Hoy es un día más que especial para todos los indianos. El día en que el sueño empieza a dejar de ser sueño y se hace tangible. Pequeño, ambicioso y generoso. Pero sobre todo tangible.
Hoy Arnau y Meri, con Nat, fueron a la notaría del padre de Paco y fundaron Orlantrix, la empresa que lanzará Orlandooo-things.
Las Indias y sobre todo Nat han tenido que soportar muchos ninguneos y mezquindades en estos años. Muchos no llevan bien que una enfermera de 25 años cambie el mundo, cambie ella misma, funde con 3001 euros y ni un contacto en la agenda una consultora de innovación y en 5 años de trabajo constante, sin pelotazos, sin enchufes, a pura inteligencia, imaginación y jornadas interminables, con una generosidad a prueba de cualquier miseria, llegue a facturar números de siete cifras. Si además esa empresa atiende a un proyecto intelectual e ideológico, serán muchos los que no perdonen.
Pero ahí está. Miren la foto de la derecha. Miren a Meri y a Nat. Mírenlas de nuevo. Miren que joven y hermosa es la felicidad del que no se cansa de dar, de ofrecer y sentir que su trabajo es un gran regalo que ha de servir a todos.
Tal vez algún día caigamos. De hecho no faltaron caídas hasta hoy. Aprendimos de cada una. De cada una salimos más sabios, fuertes y generosos. Si alguna vez dudan de que la próxima vez sea también así, miren esa foto de nuevo. Recuerden a Meri y a Nat hoy y sabrán que nos volveremos a levantar una y otra vez, porque aquello por lo que luchamos y en lo que vivimos, realmente merece la pena. Porque sólo el que ha probado a darse y ser feliz, el que ha cantado en medio de lo terrible y nunca ha dudado en tender la mano, sólo el que no teme contaminarse de los otros, el que, no importa cuanto prejuicio o desprecio reciba, mantiene el alma limpia y la mente abierta, puede construir mundos que merezcan ser vividos.
Y el nuestro, nuestra pequeña y ágil enredadera ha crecido con la tenacidad y perseverancia de la vida. A su celebración nos dedicamos. Construimos y cantamos. Creemos. Damos. Continuaremos. El sueño comienza ahora.
¿Por qué los economistas ya no defienden el copyright y las patentes?
El argumento convencional a favor de la existencia de un monopolio legal sobre la invención o la creación artística e intelectual en favor del autor (que eso y no otra cosa es lo que llamamos propiedad intelectual) tiene dos partes.
- La actividad creativa o inventiva exige una inversión inicial fuerte que redunda en existencia de rendimientos crecientes a escala que hacen inviable la competencia.
- Segundo, el correspondiente monopolio natural tampoco resulta viable si el producto es reproducible a bajo coste.
En consecuencia, decía la argumentación convencional, si queremos que exista la actividad creativa de que se trate es necesario hacer viable el monopolio incrementando artificialmente el coste de la reproducción del producto que incorpora la invención.
Hasta hace 5 años casi todos los economistas tenían este argumento convencional grabado en su disco duro
pero ya había experiencias que señalaban que la realidad, merced al desarrollo de las tecnologías de comunicación distribuida, estaba cambiando. La música era tal vez el ejemplo más popular, pero la industria que más llamaba la atención de los economistas era otra. Una industria que se adaptó antes que ninguna otra a Internet y donde la propiedad iintelectual tenía difícil reclamo, pero que, sin ninguna duda era de las más innovadoras del nuevo entorno: el porno.
El cambio de paradigma comenzó en Mayo de 2002, cuando los profesores en UCLA Michele Boldrin y David Levine publicaron en la American Economic Review el primero de una serie de artículos y papers que demostraban la no necesidad de la existencia de propiedad intelectual para la existencia de incentivos a la innovación en un marco como el actual.
