha hecho buena la profecía de Juan Urrutia en los ochenta: Internet es la postmodernidad.
Y ha sido precisamente esa fractalización y solapamiento de conocimientos, cada vez más ligados a identidades, la que ha llevado a plantear con más fuerza que nunca qué es y cómo se forma eso que llamamos conocimiento.
La definición canónica -significativamente originada en el mundo de la crítica del Arte y los objetos culturales- nos dice que conocer es dotar de significados, generar sentido, explicar un conjunto de hechos mediante un relato que cumple ciertas normas de coherencia interna y satisface ciertas condiciones epistemológicas.
Los significados que atribuimos, el relato que hacemos a partir de una serie de hechos, no surge de la nada ni aparece como el resultado de aplicar una función determinada. Los significados no se generan como si aplicáramos un operador matemático a un conjunto de datos. La información se significa desde y a partir de un contexto que es anterior y más amplio.
Estos contextos son en si mismos conjuntos de significados concatenados, enlazados entre si. Son matrices estructuradas de relatos con capacidad para generar otros relatos que se sostienen unos a otros conformando su propia estructura de legitimación. La teología católica, la teoría económica neoclásica y el psicoanálisis son por ejemplo otros tantos contextos capaces de generar conocimiento aunque sus productos no se reconozcan entre si como conocimientos válidos. Cada uno, aún en el caso de que invoquen principios comunes, opondrá su propia epistemología, su propio principio ordenador de verdad.
Estos marcos interpretativos, generadores de significado, son a su vez otros tantos mundos, el resultado de una interacción sostenida en el tiempo en el seno de una comunidad autoidentificada por su propio sistema de conocimiento. Y es que de hecho, el conocimiento sólo existe en comunidad, al punto que suele ser la comunidad la que poner los adjetivos del saber: comunidad científica, conocimiento científico; comunidad de fe, conocimiento teológico…
Y lo que vale para toda una serie de conocimientos pretendidamente universales vale también para conocimientos identitarios: desde el arte al particular conocimiento de las comunidades imaginadas de la nación, la ideología o el sexo, pasando por los relatos generadores de sentido de las comunidades reales, las empresas y las familias.
Lo que ha hecho Internet ha sido multiplicar la visibilidad y facilitar la generación de espacios de conocimiento, identidades y comunidades nuevas, haciendo cada vez más difícil representar homogéneamente el mapa del conocimiento social. Donde antes teníamos un rompecabezas de madera de cuatro piezas, ahora tenemos un puzzle de millones de piezas minúsculas, el mar de flores. La diversidad nos hace complejos al enfrentarnos al espejo de la propia diversidad de nuestros entornos.
Los llamados netócratas, son en realidad jardineros de contextos, procesadores de información, comunicadores, hackers, bricoleurs, que los desarrollan, los transmiten o los ponen en valor; que los solapan o los rompen en la danza orgánica de la gran digestión social de la información.
Han nacido y crecido profesionalmente en un mundo en el que el carácter irreductible de la diversidad se hace evidente, en el que todo es colaborativo e identitario al mismo tiempo. Pero en el que, a fin de cuentas, su propio valor viene dado por la coherencia de la comunidad de la que forman parte y el reconocimiento que obtengan de ella.
El reconocimiento y la jerarquía no se llevan bien. La cohesión forzosa tiende a disolverse en un mundo donde nada es más fácil que saltar de una red a otra, que identificarse y sumergirse en un contexto alternativo. Las empresas de los netócratas tienden a la horizontalidad y la ausencia casi total de jerarquías porque estas son contraproducentes para alcanzar el tipo de incentivos que les motivan. Por eso Juan Urrutia nos propone:
diferenciarlos de los empresarios y mirarles como miramos a los científicos. Pretenden ganarse la vida, pero no es ese ningún objetivo final. Desean realmente reconocimiento y la posibilidad de seguir aprendiendo.
En la siguiente entrega veremos como de la transnacionalización pareja a la vida en las redes distribuidas surge la filé como expresión de la netocracia y lo contrastaremos con otras filés, surgidas de la presión del mundo distribuido sobre viejas instituciones comunitarias.
