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Viernes, 22 de Febrero de 2008

E unus pluribum (segunda parte)

Pero no son sólo los idiomas, lo que define a los plurarquistas en cada campo es su sentido y defensa de la diversidad.

El movimiento por la devolución es precisamente un producto directo del plurarquismo, pues la propiedad intelectual aparece como un freno artificial a la diversidad y por tanto a la generación de espacios sociales de plurarquía.

Y más allá del multilingüismo práctico y de la opción por la Devolución frente a Creative Commons en mantra del uso del plural es constante.

El futuro no será una aldea global, sino miles de aldeas globales

nos aseguraba Augusto de Franco definiendo el localismo y avanzando el concepto de multiverso.

Podemos crear tantos blogs, agregadores, entornos colaborativos, wikis o foros como queramos. Entonces, ¿qué sentido tiene someternos a los deseos y los dictados de unos cuantos usuarios que controlan una comunidad virtual?

escribía Enrique Gómez resumiendo el debate que enfrentaba la unicidad de la Wikipedia a la idea de un universo plural de contextopedias

No existe una blogsfera sino muchas

defendía yo mismo en Sevilla y en Porto Alegre, mar de flores en mano, frente al dospuntocerismo y los rankistas de EEUU y España…

Siempre lo múltiple, lo diverso, la asunción de que no existe una sóla verdad social, una salsa de spaghetti perfecta… es decir, la convicción de fondo de que es posible vivir la abundancia y de que esta es un producto de la plurarquía, del amor a la diversidad.

E unus pluribum, de uno muchos. Porque al fin, diversidad social, libertad personal y abundancia son la misma cosa…

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 9:38 am | (0)

Jueves, 21 de Febrero de 2008

E unus pluribum

El inglés es la lengua internacional porque es la que utilizas cuando hablas con alguien de otro idioma- me dice Alexander Bard -lo que pasa es que la netocracia le cambiará el nombre y le llamará net-language, apostilla.

Le respondo que no uso un idioma para comunicarme más allá de los 400 millones de personas en cuatro continentes que hablan español como lengua materna. Uso muchos: inglés sí, pero también portugués, catalán, italiano y alguna vez hasta me he lanzado con el kikongo y el ruso… y lo haré en todo lo que me de tiempo a aprender o encontrar intérprete. Con mejor o peor suerte y conocimiento, desde luego, pero con voluntad no sólo de emitir sino de recibir.

Hoy en día pretender usar las lenguas imperiales en exclusiva implica un mesaje claro: el mundo es un teatro donde el debate anglo-norteamericano ocupa la escena y los demás somos sólo espectadores conminados a aplaudir y callar.

El dospuntocerismo es sólo el último jefe de clac. Nos quedan muchos más por ver.

Lo genial es que en Brasil todo el mundo que nos rodeaba hablaba, además del portugués, español y algo más, normalmente italiano, francés o alemán… y Bard decía que se estaban resistiendo a globalizarse por no hablar inglés!!!

Yo alucinaba. Las empresas que vimos tenían contratos en Libia, en Angola, en China… Los gobiernos locales hacían proyectos con la Macaronesia, con el ayuntamiento de Roma, con Colombia, con Chile… Los activistas y el público más joven salió el sábado a la hora de comer para llegar a la Campus Party que Telefónica organizaba en Sao Paulo con el show que habían montado en Valencia… ¡¡¡y se estaban resistiendo!!!

Los anglofonistas (que defienden el inglés como presunta “lengua de la globalización”) cada día se me parecen más a speakers neocoloniales de asalto que esperan el favor del que creen será más fuerte.

De fondo un pensamiento moderno que fue además el primer lema de EEUU: “E pluribus unum“, de muchos surgirá uno. Es al revés, la globalización o será distribuida o no será globalización sino imposición. E unus pluribum, debería ser nuestro lema: y de la unidad surgirán muchos…

¿Y saben por qué? Pues es sencillo, símplemente porque no existe una salsa de espaghetti perfecta.