Los resultados dejaban claro que si la invención o idea creativa está incorporada en un producto (lo que es siempre el caso); si la reproducción o imitación o copia exige una cierta formación intelectual ó técnica que hace que la imitación nunca sea sin costes (lo que ocurre en general) y si hay límites a la capacidad de reproducción (lo que es bastante obvio en la mayoría de los casos), el valor descontado presente de las cuasi-rentas que recibe el creador inicial en ausencia de copyrights o patentes, es positivo y crece a medida que se reducen los costes de reproducir el producto en el cual la idea se incorpora.
Es decir, la disponibilidad de ordenadores e internet informáticas que abaratan el coste de reproducir y transmitir informacion hará crecer, no disminuir, los beneficios que pueden obtener los autores en ausencia de la protecion ofrecida por el copyright. En consecuencia y de forma general, el autor no necesita el monopolio para tener incentivos y no sería necesario el copyright para encarecer artificialmente el coste de la reproducción o copia.
Pero, en la práctica, ¿no son necesarias las patentes?
En poco tiempo, el modelo de Boldrin y Levine se incorporó al corpus de la teoría económica y hoy es ya tan convencional como en su día fue la argumentación favorable al copyright.
Otra cosa son las ideas socialmente aceptadas. De hecho, algunos sectores industriales han conseguido afianzar en la población la falacia de la necesidad de un monopolio. Paradójicamente, el de mayores costes sociales, la industria farmaceútica, sea el que más éxito ha tenido aunque los propios Michele Boldrin y David K. Levine en su ya famoso libro que continúa el paper del 2002 no sólo no hagan ninguna excepción, sino que recogiendo todas las referencias del análisis económico de los últimos años, den como ejemplo a las farmaceúticas de una industria donde la patente ha resultado desincentivadora para la innovación.
En realidad hacia donde apuntan los análisis económicos es a señalar que el efecto del sistema de patentes farmaceúticas a lo que ha llevado ha sido a la generación de una costosísima industria improductiva y altamente concentrada: las patentes no han financiado la innovación y el I+D sino el marketing y la concentración monopólista.
Como escriben Xabier Barrutia Etxebarría y Patxi Zábalo Arena, profesores del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco en un artículo republicado por CIDOB:
el gasto en marketing es un elevado coste fijo que, al igual que la investigación, dificulta la entrada de nuevas empresas en el sector y facilita el monopolio. Así, el marketing es muchas veces un área de colaboración y alianzas estratégicas entre las empresas farmacéuticas. De hecho, los gastos de marketing son cada vez mayores. En 2000, las empresas farmacéuticas innovadoras de Estados Unidos empleaban un 81% más de personal en marketing que en investigación y desarrollo (I+D). Y ésta es una proporción creciente, puesto que en 1995 el personal dedicado al marketing sólo era un 12% mayor que el ocupado en I+D, que incluso ha descendido ligeramente desde entonces (Sager y Socolar, 2001).
Imaginar un mundo sin patentes farmaceúticas no consiste en buscar incentivos alternativos, sino en imaginar como los incentivos de mercado van a poner en marcha de nuevo la competencia por innovar, crear nuevos medicamentos y tener líneas más efectivas de investigación y baratas de producción, acabando con la competencia actual, centrada en el costosísimo control de los canales de prescripción y el asalto mediante lobbies de las instituciones reguladoras (básicamente la EMEA europea y la FDA norteamericana, financiadas por cierto, en más de un 75% por la propia gran industria). El sistema ha funcionado: según datos de la propia industria, los cinco mayores laboratarios acaparan el 25% del valor de la producción mundial. No nos engañemos, las grandes farmaceúticas colaboran más que compiten en aquello que la patente les fundamenta: el bloqueo de posibles nuevos concurrentes. Que se lo digan si no a ilustres innovadores zancadilleados en el proceso regulatorio, como Patarroyo o Zeltia.
