Martes, 31 de Enero de 2006
Viernes 27 de enero, conferencia en Santa Cruz de la Palma de Pedro Prieto, vicepresidente de AEREN. Modera Fernando Bullón -a la derecha en la foto- ideólogo de la asociación y que trabaja como meteorólogo del aeropuerto. Amplio apoyo institucional y político materializado en los patrocinadores -Cabildo, Caja de Ahorros y Viajes Insular- y en los otros tres invitados al coloquio: José Izquierdo, Mauro Fernández y Juan Pedro Sánchez Rodríguez, Director General de Industria del Gobierno autónomo que se cae de cartel a última hora y es sustituido por José Ignacio Gafo, el coordinador del nuevo plan energético canario. Todo en el marco de una gira por el archipiélago en la que los padrinos han sido, isla a isla, del mismo nivel.
Resumiendo, uno esperaría, con tamaños apoyos, un mensaje bien estructurado y ponderado, con ideas y alternativas aplicables, con proyección política y directrices de acción. Sin embargo, el mensaje es el mismo que había entrevisto en otras presentaciones similares de Pedro Prieto. Es claro y más radical aún que lo que había criticado en su día a Marcel Coderch, la posición de AEREN es sencilla: la extraccion de petróleo en un lapso máximo de cinco a diez años no será suficiente para abastecer la demanda, las energías alternativas no podrán sustituirlo y tendremos que reducir el consumo per capita por debajo de 500W. Volveremos al consumo energético del principio de la Revolución Industrial. Lo más sorprendente: más de la mitad de la presentación está destinada a probar que no existen alternativas al petróleo, que no cabe hacer nada, el ocaso del petróleo lo será también de las sociedades industriales y postindustriales.
Tras escuchar no pude evitar la sorpresa. Según AEREN todo se reduce a disminuir el consumo progresivamente
para acostumbrarse a una vuelta atrás histórica de consecuencias tristísimas: todas las de la depauperación global que vendría pareja a la pura y simple ausencia total de fuentes energéticas. No se asusten, la selección de gráficas y la manera de leerlas era bastante sesgada, tanto como para invalidar científicamente las conclusiones. Tanto que el comentario que no pude evitar hacerle a Pedro Prieto es que me parecía tan mal economista como tecnólogo. Pero supongo que en realidad no iba de éso. No iba, desde luego de conocimiento científico ni de previsión socioeconómica. Iba de necesidades que poco tenían que ver con las que nos preocupan y mueven a los economistas, sino más bien con las que suelen relacionarse con la fe. Aunque eso es difícil transmitirlo sin hablar antes del público asistente.
Los orígenes ideológicos del catastrofismo verde
De hecho y aunque seguramente ni ellos mismos las conozcan, es necesario conocer sus genealogías ideológicas y los orígenes de los términos y conceptos que utilizaban para entender una ceremonia como la del otro día, en la que el público sobrealimentado y mantenido a base de subvenciones europeas a la producción agrícola, quería creer y deseaba fervientemente que una catástrofe de abastecimiento acabara con el orden industrial, haciendo imposible incluso la llegada a la isla de aviones
y de turistas procedentes de Alemania, como buena parte de ellos mismos.
En los años sesenta una parte de la juventud europea de buena familia descubrió la izquierda radical. Tras fracasar una y otra vez a la hora de convencer a los obreros de que necesitaban un partido revolucionario y que jústamente era el de ellos y no el de los de al lado, la pregunta que se impuso era la que años antes, en la revista Socialismo o Barbarie, se habían formulado Bordieu y Castoriadis: ¿Por qué el proletariado no es ya revolucionario? ¿Por qué no nos hace ni puñetero caso cuando es tan evidente que la necesidad histórica le llama a seguirnos?
La respuesta de Castoriadis y sobre todo de Bordieu, seguida luego por su situacionista discípulo Debord, será intelectualmente muy elaborada: el capitalismo habría entrado en una nueva fase donde lo determinante del orden social, incluido el control y la generación de identidades, se realizaría no en la relación directa entre capital y trabajo, en la producción, sino en el sistema mismo de reproducción de la fuerza de trabajo, el consumo, donde se concentrarían las nuevas contradicciones del sistema. Más que capitalismo, tendríamos que llamar pues al nuevo modo de producción/reproducción social, consumismo, nos aseguraban. Como se pueden imaginar y prefiero ahorrarme, las vulgarizaciones necesarias para pasar de tal definición de consumismo al lugar común de raices cristianas y culpa que es hoy, no fueron ni pocas ni tan elaboradas.