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 9:36 am | (0)

Miércoles, 20 de Febrero de 2008

El debate mundial sobre la plurarquía

La Conferencia Mundial de Desarrollo de Ciudades fue un verdadero multiverso: cientos de escuelas y tendencias debatieron sus temas al mismo tiempo, solapándose y fertilizándose unas a otras. Uno de los clusters y no el menor en relevancia, desde luego, fue el que desarrolló el debate sobre la plurarquía.

Hoy he dedicado todo el día a sistematizar en mi contextopedia todo lo aprendido al respecto en estos días. De aquí en adelante por favor, pinchad en los enlaces, aunque espero pulir y profundizar las entradas en las próximas semana -incluso con cosas que de momento sólo aparecen en este post- de momento creo que son útiles a la claridad de la argumentación, especialmente si no habéis seguido el debate durante los últimos años.

La evolución de Bard y Soderqvist

Plurarquía y netocracia son términos que aparecen por primera vez en 2002 de la mano de Alexander Bard y Jan Sodervisq en su libro Netocracia.

Ya entonces lo novedoso del enfoque encajaba un tanto forzadamente en la vocación neomarxista de los autores, que trataba de definir a la netocracia como una clase en el sentido marxista del término. Alter ego internetero de la burguesía, encontraba su antagonista pasivo en el consumariado, nueva clase negativa de la sociedad nacida de Internet.

Con los años ambos autores radicalizaron su visión de la plurarquía. Originalmente descrita como la forma de organización natural de la netocracia y definida como un sistema en el que

todo actor individual decide sobre sí mismo, pero carece de la capacidad y de la oportunidad para decidir sobre cualquiera de los demás actores

la plurarquía va perdiendo poco a poco su sentido liberardor e identificándose con el sistema global de sometimiento del consumariado

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La mirada del ciberactivismo español

Aunque el movimiento ciberpunk y las Indias dieron noticia desde el primer momento de las tesis y los conceptos de Bard y Soderqvist, ayudándolos a popularizarse en nuestro idioma, sus desarrollos insistieron desde el principio en presentar tanto netocracia como plurarquía como una propiedad de las redes sociales distribuidas.

Se une entonces al planteamiento de Juan Urrutia sobre la lógica de la abundancia, desarrollando los fundamentos económicos del concepto:

[En la sociedad de las redes distribuidas] se produce un doble fenómeno, por un lado reaparece la esfera pública deliberativa, al liberarse del control de los grandes grupos mediáticos, por otro se redimensiona, pues la lógica de la abundancia reduce cada vez más los campos sobre los que es necesaria la elección colectiva en favor de aquellos donde reina la pluriarquía

La plurarquía tendría pues un sentido positivo, incluso programático, pues representaría la restricción del ámbito de la escasez y una razón para enfrentar la generación artificial de esta.

El la misma lógica, la netocracia será definida no como una clase, sino como los dinamizadores, los pequeños mumis que inevitablemente surgen en una red distribuida para mantener la lógica de la abundancia en su interior:

Las redes distribuidas se organizan pluriárquicamente, es decir no existe dirección en el sentido tradicional. Sin embargo surgen en el interior de estas redes grupos cuyo principal objetivo es dar fluidez al funcionamiento y los flujos de la red. Son grupos especializados en proponer acciones de conjunto y facilitarlas. No suelen estar orientados hacia fuera sino hacia el interior, aunque inevitablemente acaben siendo tomados, desde fuera, por la representación del conjunto de la red o cuando menos como la materialización de la identidad que les define.

Estos grupos son los netocracia de cada red, sus líderes en el sentido estricto, pues no pueden tomar decisiones pero juegan con su trayectoria, prestigio e identificación con los valores que aglutinan la red, a la hora de proponer acciones comunes.

La crítica al planteamiento de Bard y Soderqvist está implícita: el desconocimiento de los autores suecos de las bases materiales (topología y economía) de las redes distribuidas, les llevan a encajar artificialmente a la netocracia en el molde de la clase marxista.