Domingo, 29 de Marzo de 2009
Los zapateros junto con los impresores fueron el más politizado entre los gremios europeos del convulso siglo XIX. Entre los partidarios de Baubeuf, de Proudhon, de Bakunin, pero también entre los movimientos demócraticos, del cantonalismo ibérico al radicalismo británico, los zapateros representan una minoría llamativa. En un famoso artículo1 Hobsbawm y Scott se preguntaban por esta coincidencia:
Quizá la explicación más plausible del intelectualismo del oficio se derive de este factor: el trabajo del zapatero era al mismo tiempo sedentario y exigía poca fuerza física. (…)
Puede que ello proporcionase un incentivo para adquirir otros tipos de prestigio. Y puede que aquí la naturaleza semirrutinaria de gran parte de su trabajo, que podía combinarse fácilmente con el pensamiento, la observación, y la conversación, sugiriese alternativas intelectuales.1
En la historia del anarquismo español anterior a la guerra civil existe un gremio parecido en su protagonismo político: los barberos. Como los zapateros y a diferencia de los obreros industriales, el trabajo en grupo no era para ellos un proceso colectivo y el entorno era dado al comentario y la conversación. En ambos casos además, sus herramientas de trabajo eran portátiles, lo que les convertía, en cada oleada de represión política, en una tribu nómada.
El mundo de los zapateros radicales del siglo XIX y de los barberos anarquistas del XX es un mundo de cotidianidad laboral poco o nada jerárquica, motivaciones no únicamente monetarias y migraciones periódicas. Rodeados por un mundo que experimentaba la producción en masa y la descentralización de las comunicaciones con todo lo que esta abría2, iban verdaderamente contracorriente de la estratificación social y el implacable desarrollo de la división del trabajo de su época. Su democratismo horizontalizante era tan coherente con su modo de vida como ajeno a un mundo donde el propio movimiento obrero se representaba a través de alambicadas jerarquías de primeros, segundos y hasta terceros secretarios, comisarios y enlaces.
Lo interesante desde la mirada de hoy, inseparable de la emergencia social de la comunicación en redes distribuidas2, es que los nuevos modos de vida y trabajo nos acercan más a aquellos gremios libertarios que a sus contemporáneos radicales.
En 2003, en Como una enredadera y no como un árbol adelantábamos que
El mundo tiende a organizarse cada vez más al modo de una comunidad de software libre y existe una razón económica profunda para ello: al tener cada día más valor en la producción global los componentes científicos y creativos, la organización de esa producción tiende hacia las formas propias del trabajo académico y artístico, la Academia y la República de las letras
Pero seguramente deberíamos haber dicho que nos acercaba más al mundo de los últimos gremios itinerantes de trabajadores que no requerían gran fuerza física.
Esa fue al menos la impresión que sacó Luis Pérez, director de la empresa de software Szena, del primer Encuentro de emprendedores y empresas sobre Democracia Económica que realizamos, de forma practicamente espontánea, 38 personas de una veintena de empresas tecnológicas el 20 de marzo de 2009.
- La cuestión no estuvo en los pros y los contras de la democracia económica sino en descubrir formas jurídicas y estrategias que se prestaban mejor a lo que la mayoría de nosotros cuando menos trata de experimentar- comenta mientras apura el café en la mesa del comedor de los Exploradores Electrónicos frente a casi una decena de indianos.
- La pregunta a reponder es por qué ya no son percibidas como necesarias las jerarquías -respondía Juan Urrutia
Para el autor de El capitalismo que viene, la crisis económica actual debería servir para ampliar el espacio social de organizaciones más horizontales, abiertas y aunque pueda parecer paradójico también más comunitarias y por tanto identitarias.
La conversación se anima. Sonia Carbajal, que realiza su fase de aprendizaje en e4, apunta que el uso cotidiano en los modos de trabajo de tecnologías de comunicación distribuida, como Internet, produce de manera casi automática la inculturación de la lógica de la abundancia.
- Las jerarquías son necesarias para gestionar la escasez, para racionalizar los cuellos de botella en el acceso a la información, pero cuando el trabajo se organiza, por necesidad, de manera casi obvia, de forma distribuida, todo te lleva a pensar en términos cuando menos, democráticos, con jerarquías mínimas y estructuras muy horizontales.
La lógica de la abundancia es un concepto seminal que Juan Urrutia propuso en 20023 como base para comprender la entonces llamada nueva economía.
El ejemplo clásico es la comparación entre los periódicos y la blogsfera. En un periódico, con su superficie de papel limitada, publicar una línea más de un artículo implica reducirlo en otro como en un juego de suma cero. En cambio en la blogsfera, un espacio donde el coste social de un post extra es cero, que cualquier blogger publique su información no merma las posibilidades de publicación de otro. El coste marginal es cero.
Desaparece simplemente por tanto la necesidad de dirimir colectivamente qué se publica y qué no. Frente a la lógica de la escasez que genera la necesidad de la decisión democrática, la lógica de la abundancia abre la oportunidad de la pluriarquía2.