El impacto de la devolución en esta industria reduciría el tiempo de explotación exclusiva de los medicamentos por debajo de los cuatro años. Conforme avanzara la tecnología de síntesis es probable que llegara incluso a rondar los dos años, que es el record actual de plagio, acusado aunque nunca demostrado en el caso del Warfarin, la versión genérica de un anticoagulante llamado Coumadin patentado originalmente por DuPont Pharmaceuticals Inc.
Lo interesante del caso Coumadin es que sigue generando unos ingresos de unos 500 millones de dólares anuales a DuPont. Según el Wall Street Journal el gasto mensual por paciente costaría 35.50 dólares frente a los 28.60 del genérico. Sin embargo, a pesar de la diferencia de precios, Coumadin sigue reteniendo casi el 80% del mercado.
Algo parecido nos dice la experiencia del Zovirax, la famosa pomada contra el herpes labial, quien a pesar de existir un genérico (aciclovir) hasta seis veces más barato, conserva diez años después un 66.5% del mercado.
Esto se debe a que en los países ricos, los mayores consumidores mundiales de medicamentos, los precios en relación a las rentas medias, son lo suficientemente bajos como para que los consumidores mantengan estrategias conservadoras y fidelidad a las marcas. Los grandes beneficiarios de los genéricos son los países periféricos, los sistemas nacionales de salud y a través de estos las personas de rentas más bajas.
Pero por lo mismo, en la industria farmaceútica, el que llega primero, el innovador, tiene incentivos más allá de la patente suficientes como para justificar y rentabilizar sobradamente el I+D. Hoy Coumadin sigue siendo el producto estrella de DuPont, fundamental dentro de las cuentas de la multinacional, a pesar de haber sido uno de los pocos casos donde la aparición casi simultánea de un genérico crea una situación asimilable a la que se daría en ausencia de patentes.
Un mercado farmaceútico sin patentes vería pues con toda probabilidad una inversión mayor en I+D pues sólo la innovación garantizaría rentas extraordinarias temporales cercanas a las de monopolio. Pero también vería una rápida extensión de las innovaciones, bajo la forma de genéricos, en los países menos desarrollados.
En algunos segmentos como los fármacos ligados a epidemias, llevaría sin duda a las farmaceúticas a aceptar riesgos mayores manteniendo stocks disponibles más amplios pues ante una amenaza de pandemia los laboratorios de genéricos podrían ocuparle parte del mercado. Lo que en estos días estamos viendo en Europa con el Taminflu es conocido de sobra en los países periféricos, con un alto precio en vidas humanas, algo que podríamos llamar el precio social de la patente.
Pretender solventar estas situaciones mediante compra -es decir, sólo cuando afectan a los países ricos- es inmoral (sobre todo después de las experiencias con la malaria en buena parte del Tercer Mundo o el SIDA en Sudáfrica). Pretenderlo mediante expropiación contraproducente, pues existiendo las patentes, reorientará las inversiones hacia otro tipo de enfermedades y frenará la investigación de fármacos ligados a las nuevas epidemias. La única solución a medio plazo es la devolución.
La práctica social de la innovación y la creación en la sociedad digital
Pero Internet no sólo está transformando la generación de incentivos. También está modificando los entornos donde se genera la innovación. Durante los últimos dos años se han escrito miles de artículos, libros y posts sobre el concepto web 2.0.
Todos los analistas y teóricos, desde Juan Urrutia que fue seguramente el primero en teorizar el tema allá por 2003 ([1], [2 y sobre todo [3]) hasta hoy, pasando por Tim OReilly que acuñó el término un par de años más tarde, coinciden en que la novedad fundamental aportada por esta fase de la evolución de los servicios de Internet es la confusión de papeles entre consumidor, productor e intermediario.
