Una persona solamente es libre si es dueña de las bases de su propia subsistencia, cuando no tiene obligación alguna de rendir pleitesía a nadie y puede abandonar su red de un modo efectivo si entiende que ya no atiende a las necesidades de su propia felicidad, felicidad que sólo ella misma puede juzgar.
La posibilidad del acceso a la propiedad por cada uno y el desarrollo general del comercio, son pues las bases económicas de cualquier ciudadanía que no consista en una mera representación. Es a esta sencilla verdad a la que llamamos neovenecianismo.
Exploradores Electronicos es una red de mercaderes y emprendedores libres dedicada al propósito de la construcción y experimentación de un espacio propio de ciudadanía libre, constituida sin coherción grupal o estatal alguna y consagrada al desarrollo de un espacio transnacional y desterritorializado en el que profundizar las libertades y derechos que hacen posible una vida plena en comunidades solapadas, pluriárquicas y no cohercitivas.
Para ello nos constituimos como una red distribuida de personas libremente agrupadas, actuando políticamente por si mismas y económicamente a través de empresas que se coordinarán y aliarán
voluntariamente para la creación de una infraestructura común de bases que, distribuidas por el mundo, han de servir para independizar nuestro comercio y nuestro debate de los avatares de cualquier estado o mercado y, sobre todo, para servir a la igualdad de oportunidades entre todos los exploradores, independientemente del estado que les provea de pasaporte.
- No hay que construir organización, no es necesario -ni positivo- fijar estructuras para alentar el debate social o hacer ciberactivismo en una red distribuida. Es justo el modelo contrario al del activismo de los siglos XIX y XX, la organización preexiste y es la propia red social en el sentido amplio, red que es, además, una red distribuida.
- Cuando la comunidad emerge, no existe para ningún fin distinto del de la propia interacción de sus miembros. No tiene sentido por ejemplo hablar de lo que debería hacer u ofrecer la Escola de redes. Como dice nuestro amigo Augusto de Franco, la escuela es la red: no hay una institución que ofrezca o haga nada, no hay un sujeto colectivo, aunque se comparta una identidad, el proceso de aprendizaje emerge de la propia interacción, no de la participación en proyectos lanzados de arriba a abajo. Así que si queremos aprender o investigar sobre, pongo por caso, bibliotecas en red, lo mejor que podemos hacer es documentar por nuestra cuenta y abrir un debate en la red sobre ello.
- Las algaradas francesas del 2005 nos enseñaron que una red distribuida puede crecer extendiendo el conocimiento que ya ha alcanzado, sin tener que repetir una y otra vez su debate interno y el proceso de aprendizaje original. Para ello tan sólo es necesario que el crecimiento no sea una mera interconexión entre nodos sueltos o representantes de subredes por muy distribuidas que sean cada una de estas. Si la red crece de forma distruida, no conectando líderes, sino un número amplio de nodos entre si, las experiencias de cada red pasan a formar parte del conjunto de experiencias de cada una de ellas
- En ningún caso este conocimiento es único, tiene una única posición. La plurarquía que mueve la capacidad adaptativa, innovadora, de las redes, se basa en la diversidad. Esa diversidad, esa divergencia de pareceres, es fundamental para la sostenibilidad de la red. ¿Por qué? Porque cuantas más alternativas sean exploradas más aumentarán las probabilidades de supervivencia ante cambios en el medio
- Las redes que no celebran, no merecen tener nada que celebrar. La celebración, la fiesta, lo lúdico y lo lírico es fundamental para la generación de confianza
y la confianza es el capital de las redes sociales, la base del capital social de una red.
Nota importante: todo lo que hace al trabajo en una red conversacional no necesariamente hace a una red de trabajo igualmente pluriárquica pero que define una comunidad de trabajo o de ciberactivistas.
No falla. Cada vez que se pregunta a los ciudadanos europeos (salvo a los españoles), emerge un gran NO.
Y es que esta Europa que desmonta el estado de derecho, que redescubre las virtudes del manchesterianismo y que troca universalismo por xenofobia en sus principios legales no es aquella que nos vendieron de chavales.
No es cosa de este último año. Es una política coherente desde, al menos, el 2002. Como siempre esta deriva autoritaria comenzó en Internet, siguió con la patentabilidad del software (una batalla, por cierto, temporalmente ganada) y maduró con el endurecimiento de la propiedad intelectual. Desde hace años la UE rema contra de las tendencias más esperanzadoras que emergen de la sociedad y socava las bases de su propia soberanía (y de la ajena).
Esta Europa disciplinaria que quiere ser Singapur no dará, a este ritmo, ni para comerciar. No, definitivamente no, no soy, ni seré, europeo. Si hace unos años sentía ajeno ese proyecto, ahora lo siento como una agresión continua a mis libertades. La UE no es una alternativa democrática a los excesos del estado nación, es la más firme vanguardia de su deriva autoritaria.