En un universo así toda decisión colectiva o jerárquica sobre qué se publica o qué no sólo puede ser concebida como generación artificial de escasez, merma de la diversidad y empobrecimiento de todos.
Para una generación y un ámbito profesional cuyas herramientas de trabajo funcionan bajo una lógica así, incluso la democracia económica ha de ser vista como un mal menor, como un pacto con la realidad en aquellos espacios sociales -como la empresa- donde aún hay que lidiar con la escasez. Por eso los innovadores que emprenden en el ámbito de las redes sociales o diseñando productos sobre Internet, redescubren con ojos nuevos tradiciones tan antiguas como las cooperativas.
Han sido llamados trabajadores del conocimiento, la nueva clase de internet o simplemente netócratas4, pero en realidad pocas son las asunciones sobre ellos basadas en la esencia misma de su trabajo. Son, en muchos aspectos los nuevos barberos o zapateros del mundo de las redes distribuidas, pero como veremos, tal vez sería más correcto definirles como tejedores y elaboradores de contextos.
1. Political shoemakers, Hobsbawm y Scott-, Past and Present. 1980; 89: 86-114. Las negritas son mías.
2. Véase El poder de las redes, 2007.
3. Redes de personas, Internet y la lógica de la abundancia: un paseo por la nueva economía, Juan Urrutia, Ekonomiaz: Revista vasca de economía, ISSN 0213-3865, Nº. 46, 2001, pags. 182-201
4. Véase De las naciones a las redes, 2009.
Viernes, 27 de Marzo de 2009
La historia neoveneciana es un proceso abierto. No hay mes en el que no ampliemos nuestros contextos, en que no aprendamos una nueva distinción, en que a partir de las necesidades prácticas no elaboremos un nuevo concepto.
El último avance ha venido de la discusión del Estatuto del aprendiz. Queriamos cumplir el mandato de nuestra Constitución:
Las empresas de la red deben establecer normas claras y públicas que hagan efectivo el derecho a ser miembro pleno de cada una de ellas y por tanto el acceso de las personas que en ellas trabajen al pleno disfrute de los derechos explicitados en esta constitución y en la constitución de cada una de ellas.
En realidad no es tan fácil como pudiera parecer. ¿Dónde se pone la frontera? ¿Debe ser aceptado como socio cualquier colaborador que quiera integrarse de manera permanente al trabajo? ¿Basta con hacer el itinerario de formación? ¿Es una mera cuestión de tiempo? La clave está en la distinción entre ser parte de una comunidad y ser parte de su demos.
A partir de que existe una identidad mutua reconocida es obvio que alguien es parte de la comunidad. Eso es lo que en e4 simbolizamos cuando, tras acabar su itinerario formativo, entregamos al aprendiz una moneda de cobre: compartir contextos y voluntad de trabajar juntos, compartir espacio y proyecto, reconocernos como parte de lo mismo, nos confiere identidad y por tanto confianza mutua. La moneda de cobre simboliza ese crédito que te otorga el conocimiento y los contextos compartidos y por lo mismo permite asistir y participar en las asambleas de gestión cotidiana del Grupo Cooperativo de los Exploradores Electrónicos, asambleas que llamamos asambleas de metal precisamente por ello.
Pero el demos es otra cosa. Comienza precisamente allá donde hace falta mucho más que identidad. Donde la fraternidad se convierte en igualdad real. El demos es el subconjunto de la comunidad donde opera el principio de indiferencia, es decir, aquellos de nosotros que nos reconocemos en un grado tal que nos hace indiferentes a la hora de elegir quién hace qué o qué responsabilidad ocupa. En el demos los cargos y las responsabilidades bien podrían repartirse al azar, al modo de la democracia clásica.
Eso es lo que simbolizamos con la moneda de plata y materializamos con la aceptación de alguien como socio del Grupo Cooperativo de los Exploradores Electrónicos.
Hacer la distinción entre miembros/partícipes de la comunidad y su demos, es decir, entre la mera identidad de la fraternidad y la igualdad democrática plena, nos ha permitido entender el empoderamiento de los aprendices como un proceso cuyo reverso es el empoderamiento de la comunidad misma. Algo por cierto, muy similar a los procesos de integración de los viejos estatutos gremiales medievales… un tema que merece ser estudiado con un poco más de atención.
Dentro de 8 días, el sábado 4 de abril, estaré en Barcelona, invitado por la red de blogs de Ciutadans, hablando del paso De las naciones a las redes con Enrique y Pere. Sin duda será polémico e interesante y será una excelente pre-presentación pública de nuestro último libro.