La esencia de la web 2.0 al fin es la aparición de repositorios masivos como YouTube o Flickr que son el resultado de la puesta en disposición de materiales por una gran masa de usuarios distintos que generan un poderoso efecto red que periclita el atractivo de hacer valer los derechos legales monopolísticos: el valor de lo que pongo a disposición de la red siempre será menor que lo que pertenecer a la red me ofrece. Es más, dada la lógica de las comunidades distribuidas, cuanto más uso se haga de aquello que yo comparto y ofrezco mayor será el valor presente que la sociedad adjudique a mis creaciones futurasa.
Pero la web 2.0 es sólo un primer apunte del modo de innovación y creación que está cuajando. En los últimos meses han ido cobrando relevancia una serie de herramientas que van un paso más allá y generan un entorno que ya empieza a conocerse como web 2.1.
La esencia de este nuevo modelo social y comunitario es fomentar la creación individual a partir de un repositorio colectivo, el bricolage digital.
Si YouTube es simplemente un gran repositorio audiovisual, Jumpcut, su alternativa 2.1, no sólo permite descargar los vídeos de otros, sino remontarlos, mezclarlos con contenidos de cualquier usuario y volver a poner el resultado, como un objet trouvé, a disposión de quien quiera seguir con la gran digestión social.
La web 2.1 escenifíca de manera radical lo que es una referencia común en el mundo del arte y la ciencia: no hay tanto creación, como postproducción. Aportes y propuestas individuales que generan capas de sentido a partir de un gran almacen social preexistente. Un bricolage individual sobre el acerbo social. Continua propuesta. El mito del autor como creador, trasposición moderna de la figura divina, portadora de la gracia, se revela definitivamente como un rey desnudo.
Creative Commons
Creative Commons es un sistema de licencias de propiedad intelectual y una organización dedicada a dar soporte a su uso publicadas originalmente por el jurista norteamericano Lawrence Lessig el 16 de diciembre de 2002.
En 2003 Lessig defendió ante la Corte Suprema de EEUU la inconstitucionalidad de la Sonny Bono Copyright Term Extension Act (CTEA), una ley que extendía temporalmente los derechos de propiedad intelectual. El juicio, que perdió finalmente quedó para la jurisprudencia como Eldred contra Ashcroft. Lessig argumentó que la reducción legal del procomún bajo Dominio público significaría una pérdida económica para la comunidad en su conjunto y que lejos de aumentar los incentivos a la innovación los reduciría.
El cliente bajo cuyo nombre actuaba era Eric Eldred, un editor con diversas empresas on y off line dedicadas a la difusión de obras bajo dominio público. Con Creative Commons, Lessig pretendía mostrar como la extensión temporal del monopolio legal sobre las creaciones podía equilibrarse mediante un sistema de licencias que permitiera a los autores reducir en determinados casos el alcance de sus derechos exclusivos mediante su cesión al público.
El sistema de licencias Creative Commons plantea la propiedad intelectual como un continuo entre el todos los derechos reservados y el dominio público donde los autores pueden elegir distintos grados de protección atendiendo a cuestiones somo si permiten el uso comercial por terceros, la utilización para la creación de obras derivadas o si incorporan o no una clausula viral que obligue a que las obras derivadas tengan que tener una licencia igual.
Como plantea la organización CC en su sitio oficial, su objetivo es animar a los autores a colocarse en algún lugar intermedio, declarando some rights reserved, algunos derechos reservados:
Too often the debate over creative control tends to the extremes. At one pole is a vision of total control a world in which every last use of a work is regulated and in which all rights reserved (and then some) is the norm. At the other end is a vision of anarchy a world in which creators enjoy a wide range of freedom but are left vulnerable to exploitation. (
) We work to offer creators a best-of-both-worlds way to protect their works while encouraging certain uses of them to declare some rights reserved. (
) Thus, a single goal unites Creative Commons current and future projects: to build a layer of reasonable, flexible copyright in the face of increasingly restrictive default rules.
Según declaraciones del propio Lessig, más del 90% de las licencias Creative Commons en funcionamiento en contenidos online implican un grado de protección monopolista mayor que el dominio público y más de la mitad de ellas impiden la generación de obras derivadas.