Pero si bien es cierto que en el batiburrillo ideológico de la izquierda setentera las fuentes cristianas eran pan nuestro de cada día, el elemento clave vendría del Norte. Respondiendo a la misma y profundísima pregunta -¿Por qué no nos hacen ni puñetero caso los obreros?- unas cuantas lumbreras alemanas y holandesas responderán: porque la contradicción fundamental del capitalismo ya no se da entre capital y trabajo, como describió Marx, sino entre capital y recursos naturales. El enemigo no sería ya el capitalismo sino el industrialismo y el horizonte de una revolución mundial sería sustituido por el de una catastrofe ecológica global. Ese es el marco ideológico del nacimiento de die Grünen.
Pero la sustitución de la clase obrera por la Naturaleza sobre un viejo armazón de origen marxista no puede pasar sin consecuencias, más bien retrotrae buena parte de las actitudes a las categorías de la moral protestante y a la culpa: el consumismo no será ya el complejo sistema de Bordieu, ni el opio del proletariado de Debord, sino un pecado que destruye los impecables dones recibidos. El proletariado otrora deificado, luego culpabilizado, pasará finalmente a ser estigmatizado como complice beneficiado del deicidio industrialista.
El modelo ideológico final del movimiento verde centroeuropeo, que dará forma al ecologismo político global, culmina el salto teórico para volver -sin ahorrar elementos kamp de los tiempos hippies- hacia las viejas herejías medievales. La alternativa al industrialismo y la globalización se prefigura desde el relato idílico y tecnófobo de un edén comunal agrario, antiurbano y autosuficiente, en el que el impacto y por tanto la relación entre Humanidad y Naturaleza se minimizan. La utopía del ecologismo político es un mundo inmovil en estado estacionario, que ha vuelto a los primeros tiempos de la máquina de vapor. La puerta al nuevo Edén será una catástrofe global desde la crisis del 73 asociada al consumo energético. Una catástrofe que vendrá vestida conceptualmente bajo un esquema similar al de la segunda venida cristiana o la revolución marxista: irremisible, arrasadora y provisoria.
Conclusiones
Este sustrato ideológico es, de verdad, lo único que me permite entender el verdadero fenómeno social a analizar en estos actos de AEREN: la voluntad de creer. Personalmente creo patológico el deseo apenas matizado de la inminencia insalvable de una catástrofe energética que asole el mundo. Deseo que no es sino expresión de una voluntad de castigo que se hace explícita cuando el ponente insiste una y otra vez en el todos somos culpables. Culpables de qué, preguntábamos. De consumismo, respondían público y ponentes.
Y consumismo quería decir apenas nada: pecado de transformar el mundo, de usar la Naturaleza para conseguir bienestar. Vuelta al pecado original, porque ser humano es jústamente eso, transformar la Naturaleza. Vuelta a la penitencia y el castigo divino ahora descrito como un mundo sin aviones, sin fertilizantes, con un consumo exógeno de energía inferior a 400 watios. Vuelta a las herejías medievales. Discutir el cenit del petróleo no es esto, señores de AEREN. Por ese camino no construirán un think-tank útil a la sociedad, sino una Iglesia neoEvangélica. Serán, eso sí, los subvencionados Santos de los últimos días del petróleo y como todos los profetas del fin del mundo tendrán que cambiar cada año sus proyecciones, rearmar gráficas e interpretaciones hasta que pierdan todo sentido y credibilidad. Si es que a estas alturas tienen, todavía, alguna.
Viernes, 27 de Enero de 2006
España está barrida por una gran red distribuida de telecomunicaciones. Cientos, miles, seguramente decenas de miles de personas configuran sus wifis domésticas en modo DHCP sin encriptación dejando que el que pase por ahí utilice parte de su ancho de banda.