Jueves, 26 de Marzo de 2009
En esta oportunidad, John Julius Norwich nos describe de manera fascinante y documentada la historia de la Serenísima República, nombre con el que era conocida Venecia. El libro muestra de manera cronológica desde sus inicios -cuando se refugiaron en las pequeñas islas de la laguna los fugitivos que huían de las invasiones de godos y hunos- su sistema de gobierno y un contexto matizado con reseñas de más de un centenar de dogos, hasta 1797 año en el que Napoleón acabó con la república.
Alimentos versus Biocombustibles. Éste es el dilema que ha surgido en torno al riesgo de desviar ciertos cultivos agrícolas hacia la producción de biocombustibles, en detrimento de la oferta de alimentos a escala mundial.
La creciente demanda de biocombustibles, estimulada por el deseo de reducir la dependencia del petróleo, obliga a buscar materias primas alternativas que no interfieran con la cadena alimenticia motivo por el que Global Energy organiza el Congreso “ Canasta de Materias Primas Non-Food para la producción de Biocombustibles”, que se celebrará el 24 de septiembre en el Palacio de Congresos de Madrid.
Fuente: Biodieselspain.com
Miércoles, 25 de Marzo de 2009
… Hacia la sociedad de control. Miren cómo estamos en Haz que pasen miedo, mucho miedo, de Versus.
“Lo que quedaba patente es que dos socios (no directivos, ni gerentes, ni miembros de ningún consejo rector) sabían más de los entresijos de su empresa de lo que cualquier ejecutivo pueda llegar a soñar después de ligarse a la secretaria del director general”; María comentando el debate sobre Mondragón Corporación Cooperativa en el Encuentro sobre Democracia Económica.
Martes, 24 de Marzo de 2009
Israel contará próximamente con un Kibbutz (cooperativa agrícola judía) completamente solar, según informó la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE). Se trata del Kibbutz Reim, que será el primer establecimiento con todos sus techos cubiertos con placas solares para la producción de electricidad.
De este modo, la energía solar suministrará la electricidad al kibbutz y el excedente será transferido a la empresa de electricidad.
La evaluación indica que, en las horas pico de consumo, el sistema permitirá producir una cantidad de, por lo menos 2,5 kilovatios de electricidad.
La instalación del sistema costará, que lleva a cabo la empresa Solar Durel, costará entre 10 y 18 millones de dólares y la inversión se recuperará en aproximadamente 10 años.
Fuente: Europa Press
Lunes, 23 de Marzo de 2009
Ya están arriba las fantásticas fotos de Meri en el Encuentro de Democracia Económica. Si queréis versiones en bruto de algunas de ellas para transformarlas, he subido una galería de originales a mi blog.
“ La Hora del Planeta 2009“, iniciativa puesta en marcha por la asociación conservacionista WWF, quiere involucrar a los gobiernos, ciudadanos y empresas de todo el mundo en una acción conjunta para llamar la atención sobre los efectos del calentamiento global y exigir a los líderes políticos que actúen para controlar las emisiones de CO2 antes de que sea demasiado tarde. Hasta ahora, asegura WWF, más de 1.700 ciudades de ochenta países se han comprometido a apagar las luces de sus edificios más emblemáticos, como gesto simbólico de apoyo a ‘La Hora del Planeta’.
A la iniciativa de este año se ha sumado, entre otras muchas voces procedentes de los cinco continentes, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, que ha animado a los ciudadanos de todo el mundo a que apoyen la campaña internacional de WWF contra el cambio climático (la ONU se ha comprometido a apagar las luces de su sede central en Nueva York).
Fuente: Energías Renovables
“ La Hora del Planeta 2009“, iniciativa puesta en marcha por la asociación conservacionista WWF, quiere involucrar a los gobiernos, ciudadanos y empresas de todo el mundo en una acción conjunta para llamar la atención sobre los efectos del calentamiento global y exigir a los líderes políticos que actúen para controlar las emisiones de CO2 antes de que sea demasiado tarde. Hasta ahora, asegura WWF, más de 1.700 ciudades de ochenta países se han comprometido a apagar las luces de sus edificios más emblemáticos, como gesto simbólico de apoyo a ‘La Hora del Planeta’.
A la iniciativa de este año se ha sumado, entre otras muchas voces procedentes de los cinco continentes, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, que ha animado a los ciudadanos de todo el mundo a que apoyen la campaña internacional de WWF contra el cambio climático (la ONU se ha comprometido a apagar las luces de su sede central en Nueva York).