¿CC o Devolución?
Como hemos visto, Creative Commons plantea la propiedad intelectual como un contínuo entre el dominio público y el todos los derechos reservados donde el autor puede elegir y graduar el nivel de protección de su obra.
Creative Commons se plantea por tanto la misma cuestión que el Movimiento por la Devolución: ¿¿Qué hacer con el régimen de propiedad intelectual??
Pero CC responde que no es necesaria la reforma legal, que puede solucionarse en términos de elección individual y no en términos políticos
lo cual es un mensaje político en si mismo, dado que si no es necesaria la reforma, el sistema de propiedad intelectual se legitima y refuerza con el uso de Creative Commons en vez de cuestionarse.
Los privilegios estatales se enfrentan abogando por su derogación
y si hay demasiados poderes en juego por su limitación temporal. En eso consiste el movimiento por la Devolución. Y con ello si cabe un planteamiento reformista: ¿que las obras artísticas tienen hoy un tratamiento similar al de una propiedad física 70 años después de la muerte de su autor? Reduzcámoslos a 10 que empiecen a contar con su fecha de registro público e incentivaremos de paso una industria más ágil y más valiente. ¿Que las patentes de las farmaceúticas pueden funcionar durante 20 años? Reduzcámoslas a 5
Eso es la Devolución como movimiento.
Además,desde el punto de vista del movimiento por la Devolución, son preferibles patentes y derechos intensos pero breves y cláramente delimitados en el tiempo a sistemas de derechos eternos que controlen sin embargo el rango de aplicación. Y esa es jústamente la lógica que opone al devolucionismo y a Creative Commons: el gran menú de opciones CC no sólo confunde sobre la naturaleza de los problemas derivados de la propiedad intelectual sino que genera en si mismo un coste impresionante de gestión y uso de cualquier repositorio que lo adopte, al obligar a mirar la etiqueta antes de reciclar o usar para una nueva obra cualquier creación anterior.
¿Complementarios u opuestos?
En conjunto, el planteamiento político de Creative Commons es en realidad el opuesto del del Movimiento por la Devolución:
- Para CC los problemas y costes sociales del monopolio que legalmente sostiene la propiedad intelectual pueden ser corregidos por los propios autores mediante un sistema flexible de liciencias. El sistema no es cuestionado, tan sólo sus extremos. La propiedad intelectual es una opción individual.
- Para los devolucionistas, la propiedad intelectual es un monopolio legal contraproducente y socialmente costosísimo, un problema político al que sólo la reforma legal y la reducción progresiva de los tiempos de explotación ofrece un horizonte de solución razonable.
- Para CC la restricción sobre obras derivadas y uso comercial son opciones equilibradas recomendadas a los autores como protección
- Los devolucionistas licencian sus obras bajo Dominio Público y critican el complejo sistema de licencias de Lessig por suponer un coste extra para la gestión y uso de cualquier repositorio colaborativo en el que bajo CC hay que mirar la etiqueta de cada pequeña pieza antes de utilizarla.
Conclusiones
Sólo la Devolución nos permite un horizonte en el que el par diversidad~innovación no sea alternativo al par cohesión~extensión del conocimiento. Sólo la Devolución genera un verdadero procomún: el viejo y estupendo dominio público de la tradición jurídica continental, el gran contenedor del que durante siglos los comunes hemos sacado las piezas con las que participar de la innovación en las Artes, las ciencias y el cambio tecnológico.
Su restauración, refresco y actualización mediante una restricción temporal progresiva de las patentes y derechos de exclusividad otorgados por el estado a las creaciones, es el camino a seguir.
Nota: Este texto está escrito desde la lógica del bricoleur a base de enlazar, copiar, pegar y modificar textos de Juan Urrutia, Michele Boldrin y una multitud de otros autores, incluído yo mismo.
Volvamos por un momento a la Edad de oro del mundo descentralizado. Imaginen el atrezzo de 39 escalones y los periodistas de Luna Nueva.