No hay centro, no hay líderes, no hay consignas ni mucho menos contratos. Y a todos nos es indiferente que la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones, cuyos consejeros son políticos caídos en desgracia intentando hacer méritos para acabar sus días de consejero de operadora, se hayan sacado una ley que lo convierta en ilegal. Es imparable, informe, irreprimible. No nos parará la policía ni nos engañarán con falsificaciones los viejos piratas .com. Un nuevo tiempo ha llegado, una nueva España emerge en bandas de radio. Ya pueden seguir los estados buscando vida extraterrestre en las ondas, basta pasear para darse cuenta de que vida hay y se multiplica
pero está aquí, al margen de la vieja generación del poder, los pelotazos y la desvergüenza.
Lunes, 23 de Enero de 2006
¿Recordáis a Erin Brockovich? Julia Roberts la interpretaba en una película de la Universal. La sinopsis nos presentaba la historia como:
Mientras trabaja de oficinista en una pequeña firma de abogados, Erin descubre por casualidad un complot para encubrir un escándalo acerca de agua contaminada en una pequeña comunidad en el desierto que está causando enfermedades devastadoras. Enfurecida con el engaño, ella convence a su jefe que le permita investigar.
Aunque los ciudadanos de la pequeña comunidad inicialmente temen involucrarse, la franca forma de ser de Erin y su habilidad para hablarles claramente y con compasión – le ganan su confianza. Con más de 600 demandantes, este dúo logró ganar la mayor suma de dinero en un caso de acción directa
$333 millones.
Ahora recordad el papel de los activistas en la huelga minera de Germinal, de Zola. El modelo es el mismo: el activista construye la movilización, ligando en torno suyo voluntades y creando un cuerpo nuevo, una red de la cual él es el centro.
El puño, el haz o las manos unidas la serán los símbolos de un modelo en el que la tarea central del activista es la organización. Unir voluntades individuales en un cuerpo institucional -el sindicato, el partido, la unión de demandantes- organizado asamblearia y democráticamente.
Sea la caja de huelga obrera o las remuneraciones de los abogados norteamericanos, en el origen del modelo centralizado/descentralizado siempre hay un elemento material, una forma de escasez, que lleva a la centralización y la organización más o menos democrática. Pero el móvil no acaba ahí. La escasez que lleva a la centralización no es sólo económica, es también comunicacional.
Si una película es capaz de expresar esta necesidad de centralización es el final de los Tres días del Condor, basada en la novela de James Brady. Cuando el protagonista interpretado por Robert Redford, Turner, un analista de información pública de la CIA, huyendo amenazado por sus superiores decide como última escapatoria hacer públicos sus descubrimientos -una especie de Irangate avant la lettre- lo envía a las redacciones de principales periódicos norteamericanos. La conversación con su jefe que cierra la película es cuando menos inquietante:

-¿Qué? ¿Qué hiciste?
- Les conté la historia. Ustedes juegan, yo les conté la historia.
- Oh, tú
tú desgraciado hijo de puta
Has hecho más daño del que crees.
- Eso espero.
- Estás a punto de convertirte en un hombre muy solo. No tendría por qué haber acabado así.
- Por supuesto que sí.
-
-
- Hey, Turner. ¿Cómo sabes que la publicarán? Puedes huir, pero ¿qué pasa si no la publican?
- La publicarán.
- ¿Cómo lo sabes?
Es decir, centralizar voluntades es la única forma de existir públicamente y por tanto llegar a los demás en un mundo de comunicación en redes descentralizadas. Sólo constituyéndose como un poder colectivo -una gran institución civil como Amnistía Internacional o un partido- una idea puede ser capaz de imponerse al poder de filtro de los medios. En el mundo del viejo activismo la organización es previa a la difusión.
Viene de un post anterior.- Si en el viejo activismo la organización es la tarea primordial del activista y antecede incluso a la difusión de las ideas, la nota definitoria del ciberactivismo es la no necesidad de construir red para transmitir. La red de difusión viene dada y tiende a equipararse a la propia gran red social, porque no es otra que Internet y sus universos, de los grupos de noticias a la blogsfera.
Literariamente hay una dificultad evidente para representar la organicidad de los procesos sociales colectivos. Generalmente la red aparece Deus ex Machina dotada de una instantaneidad mágica bastante lejana de la realidad. Es el caso del final de Antitrust, un film de 2001 que fantaseaba con la detención de Bill Gates y que se tradujo en España, país donde la consecución de monopolios es una regalía del estado y no un delito, como Conspiración en la red.