Sin embargo, la propia insistencia sobre las lógicas materiales de la plurarquía a partir de la definición económica de lógica de la abundancia, restringían en principio demasiado el ámbito de aplicación del concepto a ámbitos de alta productividad o presencia de efectos red.

Poco a poco y a partir de la crítica de la web 2.0 y la práctica del neovenecianismo a pequeña escala, el concepto de abundancia se irá abriendo de lo virtual hasta significar, más allá del precio cero, la posibilidad de generar entornos donde no se imponga la elección democrática -o autocrática- a la acción colectiva.

Aunque la renuncia a las economías de escala suponga un coste de oportunidad cuyo marginal (el coste extra generado al conjunto social por cada nodo que decide no seguir la opción mayoritaria) no tiene por qué ser siempre decreciente, los beneficios de la diversidad pueden considerarse suficientes, ante incertidumbre, como para optar por una organización pluriárquica.

En otras palabras, para cuando el ciberpunk se está transformando en neovenecianismo, la plurarquía deja de ser una consecuencia de abundancia, para entenderse la abundancia como un resultado de la práctica de la plurarquía, poniéndose el centro del relato en el carácter distribuido de la red social.

El “localismo” de Agusto de Franco

Este era precisamente el presupuesto del localismo desarrollado por Augusto de Franco, quien partirá de una redefinición de local como cluster distribuido para teorizar y experimentar la práctica de la plurarquía en el contexto del desarrollo local.

Incorporando al análisis elementos de la democracia cooperativa de John Dewey y sus propios desarrollos sobre teoría de redes sociales, de Franco aportará contribuciones notables. Enfrentado a un entorno donde la sostenibilidad -tanto del desarrollo socioeconómico como la ambiental- es uno de esos consensos arraigados precisamente porque nadie sabe definirlos muy bien, de Franco, materializará el concepto en términos de robustez de la red.

Por definición sólo reestructurando como redes distribuidas las redes que les sirven de base puede asegurarse la sostenibilidad en cualquier ámbito: el energético, el desarrollo económico o la democratización del proceso político. La vindicación social de la sostenibilidad se convierte por tanto, al llegar a su materialidad básica, en un verdadero programa de desarrollo de los entornos sociales de la plurarquía.

Así la plurarquía aparece como una profudización del proceso democratizador que lejos de enfrentarse a la democracia como sistema político del estado nación, la defiende como presupuesto y la desarrolla desde lo local.

Una línea argumental que cierra el triángulo democracia-desarrollo-sostenibilidad en una especie de círculo virtuoso de la distribución de poder y la generación de mecanismos pluriárquicos en distintas facetas de la vida social. Este discurso de hecho ha servido de inspiración teórica a programas de la importancia del Gobierno Solidario Local de Porto Alegre (Brasil).

Conclusiones

De la teoría de la netocracia al neovenecianismo y el localismo, la plurarquía se revela como el gran concepto matriz para entender nuestra época. El debate sobre su significado y aplicación se da ya plenamente en el terreno de lo que hemos llamado los ejes del nuevo mundo, y sus distintas escuelas e interpretaciones representan ya, sin duda, los gérmenes de las grandes corrientes ideológicas del mañana.

Olvídense de los vacuos debates dospuntoceristas, si quieren conocer las divisorias que durante el próximo siglo ocuparán el espacio que en su día tuvieron la de liberales-conservadores durante el XIX o derecha-izquierda durante el XX, empiecen a profundizar en las diferencias entre las teorías de la plurarquía y las de la netocracia

Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 2:45 am | (0)

Martes, 5 de Febrero de 2008

La venta de Yahoo! y tú, quien al final manda

Se está escribiendo mucho sobre la posible compra de Yahoo! por Microsoft. Pero mucho más allá de la épica de los gigantes, lo que se está poniendo en cuestión es la estructura misma de la web. Al final del viaje la web 2.0 y la web 2.1 nos han llevado de cabeza al maravilloso mundo del monopolio y el control de nuestra privacidad.