El mundo está aprendiendo las lecciones de la primera guerra mundial. La popularización de los motores de gasolina, la extensión de las autopistas y las líneas aéreas asocian futurismo y velocidad. Los pintores futuristas italianos crean un nuevo género pictórico que hace del picado el símbolo de los nuevos tiempos, la aeropittura. Los rusos convierten el automovil en símbolo. Son los años del blitz, la guerra relámpago. Nunca la red descentralizada había estado tan extendida ni tan tensa.
La velocidad y la inmediatez son el aporte de los 30, en el periodismo, en la política, en la guerra y en los transportes. Cada rama, cada subred, dependen de sus nodos centralizadores. El führer princip, el principio del liderazgo, se teoriza y se hipostasia en Mussolini y Hitler, las estrellas europeas ascendentes. Pero
La velocidad y la inmediatez surgen de la economía de conexiones propias de la descentralización. Estamos en las antípodas de la frondosidad y recursividad de las redes distribuidas.
En la red descentralizada el tipping point, la explosión de la info en red, es un acto de voluntad del líder, del nodo centralizador, que envía sus consignas de una vez y para siempre en la tranquilidad de que llegarán al último rincón retransmitidas por la cadena de mando. En las redes distribuidas el resultado de un periodo de maduración en el que se forma una masa crítica que sólo tras un tiempo estalla en una explosión de información socializada.
La estructura de la relación entre nodo y lectores de un blog tomado aisladamente, de los periódicos, de twitter, de 20palabras o del Ecoperiódico es una estructura centralizada. Por eso la velocidad es rápida, la inmediatez total aunque sólo dentro de esa pequeñísima subred. Si se cae el nodo, los lectores pierden los posts. Si pueden seguir accediendo a la info por mil lados más es porque ese blog o ese periódico están en una red distribuida cuya pesada digestión informativa no se caracteriza precisamente por la velocidad.
Inmediatez y velocidad no son características de las redes distribuidas, bien al contrario, distribuición implica recursividad, implica recibir muchas veces y por distintos lados, el mismo SMS de convocatoria, la misma noticia a comentar, el mismo meme que retransmitir. Implica no depender de nadie en concreto para poder recibir cualquier info que se mueve por la red porque a la misma info se puede llegar por muchos lados. Pero no olvidemos, en la red distribuida el poder de filtro desaparece porque se multiplican los conectores, los pasos intermedios, no porque no haya intermediarios sino porque son infinitos, es decir, precisamente porque no hay ni inmediatez en absoluto y en consecuencia la velocidad es cuando menos, dudosa
Sólo si hablamos de la blogsfera como un todo, la estructura de la red es distribuida. Los lectores no dependen del nodo como filtro, por eso la info vive más tiempo, se arrastra durante horas y finalmente, si cuaja, se retransmite desde mil nodos más hasta convertirse en tema del debate social.
Ningún blog o periódico puede ser distribuido, todo lo más tener una estructura descentralizada de redactores
como tuvieron los periódicos siempre. Lo distribuido no tiene un lugar, no depende de un nodo. La blogsfera tomada en conjunto es distribuida precisamente porque como la RMD que experimentamos en estos días, rompe la identificación entre info y nodo. No hay un sitio, de donde recibir la info, hay muchos accesibles, ninguno es central, ninguno imprescindible para acceder a ninguna información. Si para llegar a la info hay que teclear una única dirección, si cayéndose un servidor o un grupo de servidores del conjunto, el contendido se torna inaccesible, es porque no hay distribución, sino centralización.
Por eso me pasma cada vez que leo que velocidad e inmediatez son características de la información en Internet. Porque significa que o bien confunden la red global con su red de lectores, o bien el proyecto de futuro que quieren para el conjunto es la vuelta al viejo sistema descentralizado.