Fuente: Energías Renovables
20 de marzo de 2009. Tras el Encuentro de emprendedores y empresas sobre Democracia Económica una treintena de asistentes tomamos unas cañas en la plaza del dos de Mayo. La primavera se ha adelantado este año, el evento nos ha dejado a todos de buen humor y rapidamente todos los participantes, en su mayoría emprendedores del mundo tecnológico empiezan a sacar cacharritos y contar exploraciones y experimentos.
Gorka nos enseña su Mir:ror. En apariencia se trata de un platito de plástico con un cable USB conectado al ordenador.
- Con esto conviertes en spime cualquier cosa a la que hayas pegado un árfido. De hecho te vale con cualquier etiqueta de esas que tiran a cientos en Carrefour.
Mir:ror escribe y lee árfidos, pero además da a cada objeto una dirección de correo electrónico, de modo que hace posible escribir a las cosas.
Mi novia suele escribirle a mi cartera con las cosas que tengo que comprar de la que vuelvo a casa. Cuando paso la cartera sobre el ordenador me aparece la lista.
Gorka tiene un QR-Code sobre la tapa de su portatil. Mientras hablamos, Malena saca su móvil con cámara y pone en marcha un pequeño programita llamado i-Nigma. El programa reconoce el código y devuelve un texto de 250 caracteres con todas las formas de contactar con el dueño del ordenador. No necesita conexión a Internet, no necesita más que un dibujo. Los QRCodes son códigos de barras empoderados, los graffitis encriptados de la ciudad red.
SomosEne, la empresa de Malena, ha sido la creadora del primer vino spime. Las etiquetas de las botellas de la bodega Cingles Baus en vez de llevar un pequeño texto como el portatil de Gorka, llevan un hiperenlace que conecta el teléfono a una página web. De momento esa página corresponde a la añada y la bodega, pero podría ir mucho más allá hasta incluir la información al objeto individual. No se trata sólo de cosechas y añadas. Podríamos seguir a la botella, saber por dónde pasó, cómo se distribuyó, en qué tienda se compró. Incluso podríamos contar con los usuarios y permitirles que pusieran voz y relato a su relación con ese objeto.
Y éso es lo que en 2007, cuando el concepto de spime ni siquiera aparecía en los blogs, se planteó Arnau Fuentes con Live-Clothing, el sistema que genera la red de las prendas de la marca Pajaruhs.
(Continuará…)
Ya llevo un tiempito con ello. Arnau y Maki primero y Sonia luego también estaban en guardar el secreto, pero tras el encuentro de Democracia Económica donde pedí colaboraciones y entrevistas a Gorka, Malena y Janzo, ya toca hacerlo público: estoy en la elaboración de un nuevo libro. Se llamará: Redes de objetos, Internet de las cosas. Por cierto, hoy es mi cumpleaños…
Domingo, 22 de Marzo de 2009
El viernes celebramos el Encuentro de emprendedores y empresas sobre Democracia Económica. Fue muy emocionante ver aparecer puntualmente a 38 personas cargadas de ganas e ideas nuevas, de experiencias innovadoras desde los spimes de SomosEne y Gorka al software especializado de Luis Pérez y los proyectos de cooperativa de software libre de Ramón Ramón pasando por el nuevo periódico barrial de los Intrópicos.
Aunque tuvimos que acabar antes de lo previsto en la sala porque el dueño del restaurante hizo un overbooking que no venía al caso, la conversación prosiguió con una inauguración espontánea de la nueva sede indiana en Madrid y disfrutando luego de la primavera en las terrazas (y hubo quienes prosiguieron hasta la mañana).
Los ponentes -Vicente, Julen y Andrés- fueron todo un lujo y personalmente puedo decir que sólo lo aprendido con ellos ya mereció de sobra todo el esfuerzo organizativo.
Y lo mejor: la interacción, los comentarios en las ch,arlas de tantos de los asistentes, las conversaciones en la mesa y en el paseo, el café, las cañas… realmente enriquecedor, de sobra para levantar el ánimo a cualquiera. A todos: gracias.
Todo está grabado en vídeo gracias a Malena y lo colgaremos en la Bitácora de las Indias, pero me gustaria, hoy, como cierre a este balance personal, compartir con vosotros el discurso de Nat que abrió el acto:
El 1 de octubre de 2008 aquellos que habíamos fundado la Sociedad de las Indias Electrónicas en 2002 -Juan, David y yo- firmamos la Carta de las Indias.
Para poder respetar la legislación de sociedades, tenía la forma una Carta otorgada, al estilo de las cartas de derechos que los reyes dieron en su día a los comunes.