Como publicamos hoy en la Bitácora de las Indias, lo que está en juego es la misma lógica del mumi y la vuelta a los monopolios tradicionales:

La cada día más cercana compra de Yahoo! por Microsoft generaría sólo dos posibles concurrentes globales, con un número de servicios tal y tan extendidos que la posibilidad de cambiar de mumi serí­a cara para cada usuario. Y con un control y potencia financiera tales que actuarían como barrera de entrada ante cualquier posible nuevo mumi que les amenazara.

La blogsfera y nosotros que la queremos tanto

¿Qué hacer? Recentralizar en cada uno, en cada blog, lo que al final supone, por agregación, redistribuir.

¿Dificultades? Desde luego no de precio. A fin de cuentas, la memoria es cada vez más barata y los servicios de hosting barato ofrecen ya gigas por 4€ al mes todo incluído.

No, la dificultad es cultural: la ética del hacker, la lógica del bricoleur, se ha visto anegada por discursos que trasladaban el acento del hacer, el aprender y el compartir a la experiencia de usuario, del protagonismo de las personas autoorganizadas en redes, a su conversión en espectadores las estrellitas blogueras y los gigantes corporativos.

En una palabra, exáctamente igual que pasó con las invasión de las puntocom a finales de los 90, el discurso dospuntocerista ha servido para propagar la pasividad que decía haber superado, para pasar de un consumariado inactivo a uno creativo pero dependiente de las herramientas de otros.

Por eso, nos toca a todos convertirnos en pequeños mumis, enseñar a nuestros amigos a convertir sus vídeos a flv fácilmente con mencoder y tener sus propios players en sus blogs para no necesitar a YouTube, usar jabber o el propio blog para eludir a Twitter, o montar nuestros pequeños flickrs que unan cámara, móvil y bitácora…

Se acabaron los días felices y cómodos donde nos daban todo hecho. Para ser libres hay que ser netócratas: aprender, compartir, enseñar… Vuelve el tiempo de los pequeños mumis para todos los que no quieran caer en el lado triste, de la nueva brecha digital abierta por los gigantes y convertirse en consumariado, en meros espectadores participativos y vigilados de alguno de los dos grandes.

Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 11:45 am | (0)

Domingo, 3 de Febrero de 2008

Cómo ver la tele me hizo volver a creer en el Arte

No tengo aparato de televisión y aunque instalé Zattoo, la verdad es que casi nunca me acuerdo de echar un ojo en busca de algo interesante. La tele es para mi como el zumo de tomate para muchos viajeros de bussiness class, algo que sólo consumo cuando estoy en ruta, cuando aparezco por la noche en la habitación del hotel antes de dormir.

La experiencia se suele resumir en un breve paseo por los canales abiertos, que acaba en constatación del triste destino de la tele con parada final en alguno de los grandes canales internacionales de noticias.

Pero el otro día fue distinto. Creo que estaba en Sevilla. Pude vivir un gran momento. Un momento que me acercó a Duchamp y Malevich y que me ha tenido reflexionando durante todos estos días porque creo que me ha llevado a volver a creer en el Arte. Pero pongamos un poco de contexto…

Hasta la difusión de la fotografía, qué era arte y qué no resultaba bastante evidente. La creación icónica era socialmente muy costosa. Sobre esto escribí bastante, hace ahora diez años:

Durante siglos, la producción y la creación de imágenes tuvo un coste social tal que limitó su uso al ritual político y religioso. De este modo la imagen misma se identificó con el poder y la gloria, hasta el punto de que los dioses monoteístas, como expresión de lo omnímodo de su poder, se diferenciaron de los dioses anteriores en exigir la prohibición de todo elemento iconográfico.

Sin embargo las imágenes pervivieron en el cristianismo (y en general en las religiones proselitistas) por su utilidad política y educativa, y en cierta forma como una herencia del substrato politeísta de los pueblos conversos, aunque no sin contradicciones, cismas y problemas (desde los iconoclastas a la Reforma).