Y desde luego, el periodismo distribuido no existe, es un oxymoron, a no ser que llamemos periodismo a la digestión informativa de la blogsfera como un todo o a experimentos como la RMD que no pueden, en ningún caso, ligarse a un dominio o un servidor específicos.
Esta mañana mi llamó la atención que Eraser me confundiera con Pere atribuyéndome su excelente minipost Lo nuestro no es Miss América. En él, sobre la RMD decía Pere:
Ahora todo me encaja. El mundo anglo, calvinista, como diría David, inventó twitter, una gran conversación banal centralizada. Una conversación que encaja a la perfección con el mundo del rankismo, la cuestión es ver cuanta gente sigue mis absurdos twits
y todos juegan el juego.
Nosotros, este fin de semana, aportamos algo mucho más poderoso. Nuestro prototipo transforma la conversación en un bazar distribuido y caótico. La gracia es que al ser distribuido uno ya no sabe cuanta gente le sigue, el rankismo se derrumba, y la conversación fructífera y lírica entre personas que realmente tienen algo que compartir se forma.
Frente al concurso de miss América, nosotros nos quedamos con El Padrino.
Kowalinsky seguía la línea argumentativa un pasito más allá:
O dicho de otra forma; el caos total ha llegado a la oficina. Los blogs convertidos en la cuna de la generosidad, en el pase y siéntase como en casa. Cada uno puede entrar, toquetear, contribuir o molestar. Lo cual significa muchas cosas y entre ellas significa más horas delante del blog. Más aún.
Aquello de la bitácora personal se renegocia, el ego se deja de lado y se concentra la acción en dejar a los demás que digan la suya. Este es el invento.
El fondo contra las formas. Lo nuestro no es Miss América.
Todos llevan razón. Incluso eraser confundiéndome con Pere, porque esa confusión, que apunta a una nueva definición de identidad, es realmente lo más interesante de todo este juego radicalmente distribuido
Un juego que ha dado (con razón) un poco de vértigo incluso a viejos amigos como David Gil o Luis, de Intropía y cuyas consecuencias merece la pena discutir
Las claves del vértigo
Lo atractivo y subversivo de la RMD es que rompe y socava unas cuantas ideas establecidas sobre la blogsfera y los blogs, que al final lo son sobre la autoría y la identidad:
- se rompe la igualdad autor/blog: Mi blog ya no es sólo mío. Mi blog es un sitio donde salen publicados mis maxiposts, pero también los miniposts de un montón de gente.
- se multiplica y deshace la relación autores/blogs: En conjunto a día de hoy la red tiene una veintena de autores que publican en menos de una decena de blogs. Los autores, los miniposteros, son, somos, una esfera virtual más que se mueve por la red y utiliza como plataforma el conjunto de blogs adheridos
- se rompe la unidad entre lo que escribo y lo que proyecto: ya no hay un sólo David de Ugarte
te puedes suscribir a mis miniposts e incorporarlos a tu blog, pero
- Mis miniposts tendrán distintos contextos, estarán en distintas conversaciones y de ese modo transmitirán algo distinto también. Significaré distintas cosas en distintos blogs
Entonces, si yo no soy ya sólo ni totalmente mi blog, ni siquiera mis miniposts (que están en muchos contextos diferentes, incluso filtrados de diferentes maneras)
¿quién soy en la red?
La respuesta sencilla es decir: soy la reflexión y la lírica (maxiposts) que en mi dominio, en lo que un día fue mi blog exclusivo, se rodea de una conversación a medida. Soy el que elige a los comensales de mi banquete, aunque no elija su menú.
Pero ayer con Juan Urrutia apuntábamos otra definición: mi identidad reside justamente en aquello que otros publican y que no comparto, pero que me gusta que esté ahí, donde hasta ayer reinaba yo solo.
Y ¿saben qué? Es divertido y enriquecedor esto de pasar de yo rey a nosotros red
Hoy, cuando todo el mundo, incluído este blog, hablaba de Google y OpenSocial, no podía dejar de pensar en cuando allá por mayo de 2004 dábamos el RIP de Orkut.