El sabor que personalmente me quedó al firmarla fue agridulce.
Nadie puede sentirse bien otorgando a sus iguales sus propios derechos como si estos emanaran de uno mismo.
Haber llegado antes, haber aportado un euro ante el notario, ser formalmente accionista, puede otorgar derechos legales, pero no puede cambiar aquello en lo que creo.
No puede doblar una convicción fundamental: mis compañeros, aquellos con los que aprendo, discuto y trabajo, aquellos con los que llevo años construyendo un denso contexto de ideas, argumentos y valores, son mis iguales.
Casi un mes después de firmar la Carta de Indias, en el día de la Enredadera, firmamos todos, simultáneamente desde Montevideo y Madrid, la Constitución de los Exploradores Electrónicos.
Exploradores Electrónicos es nuestra comunidad, el grupo real de personas que continúa lo que desde 1989 había sido Ciberpunk. No tiene acciones, no tiene participaciones, no ha declarado un patrimonio ni ha ido jamás al notario o a los registros del estado. Jamás se ha votado o elegido nada en su seno. Jamás ha tenido un representante, un portavoz o un cargo.
Tiene un contexto, ha generado significados, creado conocimiento, abierto conversaciones y si me apuran hasta desarrollado una cultura propia. Pero no está formado por empresas. Es aquello a lo que las empresas sirven.
Es importante esta distinción: Exploradores es la comunidad, Las Indias y El Arte de las Cosas son empresas, herramientas que sirven y están supeditadas a los objetivos de esa comunidad y a las necesidades de sus miembros.
Esa comunidad, heredera de casi veinte años de acción y reflexión, está fundada sobre los sencillos principios que abren la Constitución:
“Una persona solamente es libre si es dueña de las bases de su propia subsistencia, cuando no tiene obligación alguna de rendir pleitesía a nadie y puede abandonar su red de un modo efectivo si entiende que ya no atiende a las necesidades de su propia felicidad, felicidad que sólo ella misma puede juzgar.
La posibilidad del acceso a la propiedad por cada uno y el desarrollo general del comercio, son pues las bases económicas de cualquier ciudadanía que no consista en una mera representación. Es a esta sencilla verdad a la que llamamos neovenecianismo.”
Así que la Constitución de nuestra comunidad nos comprometía a ir más lejos: nos emplazaba a organizar empresas que aseguraran nuestra independencia, tanto personal como de grupo.
La Constitución no creaba Exploradores Electrónicos sólo como comunidad. Ya habíamos sido comunidad durante casi 20 años. Nos constituía como filé. Es decir, como una comunidad con un sustento económico propio.
Pero no decía nada de cómo organizarlo, mucho menos de como encajarlo en las formas jurídicas de cada uno de los países en los que trabajamos.
Nosotros somos pluriarquistas: creemos que donde reina la abundancia, como en las comunidades virtuales o los grupos dedicados a generar conocimiento a través del debate o los movimientos de derechos civiles -y todas esas cosas habíamos sido durante veinte años- no cabe votar nada, elegir nada o tener dirigentes de nada. Pueden ser, han de ser, una red distribuida de personas sin más estructura que su interacción: exactamente lo que es Exploradores Electrónicos como comunidad.
Pero una estructura económica, una empresa, es algo distinto. Es el territorio de la escasez: en muchas ocasiones, aunque en menos de las que se piensa, hay que tomar unas decisiones a costa de otras. Hay que elegir y decidir.
Y para elegir y decidir colectivamente sin fabricar artificialmente aún más escasez hay que tener una organización extremadamente, radicalmente democrática.
Teníamos que ir más allá de repartir acciones, más allá incluso de los controles y restricciones a los administradores y socios que imponía la Carta de las Indias.
¿Por qué democracia económica?
Porque nuestras empresas están para servirnos a nosotros y ser útiles a nuestro entorno. No al revés.
¿Por qué dar el salto y convertir nuestras empresas en cooperativas agrupadas en un grupo cooperativo?
Porque es la forma legal que nos permite ser maś democráticos, más transparentes frente a nuestra propia comunidad y más abiertos, porosos y útiles a nuestro entorno, en España, en Uruguay o en Cabo Verde.
¿Por qué plantearnos estas cosas?
Porque si creamos empresas, si alentamos una pequeña economía es para ser más libres nosotros y poder compartir mejor las herramientas y los frutos de la libertad con los demás.
Porque si construimos relaciones sociales y de trabajo que generen significado para todos estaremos construyendo una hermosa comunidad y sobre todo, cada uno, podrá apoyar en su trabajo y en los demás, la construcción de una hermosa vida.