Las nuevas formas de reproducción gráfica, del grabado a la imprenta y finalmente a la litografía, fueron convirtiendo la imagen
bidimensional en un cotizado bien de lujo, pero en último término normal, y despojándole de su carácter místico. Carácter que sin embargo encontró refugio en el concepto humanista del artista como creador, al fin como émulo o discípulo de la divinidad, de la cual de algún modo participaba a través de la inspiración. Aquí nació la idea moderna del arte sin precio. Como expresión o participación directa de la divinidad, no podía tenerlo.

La evolución técnica habría de dar un vuelco a la visión del arte y al modo de representación nacidos con el humanismo renacentista. Una máquina, que en el fondo no era más que un mecanismo de caja oscura como aquella en la que estaba basada el ideal de perspectiva/representación al uso, reproducía fiel e instantáneamente la realidad en dos dimensiones.

Abocado a un nuevo modo de representación, la gran pregunta del Arte será entonces qué es el Arte y las obras de la vanguardia su investigación práctica. El famoso urinario de Duchamp dará una respuesta que seguirá centrada en el autor. Como explicaría el propio Duchamp sobre el polémico mueble de baño:

Si el Sr. Mutt construyó o no con sus propias manos la Fuente no tiene ninguna importancia. Él la ELIGIÓ. Tomó un objeto de la vida diaria, lo reubicó de manera que se perdiera su sentido práctico, le dio un nuevo título y punto de vista y creó un nuevo significado para ese objeto.

Pero a esas alturas Malevich ya había presentado Blanco sobre blanco y con él dado la respuesta que se convertirá en canónica: si el Arte es generación de sentido, no reside tanto en el autor como en el observador, el cŕitico, que le atribuye significado.

Resumiendo a lo bruto, lo que aprendí de mis mejores profesores de Historia del Arte, desde Jesusa Vega en la UAM a los cambridgeanas tertulias del Madingley Hall fue que el Arte lo hacen los críticos… y que todos somos críticos. Por eso ya nadie habla de obras, sino de propuestas, porque al final del viaje el artista simplemente expone una propuesta a la que los demás, su contexto social, darán o no significado convirtiéndola o no en Arte.

Esto implicó también un cambio radical en la actitud de la élite intelectual hacia el llamado Arte de masas. Es difícil entender hoy la ruptura que supuso la famosa entrevista de Truffaut a Hitchcock. El cine americano, los carteles, el cómic, la publicidad, la música pop… todos los géneros y ámbitos creativos despreciados por una élite intelectual a la defensiva de las tecnologías masificadoras de la imagen, podían ser criticadas y por tanto dotadas de sentido y convertirse, en ese momento en Arte, así con mayúsculas.

Eso era lo que hacían por ejemplo Antonio Gasset y su añorado Días de Cine. O a su propia manera las revistas más o menos pretenciosas de música pop. Y de ahí nacieron por cierto también todas esas imposturas y ese nuevo elitismo de lo cool que comentaba el otro día Arnau en el debate sobre el estado cultural de Barcelona.

Pue bien, cuando todo parecía ya explorado, cuando como cada año uno empieza a pertrecharse de ánimos y estoicismo a ver si consigue dar sentido a ARCO, entro en el hotel, enciendo la tele y descubro el último paso del siglo XX. El último avance del Arte.

El contenedor se llamaba, creo, Cuatrosfera. Sobre cortes y escenas de películas porno aparecía la figura de un crítico que con desapasionado y monocorde tono gassetiano aportaba sentido y regalaba significados como un campeón a las últimas novedades del cine X. Glorioso: presentaba la clásica escena de neumática tatuada en felación de armario con coleta y traje de baratillo como “una instrospección en el mundo de los ejecutivos de grandes compañías“.

Atónito por unos segundos, empecé a reir de puro contento. ¿Quién dijo que el Arte no podía ya avanzar ni sorprendernos? Hay, ahí fuera, un mundo infinito con el que jugar, ironizar y al que aportar significados, y si un canal en abierto, un viernes de madrugada es capaz de hacerlo con una peli pornocaspa… ¿no podemos hacerlo todos con nuestra propia vida?

Todavía no había acabado de decírmelo a mi mismo cuando me di cuenta: había vuelto a creer en el Arte.

Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 1:18 pm | (0)

Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just

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