Orkut fue una de los primeros servicios de agenda social, conoció su estallido mucho antes de mySpace o Facebook
y era de Google
pero
Orkut se concibe a si mismo al modo de un parque temático en el que te registran para que no entres con bocadillos. La cuestión no era tanto la calidad tecnológica de los servicios (mail, foros, agendas
) que no hubiera sido decisiva en una comunidad abierta y en pruebas, sino las rigideces de un sistema que ni siquiera permitía el enlace a la propia ficha personal desde el exterior y mucho menos la integración con los sitios ya existentes que daban soporte a las comunidades virtuales.
En una palabra: Google cometió el error que mySpace comete ahora, hace cuatro años. Y como muestra el gráfico de la derecha, que The Economist sacaba hace una semana, nunca se recuperó.
Como avanzábamos en 2004, Orkut, que llegó a ser prácticamente un monopolio, se vió superado rápidamente de las dos maneras en que podía serlo:
E proceso de cambio de paradigma en un mercado de la información puede producirse de dos maneras. La más estudiada es la de los monopolios sucesivos.(..). La otra es la de disolución/explosión, es decir, la aparición de muchos agentes que dan el servicio en muchos sitios y contextos distintos. Esto es lo que pasó en su día con la mensajería instantánea o el webmail y es lo que está pasando ahora con Orkut.
Entonces nos llamaba la atención especialmente la segunda, que era la que pronosticábamos y es la que, seguramente sea más relevante en este momento y de cara al futuro:
De los muchos ejemplos posibles hay uno especialmente llamativo de lo útil que puede significar aplicar una utilidad para la navegación por redes sociales, yendo de amigos a amigos de amigos y de estos a los amigos de cada uno. Se trata de Lernu!, un sitio dedicado a la enseñanza gratuita y multilingüe del Esperanto que a los cursos ha incorporado funcionalidades que permiten la ayuda mútua entre estudiantes y hablantes. La idea genial de Lernu! es que aprender una lengua, siquiera sea el fácil idioma auxiliar del Dr Zammenhof, no es sólo cuestión de gramática y vocabulario, sino también de integración en una comunidad. Es muy probable que muchas comunidades de todo tipo, desde voluntarios sociales hasta jugadores de rol, desde lectores de prensa electrónica hasta redes de bloggers, opten por hacer lo mismo. Entoces, Orkut habría obtenido el mayor triunfo que se puede alcanzar en la red: la ubicuidad
por cierto, siempre y necesariamente póstuma para toda creación que no sea libre.
Porque el triunfo del modelo es hoy efectivamente ubicuo como demuestran Last.fm, Delicious Network y tantos otros servicios que supieron integrar herramientas de gestión de red personal. Y es precisamente esa ubicuidad es la que da sentido hoy a OpenSocial. No es sólo que Google haya aprendido que los entornos cerrados son verdaderos ataudes, es que los servicios de trazado de redes sociales (social graph) en si mismos aportan muy poco valor en la era de la blogsfera
a pesar de las desproporcionadas valoraciones económicas y las ventas millonarias, porque como remarcaba The Economist:
Such valuations, indeed, may reflect a misunderstanding of the social graph. For bigger companies such as Google, the graph is simply the web of links among its many users. It can be used to make existing services more useful. But Google increasingly views such utilities as features, not products, says Sergey Brin, [Facebook] co-founder.
Donde FaceBook recibe el jaque no es tanto con OpenSocial, sino con la nueva agenda de Gmail, porque como hoy mismo nos decía Pere Quintana:
La verdadera red social no es la que se ve en la colección de estampitas de mySpace, Orkut o Facebook sino en la agenda de contactos de nuestro correo electrónico
Y si nuestro correo electrónico es gmail, esa agenda será ahora accesible y compartida desde todos los servicios de Google.