Pero este tipo de soluciones que simplemente se niegan a relatar la invisibilidad, la organicidad del proceso social autoorganizado, se pierden lo mejor. Siguiendo el simil clásico de la mano invisible de Adam Smith, Bruce Sterling en Maneki Neko (1998) optará por representar como un misterioso y omnipresente centro el proceso espontáneo de coordinación social. En este cuentito ya clásico aventurará las nuevas formas del conflicto en redes distribuidas de teléfonos móviles. Faltaban dos años para el EDSA II, el movimiento espontáneo de mobs masivas que acabó con el Presidente Estrada en Filipinas, cuatro para el 13M.
En Maneki Neko, una red social distribuida -cuya consciencia colectiva es representada por un centro imaginario- dedicada a la cooperación social y basada en la economía del regalo, se convierte en una verdadera insurrección cívica que cerca a una funcionaria de una institución financiera internacional que visita Japón:
Mira calle abajo, le dijo. ¿Ves éso? ¿Les escuchas? Multitudes convergen desde toda la ciudad. Todo tipo de personas, cualquiera que tenga ruedas. Vendedores de noodles, mensajeros en sus bicis, chavales con sus monopatines, repartidores
Louis miró a través de la ventana hacia las calles y chilló: No!! una swarming mob gigante, me rodean, estoy perdida!
Por cierto que era la primera vez que el término swarming mob se utilizaba y es especialmente interesante que se plantee como final del movimiento precisamente una mob. Parece que el maestro Sterling veía ya la potencialidad reacctiva de las redes y la mob como objetivo y herramienta final del ciberactivismo.
En Green days in Bruney (1985), el relato que sirvió más de diez años después de ser escrito para refundar el ciberpunk político cuando el literario se consumía en la propia potencia de sus -caducas ya- imágenes de resistencia, Sterling marca un elemento más: la dimensión recicladora de la ética del hacker:
Eres un bricoleur. Puedes apañártelas, puedes aprovechar. Eso es el bricolage
usar los recortes para hacer algo que merezca la pena. Brunei es ahora demasiado pobre para empezar con planes nuevos. No tenemos más que la basura que Occidente nos hizo comprar, botellas de CocaCola y garages para dos coches. Y ahora tenemos que vivir entre los desechos y convertirlos en una comunidad.
Es decir, por un lado, en el ciberactivismo -y en su representación literaria y cinematográfica- la obsesión y la necesidad organizativa desaparecen, la red social está preestablecida y la comunicación con ella viene dada. Por otro construir, tiene en el ciberactivismo una dimensión de reciclaje colectivo. De algo que como en Green days in Brunei, o en Revolution OS -el mejor documental hasta ahora sobre la historia real de GNU Linux- comienza uno mismo, individualmente y sobre una innovación que es creativa ante todo por abrir, por liberar y empoderar a otros. Si la propuesta/acción es entendida y compartida, la difusión abierta en redes distribuidas hará el resto. Uno se hara multitud.
Lunes, 2 de Enero de 2006
El problema energético, como hemos defendido en este blog, es ante todo y a día de hoy, el producto de una crisis del modo de transporte, algo que normalmente se olvida o no se quiere ver. Pero cuando el petróleo sube, la tecnología emerge símplemente porque los costes de la tecnología existente tornan competitivos los precios de alternativas que hasta ahora no salían de los departamentos de I+D.
En este marco, el biofuel aparece cada día más como una tecnología atractiva:
- No requiere inversiones gigantescas en la adaptación de los actuales motores, es decir, el mercado del automóvil está preparado para el biofuel ya.
- Tiene un menor impacto ecológico que los combustibles sólidos: Por un lado, con Kyoto de fondo, el biofuel genera entre un 30 y un 70% menos de CO2, por otro reduce las emisiones de azufre a un nivel insignificante comparado con las actuales, con lo que de entrada, debería reducir el peligro de lluvia ácida
- Supone una oportunidad única para el desarrollo y la tecnificación del entorno rural en los países de la periferia
- Debilita la geopolítica del petróleo que ha marcado, desde comienzos del siglo XX los conflictos internacionales, democratizando el poder ligado al control de las fuentes de abastecimiento energético
- Aleja la espada de Damocles de un desequilibrio permanente entre producción y consumo
¿Biodiesel o etanol?