Miércoles, 18 de Marzo de 2009
Originalmente el demos era algo relativamente similar a lo que una parroquia es en la ordenación territorial gallega, pero con la reforma democrática de Clístenes el δῆμος, se convirtió en la división básica de la organización social, una micropolis formada por la comunidad real que rodeaba a cada persona.
El demos entregaba a sus miembros una Pinakia, una pieza de bronce con su nombre y el del demos. La Pinakia era equivalente al sello menor de los indianos: era señal de pertenencia y garantizaba el reconocimiento del portador como ciudadano por el resto de los demos, es decir, por la polis como un todo.
Sin la Pinakia no se podía ser elegido para cargo alguno, por eso, el demos es utilizado hoy como sinónimo del grupo de personas que en una organización tienen ciudadanía plena. Pero lo realmente interesante es el cómo. El demos es algo mucho más profundo que una lista de elegibles.
El sistema democrático ateniense no estaba basado en la representación y la votación sino en la elección por azar: para poder desempeñar un cargo público un ciudadano debía introducir su Pinakia en la ranura que eligiera de una matriz llamada kleroterion. El kleroterion dejaba salir bolas blancas o negras en función de la casilla elegida. Si al introducir la tarjeta se obtenía una bola negra, el ciudadano recibía el cargo o la tarea como encomienda.
Pertenecer a un demos era pues sinónimo de alcanzar los derechos -y deberes- plenos de ciudadanía, pero lo que es más importante, al aceptar a alguien en nuestro demos, aceptábamos que en cualquier momento podía acceder a cualquier cargo por importante que fuera con independencia de que la mayoría de los miembros de la comunidad prefiriesen a otra persona para él. Es decir, aceptar la incorporación de otro ciudadano al demos suponía aceptar su igualdad efectiva, su identidad con el nosotros, pues implicaba declarar que, con independencia de sus posiciones políticas, a cualquier ciudadano le resultaba indiferente que ejerciera cualquier posición pública.
El demos implica un altro grado de identidad porque se basa en realidad en el principio de indiferencia: considerarme parte de un demos significa que soy indiferente sobre quién de los otros miembros realice cualquier tarea de representación o administración de la comunidad aunque afecte a mi seguridad o bienestar. Por eso originalmente democracia evocaba sorteo y no elección.
El demos por tanto implica no sólo identidad en el sentido amplio, sino confianza, entendida como la expectativa de que, por haber unos contextos comunes, experiencias comunes generen conocimiento similar. Por ello no puede existir un auténtico demos fuera de la comunidad real. En la comunidad imaginada el conocimiento que tenemos de los otros es abstracto y realmente no aplica el principio de indiferencia, por eso la democracia en el estado nacional está basada en la elección y el proceso de determinación de mayorías.
¿Tiene sentido funcionar con la lógica y limitaciones de la comunidad imaginada en comunidades reales? Realmente creo que no. Una empresa que funcione como democracia económica debería estar basada en el principio de indiferencia. Algo aún más fácil en cualquier comunidad conversacional.
Sin embargo esto quiere decir, de paso, que las comunidades no pueden ser abiertas si por abierta queremos decir que se puede ser miembro sin haber existido una interacción prolongada en el tiempo, que asegure contextos comunes y sustente un cierto conocimiento mutuo.
No es sólo el peligro del participacionismo propio del dospuntocerismo, es cargar con una lógica heredada de la peor época del estado nacional que hace que las organizaciones se autovaloren no por la potencia de su deliberación, por su capacidad de generación de conocimiento válido para sus miembros, sino por el número de personas que encuadran. Como si el verbo encuadrar evocara en alguna medida, por pequeña que fuera, la libertad perseguida.
Martes, 17 de Marzo de 2009
En el marco de su apuesta continua por la preservación del medioambiente, Sol Meliá ha firmado sendos acuerdos con la empresa Bionor y la organización Acciónatura para la recogida y reciclaje de aceite vegetal usado procedente de parte de sus establecimientos en España, así como para destinar los fondos obtenidos con esta iniciativa a un proyecto medioambiental.
El objetivo del acuerdo es la regularización y la estandarización de la recogida de uno de los principales residuos generados por los establecimientos de Sol Meliá en este país, como es el aceite vegetal que se utiliza en sus cocinas.
Fuente: Biodieselspain.com
Hoy es el primer día de trabajo en la base de Panadería. Llego el primero, subo las persianas de metal del escaparate y la puerta. Conecto los plomos. Hago café. Me siento de cara a la puerta por si llega alguien. Instalo mi ordenador.