No todos los biocombustibles sin embargo puntuan igual en cada uno de estos elementos. El etanol -básicamente un alcohol producto de la fermentación de maiz, azucar y celulosa, el mismo que hace de principio activo en la cerveza, el vino o los licores- resulta atractivo a partir de un precio del barril de petroleo a largo plazo igual o mayor a 70$. Un precio todavía bastante alto. La clave: diseñar procesos orgánicos que hagan más barato romper la celulosa, un camino que ya está abierto en varios frentes.
Más barato resulta el Biodiesel, tecnología que sería ganadora para precios del barril entre 45 y 60$, una tecnología madura que el próximo año incorporarán el 40% de los vehículos que se vendan en Europa. Se trata de un aceite producido generalmente a partir de soja y aceite de palma.
La clave del proceso está en el tratamiento de los ácidos grasos de los aceites naturales, un proceso que requiere la utilización de unos ácidos que a día de hoy siguen siendo caros pero que científicos japoneses acaban de reducir a una décima parte.
¿Es pues el biodiesel la alternativa ganadora? Depende sobre todo del alcance y del plazo en que nos movamos dentro de la revolución de los biocombustibles. Los siguientes gráficos, calculados para los costes y tecnologías actuales, comparan las potencialidades de ambas alternativas contrastándolas con las necesidades de consumo de Estados Unidos.
Etanol
Biodiesel

La comparación muestra claramente como mientras el etanol puede ser una alternativa global a la gasolina, el biodiesel tiene, a día de hoy, limitaciones insalvables. Sin embargo, como Jamais Cascio, líder de World changing recordaba:
We should be careful not to imagine that biofuels alone will replace our use of fossil fuels. We need a much bigger change a combination of high-efficiency systems, redesigned communities, and energy produced from clean, renewable sources. But changes of that scale take time. Biofuels, like hybrid cars and rooftop solar panels, are a kind of bridge technology, helping us get to where we need to go without cutting us off from our existing systems. Its crucial that our use of them doesnt make things worse in other ways
El debate
Pero el verdadero debate con el biofuel ha venido con la denuncia publicada primero en New Scientist y argumentada luego por George Monbiot en The Guardian de que la deforestación producida para plantar aceite de palma en el sudeste asiático y soja en Brasil habían convertido al biodiesel en la primera causa de destrucción de los bosques tropicales.
Lo que está en juego es el modelo social y medioambiental del biofuel, sería tan irresponsable por parte del movimiento ecologista rechazar el biofuel como alternativa como postula Mombiot y otros destacados medioambientalistas, como por parte de los estados y las petroleras no plantear de un modo sensato, global y consciente la nueva geoestrategia de producción.
Un propuesta de transformación para el nuevo año
Porque la impresión es que tanto países como petroleras se encuentran en un verdadero Dilema del prisionero: a día de hoy, para los países talar para plantar es más barato que reabrir zonas al cultivo y tecnificar a la pequeña y mediana propiedad. Ofrecerse el primero, ocupar en poco tiempo el espacio actúa como presión contraria al desarrollo de planteamientos estratégicos concertados. Algo parecido ocurre, seguramente con las petroleras: el compromiso medioambiental y social, a corto, aparece irremediablemente como un coste que ya se corregirá.
Sin embargo, estamos ante una oportunidad histórica para el desarrollo en vastas zonas de América Latina, Asia y Africa que podría apuntalar la recepción de inversiones productivas en el campo y la mediana propiedad agrícola, generando un tejido social base para el desarrollo al tiempo que globalmente se debilita la dependencia del petroleo y se hace más sostible el motor de explosión.
Hace falta que al menos un país y una petrolera asuman el liderazgo de la responsabilidad, asumiendo el compromiso político de orientar la producción hacia la regeneración del campo y rechazando la producción originada en zonas deforestadas. Y hace falta que la Unión Europea, el gran consumidor de biodiesel, acepte rebajar la presión impositiva y arancelaria sobre las producciones que cumplan con unos mínimos medioambientales y sociales.
Si este nuevo año, encontramos modos de impulsar a unos y otros por esa senda podremos decir que la revolución del biofuel, tome la alternativa del etanol o del diesel, habrá sido realmente, una de las grandes revoluciones de nuestra generación.
Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just
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