Descubro que que olvide las gafas y tengo que hacer todo un numerito para conectar el teléfono a costa de Internet y llamar a María para que me las traiga de la ya vieja oficina de Fuencarral. Sólo hay conexión en el punto de entrada, algo va mal con la red interna en su escaso metro y medio de recorrido.
La pila de la cocina aún no tiene el desagüe puesto, así que friego la taza de café en el baño. Es la única taza por el momento. La traje en la mochila junto al libro de pinturas clásicas japonesas que Nat quiere en la sala de reuniones para no sentirse en una emisión de blanco y negro. Traje también dos kilos de mate, bombilla y mi calabaza uruguaya favorita.
Un automatismo me pide poner la pava para el mate. Pero aún no hay pava. La traerá también María. Me doy cuenta de que tal vez el lavabo minúsculo del baño no de para llenarla.
Me gusta la luz blanca de la bombilla de bajo consumo sobre el ordenador. Las lámparas que las cubren son guapas. Aluminio con un punto industrial. El otro foco estaba fundido. 18000 horas prometen. Maki y yo compramos ayer una bombilla para sustituirla pero en la ferretería sólo tenían las de luz cálida, osea amarilla. Estoy por quitarla. Mejor oscuro que tristón.
Miro alrededor aún un poco perdido. Madrid-Panadería, con sus suelos de barro y sus paredes de ladrillo y vigas vistas es realmente bonita. La mampostería huele a cava y evoca barricada. Los grandes cristales que dividen el espacio de la mesa de trabajo de la tienda pajaruhs fueron una gran idea: unen, comunican, no separan.
Tengo ganas de que lleguen el resto de indianos. Una casa nueva, una nueva base, no es cosa para contemplar en soledad. Más bien al contrario, como en el verso de González, es más bien para probarlo a la manera en que los panaderos prueban el pan… compartiéndolo.
Lunes, 16 de Marzo de 2009
El otro día a Sonia le llamó la atención que yo dijera espontáneamente que “los indianos somos mayoría de chicas“. Evidentemente no era un error de género, es el otro lado de una vieja discusión con Carmen sobre el uso de la tercer persona del plural en español.
Mi argumento siempre fue que la forma plural es neutra aunque coincida con el plural de la forma masculina. Carmen argumentaba que eso invisibilizaba a las mujeres de un colectivo y que por ello había que hacer neolingua más inclusiva, al fin, decir ambas formas. Ya saben indianos e indianas.
Hasta aquí todo muy trillado. Pero con Sonia el otro día, precisamente por lo espontáneamente que me surgió decir que “los indianos somos mayoría de chicas” me di cuenta del verdadero fondo de mi negación.
La cotidianidad indiana en comparación con el resto del mundo ya haría sospechar de que se tratara por nuestra parte, como sostenía Carmen, de una negativa a cuestionarse el sistema patriarcal convergente con la misoginia y la violencia de género.
Era algo mucho más sensato y sencillo: no somos dos comunidades que hay que nombrar separadamente. No somos indianos e indianas. Formamos una única comunidad: somos indianos.
Y por cierto, los indianos somos mayoría de chicas.
Domingo, 15 de Marzo de 2009
Estoy viendo The lost, terror de serie B para sesión de tarde dominical. Rodada en Barcelona y el Vendrell me recuerda a Vicky Cristina Barcelona: una Cataluña indistinguible de Asturias donde todo el mundo, del taxista al poeta, habla un inglés rico y suelto y vive en casas de suburbio americano. Eso si, con jardines elaborados, sensibilidad europea y sin que el vino ni el tabaco sean pecado.
Nada distinto de Irlanda en realidad: peculiaridad local -siempre tan pintoresca y entretenida- pero con el inglés como única lengua política, cultural y social. ¿No era la lengua universal acaso? Las otras lenguas se retratan como de exclusivo uso familiar, para la intimidad y la confidencia.
Las miradas del cine son programáticas. Expresan deseo tanto como realidad. Se rueda y se consigue la financiación para rodar en la expectativa de una aprobación que hace más a contar lo que uno quiere ser que lo que uno es realmente.
Europa, Cataluña, España… tiemblan de placer si el capital cultural norteamericano les devuelve una mirada. A poco que pueden le cuentan que son una gran Irlanda soleada. Sólo que Irlanda es en realidad una excolonia británica en la que siglos de English rule destrozaron patrimonio histórico, desarrollo económico y acerbo lingüístico. Y esta España de las pelis sólo desearía llegar a serlo.
Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just
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